Apuntes sobre Los 4 Elementos




Haremos en primera instancia una síntesis de aquellos resquicios de sabiduría que se manifestaron en diferentes épocas, rindiendo con ello respeto y tributo a quienes dejaron el legado, para vincular de forma certera la “Gran Obra” de Bach a su verdadera fuente; entretejeremos un entramado de símbolos, ligados mediante invisibles lazos sin lugar ni tiempo, que no hace más que reafirmar lo que reza en la Tradición:

Todo lo que existe nace de los 4 elementos; que los denominados Fuegos, Aguas, Tierras y Aires no son en Sí mismos más que burdas proyecciones de nuestra limitada psique a las que podemos acceder a través de los sentidos, pues la verdadera esencia de estos 4 elementos se oculta en la dimensión del espíritu, allá donde sólo pueden acceder aquellos que como Ezequiel han entregado su vida para servir a los hombres. 

Todos conocemos desde pequeños la denominación y la manifestación física de los 4 elementos: Fuego, Aire, Tierra y Agua; sin embargo, para la conciencia evolucionada, estos poseen un elevado trasfondo simbólico que representa la función que cada uno de ellos desempeña a un nivel más sutil que la simple realidad dual. Partiendo de las primeras referencias bíblicas, nos encontramos con la descripción de Ezequiel narrada en el Antiguo Testamento: la “Visión del Carro Divino” (1:4-28), donde describe “la presencia de un viento huracanado que venía del norte y una gran nube con un Fuego fulgurante”, en medio del cual distingue cuatro seres vivientes con rostros de hombre, león, toro y águila; este cuaternario es también aludido por San Juan en el Apocalipsis (4-7): “El primer viviente, como un león; el segundo viviente, como un novillo; el tercer viviente tiene un rostro como de hombre; el cuarto viviente es como un águila en vuelo.” Entonces no es casualidad que antes, mucho tiempo atrás, en Mesopotamia, el gran guardián de la ciudad de Khorsabad fuera la colosal estatua de un toro alado con cara de hombre y cola de león, o que en el antiguo Egipto se edificara la Gran Esfinge, mudo testigo del devenir de la humanidad, serena figura que para el estudioso de las ciencias herméticas encarna en su apariencia el origen de todo lo manifestado.

La Esfinge puede parecer al ordinario transeúnte un error estético, una composición mal ensamblada; pero ahí, en sus formas entremezcladas, es que desde el simbolismo hermético se manifiesta la Unidad de las cuatro columnas implícitas en todo lo que existe, los 4 elementos constitutivos del microcosmos y del macrocosmos: el Agua en las alas de águila, la Tierra en las patas de toro, el Aire en la cabeza del hombre y el Fuego en las patas de león; y esta conjunción en esta fusión alegórica hace simbolizar el Todo al que nada ni nadie escapa, esa Unidad perenne a la que todos pertenecemos. La Esfinge es el símbolo del universo entero y, al mismo tiempo, del más pequeño componente subatómico.

En la semántica de esta fusión de elementos encontramos los orígenes del tetramorfo, representación que muchos siglos después, tanto de la edificación de la Esfinge como de la visión de Ezequiel, aparece en la iconografía de una inmensa cantidad de templos cristianos, reproduciendo los rostros descritos por el profeta en las escrituras, es decir, a los 4 elementos, ubicando al centro al “Pantocrátor”, elemento unificador que seguramente refiere a la fuerza del Todopoderoso; esta imagen que se reproduce también en el arcano XXI del tarot “El mundo”, con la diferencia que al centro encontramos la figura de una mujer en apariencia, pues los sabios mantienen que la banda que oculta su sexo vela un gran secreto.

Aprovechando el lazo que hemos tendido entre el antiguo Egipto y la cosmología cristiana, resulta pertinente reflexionar sobre lo que nos dice María Maya:

La gran esfinge de Gizeh, hoy semisepultada por la arena, estaba labrada en la roca viva. La civilización del Antiguo Egipto —mucho más sabia que la nuestra— quiso dejar a la posteridad este símbolo del largo y azaroso camino del discipulado. A comienzos de la era cristiana, esta simbología se repite en los cuatro evangelistas, discípulos de Cristo: San Lucas, el paciente y perseverante toro cuyo evangelio enfatiza el trabajo de Cristo en la Tierra; San Marcos, el león dedicado a los aspectos de la muerte y transfiguración de Cristo; San Mateo, el aguador tras la verdad, el conocimiento, la acción y la forma perfectas, y San Juan, el águila simbolizando la inspiración y la fuerza emocional. (Maya, 2007)

A partir de esta reflexión podemos comenzar a desvelar los símbolos que corresponden a cada uno de los elementos: San Lucas y el toro representan a la Tierra, elemento que se mantiene impávido o “paciente” ante el acontecer del mundo; San Marcos y el león son el Fuego, fuerza primigenia y transformadora que revela a su paso la esencia escondida tras cualquier armadura; San Mateo y la cabeza de un hombre simbolizan el Aire, elemento sutil que se mueve en el invisible mundo del pensamiento y las ideas; por último, San Juan y el águila se identifican con el Agua, emotiva y adaptable.

No debe resultarnos entonces extraño que al verter su interpretación de los hechos de la vida de Cristo cada uno expresara la palabra sagrada en términos de su propio temperamento (entendido como una manera de interactuar con el entorno, cuestión que abordaremos posteriormente); cuatro evangelistas, sin entrar en la consideración simbólica o histórica del hecho, escriben para cuatro diferentes formas de entender al mundo: Marcos escribió para los de temperamento colérico (Fuego), Lucas para los de temperamento melancólico (Tierra), Mateo para los de temperamento sanguíneo (Aire) y Juan será mejor entendido por los de temperamento flemático (Agua).

Apenas en el siglo pasado, Rudolf Steiner, filósofo, místico y padre de la Antroposofía, dice en un ciclo de conferencias sobre los Evangelios dictadas en Berlín en 1909:

…La fuerza que pulsa en las venas del mundo, la fuerza que desarrolla el poder mediante el cual todo puede realizarse —la potencia creadora que palpita en el mundo y que ha sido siempre representada simbólicamente con un león— es aquel poder que llegó a la Tierra por intermedio de Jesucristo… tal se nos aparece en el Evangelio de San Marcos….

El león, el Fuego, es una vez más descrito como la fuerza originaria que todo lo acciona y dinamiza. 

…Si hemos de buscar un ejemplo para ilustrar la situación o actitud del Alma producida por el estudio del Evangelio de San Lucas, diremos que se asemeja en alguna forma al caso descrito en los mitos de Mitra, referentes a la conducción del animal sacrificado al ara de los sacrificios. Frente al toro… 

Encontramos en este comentario nuevamente referencia al toro, la Tierra.

“…Cuando estudiamos el Evangelio de San Mateo se nos presenta un cuadro de lo que Jesús fue como hombre, de la forma en que actuó como hombre…”. El pensamiento es el Aire y, sin duda, la mente es el sagrado instrumento entregado sólo al hombre para actuar en el mundo.

“…Con referencia al Evangelio de San Juan hablamos de grandes ideas que se elevan en las alturas como el vuelo del águila sobre las cabezas de los hombres…”. Podemos inferir que sobre el pensamiento suelen estar las emociones: el Agua.

Ilustramos a continuación con algunos ejemplos extraídos de los evangelios, en ellos notaremos de inmediato el tono elevado y trascendente de Marcos, descriptivo y concreto de Lucas, preciso y estructurado de Mateo y, por último, emotivo y sentido de Juan:

San Marcos FUEGO
1 PRINCIPIO del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. 2 Como está escrito en Isaías el profeta: He aquí yo envío á mi mensajero delante de tu faz, Que apareje tu camino delante de ti. 3 Voz del que clama en el desierto: Aparejad el camino del Señor; Enderezad sus veredas. 4 Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo del arrepentimiento para remisión de pecados. 5 Y salía á él toda la provincia de Judea, y los de Jerusalem; y eran todos, bautizados por él en el río de Jordán, confesando sus pecados. 6 Y Juan andaba vestido de pelos de camello, y con un cinto de cuero alrededor de sus lomos; y comía langostas y miel silvestre. 7 Y predicaba, diciendo: Viene tras mí el que es más poderoso que yo, al cual no soy digno de desatar encorvado la correa de sus zapatos. 8 Yo á la verdad os he bautizado con Agua; mas él os bautizará con Espíritu Santo. 


