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Muerte






Soltar, fluir, es abandonar la idea que tienes sobre ti; es disolver tu memoria humana, el inventado mundo que sostienes cada día; para renacer al otro lado del Ser, en esa no vida que el cuerpo teme y el alma goza, libre de todo lo que no es amor.

Ama y conocerás el verdadero sentido de la muerte 




Seguimos adelante…

Tantos nombres, tantas fechas, edades; siempre cambiante, siempre yo, a veces ni yo mismo, siempre Él, mi verdadero yo.

Ese no yo que verdaderamente Es, y a mí me preña y nazco y muero y renazco y me disuelvo, siempre cambiante, me renuevo, vivo y muero, muero en lo vivo y vivo en lo muerto, de ahí nazco y vuelta empezar.

Cuan largo el camino?  Qué camino? Sinuoso, angosto, empinado, favorable, divertido, inspirador, destructivo, siempre instructivo. Aprendizaje. Descubrí como el poeta, que no hay camino, ni siquiera en la mar.

Aprendí a bucear, gran aprendizaje, y vuelta al principio, al yo, que no soy yo, pero que siempre está en mí. Como diría Agustín de Hipona: Él es más yo que yo mismo. Él está en mí aunque yo no esté en Él.

Y así por vericuetos mentales, inventos entretenidos, he pasado varias décadas dedicadas a vivir, a veces buscando lo que no se puede encontrar, otras amando sin esperar, siempre unido a la vida, siempre con el corazón abierto, un vicio como otro cualquiera.

Hoy me permito volver a mí, con apellidos sin equipaje, con patria sin anclaje, sin amores  posesivos.

Desmemoriado, atrevido. Sin principio ni fin, hoy, ahora, en el infinito de todo tiempo, en ese momento eterno donde los querubines cantan entre bocinas de autos, sobre el disparo y la metralla, en el corazón del ángel caído, en tu nostalgia, en mi pérdida, en nuestra efímera llama, en ese colapso eterno que permite que tú, manifiestes tu alma.  Ahí reside la calma.  

Para compartir estados que nos liberen del tiempo, con la consciencia para saborear el mundo, que nos saque del ahogo cautivo, por desprecio, por amargura de otro tiempo, por demanda del pensamiento, por codicia, miedo, y todo lo que nos aleja del verdadero y único sentiente. Pues solo al Amar disuelves lo viejo.

Un nuevo espacio para amar y no perder el tiempo

Luis Jiménez

Más allá de las terapias naturales, o la evolución de la consciencia







La expansión de las terapias naturales ha sido tan extraordinaria que ya nadie se asombra de que las enfermedades puedan ser tratadas con plantas, energía, imanes, etc. Sin embargo esta propuesta tan “natural” no es del todo evolutiva, ya que el enfoque paradigmático de aplicación de los remedios, por  muy naturales que sean, mantiene la mirada sanitaria que reduce al síntoma a un malestar que hay que eliminar sin tener en cuenta el sentido profundo de su existencia, como parte integrada de una totalidad representada por el ser humano que lo siente.

La medicina natural, que tan de moda está últimamente, tan sólo ha cambiado sus productos para eliminar la enfermedad, pero mantiene la misma idea sobre ella que la medicina alopática. Adentrarse en un paradigma evolutivo es algo más que cambiar remedios sintéticos por naturales. Imponer las manos para que desaparezca un dolor de cabeza, recomendar una infusión de plantas para relajar la tensión, ajustar una cadera osteopáticamente, o elaborar un remedio floral personalizado para disipar el miedo, es fruto de un comportamiento “médico” o sintomático, ya que no se está teniendo en cuenta el síntoma como parte del proceso evolutivo del paciente.

Desde el  paradigma evolutivo, los síntomas, no son entidades aisladas que hay que extirpar, son los símbolos que en la superficie consciente de la persona, transmiten información con un propósito trascendente. Encierran en su naturaleza un sentido profundo y necesario para compensar y mantener con garantías el buen funcionamiento del sistema psíquico en su totalidad. Actuar sobre los síntomas sin tener en cuenta su vínculo inconsciente con una alteración profunda de la psique, provocará en el sistema, la necesidad de compensar su inestabilidad, nuevamente, a través de otra manifestación “patológica”.

