
Partiendo del aforismo: Todo lo dicho es dicho por alguien, de
Humberto Maturana, podemos desarrollar la idea de que cualquier manifestación
existente en el tiempo, es fruto de la
interpretación, de acuerdo al nivel evolutivo, de una consciencia, en
apariencia individual, que surge de la fuente única de donde todo parte. Esa
primordial e ininteligible fuerza generadora de consciencia, que todo lo
sostiene, se ha definido como Amor.
No es la intención de este
escrito determinar la naturaleza del amor, pues creo que esa es la razón que
nos mantiene en esta dimensión de la existencia: el Tiempo. Ese espacio dual
que permite interpretar el mundo de acuerdo a la experiencia del observador
como un ente aislado de la Totalidad.
Quizás sea este un buen momento
para reinterpretar, una nueva oportunidad renacedora para resignificar la vida
y todas las interpretaciones que sobre ella hemos acumulado en el tiempo. En
este instante de “revuelo universal”, de crisis existencial planetaria, podemos
aseverar que quizás tengamos una oportunidad
semejante al emerger humanista que tuvo lugar en el siglo XV y que
permitió la recuperación de las verdades atemporales que más tarde cayeron de
nuevo en el olvido.
Mientras exista lo creado
estaremos inmersos en el esclarecimiento del misterio, de ahí que considere
fatuo definir algo que no es posible asir con la mente y que solo puede
alcanzarse cuando uno se despoja de todo lo que le ata al tiempo, ya que como
dice Maturana:
La experiencia de cualquier cosa fuera, es validada por la estructura
humana que hace posible “la cosa” que surge de la descripción. Esta
circularidad nos dice: “Todo acto de conocer trae un mundo de la mano”
De ahí que todo lo descrito se
concreta en hecho y como consecuencia en verdad, que se sostiene por la
participación activa de todos aquellos que desisten de explorar para repetir lo
que otros han definido. En este sentido podemos adentrarnos en los confines del
amor y despojarnos de todas las apariencias y determinaciones que al respecto
han manifestado otros antes que nosotros, para alcanzar, si fuera posible, un
espacio no contaminado donde expresar
ese sentimiento más allá de la personificación de una necesidad humana.
La vía del corazón, como ha sido
definida la línea de trabajo interior que conecta a la consciencia del tiempo
con el no tiempo, para que la esencia del amor, no temporal, pueda asomarse a
lo cotidiano, podría definirse como una relación entre el no tiempo y el
tiempo, o mejor dicho desde el no tiempo del tiempo que se reconoce en algo que
no puede encontrar en el tiempo.
Yo soy quien ama y aquel a quien yo amo. Éste es el límite del amor
espiritual bajo forma material. Ibn Arabí
Esta fabulosa odisea amorosa de
la misma sustancia que va decodificando las desviaciones de sí misma que se han
estructurado en tendencias temporales, en verdades propias del observador,
ajenas a su naturaleza atemporal, es una gran historia de amor. De ahí que
podamos resignificar los relatos místicos ligados a una figura antropomorfa,
desde una imagen humana, a un vínculo entre consciente e inconsciente, donde lo
que añora lo inconsciente es la parte de él que se ha internado en el tiempo y
busca como tendencia innata hacerse todo Uno en la nueva dimensión de la Vida
que explora en lo creado.
Oh llama de amor viva,
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!,
pues ya no eres esquiva,
acaba ya, si quieres;
rompe la tela de este dulce encuentro
Sácame de aquesta muerte,
mi Dios, y dame la vida;
no me tengas impedida
en este lazo tan fuerte;
mira que peno por verte,
y mi mal es tan entero,
que muero porque no muero
Juan de la Cruz
Ya toda me entregué y dí,
y de tal suerte he trocado,
que mi Amado es para mí
y yo soy para mi Amado.