San Lucas TIERRA
1 HABIENDO muchos tentado á poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas, 2 Como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron por sus ojos, y fueron ministros de la palabra; 3 Me ha parecido también á mí, después de haber entendido todas las cosas desde el principio con diligencia, escribírtelas por orden, oh muy buen Teófilo, 4 Para que conozcas la verdad de las cosas en las cuales has sido enseñado.

San Mateo AIRE
1 LIBRO de la generación de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham. 
2 Abraham engendró á Isaac: é Isaac engendró á Jacob: y Jacob engendró á Judas y á sus hermanos: 3 Y Judas engendró de Thamar á Phares y á Zara: y Phares engendró á Esrom: y Esrom engendró á Aram: 4 Y Aram engendró á Aminadab: y Aminadab engendró á Naassón: y Naassón engendró á Salmón: 5 Y Salmón engendró de Rachâb á Booz, y Booz engendró de Ruth á Obed y Obed engendró á Jessé: 6 Y Jessé engendró al rey David: y el rey David engendró á Salomón de la que fué mujer de Urías: 7 Y Salomón engendró á Roboam: y Roboam engendró á Abía: y Abía engendró á Asa: 8 Y Asa engendró á Josaphat: y Josaphat engendró á Joram: y Joram engendró á Ozías: 9 Y Ozías engendró á Joatam: y Joatam engendró á Achâz: y Achâz engendró á Ezechîas: 10 Y Ezechîas engendró á Manasés: y Manasés engendró á Amón: y Amón engendró á Josías: 11 Y Josías engendró á Jechônías y á sus hermanos, en la transmigración de Babilonia. 12 Y después de la transmigración de Babilonia, Jechônías engendró á Salathiel: y Salathiel engendró á Zorobabel: 13 Y Zorobabel engendró á Abiud: y Abiud engendró á Eliachîm: y Eliachîm engendró á Azor: 14 Y Azor engendró á Sadoc: y Sadoc engendró á Achîm: y Achîm engendró á Eliud: 15 Y Eliud engendró á Eleazar: y Eleazar engendró á Mathán: y Mathán engendró á Jacob: 16 Y Jacob engendró á José, marido de María, de la cual nació Jesús, el cual es llamado el Cristo.

San Juan AGUA
1 EN el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. 2 Este era en el principio con Dios. 3 Todas las cosas por él fueron hechas; y sin él nada de lo que es hecho, fue hecho. 4 En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. 5 Y la luz en las tinieblas resplandece; mas las tinieblas no la comprendieron.




Entonces son 4 elementos a partir de los que se crea el universo y lo que en él existe; ahora bien, en el contexto de este trabajo, el punto focal es el ser humano, criatura consciente y dueña del devenir de la nueva Tierra, quien, desde una visión fractal, fue también creado a partir de la conjunción de los 4, como expresa Najmánides, sabio cabalista de Gerona, en el siguiente comentario de un versículo del Génesis:

Respecto a Adán, dijo Elohim: “Hagamos”, como diciendo: “Yo y la Tierra mencionada, haremos al hombre”, en el sentido que la Tierra hará surgir su cuerpo de los elementos, como lo ha hecho para los animales domésticos y salvajes, como está escrito: “Y el Señor Dios formó al hombre del polvo de la Tierra” (Génesis II: 7). Y Él, bendito sea le dio el soplo de la boca del Altísimo, como está escrito: “E insufló en sus narices una Alma de vida” (Génesis II: 7). Y dijo: “A nuestra imagen, como nuestra semblanza” (Génesis I: 26), ya que Adán se parece a los dos (Piruch al haTorah, 1967).

Najmánides desde su visión espiritual describe de manera simbólica la fusión elemental que se necesita para crear al arquetípico Adam primordial o Adam Kadmon, génesis de toda creación posterior. El aliento constituido por Fuego y Aire, representativo de la dimensión espiritual del ser humano, al fusionarse con la Tierra, en esa “arcilla” primordial formada por la mezcla del Agua y la Tierra, el cuerpo, hará que nazca un nuevo ser en los confines de la Creación. A partir de esta lectura simbólica podemos diferenciar, además de los elementos constitutivos de nuestra apariencia psicofísica, cuatro tendencias o funciones, como las denominaría Jung, y que más tarde estudiaremos, para interpretar el mundo: la Tierra vinculada al plano físico (cuerpo) madre de la sensación o percepción, el Aire hermanado con lo mental que favorece la reflexión, el Agua en íntima relación con la emoción favoreciendo así el sentimiento y el desarrollo afectivo, y el Fuego a un marco extrasensorial que denominamos intuición, como la capacidad no reflexiva que permite al ser moverse sin restricciones.

Los 4 elementos como podemos advertir están tan vinculados al desarrollo de la vida en la Tierra que sería absurdo que un iniciado como Bach no los tuviera en cuenta para elaborar sus 4 Ayudantes. Pasando a otros aspectos abordados por la Tradición respecto de los 4 elementos, el hermetismo los considera “Los pilares de la Tierra, los puntos cardinales, ejes para todas las direcciones”. Los puntos cardinales son las referencias que organizan y dan coherencia al espacio, definen el lugar exacto en el que la vida se está manifestando, a pesar de que el espacio no sea del todo material, incorpora también su fragmentación en cuatro. Al respecto, hemos de comentar que los templos occidentales, así como cualquier construcción consciente, se orienta para su edificación y armonización con el entorno, con relación a los elementos, de la siguiente forma: la Tierra al norte, el Fuego al sur, el Agua al oeste y el Aire al este. En todos los casos, el altar mayor, que como sabemos es el lugar donde se dirige el culto, se sitúa al este, cuna del sol naciente, punto sobre el cual se posa la mirada cuando se va a verificar una ceremonia de carácter ritual; esta práctica se remonta incluso a la ancestral Tradición Celta.

Los ciclos o segmentaciones de cuatro que estructuran cualquier mándala o Unidad circular completa, ya sea zodiacal, anual, espacial, psíquica, universal, etcétera, nos permiten estudiar a la Totalidad de forma parcelada, conocer sus movimientos, y con ellos las emergencias que de una forma individual surgen de acuerdo con el tiempo. Cuando deseamos profundizar en los elementos y extraer la evidencia que nos muestra la Naturaleza a partir del estudio y del trabajo consciente en su movimiento cíclico, podemos auxiliarnos de las correspondencias en cada área con la que la mente humana ha parcelado la vida, por ejemplo, en los puntos cardinales o en las estaciones del año (primavera-Aire, verano-Fuego, otoño-Tierra, invierno-Agua), obteniendo así resultados en la psique, cuerpo y Alma que se verán sincronizados a la perfección según el gran plan, sin olvidar que cualquiera de las manifestaciones que la mente califica o clasifica como diferente no es más que la misma raíz elemental en diversos ámbitos de la conciencia del ser.

Para favorecer el entendimiento y la integración de la información más allá del intelecto, la Tradición asocia a los 4 elementos con una representación geométrica que a continuación ilustramos: el Fuego, un triángulo hacia arriba; el Agua, un triángulo hacia abajo; el Aire, un triángulo igual al del Fuego con una línea que cruza cerca de su vértice superior; y la Tierra, un triángulo hacia abajo (como el Agua) con una línea que cruza su vértice inferior, como lo señala Papus en su libro “Iniciación Astrológica” (Papus: 1990).

A partir de esta vinculación de los 4 elementos con la figura sagrada del triángulo, podemos ver que cuando los elementos se encuentran en perfecto equilibrio, forman la estrella de David, o el hexagrama salomónico, un triángulo hacia arriba y un triángulo hacia abajo, la cual representa el justo balance del “Fuego y el Agua” del que ha de nacer todo iniciado. De esta conjunción (la estrella de seis aristas) surge el símbolo de la masonería que utiliza para su construcción la escuadra y el compás que sirven para el levantamiento del Templo Interior en el que existe la posibilidad latente de transformación para cada ser humano, el laboratorio en el que logre trascender el mundo dual, para fundir su carne con el espíritu. En esta catedral el hombre tiene la opción de descubrirse como parte del Todo a través de la mezcla de las cuatro “raíces” de acuerdo con el “Plan Original”; mezcla que delimita la creativa manifestación de la vida en el planeta, configurando una vasta multiplicidad de formas que favorecen el aprendizaje de las conciencias que penetran en el universo terrestre. Todo lo creado o manifestado corresponde a la fusión de la Tierra, el Fuego, el Aire y el Agua.

