La entrada en el laberinto



La entrada en el laberinto
           
            Ya estás aquí, has caminado mucho. En ti se encuentra la información necesaria para alcanzar tu destino. Descubres las normas y objetivos creados por otros –quizás hayas sido tú mismo el creador de éstos– que ahora determinan los movimientos que de acuerdo a las leyes de los hombres que debes seguir. Pero en ti existe la certeza de tu verdadera naturaleza, velada por la información que ahora recibes para convertirte en «humano». Antes de llegar aquí debiste aprender las normas básicas de la supervivencia para mantenerte en la forma que permitía tu existencia.

            Cada vez más sofisticadas, cada vez más inclusivas con el grupo, desarrollando con maestría las funciones psíquicas, conociste las leyes de la naturaleza, y sin conciencia de los mecanismos que las animaban, las acatabas, participabas de ellas con naturalidad y permanecías conectado a la fuente de toda vida, para expresar, en cada momento, lo más adecuado para el ecosistema en el que te desenvolvías. El cuerpo, la emoción y la mente, fueron robusteciéndose y haciéndose cada vez más presentes a través de formas aptas que permitían tu expresión por estos mecanismos para comprender la vida, tu ser.

            Ahora, en el reino humano, posees los elementos necesarios para hacer consciente lo que has experimentado mecánicamente: lo físico del reino mineral; lo emocional del vegetal; lo mental del animal; para desarrollar ahora lo transpersonal correspondiente a esta nueva etapa de tu desarrollo hacia la «fuente».

            Al entrar en el reino humano, en «el laberinto», posees las herramientas pero no la destreza para utilizarlas de acuerdo a tus verdaderas necesidades. El laberinto está lleno de puertas, cada una te lleva a un lugar. Tú eliges, la naturaleza te trajo hasta aquí y ahora tú decides cómo moverte, incluso si quieres detenerte. Para ello deberás reconocer quien eres, más allá de la idea que tienes de ti. Piensas pero no eres mente, sientes pero no eres cuerpo, quieres pero no eres emoción, te mueves pero no eres acción, sin embargo necesitas de todo ello para saber de ti,  he ahí la paradoja. No eres eso pero estás construido con ello, y así  sabes de ti, por lo que debes conocer perfectamente como funcionas para descubrir qué hay más allá.

Toda decisión tendrá su expresión posterior y acontecerán sucesos que permitirán, en todo momento, la expansión de la conciencia hacia el descubrimiento de tu verdadera naturaleza. Saber el tiempo que lleva cada ser en el reino humano es algo complicado para mí, pero según sus necesidades actuales, puedo percibir la habilidad que ha desarrollado en el proceso de su existencia y esto me indica el grado de percepción de sí mismo que ha alcanzado.

            Al entrar en el laberinto debemos revestirnos con los ropajes propios del cuarto reino de la naturaleza y estaremos sujetos a las reglas de juego que rigen en él. Tendremos que desarrollar y manejar con habilidad las distintas calidades energéticas que hemos compartido con otros seres en los anteriores reinos en los que hemos vivido hasta comprender sus mecanismos y ponerlos al servicio de nuestra verdadera realidad interior, para que así nos acerquen cada vez más a nuestro destino final, «la vida».  
     
Los ropajes para la primera escena:

            Ahora estás solo, tutelado por las atentas miradas de aquellos que conocen y potencian el desarrollo de la humanidad, pero solo. Hasta este momento, cumbre de la expresión de la vida en la Tierra, pertenecías a grupos, compartías la experiencia con la raza animal o especie vegetal o mineral de la que formabas parte, te nutrías como grupo y compartías tus experiencias con él y en él.
            Ahora comienza tu camino individual. Encarnas por primera vez en el reino humano y lo que en otras edades era mecánico ahora deberá ser consciente. Tienes un cuerpo que te capacita para percibir lo físico, las sensaciones en tu cuerpo, la emoción que te hará percibir los matices sentimentales que te muevan en las relaciones con otros seres y la mente que hará inteligible los procesos que percibes y te capacitará para comprender las reglas del juego. Pero eres mucho más, éstos sólo son los ropajes para poderte mover por el nuevo escenario, antesala de la emancipación de la conciencia.
           
            Desde este instante en el que ya formas parte del reino humano deberás desarrollar hasta la perfección las habilidades que existen en este plano de la manifestación para finalmente ponerlas al servicio del nuevo grupo al que ahora perteneces. Después de que hayas reconocido las reglas del juego y no seas presa inconsciente de ellas, advertirás el verdadero sentido de tu vida, de la vida en este planeta y participarás activamente para acercarte conscientemente a ella.

            Muchas edades presa inconsciente de las normas, de tus intereses individuales basados en los contenidos básicos de las estructuras tipológicas  que dan forma a la existencia, de la necesidad de la experimentación y de los errores por ignorancia, te llevarán posteriormente a preguntarte por otros caminos que conducen a la sabiduría existente en la vida que te anima.

El bautizo:

            Fluir, buscar el origen, descubrir por ti mismo quién eres y cómo has llegado a ser lo que dices ser. Separarte sin miedo de todo lo que reconoces como «yo». Sumergirte en las cristalinas aguas de tu propio ser, que espera desde el origen el abrazo, el reconocimiento, el reencuentro.

            Seguramente para que esto sea una realidad y se plantee conscientemente, para que sea, deben transcurrir muchas edades, experiencias, grandes identificaciones y la ignorancia completa, incluso el rechazo pleno del motor transpersonal que ha animado desde el principio a la totalidad de cada ser.

             Sin embargo, en este estadío, el ser ansía la libertad, la paz por encima de todo y percibe que esto sólo llega vaciándose de todo lo que no es él. Busca la transformación en la transparencia para que la vida fluya a través de él sin obstáculos. Sin normas, sin credos, sin dioses creados por los hombres fruto de la ignorancia y el miedo. Miedo que nosotros mismos hemos acuñado y revestido con mil ropajes sutiles para justificar acciones, adoptar posturas, alimentar ambiciones que una y otra vez nos llevaban al desencanto, al descalabro y a la depresión. Punto de partida para una nueva andadura que iría fortaleciendo o ablandando –según se mire– el núcleo que un día se plantearía la pregunta ¿quién soy yo?

