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Sobre las relaciones de pareja




“La pareja no es un elemento a poseer, a conquistar, o a permanecer, es la puerta que ayuda a integrar todo lo que somos, es una metáfora, un símbolo. En pareja nunca veo al otro, porque lo que hago es interpretarlo de instante en instante. La única forma de ver al otro, es dejando de pensar, de interactuar, simplemente contemplándolo sin interpretarlo, y en este acto, acepto lo que veo, para cuando desde ahí comience a interactuar, se disuelva cualquier interés. En la medida que se inicia este proceso, surge la admiración, y de ahí se deja de interpretar e interferir en la función del otro, se disuelve la intención de poseer, aniquilar, o conquistar…

El caracol es el símbolo de la plenitud, porque lleva la casa a cuestas, lleva en sí a su hogar, y es hermafrodita, es decir, macho o hembra a voluntad, incluso, se puede llegar a fecundar a sí mismo, no necesita nada porque él lo es todo. Desde nuestro enfoque, esto es Wild Oat, la plenitud, el elemento central del mandala, ahí donde convergen todas las fuerzas y todos los elementos en una unidad completa. Esta es la idea del trabajo interior, ir hacia esa unidad de plenitud a través de una relación con los opuestos y los complementarios que nos ayudan a ir integrando lo que en nuestro inconsciente está todavía inactivo.”

Luis Jiménez

La Fidelidad desde el Amor



La fidelidad desde el amor


Es tan prolífico el aumento de ofertas docentes al respecto del mundo espiritual, que pareciera que el conocimiento en relación  de esa nueva perspectiva, es suficiente para adentrarse en este universo psíquico. Son tantos los “cursillistas” y egresados relacionados con este conocimiento, que no entiendo muy bien, porqué seguimos atorados en el mismo punto evolutivo como humanidad.

Quizás tenga que ver con que los que se dedican a estas cuestiones desprecian el universo “material”, lo ven como ajeno a su propuesta evolutiva y se mantienen al margen del sistema, aunque no paren de comportarse como miembros de pleno derecho de él.  Por eso siguen ahí los mismos que, aun con alma, no se dan cuenta de que la única manera de servir, es potenciar la expresión del espíritu, en cada una de las manifestaciones humanas.

La mayoría de las personas cursadas en las artes del espíritu, desde la intelectualidad, siguen comportándose fuera de los círculos de esta línea, como cualquier otro mortal. En lo concerniente al diálogo y a los textos “elevados” son grandes memorizadores, que repiten  citas, sin haberse parado lo suficiente como para saber si lo practican o no. Por ello internet está lleno de citas evolutivas, de palabras sacras de intenciones amorosas, pero la vida sigue siendo un lugar ajeno al alma. Y he llegado a la conclusión de que este tiempo es inventado, que no corresponde al alma, aunque ella esté presa en él.

No es lo mismo saber que ser, conocer que entender y mucho menos integrar, de ahí que pareciera que ya sabemos, pero en realidad somos muchos los que no vivimos en consecuencia. Si todos los que conocemos las propuestas del amor, viviéramos desde ahí, no haría falta ninguna revolución para recuperar la fraternidad universal como un hecho natural. Por ello solo tienes que renunciar a la razón para vivir desde el amor, algo que no se hará por más citas espirituales que conozcas.

Resignificar es volver a pensar sobre algo que se ha instaurado como verdad y que puede ser vivido desde otra posibilidad más cercana al amor que al miedo, como muestra un botón: hablemos de la fidelidad  

Siempre oí  que el perro era muy fiel, el mejor amigo del hombre.

Más adelante acepté la idea de que la fidelidad era una de las señas de identidad de la honorabilidad y la confianza.

“Este chico es muy fiel”, puedes contar con él, “nunca te fallará”

Desde siempre la busqué por el mundo, y me la impuse como un código que me hacía creer ante mí mismo, que era mejor persona.

En las relaciones que yo definía como más auténticas, sentí que el valor destacado debería ser este, sin embargo durante toda mi vida he sentido cómo, una y otra vez, esta idea de fidelidad se desvanecía en los hechos y no encontraba forma de mantenerla, ni siquiera en mí mismo, pues desde fuera sentía muy a menudo el reproche de todos, al no ser tan “fiel” a ellos, como necesitaban que fuera.