Como expresamos anteriormente, el verdadero origen de los 4 elementos se encuentra en una dimensión que nada tiene que ver con aquella a la que tenemos acceso a través de los cinco sentidos. El verdadero origen de estas raíces primordiales se encuentra mucho más allá de la tercera dimensión, en la que no podemos más que percibir una burda manifestación de lo que realmente son estos principios. Si aludimos a su representación iconográfica, encontramos que se trata de cuatro seres vivos: el león, el toro, el hombre y el águila, los cuales poseen miembros inferiores con la suficiente fuerza y peso con relación a su masa corporal, que les permite mantenerse en contacto con el mundo terrenal, transitar en él sin importar lo escarpado o accesible que sea el camino; además, sus miembros, en conjunción con la fuerza magnética emanada del centro de la Tierra, les dan la oportunidad de explorar y experimentar el mundo de la materia: los 4 elementos se manifiestan en la dimensión física. Pero si permitimos que el anhelo del buscador desvele la verdadera imagen, nos damos cuenta que el león es alado como aquel que desde lo alto flanquea el puerto de Venecia; el toro que reposa del lado inferior derecho del arcano XXI del tarot, “El mundo”, tiene también alas; el hombre es muchas veces representado con la figura de un ángel, ser que a través del vuelo acude a interceder por los humanos; por último, el águila por antonomasia posee estructuras emplumadas que, como a los otros tres, le permiten elevarse para observar al mundo terrenal desde donde lo hace el espíritu, desde lo alto, Todo es Uno. Los 4 elementos nacen y se manifiestan en la dimensión que denominamos espiritual con todo el vigor que esto implica.



Regala consciencia con la tienda de la Escuela Andalusí



Como cada año, llegado este momento, querremos felicitar las fiestas, cada uno a su manera.
En muchos casos la felicitación se materializará en un obsequio.

Como ya sabéis, las Escuela Andalusí, además de transmitir una vía de desarrollo humano, desde sus inicios, ha producido y editado una serie de obras, con arte, con mucha consciencia, para favorecer, desde otra vertiente, el aprendizaje desde el amor y la consciencia. Quizás encuentres entre la variedad de autores y formatos que nos place compartir contigo, alguna obra inspiradora, para los/las que buscan, o para los/las que tú crees que ya están a las puertas de hacerlo.

Será una manera diferente de obsequiar en estas fechas; favorecerás la producción consciente y nos permitirás seguir abriendo la puerta editorial a otros pensadores, activarás esa misma iniciativa en el que recibe el regalo y fomentaras el arte consciente y a los nuevos talentos que se quedan en la marginalidad porque no entran dentro del paraguas de “lo comercial”.

ESTAS FIESTAS REGALA CONSCIENCIA CON LA TIENDA DE LA ESCUELA ANDALUSÍ.

Nuevos titulos editoriales




Ya es tradicional que la Escuela Andalusí, cada 9 de diciembre, añada a su colección editorial una nueva obra, este año, la edición se ha extendido y presentamos dos nuevos títulos:

“Apuntes, Historia y Filosofía Hermética” de Alicia Carrasco, editado por la Escuela, y
“Humanidad y Flores de Bach” de Luis Jiménez, que ha vuelto a ser editado, en esta ocasión por Sincronía Encuentros Ediciones.

Los lectores de Luis Jiménez se sentirán satisfechos de recuperar una obra como ésta, descatalogada desde hace años, y que significó el comienzo de una propuesta evolutiva que ahora se muestra en todo su esplendor, después de 15 años. Es este un libro experiencial, que relata, como punto de esclarecimiento en el proceso evolutivo de la consciencia, diversas experiencias vividas por el autor. Una obra imprescindible para comprender más profundamente la propuesta evolutiva de la Terapia Floral. Una obra recomendable para todos aquellos, terapeutas o no, que quieran internarse en el apasionante viaje del Alma humana.

Alicia Carrasco, colaboradora de la Escuela Andalusí, ha sido la responsable de la programación de las Jornadas Hermético Alquímicas de la Escuela Andalusí y ponente, en sus dos años de edición, colaboradora en los Cursos de Verano de la Escuela Andalusí, Impartió la asignatura de filosofía hermética en el curso de primero y fue conferenciante en la presentación que tuvo lugar en la Universidad de Málaga junto a Álvaro Remiro y Luis Jiménez.

El libro “Apuntes, Historia y Filosofía Hermética” sintetiza de forma amena y con todo rigor, el traspaso del conocimiento hermético desde Egipto hasta la Europa Renacentista. Es esta una obra imprescindible para comprender en profundidad muchas de las propuestas que se utilizan en las artes herméticas y por extensión en el corpus de la Escuela Andalusí. Un nuevo aporte que se suma a la biblioteca de la Escuela Andalusí.

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Campos de información lumínica, el “ALMA” de las cosas




Cualquier  ser vivo, animado o  no, está constituido por diversas estructuras pisco-físicas-energéticas, campos de información que estructuran la materia y la determinan en relación con cristalizaciones energéticas, que coagulan la información y la hacen evidente en el ámbito físico.

Lo que vemos en nuestro mundo físico es la materialización de un tipo de fuerza que se mantiene pura en una "dimensión" más sutil que la física.

Aportaciones como las del biólogo Rupert Sheldrake, las del físico David Boom, así como los descubrimientos de la física cuántica devuelven la vigencia y la cordura a muchos desahuciados filósofos y místicos que hablaban de la transmisión de la información a través del "Agua Viva".
La información reside en el mundo arquetípico de Jung o del cielo empíreo de Platón que se cristaliza o coagula en lo físico, a través de formas específicas de acuerdo con una malla sensible, energética, que estructura la información dándoles una apariencia, en nuestro caso como vegetales.

Cada planta es la coagulación de un tipo de información,  de una fuerza como dirían los alquimistas; una fuerza en particular está presente de manera sobresaliente en cada uno de los vegetales; se trata de trasvasar esa información que da vida a la planta a un vehículo que la mantenga activa, "viva"; ese vehículo es el Agua, más concretamente el Rocío o el Agua viva de un manantial.
Para tener todas las cualidades de la planta, no es necesario utilizar ninguna parte específica de ella, sino la información que no reside en ninguna partícula, sino en el campo que la dota de vida, y permite la existencia en la dimensión física.

Los remedios elaborados de esta manera serán los que devuelvan a la persona a su nivel de Ser, y serán elegidos según el estancamiento de la información, sales infectas en Alquimia, que impide la libre circulación o realimentación del Microcosmos con el Macrocosmos y con ello la evolución. Cualquier sustancia ajena a este principio, como los fármacos, sería solamente un activador físico que no contendría la quintaesencia del vegetal: su Alma.



Texto extraído del libro "Terapiafloral Evolutiva. La vía iniciática de Edward Bach", por Luis Jiménez.

Codicia, miedo, guerra...



Aquí de nuevo, hoy quería mostrar mi periplo americano, pero las circunstancias me mueven hacia otra necesidad : 

Parece que fue ayer , cuando los voceros de la ignorancia y el miedo , gritaban sin conciencia : !!! Guerra, Guerra!!!. Como la palabra mágica que desempolvaría su mediocridad y les dotaría de la única posibilidad de ser alguien en el caos, único lugar conocido desde su guerra interior ,consigo mismo . 

De eso en Europa, no hace tanto, en el mundo, es a diario, parece que la memoria se esfuma cuando la impaciencia y el odio se alían con la codicia y el miedo. 

De nuevo tambores de guerra retumban en las casas de los bala de cañón, como tú y como yo. 

Los que vocean, no mandaran a sus hijos al desastre, los que claman venganza te utilizarán a ti como colchón , mientas ellos reconstruyen su imperio reorganizado tras la masacre, para vivir aún mejor, sobre los despojos de la rabia que ellos sembraron y tu pagaste, por lacayo, con tu propia sangre. 

Hoy más que nunca debemos pensar, reflexionar y entender que todo este drama tiene un director, que los malos y los buenos son actores y que la cabeza pensante que los mueve seguirá intacta cuando nos hayamos aniquilado entre nosotros .