            Mira de frente este cuestionamiento sin que se altere tu ser, permanece sereno contemplando los aspectos de tu psique que prefieren otros temas, que desean hacer otras cosas. Siente la incomodidad interna que pretende desviar una vez más la atención hacia otro lugar que no requiera esfuerzo. Permanece, contempla los caracteres intelectuales repletos de información que expresan una y otra vez su conocimiento, fruto del atesoramiento cauteloso de la memoria, madre del pasado.

            En calma, en paz, con la certeza del que sabe en su interior. Poco a poco se ahogan las palabras, las sensaciones y las emociones se tornan inaudibles y en ti surge un aroma, algo que sin ser conocido, conoces. Se inflama, te envuelve, todo tú desapareces sin desaparecer. Ya no estás pero es cuando estás realmente.

            Llegar hasta aquí es el punto de partida para comenzar la obra. Tienes el temple, el coraje de mirar y mantener la mirada, de sentir y permanecer abierto para descubrir. Vives, sientes desde otra perspectiva que transforma. Se introduce un elemento muy valioso para todo buscador, un centro al que volver, un punto de referencia. Puedes emprender, realizar, crear en cualquier área de la vida y todas ellas son espacios de perfeccionamiento donde adquirir la destreza necesaria para seguir avanzando en la búsqueda interior. Verdadera realidad de tu vida, de la vida.

Extracto de mi libro "Humanidad y flores de Bach", que será reeditado en septiembre.

Luis Jiménez

La auténtica expresión del Ser



La auténtica expresión del Ser

Ser fiel a uno mismo, no es hacer lo que se quiera, sino lo que está destinado para uno.

La felicidad no depende tanto de lo que se vive, sino de cómo se vive lo que hemos de vivir. Y lo que hemos de vivir está directamente relacionado con lo que uno es y ha de cambiar para seguir su desarrollo. A veces nos empeñamos en imaginarnos de una forma determinada y en esforzarnos a vivir así,  en la creencia de que así somos, sin tener en cuenta que no sabemos cómo somos realmente.

A veces una circunstancia, un hecho compartido con otros, pone delante nuestra un comportamiento inusual hasta ese momento que desbarata la idea que teníamos de nosotros mismos. Es como si nos hubiéramos traicionado, fallado, errado, en definitiva nosotros no podemos ser así, por ello eso ha de ser un error y nos limitamos a condenarnos o a sufrir el fallo mientras nos acordemos y cómo no, a mantener una actitud represiva para que no vuelva a suceder nunca más.

Saber cómo somos es fruto de estar abierto a sentir de verdad, a aceptar lo que expresamos y ser consciente de ello, sin determinar qué somos, sino cómo nos expresamos. Por ello las experiencias pasan a ser transformadoras en el momento en que se aceptan como tales y se desligan de cualquier modelo moral o vinculo personal. Si se atiende al aprendizaje que ha traído y se integra la nueva faceta descubierta para ampliar los márgenes del amor, todo es transformador y en sí mismo no ha sido más que la necesidad de vivir para saber de tí y seguir evolucionando. Todo lo demás no es más que la rémora mental de una necesidad de encajar en el modelo anterior a la vivencia que fomentará el sufrimiento y el estancamiento.

Disolver lo que impide aceptar lo vivido e  integrar la  nueva faceta que ha emergido como consecuencia de la experiencia, es todo lo que se ha de hacer. Ello nos llevará a deshacernos de ideas y creencias que sosteníamos en la mente y que la vivencia nos ha hecho comprender que no coinciden con la realidad vivida, es decir con nosotros. La consciencia de lo vivido, la aceptación del hecho y la asunción de la responsabilidad total de lo provocado nos llevarán a un grado mayor de compasión y compromiso con el amor, en cualquier ámbito de la vida.

Lo que vivo es lo que soy y la resistencia a aceptar el hecho es lo que me aleja de mí. ¿Quién soy realmente? ¿Lo que digo ser y me repito mentalmente, o lo que vivo aunque niegue que soy eso?  La aceptación de lo que vivo como expresión de lo que verdaderamente soy facilitará la transformación de todo aquello que no coincide con lo que siento que he de ser, pero no habrá un cambio hasta que  aceptemos lo que realmente somos ahora.

La búsqueda de lo bueno o lo malo, de lo correcto o lo incorrecto, de nuestra experiencia nace de la tendencia evaluativa que se nos ha inculcado desde el paradigma del vencedor y el vencido, del cielo y el infierno, del premio o del castigo. Por ello mientras se intenta enmendar lo vivido se pierde la oportunidad de ampliar las márgenes del amor tras la lección.

Soltar para volver a estar en una nueva visión de la realidad, renovada por la experiencia, es la vía hacia la sabiduría, que permite la libre circulación del alma a través de los modelos impuestos en el psiquismo colectivo por la reiteración de experiencias que se mantienen en el tiempo como verdaderas, aunque no encajen contigo, y por lo tanto necesarias para el desarrollo.

Vivir desde los modelos vinculados a nuestra experiencia familiar, social o paradigmática, es un tránsito imprescindible para la estructuración de una entidad sostenida en el tiempo, aunque sea desde la construcción heredada por necesidad que nos lleva a construir un yo sólido aunque prestado. El nacimiento de la individuación, de la capacidad de pensar y vivir al margen de las ideas impuestas por otros: clan, familia, sociedad, etc. No lleva implícito la necesidad de separarse de ellos, pero sí de mantener una mirada crítica, pero compasiva que permita tener una visión propia. Amorosa pero definida, en relación pero no simbiótica. En definitiva las relaciones son la puerta al conocimiento interno, ahí es donde nos vemos realmente, si somos capaces de aceptar lo que vemos y no lo atenuamos con teorías y justificaciones.