Cuando el dulce Cazador
me tiró y dejó herida,
en los brazos del amor
mi alma quedó rendida;
y, cobrando nueva vida,
de tal manera he trocado,
que mi Amado es para mí
y yo soy para mi Amado.
Hirióme con una flecha
enherbolada de amor,
y mi alma quedó hecha
una con su Criador;
Ya yo no quiero otro amor,
pues a mi Dios me he entregado,
y mi Amado es para mí
y yo soy para mi Amado.
Teresa de Jesús
Por ello, con la intención de abordar este misterio
universal, nos permitimos establecer dos espacios, dos momentos en la
existencia, uno de ellos pre-creación y el otro fruto de la propia acción
creadora. Podemos decir que lo uno y lo
otro son lo mismo pero en diferente espacio. Podríamos decir entonces que si la
fuente de todo lo que existe y la expresión de esa fuente en la creación es lo
mismo, pero determinado por los condicionantes del tiempo. Y hemos acordado que
la Fuente primordial de la vida es Amor, podemos hablar del amor del tiempo y
del amor de no tiempo y del enamoramiento de la conciencia del tiempo por la
esencia del no tiempo.
La relación, el amor, entre la
fuerza creadora y la consciencia de lo creado, fomenta la tendencia apersonal
que llevará al espacio-tiempo a ingresar en el no tiempo, a través de la
disolución de las interpretaciones nacidas en la creación. Las aparentes relaciones que mantenemos en el
tiempo, son las puertas que favorecen la disolución de la diferencia entre el
amor del tiempo y el verdadero amor universal no temporal. Cada una de ella es
un acto metafórico de la relación con nosotros mismos, es decir con nuestro
inconsciente amoroso con el que hemos de unificarnos para dejar a tras la idea
de amor posesivo que mantenemos en el tiempo. De todas las relaciones posibles
en el tiempo, la relación de pareja es, por su cualidad polar y generadora de
vida, la más completa para el trabajo redentor que devolverá la consciencia al
universo no-dual interior o Amor. Las relaciones de pareja conforman el espacio
psíquico más completo para el desarrollo consciente hacia el amor.
El amor en sí mismo es la fuerza
esclarecedora que disuelve la división entre las almas. En la pareja,
favorece el entendimiento de que toda
tensión generada en la relación, es fruto de la necesidad de ambos y que solo
por esta fuerza trascendente, y gracias a ella, las personalidades disolverán
la parcela egocéntrica que les impide amar de acuerdo a su grado evolutivo. Las
relaciones de pareja son el marco referencial que dos almas componen para
deshacer los nudos personales que les alejan de su verdadera dimensión amorosa.
Cuando ambos se hacen consciente de este pacto evolutivo, desaparece la
fantasía limitada de una búsqueda de felicidad para elevar por encima de
cualquier dimensión la prevalencia del amor, que no es satisfacción si no renuncia
a la razón y con ello al alejamiento de la Paz interior.
El concepto romántico, la
necesidad libidinosa, y la fuerza
sociabilizadora, desde la fantasía humana de crear hogares y establecer marcos referenciales donde
fomentar la relación de pareja, ha excluido, el vínculo trascendente de las
relaciones de pareja, eliminando así la posibilidad de establecer una relación
de pareja de carácter “espiritual” como campo experiencial para alcanzar la
disolución del yo y asía entroncar el tiempo con el no tiempo en una unión
sacra donde el amor es lo único verdadero.
Sin desdeñar en absoluto las demás funciones naturales del ser como
elementos constitutivos de una entidad integrada y consciente de su necesidad
evolutiva, hemos de manifestar que la verdadera función de las relaciones de pareja
es la trascendencia del yo, fruto de la toma de consciencia de que solo
atendiendo a las necesidades del otro, podré conocerme completamente yo.
El miedo ha fomentado la
exclusión de la espiritualidad de las relaciones, llevando a estas
exclusivamente al campo de la familia o de los vínculos sexuales, impidiendo
así el verdadero trabajo evolutivo que los seres, a través del amor consciente,
pueden realizar gracias a la relación de pareja.