Llegados a este punto, es imprescindible preguntarnos sobre la naturaleza del síntoma, su sentido existencial y para ello deberíamos introducir algunos conceptos propios de la mirada evolutiva, que integra en un todo tanto lo psíquico como lo físico.

Si lo psíquico y lo físico son una y la misma cosa, como aseveraba Jung, ambas como representaciones simbólicas deben ser el territorio existencial de una entidad “única” de la que ambas parten; esta entidad para el paradigma evolutivo es el Alma.

De esta forma el alma, como estado de plenitud y consciente de sí, queda determinada en el espacio tiempo como sujeto autoconsciente,  que dispone de un territorio, que es a la vez psíquico y físico para reconocerse como alma en el tiempo y conocer su estado evolutivo en función de las representaciones simbólicas que ella misma expresa progresivamente en el territorio psicofísico, que sigue siendo la misma entidad.

El estado psicofísico que emerge a la conciencia, como prueba de la evolución del alma, en su  desarrollo natural de acuerdo al plan establecido por ella misma, es la Paz. Este sentimiento, inherente a la naturaleza humana, es termómetro del desarrollo evolutivo del alma, y es el que debe aparecer al atender al síntoma como la manifestación física de una detención en el proceso de aprendizaje. Al transformar, “lo patológico”, en información simbólica, e integrar la negativa a seguir el proceso natural de desarrollo, se elevará la consciencia de la persona a través del reconocimiento de una nueva enseñanza existencial, disolviendo un patrón de comportamiento adherido a una creencia, que se mantenía ligada a la idea de identidad, que el sujeto sostenía en el tiempo, al margen de su condición evolucionada, en la conciencia libre de su alma.  

El alma dispone, en potencia, de todas las virtudes necesarias para gestionar en el tiempo las “supuestas” adversidades que la vida le pondrá delante como parte del aprendizaje y desarrollo de su propia autoconsciencia. Las cualidades y habilidades que se necesitan para seguir adelante en la vida están ligadas a la vida misma y emergen a la consciencia en el acto de abrirse camino a través de ella. El síntoma físico o psíquico, que en el ámbito sanitario denominamos enfermedad, como símbolo, en el camino evolutivo del alma, es el recurso del que ésta dispone para favorecer la detención de la actitud desviada y llamar la atención sobre otras áreas de la vida que no estaban siendo atendidas por la rutinaria forma de vivir, que se había instalado en la conciencia yoica.

De ahí que tratar la enfermedad como si esta fuera un inconveniente para la vida del paciente, en lugar de introspectar para descubrir lo que el paciente nos está diciendo a través de ella, no es más que la reproducción de un paradigma caduco y abortar la posibilidad de instaurar, en el ámbito de la salud, una mirada evolutiva y consciente que nos ayude a vivir en Paz de acuerdo a los dictados del Alma.

Cada persona es una entidad completa, única y sabedora de su propia vía de expresión. Tanto la enfermedad como entidad y el síntoma como particularidad son puertas que permiten entender un poco más a la persona y su necesidad evolutiva en su nueva etapa de desarrollo. La Terapiafloral Evolutiva favorece el autoconocimiento de la persona, a través de su forma de ser integral, estableciendo como vía de autodesarrollo, la traducción de cualquier síntoma que aleje al paciente de la Paz y transformando este en consciencia de sí, al resignificar los comportamientos que ya no son coincidentes con la nueva etapa evolutiva que vive.  

Porque lo verdaderamente importante es el desarrollo de la consciencia y el síntoma es una oportunidad que nos permite reconsiderar nuestra existencia. Si el síntoma no se integra en la totalidad Alma, como una expresión coherente de la misma, seguiremos comportándonos como siempre por mucha naturaleza que introduzcamos en la salud.


Luis Jiménez   

Escuela de Pensamiento




Favorecida por la creencia de que lo que vemos es la consecuencia de la realidad existente,  la inercia refuerza la continuidad de una actitud que desea el cambio del mundo; sin reparar en que el mundo es la interpretación de lo que mantenemos en nuestro interior como creencia. Si el mundo es justo, injusto, bello, malvado, ecológico, tóxico… no es, sino la consecuencia de las interpretaciones vivenciales de quienes, desde su personalidad, dicen conocer al mundo como una identidad separada de ellos.

Aparte de que el mundo también soy yo; “yo”, como una parte del mundo, participo de la idea transformadora de que defino al mundo desde mi visión. Tantos mundos como almas en evolución, tantos credos como yoes necesitados de amor. 