Los encuentros, los desencuentros y todo ese amor, mundano, necesario, diría que imprescindible y su necesaria exploración hasta el cenit de su Naturaleza trascendente va más allá de una relación, sin embargo, solo en ámbitos de naturaleza intima, donde los seres se reconocen, se desnudan y comparten la existencia desde el amor y la trascendencia, es posible alcanzar la cima y vivir en la vida explorando sin cesar los misterios del Amor.

Hasta ahora la humanidad había vivido desde el paradigma del miedo, de la conquista, de lo propio, desde la imposición del beneficio, de convertir al otro en su proyección, deseo o por salvar su necesidad.  Las nuevas interpretaciones de las relaciones y su necesidad vincular para amar y desarrollar la piedad y la tolerancia compasiva, nacen de la necesidad de jalonar un trozo más de la vía del amor que ya se insinúa en algunas personas que sienten la necesidad de amar sin poseer, de amar sin determinar el modo y aceptando todo lo que llega como idea transformadora que elevará la relación al grado más adecuado del amor total que en ese momento pueda vivenciarse.

Este proceso disolvente que va dejando atrás todo lo que concierne al deseo, para que poco a poco vaya emergiendo el verdadero amor, se desarrollará necesariamente en los sistemas más adecuados para ello como son la familia, los hijos,  la pareja, sobre todo, pero también en cualquier relación de tránsito que vivamos esporádicamente. Hemos de tener en cuenta que lo importante aquí no es la relación en sí, sino mi relación con migo mismo a través de ella.

¿Dejo de ser yo cuando estoy contigo?
¿Puedo ser yo aunque estés ahí? 
¿Cómo ser yo en libertad, amarte y mantener una relación?


Las relaciones son como vasos comunicantes, que atemperan la expresión individual a través del gesto complementario que el otro vive para armonizar al dúo. Lo que tú haces permite que yo haga lo mío, si yo hiciera lo que tú haces, tú harías lo que hago yo. Porque lo que hacemos cada cual es cumplir con el rol que la relación exige para sanar lo que no es amor. Tú y yo somos uno y la relación es más que la suma de los dos, la relación es la puerta evolutiva que permite, a través del amor sanar la proyección que yo hago de mí en ti. Cuando los encuentros son conscientes no existe lo que tú haces o lo que hago yo, si no lo que pasa entre los dos para integrar lo que somos a través de la relación, gracias al amor.

Luis Jiménez

La Fidelidad desde el Amor



La fidelidad desde el amor


Es tan prolífico el aumento de ofertas docentes al respecto del mundo espiritual, que pareciera que el conocimiento en relación  de esa nueva perspectiva, es suficiente para adentrarse en este universo psíquico. Son tantos los “cursillistas” y egresados relacionados con este conocimiento, que no entiendo muy bien, porqué seguimos atorados en el mismo punto evolutivo como humanidad.

Quizás tenga que ver con que los que se dedican a estas cuestiones desprecian el universo “material”, lo ven como ajeno a su propuesta evolutiva y se mantienen al margen del sistema, aunque no paren de comportarse como miembros de pleno derecho de él.  Por eso siguen ahí los mismos que, aun con alma, no se dan cuenta de que la única manera de servir, es potenciar la expresión del espíritu, en cada una de las manifestaciones humanas.

La mayoría de las personas cursadas en las artes del espíritu, desde la intelectualidad, siguen comportándose fuera de los círculos de esta línea, como cualquier otro mortal. En lo concerniente al diálogo y a los textos “elevados” son grandes memorizadores, que repiten  citas, sin haberse parado lo suficiente como para saber si lo practican o no. Por ello internet está lleno de citas evolutivas, de palabras sacras de intenciones amorosas, pero la vida sigue siendo un lugar ajeno al alma. Y he llegado a la conclusión de que este tiempo es inventado, que no corresponde al alma, aunque ella esté presa en él.

No es lo mismo saber que ser, conocer que entender y mucho menos integrar, de ahí que pareciera que ya sabemos, pero en realidad somos muchos los que no vivimos en consecuencia. Si todos los que conocemos las propuestas del amor, viviéramos desde ahí, no haría falta ninguna revolución para recuperar la fraternidad universal como un hecho natural. Por ello solo tienes que renunciar a la razón para vivir desde el amor, algo que no se hará por más citas espirituales que conozcas.

Resignificar es volver a pensar sobre algo que se ha instaurado como verdad y que puede ser vivido desde otra posibilidad más cercana al amor que al miedo, como muestra un botón: hablemos de la fidelidad  

Siempre oí  que el perro era muy fiel, el mejor amigo del hombre.

Más adelante acepté la idea de que la fidelidad era una de las señas de identidad de la honorabilidad y la confianza.

“Este chico es muy fiel”, puedes contar con él, “nunca te fallará”

Desde siempre la busqué por el mundo, y me la impuse como un código que me hacía creer ante mí mismo, que era mejor persona.

En las relaciones que yo definía como más auténticas, sentí que el valor destacado debería ser este, sin embargo durante toda mi vida he sentido cómo, una y otra vez, esta idea de fidelidad se desvanecía en los hechos y no encontraba forma de mantenerla, ni siquiera en mí mismo, pues desde fuera sentía muy a menudo el reproche de todos, al no ser tan “fiel” a ellos, como necesitaban que fuera.

A partir de un tiempo observé que este valor inventado por el “yo” no es más que una necesidad, una garantía de que alguien, más allá de sí  mismo, le elija a él en lugar de a si, abortando a veces experiencias que podrían ser definitivas en la vida, para mantener el vínculo que le hacía sentirse mejor persona y acompañado en el tiempo.

Ser fiel a otro, es morir a sí mismo, para nacer al otro, a su necesidad de saber, por otros, que él existe.

De ahí que la fidelidad que tanto necesitamos, que tanto proclamamos y demandamos a los demás y a nosotros mismos, no es más que el miedo a Ser y vivir de acuerdo a ello, sin la garantía de continuidad de una compañía constante.