Párate, calla, piensa, ama y deja de llevarte al matadero y haz algo para cambiar al director oculto que te mueve .


Roberto decía : cada vez venían más hijos de perra buscando la guerra , sembrando locura, la provocación de la gran miseria...

Hoy más que nunca, amo y no pierdo el tiempo.

Sensibilidad



Sensibilidad

En estos días de ocio veraniego, que ya acaban, he decidido  padecer del mal de la saturación informativa. Una práctica muy  habitual en la sociedad actual. Me expuse, conscientemente, a miles de inputs cargados de verdad particular, que asaetearon mi alma con la intención de implicarme en su necesidad, y así afectar mi conducta futura, para que su verdad alcanzara la máxima extensión posible de sí, en el tiempo, hasta la extinción de todas las demás.

Todos vendían su visión como imperativo de una necesidad que les llevaría a calmar su ansiedad, luchaban entusiasmados por  un mundo personal que solo albergase su necesaria verdad.  Todas las verdades eran ciertas, todas las fuentes verídicas, sin embargo existían al mismo tiempo, tantas que solo la implicación emocional de mi propia necesidad, proyectada, hacía que me interesase por una u otra.

Por eso me pregunté: ¿Qué vale más? ¿Qué es más importante?  ¿Cómo medir la urgencia de la realidad que se expresa ante mí? ¿Es más importante un león que un niño africano? Una ballena varada en una playa que miles de seres abandonados a su suerte en un mar repleto de bañistas? ¿Por qué me expreso en favor de esto o aquello? ¿Soy congruente y mantengo mi visión en todos los ámbitos de mi vida?

Y seguí contemplando  páginas, foros, y redes sociales, en las que se debatía con cierta carga de intransigencia y destructividad, sobre los comportamientos agresivos hacia los animales. Hemos firmado miles de peticiones para que se acabe con la tortura y las inapropiadas prácticas hacia nuestros hermanos menores, y al unísono contemplaba la falta de solidaridad hacia los seres humanos que yacen en cualquier rincón abandonados a su suerte, porque ningún estado abre sus puertas. Y sentí que todos desde su verdad, en lo más profundo de su necesidad actual, tenían razón, luchaban por su verdad que la enarbolaban como única y por lo tanto justa.

El amor o la sensibilidad, a veces se confunden con el sentimentalismo, que se decanta específicamente hacia una determinada cuestión, en detrimento de cualquier otra manifestación diferente.

La apología del amor, definiendo a este como la inclinación específica hacia un determinado ente, realizando una especie de defensa de algo en concreto, es en todos los casos una falta de sentido de su propia denominación, pues amor es totalidad, contiene a todas y cada una de las “criaturas” en su nivel existencial, aceptando su expresión como parte de su “ser”, de ahí la imposibilidad de amar discriminadamente. 

Si amo no puedo dirigir mi amor hacia nada en concreto, pues yo no soy dueño de su naturaleza. Si dirijo mi amor hacia algo, esto no será ya amor sino deseo y en este acto habré iniciado el camino hacia el odio de todo lo demás.

Ya lo dijo Gandhi  “No me gusta la palabra tolerancia, pero no encuentro otra mejor. El amor empuja a tener, hacia la fe de los demás, el mismo respeto que se tiene por la propia.”

Soy de la opinión de que lo que no es necesario, desaparece por inhalación, pues nadie se sumará a ello. Así pues  todo lo que observo como inapropiado, innecesario, no es más que la falta de misericordia hacia aquellos que aun necesitan de eso para seguir aprendiendo.

La solidaridad que emerge en momentos críticos, se desvanece en lo cotidiano. La sensibilidad que aflora ante una imagen emotiva, se desvanece en las relaciones más íntimas, donde a veces solo queda frialdad. Podemos movilizar el mundo para salvar a una persona, animal, o especie botánica y dejar morir a miles de seres en cualquier punto del planeta. Incluso a nuestros seres queridos, abandonados a su suerte en cualquier rincón de la casa o residencia.

El amor no discrimina, se alía con la conciencia para derramar desde una actitud cívica y respetuosa una vida ejemplarizante que ponga de manifiesto la posibilidad de vivir en paz con todos los seres en cualquier circunstancia.

Amar es lo único que puedo hacer para que la ignorancia desaparezca del planeta, todo lo demás reforzará el estado que combato.


Amando disuelvo el tiempo

Sin distorsión



Sin distorsión


Y ahí seguimos…
Provocando ilusiones que se desvanecen en la noche, en las primeras bocanadas de desaliento, de desencanto, cuando la realidad disuelve el universo inventado.

Otra vez en el pozo, hondo y oscuro, negro, de sí mismo, por tanta pompa y boato sostenidos por el miedo, al no ser lo imaginado.

Que lejos estamos de nosotros mismos, que invento tan bien orquestado: ¡Cómete el mundo!, ¡Más, más, más, no te contentes con nada!, ¡La felicidad es fruto del nuevo logro!, ¡La paz es una propuesta para débiles y  necios!, ¡La vida es para los fuertes! ¡Sin ilusión, sin pasión, no se puede vivir!

Y claro al no explorar estos conceptos y dejarnos llevar por la apariencia, cargada de testosterona y otras magníficas muestras de orgullo predador, hemos confundido ilusión y pasión con histeria, así que el entusiasmo impulsivo, la felicidad efímera y la pasión compensatoria del tedio, de la otra cara del yo, se han convertido en la seña de identidad de nuestra sociedad que vende a espuertas, bebidas estimulantes drogas y todo tipo de productos “cañón” para contarnos el cuento de que la felicidad es sinónimo de saltos de batracios o de canguros, de carcajadas alocadas y sin sentido, o de extravagancias exhibicionistas para colgar en Facebook, o en cualquier otra red social.  Que disfrutar sereno y sentir la vida excelsa en cada gesto de nuestra cotidianidad es tedio, que pasear sin más, desarrollar una actividad profesional común, o protagonizar una escena doméstica, sin estimulantes, es algo tedioso que hay que desterrar de nuestra existencia.   


¿Cómo vivir sin ilusión, pregunta irritado el necio que vive en mí inventando mundos?
¿Cómo soportar la densidad de la realidad sin euforia, insiste asustado?

Sin delirios de grandeza, sin ansias predadoras que consuman el poco oxígeno que aún queda en las neuronas. Sosegado comiendo, bebiendo, durmiendo, viviendo…  en Paz, ahora, sintiendo, con lo que tienes, con lo que eres, ahora… amando, sin tiempo.

Pero, pareciera que la ilusión es el pasaporte del tiempo, esa invención  que nos saca de lo que ahora no sabemos disfrutar, para imaginar un momento  que nos autorice a activar el gozo.
Si las emociones como dice William Glasser, son elecciones, ¿por qué  elegimos hacer gozo en una situación inventada en lugar de disfrutar de lo que somos, lo que tenemos y vivir un poco más cerca de la paz en cada momento?

Esto es una quimera para el que ambiciona el mundo. Un delirio para el imaginero que trasnocha recreando fantasías  en su lienzo mental. Y por ello el tedio, abatimiento, la depresión y tantas otras manifestaciones despectivas que hemos creado, en esta nueva sociedad de la “fantasía ilusionada por el mañana inexistente” aparecen por no saber integrar en nuestra vida el destino de nuestra necesidad vital. El ahora que en sí tiene todo lo necesario para vivir desde la alegría, si aceptamos que es eso lo que somos y ahí reside la felicidad.

Somos seres que exploran una realidad, la nuestra y que se han dejado llevar por los cantos de sirena, por los delirios de grandeza de un “yo” insaciable, que devora y devora, pues no tiene fin. Su satisfacción mora en la nueva empresa, pues su velocidad es tan desestabilizadora que no puede saborear la sensación de paz que emana de lo alcanzado, y mucho menos contemplar el producto de su realización, porque su naturaleza se alimenta de la conquista, de la adrenalina que le activa la condición de campeón, de luchador, de guerrero. Obtusa visión de una invención insostenible, que está destruyendo la armonía de nuestra  Tierra.
 
¿Cómo vivir una vida, desde la Vida, sin distorsión?