A partir de un tiempo observé que este valor inventado por el “yo” no es más que una necesidad, una garantía de que alguien, más allá de sí  mismo, le elija a él en lugar de a si, abortando a veces experiencias que podrían ser definitivas en la vida, para mantener el vínculo que le hacía sentirse mejor persona y acompañado en el tiempo.

Ser fiel a otro, es morir a sí mismo, para nacer al otro, a su necesidad de saber, por otros, que él existe.

De ahí que la fidelidad que tanto necesitamos, que tanto proclamamos y demandamos a los demás y a nosotros mismos, no es más que el miedo a Ser y vivir de acuerdo a ello, sin la garantía de continuidad de una compañía constante.

Las alianzas fieles, son coartadas del miedo para asegurarse un destino compartido, un futuro mutilado, la certeza de que siempre habrá alguien ahí, a costa de ti mismo, de tu vida si fuese necesario, pues se ha dicho que el perro muere defendiendo al amo.

Siempre oí que el perro era fiel, pero creo que a él no le queda más remedio, porque es su naturaleza que su voluntad se someta a la voluntad del líder, el que ostenta la “seña alfa” en cualquier clan.

La fidelidad que no sea a sí mismo,  es pues un contrato, una cláusula de garantía para alejar  el miedo a la soledad.

Desde ahí, no soy fiel, pero puedes contar conmigo, siempre que mi destino y el tuyo estén coincidiendo en el infinito, pues en el amor no es necesario que nada se estabilice como patrón de seguridad para acallar el miedo que acecha a tu corazón.

Ama no pierdas el tiempo.

Luis Jiménez

Y si las relaciones de pareja tuvieran como finalidad la exploración del Amor



Y si las relaciones de pareja tuvieran como finalidad la exploración del Amor

Partiendo del aforismo: Todo lo dicho es dicho por alguien, de Humberto Maturana, podemos desarrollar la idea de que cualquier manifestación existente en el tiempo,  es fruto de la interpretación, de acuerdo al nivel evolutivo, de una consciencia, en apariencia individual, que surge de la fuente única de donde todo parte. Esa primordial e ininteligible fuerza generadora de consciencia, que todo lo sostiene, se ha definido como Amor.

No es la intención de este escrito determinar la naturaleza del amor, pues creo que esa es la razón que nos mantiene en esta dimensión de la existencia: el Tiempo. Ese espacio dual que permite interpretar el mundo de acuerdo a la experiencia del observador como un ente aislado de la Totalidad.

Quizás sea este un buen momento para reinterpretar, una nueva oportunidad renacedora para resignificar la vida y todas las interpretaciones que sobre ella hemos acumulado en el tiempo. En este instante de “revuelo universal”, de crisis existencial planetaria, podemos aseverar que quizás tengamos una oportunidad  semejante al emerger humanista que tuvo lugar en el siglo XV y que permitió la recuperación de las verdades atemporales que más tarde cayeron de nuevo en el olvido. 

Mientras exista lo creado estaremos inmersos en el esclarecimiento del misterio, de ahí que considere fatuo definir algo que no es posible asir con la mente y que solo puede alcanzarse cuando uno se despoja de todo lo que le ata al tiempo, ya que como dice Maturana:

"La experiencia de cualquier cosa fuera, es validada por la estructura humana que hace posible “la cosa” que surge de la descripción. Esta circularidad nos dice: “Todo acto de conocer trae un mundo de la mano”

De ahí que todo lo descrito se concreta en hecho y como consecuencia en verdad, que se sostiene por la participación activa de todos aquellos que desisten de explorar para repetir lo que otros han definido. En este sentido podemos adentrarnos en los confines del amor y despojarnos de todas las apariencias y determinaciones que al respecto han manifestado otros antes que nosotros, para alcanzar, si fuera posible, un espacio no contaminado donde  expresar ese sentimiento más allá de la personificación de una necesidad humana.

La vía del corazón, como ha sido definida la línea de trabajo interior que conecta a la consciencia del tiempo con el no tiempo, para que la esencia del amor, no temporal, pueda asomarse a lo cotidiano, podría definirse como una relación entre el no tiempo y el tiempo, o mejor dicho desde el no tiempo del tiempo que se reconoce en algo que no puede encontrar en el tiempo.