Las alianzas fieles, son coartadas del miedo para asegurarse un destino compartido, un futuro mutilado, la certeza de que siempre habrá alguien ahí, a costa de ti mismo, de tu vida si fuese necesario, pues se ha dicho que el perro muere defendiendo al amo.

Siempre oí que el perro era fiel, pero creo que a él no le queda más remedio, porque es su naturaleza que su voluntad se someta a la voluntad del líder, el que ostenta la “seña alfa” en cualquier clan.

La fidelidad que no sea a sí mismo,  es pues un contrato, una cláusula de garantía para alejar  el miedo a la soledad.

Desde ahí, no soy fiel, pero puedes contar conmigo, siempre que mi destino y el tuyo estén coincidiendo en el infinito, pues en el amor no es necesario que nada se estabilice como patrón de seguridad para acallar el miedo que acecha a tu corazón.

Ama no pierdas el tiempo.

Luis Jiménez

El Arte de Vivir




El Arte de Vivir
“¿Será posible que nuestra gran eficacia para vivir en los más diversos ambientes, se vea eclipsada y a la postre anulada ante la incapacidad de vivir los unos con los otros?”    Maturana y Varela

Según pareciera, en la sociedad de estos últimos siglos, la clave para el éxito se ha basado en el crecimiento continuo como símbolo del progreso, una realidad sostenida por la creencia de que es natural e inevitable, según lo demuestra el comportamiento de las especies. Tanto los programas educativos como los modelos empresariales y financieros se basan en la libre competencia y en la supervivencia del más fuerte, quien debe de expandirse continuamente como síntoma de su éxito. La misma premisa ha ido calando en la propuesta de desarrollo interior, y por ello, en estas lides se busca el crecimiento como indicativo de progreso, en un claro paralelismo del modelo perceptivo de la realidad que he descrito. Esta tendencia ha reforzado los comportamientos de orden similar a los del paradigma del que “supuestamente” queremos salir, fomentando el aislamiento y la competencia entre los que proclaman el “Amor universal”, triste paradoja de la que se aprovecha el sistema imperante para hacernos creer que estamos fuera de él, mientras seguimos reforzándolo.
La educación, en todos los sentidos, incluida la espiritual, se ha basado en preparar a unos pocos, los más aptos, para que alcancen la cúspide del sistema y se unan a la élite de personalidades que destacan por su individualidad y poder. Pertenecer a esa minoría es un acicate para el crecimiento perpetuo que está llevando al Planeta Tierra a la devastación.

Esta visión sesgada y chata de la vida, fruto, entre otras, de la  teoría “científica” de Adam Smith, quien  estableció que  el egoísmo individual es el motor de las relaciones y los comportamientos humanos; resulta ser la consecuencia de un momento evolutivo de la humanidad donde la mirada “ambiciosa” era la única posibilidad que existía para trascender el miedo a la diversidad, e instaurar la hegemonía de la adaptación del más apto, como mirada “diabólica” y separatista que congeló la evolución sujetándola al terror como único paso hacia el Espíritu.

La interpretación, ya trascendida, pero mantenida por intereses egoístas, de la teoría darwiniana de supervivencia del más apto o fuerte (concepto y mirada interpretativa ligada a la ignorancia de nuestra naturaleza holística), ha simplificado la realidad al centrar su cosmovisión sólo en las interacciones negativas, como la depredación, la competencia, el parasitismo, la explotación etc.. Sin embargo la cooperación para el beneficio mutuo, es una de las señas de identidad de la Naturaleza, y también es muy importante en la selección natural; pero, esta propuesta no es popular y la propaganda interesada mantiene como única opción evolutiva la hegemonía del más fuerte, del individuo Alfa. “la ley de la selva” para justificar las barbaries que se realizan a diario desde las zonas “alfa” del mundo mercantilizado, huérfano de Alma.

Aun siendo un hecho el modo en el que la Naturaleza expresa la cooperación como una vía importante en la selección natural (como ha apuntado el filósofo de las ciencias Mauricio Abdalla), y que favorece el desarrollo sostenible y beneficioso para las partes implicadas y para el todo como entidad, en este caso la Tierra; está tan arraigado el modelo parasitario, predador o de competencia en las mentes humanas, que los mismos individuos que sufrimos su devastadora presencia, lo mantenemos a través de los actos cotidianos en nuestro diario vivir. En este sentido Abdalla se pregunta ¿Será Darwin para el siglo XXI lo que Newton para el siglo XX?

Carceleros de nosotros mismos
Nuestro comportamiento cotidiano es una clara réplica del modelo restrictivo y autoritario que nos mantiene cautivos de la competencia, la rivalidad o la confrontación ideológica, todos ellos claros exponentes de una lucha desprovista de humanidad. Esta conducta se mantiene incluso por aquellos que nos identificamos con el cambio de paradigma y enarbolamos las banderas de la inclusión y la fraternidad como expresión natural de la Vida en la Tierra.
Así que algo habrá que hacer.

Los cambios de paradigmas no se logran a través de la mención dialéctica, de los discursos “redondos” o de las disertaciones y publicaciones eruditas y reaccionarias; sino, a través de una coherente puesta en acción en nuestro entorno cotidiano. Una vida vivida desde la tolerancia, la compasión, la generosidad, la voluntad al bien, la alegría, el valor, la piedad, el optimismo, la paz, la sensibilidad, la determinación o la fidelidad vocacional, es la puerta para integrar en lo cotidiano lo que tanto anhelamos y hablamos y pensamos, sin llevar al acto.

La fijación en el éter, en el inconsciente colectivo, de una nueva expresión no parasitaria o predadora, será la consecuencia de la continua vivencia humana de esta modalidad de la Naturaleza que ha de ser inscrita en el consciente a través de nuestra vivencia ordinaria. Hablar de la Unidad, del cosmos como entidad Una y despreciar al vecino o intentar ganar en los negocios a costa de la pérdida o la bancarrota de otro, no tiene nada que ver con la visión holística y generadora de riqueza que propone la visión cooperativa de la unidad en la Tierra.