Solo date cuenta de la maravilla que se ha desarrollado en ti, hazte consciente de que te estás sintiendo, contemplando, percibiendo y lo más maravilloso, si quieres, amando. Esto es algo que puedes realizar en cualquier momento del presente, Ahora por ejemplo, da igual en que esté inmerso tu ambición, tu yo, da igual porque la alegría no reside en el tiempo, y solo tienes que sacar tu atención del futuro o del pasado para que emerja con intensidad lo que eres, y así sentir la “paz”, que te permitirá percibir la vida desde otro lugar, mas amable, compasiva y alegre.

Agradece, todo el tiempo, por lo que eres, por el amor que puedes sostener, por la existencia, la luz…

Ama y deja de inventar ilusiones, crea y eleva a la cualidad de arte tu existencia con lo que ahora tienes, busca la necesidad en lo colectivo y aplica tu cualidad con amor, eso es todo, así se desvanecen las ilusiones que más tarde se convertirán  en la noche de tu ambición.

Ama no pierdas el tiempo, pues solo al Amar disuelves lo viejo.





Luis Jiménez

La entrada en el laberinto



La entrada en el laberinto
           
            Ya estás aquí, has caminado mucho. En ti se encuentra la información necesaria para alcanzar tu destino. Descubres las normas y objetivos creados por otros –quizás hayas sido tú mismo el creador de éstos– que ahora determinan los movimientos que de acuerdo a las leyes de los hombres que debes seguir. Pero en ti existe la certeza de tu verdadera naturaleza, velada por la información que ahora recibes para convertirte en «humano». Antes de llegar aquí debiste aprender las normas básicas de la supervivencia para mantenerte en la forma que permitía tu existencia.

            Cada vez más sofisticadas, cada vez más inclusivas con el grupo, desarrollando con maestría las funciones psíquicas, conociste las leyes de la naturaleza, y sin conciencia de los mecanismos que las animaban, las acatabas, participabas de ellas con naturalidad y permanecías conectado a la fuente de toda vida, para expresar, en cada momento, lo más adecuado para el ecosistema en el que te desenvolvías. El cuerpo, la emoción y la mente, fueron robusteciéndose y haciéndose cada vez más presentes a través de formas aptas que permitían tu expresión por estos mecanismos para comprender la vida, tu ser.

            Ahora, en el reino humano, posees los elementos necesarios para hacer consciente lo que has experimentado mecánicamente: lo físico del reino mineral; lo emocional del vegetal; lo mental del animal; para desarrollar ahora lo transpersonal correspondiente a esta nueva etapa de tu desarrollo hacia la «fuente».

            Al entrar en el reino humano, en «el laberinto», posees las herramientas pero no la destreza para utilizarlas de acuerdo a tus verdaderas necesidades. El laberinto está lleno de puertas, cada una te lleva a un lugar. Tú eliges, la naturaleza te trajo hasta aquí y ahora tú decides cómo moverte, incluso si quieres detenerte. Para ello deberás reconocer quien eres, más allá de la idea que tienes de ti. Piensas pero no eres mente, sientes pero no eres cuerpo, quieres pero no eres emoción, te mueves pero no eres acción, sin embargo necesitas de todo ello para saber de ti,  he ahí la paradoja. No eres eso pero estás construido con ello, y así  sabes de ti, por lo que debes conocer perfectamente como funcionas para descubrir qué hay más allá.

Toda decisión tendrá su expresión posterior y acontecerán sucesos que permitirán, en todo momento, la expansión de la conciencia hacia el descubrimiento de tu verdadera naturaleza. Saber el tiempo que lleva cada ser en el reino humano es algo complicado para mí, pero según sus necesidades actuales, puedo percibir la habilidad que ha desarrollado en el proceso de su existencia y esto me indica el grado de percepción de sí mismo que ha alcanzado.

            Al entrar en el laberinto debemos revestirnos con los ropajes propios del cuarto reino de la naturaleza y estaremos sujetos a las reglas de juego que rigen en él. Tendremos que desarrollar y manejar con habilidad las distintas calidades energéticas que hemos compartido con otros seres en los anteriores reinos en los que hemos vivido hasta comprender sus mecanismos y ponerlos al servicio de nuestra verdadera realidad interior, para que así nos acerquen cada vez más a nuestro destino final, «la vida».  
     
Los ropajes para la primera escena:

            Ahora estás solo, tutelado por las atentas miradas de aquellos que conocen y potencian el desarrollo de la humanidad, pero solo. Hasta este momento, cumbre de la expresión de la vida en la Tierra, pertenecías a grupos, compartías la experiencia con la raza animal o especie vegetal o mineral de la que formabas parte, te nutrías como grupo y compartías tus experiencias con él y en él.
            Ahora comienza tu camino individual. Encarnas por primera vez en el reino humano y lo que en otras edades era mecánico ahora deberá ser consciente. Tienes un cuerpo que te capacita para percibir lo físico, las sensaciones en tu cuerpo, la emoción que te hará percibir los matices sentimentales que te muevan en las relaciones con otros seres y la mente que hará inteligible los procesos que percibes y te capacitará para comprender las reglas del juego. Pero eres mucho más, éstos sólo son los ropajes para poderte mover por el nuevo escenario, antesala de la emancipación de la conciencia.
           
            Desde este instante en el que ya formas parte del reino humano deberás desarrollar hasta la perfección las habilidades que existen en este plano de la manifestación para finalmente ponerlas al servicio del nuevo grupo al que ahora perteneces. Después de que hayas reconocido las reglas del juego y no seas presa inconsciente de ellas, advertirás el verdadero sentido de tu vida, de la vida en este planeta y participarás activamente para acercarte conscientemente a ella.

            Muchas edades presa inconsciente de las normas, de tus intereses individuales basados en los contenidos básicos de las estructuras tipológicas  que dan forma a la existencia, de la necesidad de la experimentación y de los errores por ignorancia, te llevarán posteriormente a preguntarte por otros caminos que conducen a la sabiduría existente en la vida que te anima.

El bautizo:

            Fluir, buscar el origen, descubrir por ti mismo quién eres y cómo has llegado a ser lo que dices ser. Separarte sin miedo de todo lo que reconoces como «yo». Sumergirte en las cristalinas aguas de tu propio ser, que espera desde el origen el abrazo, el reconocimiento, el reencuentro.

            Seguramente para que esto sea una realidad y se plantee conscientemente, para que sea, deben transcurrir muchas edades, experiencias, grandes identificaciones y la ignorancia completa, incluso el rechazo pleno del motor transpersonal que ha animado desde el principio a la totalidad de cada ser.

             Sin embargo, en este estadío, el ser ansía la libertad, la paz por encima de todo y percibe que esto sólo llega vaciándose de todo lo que no es él. Busca la transformación en la transparencia para que la vida fluya a través de él sin obstáculos. Sin normas, sin credos, sin dioses creados por los hombres fruto de la ignorancia y el miedo. Miedo que nosotros mismos hemos acuñado y revestido con mil ropajes sutiles para justificar acciones, adoptar posturas, alimentar ambiciones que una y otra vez nos llevaban al desencanto, al descalabro y a la depresión. Punto de partida para una nueva andadura que iría fortaleciendo o ablandando –según se mire– el núcleo que un día se plantearía la pregunta ¿quién soy yo?

            Mira de frente este cuestionamiento sin que se altere tu ser, permanece sereno contemplando los aspectos de tu psique que prefieren otros temas, que desean hacer otras cosas. Siente la incomodidad interna que pretende desviar una vez más la atención hacia otro lugar que no requiera esfuerzo. Permanece, contempla los caracteres intelectuales repletos de información que expresan una y otra vez su conocimiento, fruto del atesoramiento cauteloso de la memoria, madre del pasado.

            En calma, en paz, con la certeza del que sabe en su interior. Poco a poco se ahogan las palabras, las sensaciones y las emociones se tornan inaudibles y en ti surge un aroma, algo que sin ser conocido, conoces. Se inflama, te envuelve, todo tú desapareces sin desaparecer. Ya no estás pero es cuando estás realmente.

            Llegar hasta aquí es el punto de partida para comenzar la obra. Tienes el temple, el coraje de mirar y mantener la mirada, de sentir y permanecer abierto para descubrir. Vives, sientes desde otra perspectiva que transforma. Se introduce un elemento muy valioso para todo buscador, un centro al que volver, un punto de referencia. Puedes emprender, realizar, crear en cualquier área de la vida y todas ellas son espacios de perfeccionamiento donde adquirir la destreza necesaria para seguir avanzando en la búsqueda interior. Verdadera realidad de tu vida, de la vida.