Yo soy quien ama y aquel a quien yo amo. Éste es el límite del amor espiritual bajo forma material. Ibn Arabí

Esta fabulosa odisea amorosa de la misma sustancia que va decodificando las desviaciones de sí misma que se han estructurado en tendencias temporales, en verdades propias del observador, ajenas a su naturaleza atemporal, es una gran historia de amor. De ahí que podamos resignificar los relatos místicos ligados a una figura antropomorfa, desde una imagen humana, a un vínculo entre consciente e inconsciente, donde lo que añora lo inconsciente es la parte de él que se ha internado en el tiempo y busca como tendencia innata hacerse todo Uno en la nueva dimensión de la Vida que explora en lo creado.



Oh llama de amor viva,
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!,
pues ya no eres esquiva,
acaba ya, si quieres;
rompe la tela de este dulce encuentro
Sácame de aquesta muerte,
mi Dios, y dame la vida;
no me tengas impedida
en este lazo tan fuerte;
mira que peno por verte,
y mi mal es tan entero,
que muero porque no muero

 Juan de la Cruz


Ya toda me entregué y dí,
y de tal suerte he trocado,
que mi Amado es para mí
y yo soy para mi Amado.
Cuando el dulce Cazador
me tiró y dejó herida,
en los brazos del amor
mi alma quedó rendida;
y, cobrando nueva vida,
de tal manera he trocado,
que mi Amado es para mí
y yo soy para mi Amado.
Hirióme con una flecha
enherbolada de amor,
y mi alma quedó hecha
una con su Criador;
Ya yo no quiero otro amor,
pues a mi Dios me he entregado,
y mi Amado es para mí
y yo soy para mi Amado.

Teresa de Jesús



Por ello,  con la intención de abordar este misterio universal, nos permitimos establecer dos espacios, dos momentos en la existencia, uno de ellos pre-creación y el otro fruto de la propia acción creadora. Podemos  decir que lo uno y lo otro son lo mismo pero en diferente espacio. Podríamos decir entonces que si la fuente de todo lo que existe y la expresión de esa fuente en la creación es lo mismo, pero determinado por los condicionantes del tiempo. Y hemos acordado que la Fuente primordial de la vida es Amor, podemos hablar del amor del tiempo y del amor de no tiempo y del enamoramiento de la conciencia del tiempo por la esencia del no tiempo.

La relación, el amor, entre la fuerza creadora y la consciencia de lo creado, fomenta la tendencia apersonal que llevará al espacio-tiempo a ingresar en el no tiempo, a través de la disolución de las interpretaciones nacidas en la creación.  Las aparentes relaciones que mantenemos en el tiempo, son las puertas que favorecen la disolución de la diferencia entre el amor del tiempo y el verdadero amor universal no temporal. Cada una de ella es un acto metafórico de la relación con nosotros mismos, es decir con nuestro inconsciente amoroso con el que hemos de unificarnos para dejar a tras la idea de amor posesivo que mantenemos en el tiempo. De todas las relaciones posibles en el tiempo, la relación de pareja es, por su cualidad polar y generadora de vida, la más completa para el trabajo redentor que devolverá la consciencia al universo no-dual interior o Amor. Las relaciones de pareja conforman el espacio psíquico más completo para el desarrollo consciente hacia el amor.

El amor en sí mismo es la fuerza esclarecedora que disuelve la división entre las almas. En la pareja, favorece  el entendimiento de que toda tensión generada en la relación, es fruto de la necesidad de ambos y que solo por esta fuerza trascendente, y gracias a ella, las personalidades disolverán la parcela egocéntrica que les impide amar de acuerdo a su grado evolutivo. Las relaciones de pareja son el marco referencial que dos almas componen para deshacer los nudos personales que les alejan de su verdadera dimensión amorosa. Cuando ambos se hacen consciente de este pacto evolutivo, desaparece la fantasía limitada de una búsqueda de felicidad para elevar por encima de cualquier dimensión la prevalencia del amor, que no es satisfacción si no renuncia a la razón y con ello al alejamiento de la Paz interiro.

El concepto romántico, la necesidad  libidinosa, y la fuerza sociabilizadora, desde la fantasía humana de crear hogares  y establecer marcos referenciales donde fomentar la relación de pareja, ha excluido, el vínculo trascendente de las relaciones de pareja, eliminando así la posibilidad de establecer una relación de pareja de carácter “espiritual” como campo experiencial para alcanzar la disolución del yo y asía entroncar el tiempo con el no tiempo en una unión sacra donde el amor es lo único verdadero.  Sin desdeñar en absoluto las demás funciones naturales del ser como elementos constitutivos de una entidad integrada y consciente de su necesidad evolutiva, hemos de manifestar que la verdadera función de las relaciones de pareja es la trascendencia del yo, fruto de la toma de consciencia de que solo atendiendo a las necesidades del otro, podré conocerme completamente yo.