La Fraternidad como expresión global de unificación y reconocimiento de la dignidad humana como Alma en cualquier ámbito, ya sea político, financiero, educativo, o de salud y la actuación dentro de esa tendencia social desde la visión sistémica y compasiva, introducirá lo nuevo como expresión natural de la consciencia que ya ha alcanzado el estado óptimo para manifestarse en el tiempo. Ya lo decía Juan el evangelista: "Quien dice estar en la luz y aborrece a su hermano, está en las tinieblas". (1Jn, 2, 10).

Una vida desde lo incluyente, lo sistémico, desde la ciencia del Amor
La evolución es la vocación de la vida, todo cambia excepto el cambio, lo único estable en el universo, padre de lo que denominamos evolución. Sin embargo, la evolución puede llegar a través del Amor o del miedo. Pareciera que la humanidad ha elegido hasta ahora, como modelo imperante para seguir los dictados de la Vida, la evolución por el miedo, que engendra dolor y sufrimiento, favoreciendo la competencia y la lucha entre las partes que constituimos el sistema. En apariencia, existe un interés por mantener esta tendencia y seguir ahogando las conciencias de la mayoría, por medio de la implantación de una modalidad de la Naturaleza ,que no es en sí real y que se mantiene gracias al hipnotismo miedoso de los mismos integrantes del sistema que sufren sus consecuencias. La imposición de modelos inadecuados para una vida respetuosa y cooperativa entre los integrantes de la humanidad, ha fraccionado las relaciones introduciendo la idea partidista de vencedor y vencido como eje evaluativo de la concepción del mundo.

Sin embargo, el cambio es posible sin dolor y sin que ninguna de las partes implicadas en él sufra por ello. El cambio desde el Amor es inclusivo, permite la percepción de los sistemas como aglutinantes y vinculados a una extensa red que todo lo abarca y lo nutre; pero la visión que se nos ha transmitido de la vida y que nos han mostrado hasta ahora, está basada en el miedo: Miedo a la pobreza, al hambre, a la miseria, a la estupidez… Todo ello desde una perspectiva sesgada por la idea de que sólo pueden y deben sobrevivir los más aptos, fuertes o inteligentes; y claro está, esta  cualidad es inherente a aquellos que ya están situados en los lugares proclives para el desarrollo de acuerdo con esta interpretación de la vida, el resto, no tiene lugar en esta farsa, y, por supuesto, ninguno de nosotros quiere ser el “resto”.

Amor-Miedo, esa es toda la verdad y la diferencia en la manera de evolucionar; el miedo engendra dolor, el Amor sabiduría; abriéndonos al Amor, la evolución es fluida, amable y próspera, si nos negamos a amar, la evolución se trastorna y a partir del miedo, se convierte en dolor, ese es el verdadero libre albedrío, desde éste no existe la negativa a evolucionar, sino que se elige la forma de hacerlo.

El tan deseado y poco apoyado cambio de paradigma
Estamos inmersos en un trascendente cambio que se reconoce como “El cambio de paradigma” que no es en sí un cambio espiritual, como algunos pretenden, pues la transformación realmente espiritual, modificara a la idea de “mundo” que conocemos y esto lleva implícita la transformación de los modelos de vida que excluyen o explotan a cualquier ser humano en cualquier confín de la Tierra. La salud ya no será ausencia de síntomas sino plenitud de Alma, la economía no se basará en el poder financiero sino en la capacidad creativa de la población, la educación no será ya el caldo de cultivo de la mano de obra barata, sino la escuela del Alma y la política dejará de ser un seguro de vida, para convertirse en la expresión de servicio de los que quieren transformar el mundo.

“O cambiamos o morimos, esa es la alternativa. (…)
En momentos de crisis  total necesitamos consultar la fuente originaria de todo, la Naturaleza. ¿Qué es lo que ella nos enseña? 
Ella nos enseña -(…)- que la ley básica del universo no es la competencia que divide y excluye, sino la cooperación que suma e incluye."  Leonardo Boff

Esta visión que ahora cobra sentido científico ya la transmitían los filósofos de la Naturaleza, desde la visión integradora del Unus Mundus, la conciencia de la  Naturaleza en el humano.
El cambio empieza por uno mismo al no participar con mis ideas, economía, y comportamiento a reforzar un sistema que odia a la humanidad y se vanagloria de sus propios logros devastadores en la Naturaleza, que somos todos. La idea sustentada de que sólo los aptos, los preparados, con recursos, o iniciados, pueden acceder al conocimiento, está lejos de la propuesta amorosa de transformar el mundo en la única morada de la Humanidad.

Como participar activamente en el cambio de Paradigma:
Lo primero es asumir la responsabilidad personal de ser y actuar de acuerdo a uno mismo y aceptar ciertas propuestas que favorecen el desarrollo evolutivo de la consciencia.
1.      La Alegría, y la Paz son  estados naturales del Alma, que no dependen de nada externo.
2.      Lo que vivo y lo que soy son la misma cosa, si no me gusta lo que vivo, he de cambiar lo que soy.
3.      La felicidad es fruto de disolver, la queja, la crítica, la justificación y el reproche.
4.      El servicio impersonal en pro de la humanidad, elimina cualquier frustración en la vida.
5.      No existen fracasos sino experiencias.
6.      La vida es experiencia y cada resistencia favorece el desarrollo de una nueva habilidad.
7.      Todo lo aparentemente limitante esconde una intención positiva.
8.      La puerta para el cambio es el desapego y la llave el Amor.
9.     Desarrollar la virtud opuesta al defecto que me impide ser feliz es la clave para vivir desde el Alma.
10.    El sufrimiento es engendrado por la no aceptación de lo que está o ha sucedido.
11.   La resistencia es proporcional a la envergadura del proyecto, “no llenes el ojo antes que la tripa”.
12.   Ama, no pierdas el tiempo. 