Extracto de mi libro "Humanidad y flores de Bach", que será reeditado en septiembre.

Luis Jiménez

La auténtica expresión del Ser



La auténtica expresión del Ser

Ser fiel a uno mismo, no es hacer lo que se quiera, sino lo que está destinado para uno.

La felicidad no depende tanto de lo que se vive, sino de cómo se vive lo que hemos de vivir. Y lo que hemos de vivir está directamente relacionado con lo que uno es y ha de cambiar para seguir su desarrollo. A veces nos empeñamos en imaginarnos de una forma determinada y en esforzarnos a vivir así,  en la creencia de que así somos, sin tener en cuenta que no sabemos cómo somos realmente.

A veces una circunstancia, un hecho compartido con otros, pone delante nuestra un comportamiento inusual hasta ese momento que desbarata la idea que teníamos de nosotros mismos. Es como si nos hubiéramos traicionado, fallado, errado, en definitiva nosotros no podemos ser así, por ello eso ha de ser un error y nos limitamos a condenarnos o a sufrir el fallo mientras nos acordemos y cómo no, a mantener una actitud represiva para que no vuelva a suceder nunca más.

Saber cómo somos es fruto de estar abierto a sentir de verdad, a aceptar lo que expresamos y ser consciente de ello, sin determinar qué somos, sino cómo nos expresamos. Por ello las experiencias pasan a ser transformadoras en el momento en que se aceptan como tales y se desligan de cualquier modelo moral o vinculo personal. Si se atiende al aprendizaje que ha traído y se integra la nueva faceta descubierta para ampliar los márgenes del amor, todo es transformador y en sí mismo no ha sido más que la necesidad de vivir para saber de tí y seguir evolucionando. Todo lo demás no es más que la rémora mental de una necesidad de encajar en el modelo anterior a la vivencia que fomentará el sufrimiento y el estancamiento.

Disolver lo que impide aceptar lo vivido e  integrar la  nueva faceta que ha emergido como consecuencia de la experiencia, es todo lo que se ha de hacer. Ello nos llevará a deshacernos de ideas y creencias que sosteníamos en la mente y que la vivencia nos ha hecho comprender que no coinciden con la realidad vivida, es decir con nosotros. La consciencia de lo vivido, la aceptación del hecho y la asunción de la responsabilidad total de lo provocado nos llevarán a un grado mayor de compasión y compromiso con el amor, en cualquier ámbito de la vida.

Lo que vivo es lo que soy y la resistencia a aceptar el hecho es lo que me aleja de mí. ¿Quién soy realmente? ¿Lo que digo ser y me repito mentalmente, o lo que vivo aunque niegue que soy eso?  La aceptación de lo que vivo como expresión de lo que verdaderamente soy facilitará la transformación de todo aquello que no coincide con lo que siento que he de ser, pero no habrá un cambio hasta que  aceptemos lo que realmente somos ahora.

La búsqueda de lo bueno o lo malo, de lo correcto o lo incorrecto, de nuestra experiencia nace de la tendencia evaluativa que se nos ha inculcado desde el paradigma del vencedor y el vencido, del cielo y el infierno, del premio o del castigo. Por ello mientras se intenta enmendar lo vivido se pierde la oportunidad de ampliar las márgenes del amor tras la lección.

Soltar para volver a estar en una nueva visión de la realidad, renovada por la experiencia, es la vía hacia la sabiduría, que permite la libre circulación del alma a través de los modelos impuestos en el psiquismo colectivo por la reiteración de experiencias que se mantienen en el tiempo como verdaderas, aunque no encajen contigo, y por lo tanto necesarias para el desarrollo.

Vivir desde los modelos vinculados a nuestra experiencia familiar, social o paradigmática, es un tránsito imprescindible para la estructuración de una entidad sostenida en el tiempo, aunque sea desde la construcción heredada por necesidad que nos lleva a construir un yo sólido aunque prestado. El nacimiento de la individuación, de la capacidad de pensar y vivir al margen de las ideas impuestas por otros: clan, familia, sociedad, etc. No lleva implícito la necesidad de separarse de ellos, pero sí de mantener una mirada crítica, pero compasiva que permita tener una visión propia. Amorosa pero definida, en relación pero no simbiótica. En definitiva las relaciones son la puerta al conocimiento interno, ahí es donde nos vemos realmente, si somos capaces de aceptar lo que vemos y no lo atenuamos con teorías y justificaciones.

Los encuentros, los desencuentros y todo ese amor, mundano, necesario, diría que imprescindible y su necesaria exploración hasta el cenit de su Naturaleza trascendente va más allá de una relación, sin embargo, solo en ámbitos de naturaleza intima, donde los seres se reconocen, se desnudan y comparten la existencia desde el amor y la trascendencia, es posible alcanzar la cima y vivir en la vida explorando sin cesar los misterios del Amor.

Hasta ahora la humanidad había vivido desde el paradigma del miedo, de la conquista, de lo propio, desde la imposición del beneficio, de convertir al otro en su proyección, deseo o por salvar su necesidad.  Las nuevas interpretaciones de las relaciones y su necesidad vincular para amar y desarrollar la piedad y la tolerancia compasiva, nacen de la necesidad de jalonar un trozo más de la vía del amor que ya se insinúa en algunas personas que sienten la necesidad de amar sin poseer, de amar sin determinar el modo y aceptando todo lo que llega como idea transformadora que elevará la relación al grado más adecuado del amor total que en ese momento pueda vivenciarse.

Este proceso disolvente que va dejando atrás todo lo que concierne al deseo, para que poco a poco vaya emergiendo el verdadero amor, se desarrollará necesariamente en los sistemas más adecuados para ello como son la familia, los hijos,  la pareja, sobre todo, pero también en cualquier relación de tránsito que vivamos esporádicamente. Hemos de tener en cuenta que lo importante aquí no es la relación en sí, sino mi relación con migo mismo a través de ella.

¿Dejo de ser yo cuando estoy contigo?
¿Puedo ser yo aunque estés ahí? 
¿Cómo ser yo en libertad, amarte y mantener una relación?


Las relaciones son como vasos comunicantes, que atemperan la expresión individual a través del gesto complementario que el otro vive para armonizar al dúo. Lo que tú haces permite que yo haga lo mío, si yo hiciera lo que tú haces, tú harías lo que hago yo. Porque lo que hacemos cada cual es cumplir con el rol que la relación exige para sanar lo que no es amor. Tú y yo somos uno y la relación es más que la suma de los dos, la relación es la puerta evolutiva que permite, a través del amor sanar la proyección que yo hago de mí en ti. Cuando los encuentros son conscientes no existe lo que tú haces o lo que hago yo, si no lo que pasa entre los dos para integrar lo que somos a través de la relación, gracias al amor.

Luis Jiménez

La Fidelidad desde el Amor



La fidelidad desde el amor


Es tan prolífico el aumento de ofertas docentes al respecto del mundo espiritual, que pareciera que el conocimiento en relación  de esa nueva perspectiva, es suficiente para adentrarse en este universo psíquico. Son tantos los “cursillistas” y egresados relacionados con este conocimiento, que no entiendo muy bien, porqué seguimos atorados en el mismo punto evolutivo como humanidad.

Quizás tenga que ver con que los que se dedican a estas cuestiones desprecian el universo “material”, lo ven como ajeno a su propuesta evolutiva y se mantienen al margen del sistema, aunque no paren de comportarse como miembros de pleno derecho de él.  Por eso siguen ahí los mismos que, aun con alma, no se dan cuenta de que la única manera de servir, es potenciar la expresión del espíritu, en cada una de las manifestaciones humanas.

La mayoría de las personas cursadas en las artes del espíritu, desde la intelectualidad, siguen comportándose fuera de los círculos de esta línea, como cualquier otro mortal. En lo concerniente al diálogo y a los textos “elevados” son grandes memorizadores, que repiten  citas, sin haberse parado lo suficiente como para saber si lo practican o no. Por ello internet está lleno de citas evolutivas, de palabras sacras de intenciones amorosas, pero la vida sigue siendo un lugar ajeno al alma. Y he llegado a la conclusión de que este tiempo es inventado, que no corresponde al alma, aunque ella esté presa en él.