Desde ahí las relaciones de
pareja se constituyen como el marco ideal para favorecer el desarrollo
evolutivo permanente de las almas que se vinculan para este fin, en el acto de
transformar todas las interferencias que aparezcan en lo geográfico, (lo
cotidiano de la relación) como elemento simbólico de lo psicológico,( lo que yo
guardo en mi inconsciente y debo trascender para seguir mi evolución), que está
directamente relacionado con el nivel del ser del alma.
La falta de sentido profundo en
el ámbito de las relaciones, ha llevado a la humanidad a mantener vínculos de
necesidad y ambición. Relaciones en definitiva nacidas de la falta de plenitud
que llevaba a los “enamorados” hacia un callejón sin salida cargado de
reproches, por la idea de que en el otro, uno debería encontrar la felicidad.
Esta visión egocéntrica y posesiva que trasladaba toda la responsabilidad de la
satisfacción al otro, y a la relación como entidad trascendente que debía
cumplir con el deseo preconcebido que le llevaba a iniciar la relación. Ha
desvirtuado la verdadera dimensión evolutiva de la relación, pues esta
dimensión del amor de almas que se unen para explorar el AMOR no temporal, disipan
el reproche, la crítica y la justificación en el acto de amar para transformar
el yo personal de cada cual en unidad, allá donde los dos moran y son solo Uno.
Desde esta nueva percepción, las
almas individuales manifestadas en el tiempo, a través de la presencia de una
personalidad, construida para amar, entenderán que el amor no es algo que lleva
a la relación o se consigue en ella, si no que la relación favorece el
entendimiento del amor, que ya es en esa dimensión donde todos somos uno aunque
seamos inconscientes de ello.
Solo a través de una relación, el
alma puede entender que es el amor, y no porque el amor sea algo inteligible,
sino porque, este, se va develando en la medida que uno decide mantenerlo a
pesar de cualquier otra emoción nacida de la unión. Amar en cada instante, a
pesar de que todo indique que no debe
hacerse, es la única morada del amante, ese que ha decidido dar y en
consecuencia trascender cualquier visión personal que le impida conocer los
deleites del amor profundo. El amor se va haciendo grande en la medida en que
el amante cede ante él, desprendiéndose de todo lo que impide su presencia.
Esto a veces conlleva una especie de locura, para los no amantes, que solo los amantes pueden entender, pues
aquel que ama es visto en ocasiones como alguien falto de criterio personal o
dentro de una burbuja de estupidez. Me estoy refiriendo al amor, no al
enamoramiento que no es más que un punto de partida frugal para devolver al
alma a la intensidad creativa que podrá deshacer los nudos egocéntricos que
impedían amar sin poseer.
La resignificación de las
relaciones de pareja nos llevarán a un nuevo renacer, donde la intolerancia y
la decepción, que actualmente desintegran a tantas buenas intenciones de
permanencia en las parejas, se tornarán comprensión de sí mismo y
transformación permanente en aras de una emergencia del amor, que trasciende la
idea personal, que exige satisfacción para el deseo del yo.
Si las relaciones de pareja
tuvieran como finalidad la exploración del amor, en lugar de la satisfacción
personal por demanda de amor. Seguramente la posición inicial y el desarrollo
de la relación, estaría centrado en la transformación de acuerdo a las
necesidades de la propia relación y no en la exigencia de que el otro encaje
con la idea de relación que yo mantengo, y por lo tanto las respuestas de la
propia relación no serían tan decepcionantes como son en la mayoría de las
relaciones.
Esta renovada mirada, favorece la
soledad en compañía consciente y la amistad sexual y espiritual para
transcender al yo, en el acto de amar consciente. Y traen al ámbito humano una
nueva etapa de relación tras haber consumado las anteriores necesidades que
llevaron a los encuentros sexuales-familiares ya conocidos.
Ama no pierdas el tiempo
Luis Jiménez