Para facilitar el arte de vivir describiré, de forma sintética, algunas de las acciones que favorecerán la emergencia del Amor en lo cotidiano y así participar activamente en el cambio de paradigma. Para ello quiero concluir con la siguiente reflexión: La humanidad puede dividirse en cuatro grandes tipos y cada uno de ellos ha de desapegarse de una tendencia que le es muy querida, por ser la que corresponde a ese grupo, para poder encarnar el Amor que está más allá de la pertenencia y sabor personal. Estos cuatro tipos están relacionados con los temperamentos clásicos, los cuatro elementos alquímicos y las cuatro funciones psíquicas:

1.    El Amor como fidelidad espiritual, fruto del desapego energético y el poder personal
2.    El Amor como obediencia y aceptación de la vida, fruto del desapego al resultado material.
3.    El Amor como apertura al no tiempo, para vivir en el presente expresando nuestra innata percepción, fruto del desapego mental.
4.  El Amor como libertad personal y colectiva que deshace las pertenencias dependientes, fruto del desapego afectivo.

Pareciera a veces que existe contradicción al proponer el desarrollo como expresión máxima de la individualidad y la autogestión, y por otro lado se hable de la fusión y sistematización de las relaciones en un todo indiferenciado; sin embargo, esta paradoja se resuelve al percibir que el Amor universal es fruto del Amor personal. Cuando el evangelio propone que amemos al prójimo como a nosotros mismos, es necesario, en primera instancia, amarse a uno mismo, para poder amar con igual intensidad al prójimo. En esta nueva etapa, nace el servidor, aquél que tras haber integrado las etapas ambiciosa y egocéntrica, ahora ya es una verdadera personalidad integrada y dispuesta a servir a la humanidad, pues como diría Maturana:

"No hay contradicción por lo tanto en la conducta del individuo mientras realiza su individualidad como miembro del grupo: es altruistamente egoísta y egoístamente altruista porque su realización individual incluye su pertenencia al grupo que integra". Maturana y Varela.

Cada uno de estos cuatro caminos, sentido y propósito de la vida de todos los habitantes del planeta Tierra, pueden transitarse en compañía y deberían de ser fomentados mediante la educación de manera fraterna y humanitaria, de forma que cada uno de los cuatro tipos aceptara a los otros como complementarios y necesarios para la estabilidad del sistema y el sostenimiento del orden natural de la vida, que alcanzará la Armonía a través de la inclusión de las partes en un TODO, bello e integrado, que permita la expresión consciente del Amor, como máxima expresión de la VIDA.

Luis Jiménez.
Málaga, noviembre de 2013.







Y si las relaciones de pareja tuvieran como finalidad la exploración del Amor



Y si las relaciones de pareja tuvieran como finalidad la exploración del Amor

Partiendo del aforismo: Todo lo dicho es dicho por alguien, de Humberto Maturana, podemos desarrollar la idea de que cualquier manifestación existente en el tiempo,  es fruto de la interpretación, de acuerdo al nivel evolutivo, de una consciencia, en apariencia individual, que surge de la fuente única de donde todo parte. Esa primordial e ininteligible fuerza generadora de consciencia, que todo lo sostiene, se ha definido como Amor.

No es la intención de este escrito determinar la naturaleza del amor, pues creo que esa es la razón que nos mantiene en esta dimensión de la existencia: el Tiempo. Ese espacio dual que permite interpretar el mundo de acuerdo a la experiencia del observador como un ente aislado de la Totalidad.

Quizás sea este un buen momento para reinterpretar, una nueva oportunidad renacedora para resignificar la vida y todas las interpretaciones que sobre ella hemos acumulado en el tiempo. En este instante de “revuelo universal”, de crisis existencial planetaria, podemos aseverar que quizás tengamos una oportunidad  semejante al emerger humanista que tuvo lugar en el siglo XV y que permitió la recuperación de las verdades atemporales que más tarde cayeron de nuevo en el olvido. 

Mientras exista lo creado estaremos inmersos en el esclarecimiento del misterio, de ahí que considere fatuo definir algo que no es posible asir con la mente y que solo puede alcanzarse cuando uno se despoja de todo lo que le ata al tiempo, ya que como dice Maturana:

"La experiencia de cualquier cosa fuera, es validada por la estructura humana que hace posible “la cosa” que surge de la descripción. Esta circularidad nos dice: “Todo acto de conocer trae un mundo de la mano”

De ahí que todo lo descrito se concreta en hecho y como consecuencia en verdad, que se sostiene por la participación activa de todos aquellos que desisten de explorar para repetir lo que otros han definido. En este sentido podemos adentrarnos en los confines del amor y despojarnos de todas las apariencias y determinaciones que al respecto han manifestado otros antes que nosotros, para alcanzar, si fuera posible, un espacio no contaminado donde  expresar ese sentimiento más allá de la personificación de una necesidad humana.

La vía del corazón, como ha sido definida la línea de trabajo interior que conecta a la consciencia del tiempo con el no tiempo, para que la esencia del amor, no temporal, pueda asomarse a lo cotidiano, podría definirse como una relación entre el no tiempo y el tiempo, o mejor dicho desde el no tiempo del tiempo que se reconoce en algo que no puede encontrar en el tiempo.

Yo soy quien ama y aquel a quien yo amo. Éste es el límite del amor espiritual bajo forma material. Ibn Arabí

Esta fabulosa odisea amorosa de la misma sustancia que va decodificando las desviaciones de sí misma que se han estructurado en tendencias temporales, en verdades propias del observador, ajenas a su naturaleza atemporal, es una gran historia de amor. De ahí que podamos resignificar los relatos místicos ligados a una figura antropomorfa, desde una imagen humana, a un vínculo entre consciente e inconsciente, donde lo que añora lo inconsciente es la parte de él que se ha internado en el tiempo y busca como tendencia innata hacerse todo Uno en la nueva dimensión de la Vida que explora en lo creado.