No es lo mismo saber que ser, conocer que entender y mucho menos integrar, de ahí que pareciera que ya sabemos, pero en realidad somos muchos los que no vivimos en consecuencia. Si todos los que conocemos las propuestas del amor, viviéramos desde ahí, no haría falta ninguna revolución para recuperar la fraternidad universal como un hecho natural. Por ello solo tienes que renunciar a la razón para vivir desde el amor, algo que no se hará por más citas espirituales que conozcas.

Resignificar es volver a pensar sobre algo que se ha instaurado como verdad y que puede ser vivido desde otra posibilidad más cercana al amor que al miedo, como muestra un botón: hablemos de la fidelidad  

Siempre oí  que el perro era muy fiel, el mejor amigo del hombre.

Más adelante acepté la idea de que la fidelidad era una de las señas de identidad de la honorabilidad y la confianza.

“Este chico es muy fiel”, puedes contar con él, “nunca te fallará”

Desde siempre la busqué por el mundo, y me la impuse como un código que me hacía creer ante mí mismo, que era mejor persona.

En las relaciones que yo definía como más auténticas, sentí que el valor destacado debería ser este, sin embargo durante toda mi vida he sentido cómo, una y otra vez, esta idea de fidelidad se desvanecía en los hechos y no encontraba forma de mantenerla, ni siquiera en mí mismo, pues desde fuera sentía muy a menudo el reproche de todos, al no ser tan “fiel” a ellos, como necesitaban que fuera.

A partir de un tiempo observé que este valor inventado por el “yo” no es más que una necesidad, una garantía de que alguien, más allá de sí  mismo, le elija a él en lugar de a si, abortando a veces experiencias que podrían ser definitivas en la vida, para mantener el vínculo que le hacía sentirse mejor persona y acompañado en el tiempo.

Ser fiel a otro, es morir a sí mismo, para nacer al otro, a su necesidad de saber, por otros, que él existe.

De ahí que la fidelidad que tanto necesitamos, que tanto proclamamos y demandamos a los demás y a nosotros mismos, no es más que el miedo a Ser y vivir de acuerdo a ello, sin la garantía de continuidad de una compañía constante.

Las alianzas fieles, son coartadas del miedo para asegurarse un destino compartido, un futuro mutilado, la certeza de que siempre habrá alguien ahí, a costa de ti mismo, de tu vida si fuese necesario, pues se ha dicho que el perro muere defendiendo al amo.

Siempre oí que el perro era fiel, pero creo que a él no le queda más remedio, porque es su naturaleza que su voluntad se someta a la voluntad del líder, el que ostenta la “seña alfa” en cualquier clan.

La fidelidad que no sea a sí mismo,  es pues un contrato, una cláusula de garantía para alejar  el miedo a la soledad.

Desde ahí, no soy fiel, pero puedes contar conmigo, siempre que mi destino y el tuyo estén coincidiendo en el infinito, pues en el amor no es necesario que nada se estabilice como patrón de seguridad para acallar el miedo que acecha a tu corazón.

Ama no pierdas el tiempo.

Luis Jiménez

El Arte de Vivir




El Arte de Vivir
“¿Será posible que nuestra gran eficacia para vivir en los más diversos ambientes, se vea eclipsada y a la postre anulada ante la incapacidad de vivir los unos con los otros?”    Maturana y Varela

Según pareciera, en la sociedad de estos últimos siglos, la clave para el éxito se ha basado en el crecimiento continuo como símbolo del progreso, una realidad sostenida por la creencia de que es natural e inevitable, según lo demuestra el comportamiento de las especies. Tanto los programas educativos como los modelos empresariales y financieros se basan en la libre competencia y en la supervivencia del más fuerte, quien debe de expandirse continuamente como síntoma de su éxito. La misma premisa ha ido calando en la propuesta de desarrollo interior, y por ello, en estas lides se busca el crecimiento como indicativo de progreso, en un claro paralelismo del modelo perceptivo de la realidad que he descrito. Esta tendencia ha reforzado los comportamientos de orden similar a los del paradigma del que “supuestamente” queremos salir, fomentando el aislamiento y la competencia entre los que proclaman el “Amor universal”, triste paradoja de la que se aprovecha el sistema imperante para hacernos creer que estamos fuera de él, mientras seguimos reforzándolo.
La educación, en todos los sentidos, incluida la espiritual, se ha basado en preparar a unos pocos, los más aptos, para que alcancen la cúspide del sistema y se unan a la élite de personalidades que destacan por su individualidad y poder. Pertenecer a esa minoría es un acicate para el crecimiento perpetuo que está llevando al Planeta Tierra a la devastación.

Esta visión sesgada y chata de la vida, fruto, entre otras, de la  teoría “científica” de Adam Smith, quien  estableció que  el egoísmo individual es el motor de las relaciones y los comportamientos humanos; resulta ser la consecuencia de un momento evolutivo de la humanidad donde la mirada “ambiciosa” era la única posibilidad que existía para trascender el miedo a la diversidad, e instaurar la hegemonía de la adaptación del más apto, como mirada “diabólica” y separatista que congeló la evolución sujetándola al terror como único paso hacia el Espíritu.

La interpretación, ya trascendida, pero mantenida por intereses egoístas, de la teoría darwiniana de supervivencia del más apto o fuerte (concepto y mirada interpretativa ligada a la ignorancia de nuestra naturaleza holística), ha simplificado la realidad al centrar su cosmovisión sólo en las interacciones negativas, como la depredación, la competencia, el parasitismo, la explotación etc.. Sin embargo la cooperación para el beneficio mutuo, es una de las señas de identidad de la Naturaleza, y también es muy importante en la selección natural; pero, esta propuesta no es popular y la propaganda interesada mantiene como única opción evolutiva la hegemonía del más fuerte, del individuo Alfa. “la ley de la selva” para justificar las barbaries que se realizan a diario desde las zonas “alfa” del mundo mercantilizado, huérfano de Alma.

Aun siendo un hecho el modo en el que la Naturaleza expresa la cooperación como una vía importante en la selección natural (como ha apuntado el filósofo de las ciencias Mauricio Abdalla), y que favorece el desarrollo sostenible y beneficioso para las partes implicadas y para el todo como entidad, en este caso la Tierra; está tan arraigado el modelo parasitario, predador o de competencia en las mentes humanas, que los mismos individuos que sufrimos su devastadora presencia, lo mantenemos a través de los actos cotidianos en nuestro diario vivir. En este sentido Abdalla se pregunta ¿Será Darwin para el siglo XXI lo que Newton para el siglo XX?

Carceleros de nosotros mismos
Nuestro comportamiento cotidiano es una clara réplica del modelo restrictivo y autoritario que nos mantiene cautivos de la competencia, la rivalidad o la confrontación ideológica, todos ellos claros exponentes de una lucha desprovista de humanidad. Esta conducta se mantiene incluso por aquellos que nos identificamos con el cambio de paradigma y enarbolamos las banderas de la inclusión y la fraternidad como expresión natural de la Vida en la Tierra.
Así que algo habrá que hacer.

Los cambios de paradigmas no se logran a través de la mención dialéctica, de los discursos “redondos” o de las disertaciones y publicaciones eruditas y reaccionarias; sino, a través de una coherente puesta en acción en nuestro entorno cotidiano. Una vida vivida desde la tolerancia, la compasión, la generosidad, la voluntad al bien, la alegría, el valor, la piedad, el optimismo, la paz, la sensibilidad, la determinación o la fidelidad vocacional, es la puerta para integrar en lo cotidiano lo que tanto anhelamos y hablamos y pensamos, sin llevar al acto.

La fijación en el éter, en el inconsciente colectivo, de una nueva expresión no parasitaria o predadora, será la consecuencia de la continua vivencia humana de esta modalidad de la Naturaleza que ha de ser inscrita en el consciente a través de nuestra vivencia ordinaria. Hablar de la Unidad, del cosmos como entidad Una y despreciar al vecino o intentar ganar en los negocios a costa de la pérdida o la bancarrota de otro, no tiene nada que ver con la visión holística y generadora de riqueza que propone la visión cooperativa de la unidad en la Tierra.