El miedo ha fomentado la exclusión de la espiritualidad de las relaciones, llevando a estas exclusivamente al campo de la familia o de los vínculos sexuales, impidiendo así el verdadero trabajo evolutivo que los seres, a través del amor consciente, pueden realizar gracias a la relación de pareja.
Desde ahí las relaciones de pareja se constituyen como el marco ideal para favorecer el desarrollo evolutivo permanente de las almas que se vinculan para este fin, en el acto de transformar todas las interferencias que aparezcan en lo geográfico, (lo cotidiano de la relación) como elemento simbólico de lo psicológico,( lo que yo guardo en mi inconsciente y debo trascender para seguir mi evolución), que está directamente relacionado con el nivel del ser del alma. 

La falta de sentido profundo en el ámbito de las relaciones, ha llevado a la humanidad a mantener vínculos de necesidad y ambición. Relaciones en definitiva nacidas de la falta de plenitud que llevaba a los “enamorados” hacia un callejón sin salida cargado de reproches, por la idea de que en el otro, uno debería encontrar la felicidad. Esta visión egocéntrica y posesiva que trasladaba toda la responsabilidad de la satisfacción al otro, y a la relación como entidad trascendente que debía cumplir con el deseo preconcebido que le llevaba a iniciar la relación. Ha desvirtuado la verdadera dimensión evolutiva de la relación, pues esta dimensión del amor de almas que se unen para explorar el AMOR no temporal, disipan el reproche, la crítica y la justificación en el acto de amar para transformar el yo personal de cada cual en unidad, allá donde los dos moran y son solo Uno.

Desde esta nueva percepción, las almas individuales manifestadas en el tiempo, a través de la presencia de una personalidad, construida para amar, entenderán que el amor no es algo que lleva a la relación o se consigue en ella, si no que la relación favorece el entendimiento del amor, que ya es en esa dimensión donde todos somos uno aunque seamos inconscientes de ello.

Solo a través de una relación, el alma puede entender que es el amor, y no porque el amor sea algo inteligible, sino porque, este, se va develando en la medida que uno decide mantenerlo a pesar de cualquier otra emoción nacida de la unión. Amar en cada instante, a pesar de que todo indique que  no debe hacerse, es la única morada del amante, ese que ha decidido dar y en consecuencia trascender cualquier visión personal que le impida conocer los deleites del amor profundo. El amor se va haciendo grande en la medida en que el amante cede ante él, desprendiéndose de todo lo que impide su presencia. Esto a veces conlleva una especie de locura, para los no amantes,  que solo los amantes pueden entender, pues aquel que ama es visto en ocasiones como alguien falto de criterio personal o dentro de una burbuja de estupidez. Me estoy refiriendo al amor, no al enamoramiento que no es más que un punto de partida frugal para devolver al alma a la intensidad creativa que podrá deshacer los nudos egocéntricos que impedían amar sin poseer.

La resignificación de las relaciones de pareja nos llevarán a un nuevo renacer, donde la intolerancia y la decepción, que actualmente desintegran a tantas buenas intenciones de permanencia en las parejas, se tornarán comprensión de sí mismo y transformación permanente en aras de una emergencia del amor, que trasciende la idea personal, que exige satisfacción para el deseo del yo.

Si las relaciones de pareja tuvieran como finalidad la exploración del amor, en lugar de la satisfacción personal por demanda de amor. Seguramente la posición inicial y el desarrollo de la relación, estaría centrado en la transformación de acuerdo a las necesidades de la propia relación y no en la exigencia de que el otro encaje con la idea de relación que yo mantengo, y por lo tanto las respuestas de la propia relación no serían tan decepcionantes como son en la mayoría de las relaciones.

Esta renovada mirada, favorece la soledad en compañía consciente y la amistad sexual y espiritual para transcender al yo, en el acto de amar consciente. Y traen al ámbito humano una nueva etapa de relación tras haber consumado las anteriores necesidades que llevaron a los encuentros sexuales-familiares ya conocidos.

Ama no pierdas el tiempo


Luis Jiménez