Oh llama de amor viva,
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!,
pues ya no eres esquiva,
acaba ya, si quieres;
rompe la tela de este dulce encuentro
Sácame de aquesta muerte,
mi Dios, y dame la vida;
no me tengas impedida
en este lazo tan fuerte;
mira que peno por verte,
y mi mal es tan entero,
que muero porque no muero

 Juan de la Cruz


Ya toda me entregué y dí,
y de tal suerte he trocado,
que mi Amado es para mí
y yo soy para mi Amado.
Cuando el dulce Cazador
me tiró y dejó herida,
en los brazos del amor
mi alma quedó rendida;
y, cobrando nueva vida,
de tal manera he trocado,
que mi Amado es para mí
y yo soy para mi Amado.
Hirióme con una flecha
enherbolada de amor,
y mi alma quedó hecha
una con su Criador;
Ya yo no quiero otro amor,
pues a mi Dios me he entregado,
y mi Amado es para mí
y yo soy para mi Amado.

Teresa de Jesús



Por ello,  con la intención de abordar este misterio universal, nos permitimos establecer dos espacios, dos momentos en la existencia, uno de ellos pre-creación y el otro fruto de la propia acción creadora. Podemos  decir que lo uno y lo otro son lo mismo pero en diferente espacio. Podríamos decir entonces que si la fuente de todo lo que existe y la expresión de esa fuente en la creación es lo mismo, pero determinado por los condicionantes del tiempo. Y hemos acordado que la Fuente primordial de la vida es Amor, podemos hablar del amor del tiempo y del amor de no tiempo y del enamoramiento de la conciencia del tiempo por la esencia del no tiempo.

La relación, el amor, entre la fuerza creadora y la consciencia de lo creado, fomenta la tendencia apersonal que llevará al espacio-tiempo a ingresar en el no tiempo, a través de la disolución de las interpretaciones nacidas en la creación.  Las aparentes relaciones que mantenemos en el tiempo, son las puertas que favorecen la disolución de la diferencia entre el amor del tiempo y el verdadero amor universal no temporal. Cada una de ella es un acto metafórico de la relación con nosotros mismos, es decir con nuestro inconsciente amoroso con el que hemos de unificarnos para dejar a tras la idea de amor posesivo que mantenemos en el tiempo. De todas las relaciones posibles en el tiempo, la relación de pareja es, por su cualidad polar y generadora de vida, la más completa para el trabajo redentor que devolverá la consciencia al universo no-dual interior o Amor. Las relaciones de pareja conforman el espacio psíquico más completo para el desarrollo consciente hacia el amor.

El amor en sí mismo es la fuerza esclarecedora que disuelve la división entre las almas. En la pareja, favorece  el entendimiento de que toda tensión generada en la relación, es fruto de la necesidad de ambos y que solo por esta fuerza trascendente, y gracias a ella, las personalidades disolverán la parcela egocéntrica que les impide amar de acuerdo a su grado evolutivo. Las relaciones de pareja son el marco referencial que dos almas componen para deshacer los nudos personales que les alejan de su verdadera dimensión amorosa. Cuando ambos se hacen consciente de este pacto evolutivo, desaparece la fantasía limitada de una búsqueda de felicidad para elevar por encima de cualquier dimensión la prevalencia del amor, que no es satisfacción si no renuncia a la razón y con ello al alejamiento de la Paz interiro.

El concepto romántico, la necesidad  libidinosa, y la fuerza sociabilizadora, desde la fantasía humana de crear hogares  y establecer marcos referenciales donde fomentar la relación de pareja, ha excluido, el vínculo trascendente de las relaciones de pareja, eliminando así la posibilidad de establecer una relación de pareja de carácter “espiritual” como campo experiencial para alcanzar la disolución del yo y asía entroncar el tiempo con el no tiempo en una unión sacra donde el amor es lo único verdadero.  Sin desdeñar en absoluto las demás funciones naturales del ser como elementos constitutivos de una entidad integrada y consciente de su necesidad evolutiva, hemos de manifestar que la verdadera función de las relaciones de pareja es la trascendencia del yo, fruto de la toma de consciencia de que solo atendiendo a las necesidades del otro, podré conocerme completamente yo.

El miedo ha fomentado la exclusión de la espiritualidad de las relaciones, llevando a estas exclusivamente al campo de la familia o de los vínculos sexuales, impidiendo así el verdadero trabajo evolutivo que los seres, a través del amor consciente, pueden realizar gracias a la relación de pareja.
Desde ahí las relaciones de pareja se constituyen como el marco ideal para favorecer el desarrollo evolutivo permanente de las almas que se vinculan para este fin, en el acto de transformar todas las interferencias que aparezcan en lo geográfico, (lo cotidiano de la relación) como elemento simbólico de lo psicológico,( lo que yo guardo en mi inconsciente y debo trascender para seguir mi evolución), que está directamente relacionado con el nivel del ser del alma. 

La falta de sentido profundo en el ámbito de las relaciones, ha llevado a la humanidad a mantener vínculos de necesidad y ambición. Relaciones en definitiva nacidas de la falta de plenitud que llevaba a los “enamorados” hacia un callejón sin salida cargado de reproches, por la idea de que en el otro, uno debería encontrar la felicidad. Esta visión egocéntrica y posesiva que trasladaba toda la responsabilidad de la satisfacción al otro, y a la relación como entidad trascendente que debía cumplir con el deseo preconcebido que le llevaba a iniciar la relación. Ha desvirtuado la verdadera dimensión evolutiva de la relación, pues esta dimensión del amor de almas que se unen para explorar el AMOR no temporal, disipan el reproche, la crítica y la justificación en el acto de amar para transformar el yo personal de cada cual en unidad, allá donde los dos moran y son solo Uno.

Desde esta nueva percepción, las almas individuales manifestadas en el tiempo, a través de la presencia de una personalidad, construida para amar, entenderán que el amor no es algo que lleva a la relación o se consigue en ella, si no que la relación favorece el entendimiento del amor, que ya es en esa dimensión donde todos somos uno aunque seamos inconscientes de ello.