La Fraternidad como expresión global de unificación y reconocimiento de la dignidad humana como Alma en cualquier ámbito, ya sea político, financiero, educativo, o de salud y la actuación dentro de esa tendencia social desde la visión sistémica y compasiva, introducirá lo nuevo como expresión natural de la consciencia que ya ha alcanzado el estado óptimo para manifestarse en el tiempo. Ya lo decía Juan el evangelista: "Quien dice estar en la luz y aborrece a su hermano, está en las tinieblas". (1Jn, 2, 10).

Una vida desde lo incluyente, lo sistémico, desde la ciencia del Amor
La evolución es la vocación de la vida, todo cambia excepto el cambio, lo único estable en el universo, padre de lo que denominamos evolución. Sin embargo, la evolución puede llegar a través del Amor o del miedo. Pareciera que la humanidad ha elegido hasta ahora, como modelo imperante para seguir los dictados de la Vida, la evolución por el miedo, que engendra dolor y sufrimiento, favoreciendo la competencia y la lucha entre las partes que constituimos el sistema. En apariencia, existe un interés por mantener esta tendencia y seguir ahogando las conciencias de la mayoría, por medio de la implantación de una modalidad de la Naturaleza ,que no es en sí real y que se mantiene gracias al hipnotismo miedoso de los mismos integrantes del sistema que sufren sus consecuencias. La imposición de modelos inadecuados para una vida respetuosa y cooperativa entre los integrantes de la humanidad, ha fraccionado las relaciones introduciendo la idea partidista de vencedor y vencido como eje evaluativo de la concepción del mundo.

Sin embargo, el cambio es posible sin dolor y sin que ninguna de las partes implicadas en él sufra por ello. El cambio desde el Amor es inclusivo, permite la percepción de los sistemas como aglutinantes y vinculados a una extensa red que todo lo abarca y lo nutre; pero la visión que se nos ha transmitido de la vida y que nos han mostrado hasta ahora, está basada en el miedo: Miedo a la pobreza, al hambre, a la miseria, a la estupidez… Todo ello desde una perspectiva sesgada por la idea de que sólo pueden y deben sobrevivir los más aptos, fuertes o inteligentes; y claro está, esta  cualidad es inherente a aquellos que ya están situados en los lugares proclives para el desarrollo de acuerdo con esta interpretación de la vida, el resto, no tiene lugar en esta farsa, y, por supuesto, ninguno de nosotros quiere ser el “resto”.

Amor-Miedo, esa es toda la verdad y la diferencia en la manera de evolucionar; el miedo engendra dolor, el Amor sabiduría; abriéndonos al Amor, la evolución es fluida, amable y próspera, si nos negamos a amar, la evolución se trastorna y a partir del miedo, se convierte en dolor, ese es el verdadero libre albedrío, desde éste no existe la negativa a evolucionar, sino que se elige la forma de hacerlo.

El tan deseado y poco apoyado cambio de paradigma
Estamos inmersos en un trascendente cambio que se reconoce como “El cambio de paradigma” que no es en sí un cambio espiritual, como algunos pretenden, pues la transformación realmente espiritual, modificara a la idea de “mundo” que conocemos y esto lleva implícita la transformación de los modelos de vida que excluyen o explotan a cualquier ser humano en cualquier confín de la Tierra. La salud ya no será ausencia de síntomas sino plenitud de Alma, la economía no se basará en el poder financiero sino en la capacidad creativa de la población, la educación no será ya el caldo de cultivo de la mano de obra barata, sino la escuela del Alma y la política dejará de ser un seguro de vida, para convertirse en la expresión de servicio de los que quieren transformar el mundo.

“O cambiamos o morimos, esa es la alternativa. (…)
En momentos de crisis  total necesitamos consultar la fuente originaria de todo, la Naturaleza. ¿Qué es lo que ella nos enseña? 
Ella nos enseña -(…)- que la ley básica del universo no es la competencia que divide y excluye, sino la cooperación que suma e incluye."  Leonardo Boff

Esta visión que ahora cobra sentido científico ya la transmitían los filósofos de la Naturaleza, desde la visión integradora del Unus Mundus, la conciencia de la  Naturaleza en el humano.
El cambio empieza por uno mismo al no participar con mis ideas, economía, y comportamiento a reforzar un sistema que odia a la humanidad y se vanagloria de sus propios logros devastadores en la Naturaleza, que somos todos. La idea sustentada de que sólo los aptos, los preparados, con recursos, o iniciados, pueden acceder al conocimiento, está lejos de la propuesta amorosa de transformar el mundo en la única morada de la Humanidad.

Como participar activamente en el cambio de Paradigma:
Lo primero es asumir la responsabilidad personal de ser y actuar de acuerdo a uno mismo y aceptar ciertas propuestas que favorecen el desarrollo evolutivo de la consciencia.
1.      La Alegría, y la Paz son  estados naturales del Alma, que no dependen de nada externo.
2.      Lo que vivo y lo que soy son la misma cosa, si no me gusta lo que vivo, he de cambiar lo que soy.
3.      La felicidad es fruto de disolver, la queja, la crítica, la justificación y el reproche.
4.      El servicio impersonal en pro de la humanidad, elimina cualquier frustración en la vida.
5.      No existen fracasos sino experiencias.
6.      La vida es experiencia y cada resistencia favorece el desarrollo de una nueva habilidad.
7.      Todo lo aparentemente limitante esconde una intención positiva.
8.      La puerta para el cambio es el desapego y la llave el Amor.
9.     Desarrollar la virtud opuesta al defecto que me impide ser feliz es la clave para vivir desde el Alma.
10.    El sufrimiento es engendrado por la no aceptación de lo que está o ha sucedido.
11.   La resistencia es proporcional a la envergadura del proyecto, “no llenes el ojo antes que la tripa”.
12.   Ama, no pierdas el tiempo. 

Para facilitar el arte de vivir describiré, de forma sintética, algunas de las acciones que favorecerán la emergencia del Amor en lo cotidiano y así participar activamente en el cambio de paradigma. Para ello quiero concluir con la siguiente reflexión: La humanidad puede dividirse en cuatro grandes tipos y cada uno de ellos ha de desapegarse de una tendencia que le es muy querida, por ser la que corresponde a ese grupo, para poder encarnar el Amor que está más allá de la pertenencia y sabor personal. Estos cuatro tipos están relacionados con los temperamentos clásicos, los cuatro elementos alquímicos y las cuatro funciones psíquicas:

1.    El Amor como fidelidad espiritual, fruto del desapego energético y el poder personal
2.    El Amor como obediencia y aceptación de la vida, fruto del desapego al resultado material.
3.    El Amor como apertura al no tiempo, para vivir en el presente expresando nuestra innata percepción, fruto del desapego mental.
4.  El Amor como libertad personal y colectiva que deshace las pertenencias dependientes, fruto del desapego afectivo.

Pareciera a veces que existe contradicción al proponer el desarrollo como expresión máxima de la individualidad y la autogestión, y por otro lado se hable de la fusión y sistematización de las relaciones en un todo indiferenciado; sin embargo, esta paradoja se resuelve al percibir que el Amor universal es fruto del Amor personal. Cuando el evangelio propone que amemos al prójimo como a nosotros mismos, es necesario, en primera instancia, amarse a uno mismo, para poder amar con igual intensidad al prójimo. En esta nueva etapa, nace el servidor, aquél que tras haber integrado las etapas ambiciosa y egocéntrica, ahora ya es una verdadera personalidad integrada y dispuesta a servir a la humanidad, pues como diría Maturana:

"No hay contradicción por lo tanto en la conducta del individuo mientras realiza su individualidad como miembro del grupo: es altruistamente egoísta y egoístamente altruista porque su realización individual incluye su pertenencia al grupo que integra". Maturana y Varela.

Cada uno de estos cuatro caminos, sentido y propósito de la vida de todos los habitantes del planeta Tierra, pueden transitarse en compañía y deberían de ser fomentados mediante la educación de manera fraterna y humanitaria, de forma que cada uno de los cuatro tipos aceptara a los otros como complementarios y necesarios para la estabilidad del sistema y el sostenimiento del orden natural de la vida, que alcanzará la Armonía a través de la inclusión de las partes en un TODO, bello e integrado, que permita la expresión consciente del Amor, como máxima expresión de la VIDA.

Luis Jiménez.
Málaga, noviembre de 2013.