Solo a través de una relación, el alma puede entender que es el amor, y no porque el amor sea algo inteligible, sino porque, este, se va develando en la medida que uno decide mantenerlo a pesar de cualquier otra emoción nacida de la unión. Amar en cada instante, a pesar de que todo indique que  no debe hacerse, es la única morada del amante, ese que ha decidido dar y en consecuencia trascender cualquier visión personal que le impida conocer los deleites del amor profundo. El amor se va haciendo grande en la medida en que el amante cede ante él, desprendiéndose de todo lo que impide su presencia. Esto a veces conlleva una especie de locura, para los no amantes,  que solo los amantes pueden entender, pues aquel que ama es visto en ocasiones como alguien falto de criterio personal o dentro de una burbuja de estupidez. Me estoy refiriendo al amor, no al enamoramiento que no es más que un punto de partida frugal para devolver al alma a la intensidad creativa que podrá deshacer los nudos egocéntricos que impedían amar sin poseer.

La resignificación de las relaciones de pareja nos llevarán a un nuevo renacer, donde la intolerancia y la decepción, que actualmente desintegran a tantas buenas intenciones de permanencia en las parejas, se tornarán comprensión de sí mismo y transformación permanente en aras de una emergencia del amor, que trasciende la idea personal, que exige satisfacción para el deseo del yo.

Si las relaciones de pareja tuvieran como finalidad la exploración del amor, en lugar de la satisfacción personal por demanda de amor. Seguramente la posición inicial y el desarrollo de la relación, estaría centrado en la transformación de acuerdo a las necesidades de la propia relación y no en la exigencia de que el otro encaje con la idea de relación que yo mantengo, y por lo tanto las respuestas de la propia relación no serían tan decepcionantes como son en la mayoría de las relaciones.

Esta renovada mirada, favorece la soledad en compañía consciente y la amistad sexual y espiritual para transcender al yo, en el acto de amar consciente. Y traen al ámbito humano una nueva etapa de relación tras haber consumado las anteriores necesidades que llevaron a los encuentros sexuales-familiares ya conocidos.

Ama no pierdas el tiempo


Luis Jiménez

Amando disuelvo el tiempo



En estos días de ocio veraniego, que ya acaban, he decidido padecer del mal de la saturación informativa. Una práctica muy habitual en la sociedad actual. Me expuse, conscientemente, a miles de inputs cargados de verdad particular, que asaetearon mi alma con la intención de implicarme en su necesidad, y así afectar mi conducta futura, para que su verdad alcanzara la máxima extensión posible de sí, en el tiempo, hasta la extinción de todas las demás.

Todos vendían su visión como imperativo de una necesidad que les llevaría a calmar su ansiedad, luchaban entusiasmados por un mundo personal que solo albergase su necesaria verdad. Todas las verdades eran ciertas, todas las fuentes verídicas, sin embargo existían al mismo tiempo, tantas que solo la implicación emocional de mi propia necesidad, proyectada, hacía que me interesase por una u otra.

Por eso me pregunté: ¿Qué vale más? ¿Qué es más importante? ¿Cómo medir la urgencia de la realidad que se expresa ante mí? ¿Es más importante un león que un niño africano? Una ballena varada en una playa que miles de seres abandonados a su suerte en un mar repleto de bañistas? ¿Por qué me expreso en favor de esto o aquello? ¿Soy congruente y mantengo mi visión en todos los ámbitos de mi vida?

Y seguí contemplando páginas, foros, y redes sociales, en las que se debatía con cierta carga de intransigencia y destructividad, sobre los comportamientos agresivos hacia los animales. Hemos firmado miles de peticiones para que se acabe con la tortura y las inapropiadas prácticas hacia nuestros hermanos menores, y al unísono contemplaba la falta de solidaridad hacia los seres humanos que yacen en cualquier rincón abandonados a su suerte, porque ningún estado abre sus puertas. Y sentí que todos desde su verdad, en lo más profundo de su necesidad actual, tenían razón, luchaban por su verdad que la enarbolaban como única y por lo tanto justa.

El amor o la sensibilidad, a veces se confunden con el sentimentalismo, que se decanta específicamente hacia una determinada cuestión, en detrimento de cualquier otra manifestación diferente.

La apología del amor, definiendo a este como la inclinación específica hacia un determinado ente, realizando una especie de defensa de algo en concreto, es en todos los casos una falta de sentido de su propia denominación, pues amor es totalidad, contiene a todas y cada una de las “criaturas” en su nivel existencial, aceptando su expresión como parte de su “ser”, de ahí la imposibilidad de amar discriminadamente.

Si amo no puedo dirigir mi amor hacia nada en concreto, pues yo no soy dueño de su naturaleza. Si dirijo mi amor hacia algo, esto no será ya amor sino deseo y en este acto habré iniciado el camino hacia el odio de todo lo demás.

Ya lo dijo Gandhi “No me gusta la palabra tolerancia, pero no encuentro otra mejor. El amor empuja a tener, hacia la fe de los demás, el mismo respeto que se tiene por la propia.”

Soy de la opinión de que lo que no es necesario, desaparece por inhalación, pues nadie se sumará a ello. Así pues todo lo que observo como inapropiado, innecesario, no es más que la falta de misericordia hacia aquellos que aun necesitan de eso para seguir aprendiendo.

La solidaridad que emerge en momentos críticos, se desvanece en lo cotidiano. La sensibilidad que aflora ante una imagen emotiva, se desvanece en las relaciones más íntimas, donde a veces solo queda frialdad. Podemos movilizar el mundo para salvar a una persona, animal, o especie botánica y dejar morir a miles de seres en cualquier punto del planeta. Incluso a nuestros seres queridos, abandonados a su suerte en cualquier rincón de la casa o residencia.

El amor no discrimina, se alía con la conciencia para derramar desde una actitud cívica y respetuosa una vida ejemplarizante que ponga de manifiesto la posibilidad de vivir en paz con todos los seres en cualquier circunstancia.

Amar es lo único que puedo hacer para que la ignorancia desaparezca del planeta, todo lo demás reforzará el estado que combato.

Amando disuelvo el tiempo

Luis Jiménez

Puedes visitar la web de Luis Jimenez: http://www.luis-jimenez.com/