La idea de que lo que veo es lo que existe, lleva a las mentes a la copia incesante de una realidad inventada, que se transmite de padres a hijos y se hace fuerte por la colaboración diaria de todos los que participamos en ella. 

Esa supuesta realidad es la que estudia la ciencia autorizada, la que se mantiene a través de la transmisión de esa visión del mundo, que nació de una interpretación mental específica en un momento dado de la evolución de la humanidad, y que se ha instaurado como verdad. 

Con esta visión, en su momento, las universidades perdieron su objetivo de inicio: la formación del Ser, el desarrollo del arte de vivir, y la esencia de la búsqueda de la verdad a través de la contemplación y el gobierno de los caracteres; para convertirse en educadoras de servicios y proveedoras de “salidas” profesionales, trasladando ideas “limitadas” de acuerdo a los “ismos” imperantes en cada legislatura del poder. 

El modelo educativo actual, está tan extendido, aceptado y avalado en la propuesta de las verdades absolutas y las adecuaciones formativas para cumplir con la necesidad inventada de adquirir un puesto de trabajo y de tener una forma de ganarse la vida, que se ha perdido de vista la necesidad de enseñar a vivir. En nuestro mundo inventado,  se ha diluido el legítimo espíritu formativo, el sentido real de la enseñanza académica, despreciando tanto las necesidades expresivas humanas, como el desarrollo de las habilidades espirituales que permitirían a la consciencia mantener un vínculo sinérgico con el mundo y las conciencias de todos los seres que en él habitan. 

Tanto ha calado esta pseudo verdad, que incluso en los ámbitos “alternativos”, donde se habla de cambio de paradigma y de desarrollo de la consciencia, se repiten los modelos escolásticos que centran la atención en la formación, y salida profesional, más que en la liberación de la mente del individuo.

Nos encontramos en un momento creativo que no pretende confrontar ni abolir, sino  expresar y consagrar espacios de orden renaciente, que fomenten la diversidad generadora y exploradora de las mentes libres que se inician en el mundo para comprender el verdadero sentido de la existencia. Estamos frente a la oportunidad de recuperar las Escuelas de Pensamiento, como espacios favorecedores del autoconocimiento y de la evolución, en los que se expresen, en lo colectivo, las nuevas evidencias nacidas de la propia entidad global a través de sus unidades particulares, que se muestran en el mundo como personas. 

Estas Escuelas han existido en todos los tiempos, a veces veladas por temor al descrédito o a la aniquilación; les inspiraba el amor a la verdad, al ser humano, a la Naturaleza y al Cosmos, que en realidad, desde su cosmovisión, eran una misma entidad. Desde que en el año 529 d. C. el emperador Justiniano cerrara la Academia (y el resto de escuelas filosóficas atenienses), prohibiendo la enseñanza de la filosofía, hasta nuestros días, se han sucedido muchos episodios de renacimientos y oscuridad en el ámbito docente. Cada cambio político en el gobierno lleva implícita una renovación vinculada a la interpretación del modelo del mundo que quieren transmitir en las aulas, para que más tarde la visión del mundo tenga visos de universalidad y así conquistar las mentes e inventar una realidad que no se sostiene, porque está acabando con el campo de pruebas de nuestra interpretación, el Planeta Tierra.

La Escuela Andalusí, nuestra Escuela de Pensamiento, abre sus puertas a la exploración del sí mismo, del self, tanto en el humano como en el cosmos, tanto en el mundo, como en la psique; buscando que el alumno encuentre la verdadera naturaleza mutable del Universo, en el único lugar en el que lo puede hacer, en su interior, reconociendo como perfectas todas las formas de emanación del Todo que coexisten en él.

Más allá de los centros formativos al uso, hoy, más que nunca, necesitamos Escuelas de Pensamiento que recuperen la figura del hombre y la mujer justos, que fomenten el libre pensamiento y con ello, la felicidad.

 Luis Jiménez

Y si las relaciones de pareja tuvieran como finalidad la exploración del Amor





Partiendo del aforismo: Todo lo dicho es dicho por alguien, de Humberto Maturana, podemos desarrollar la idea de que cualquier manifestación existente en el tiempo,  es fruto de la interpretación, de acuerdo al nivel evolutivo, de una consciencia, en apariencia individual, que surge de la fuente única de donde todo parte. Esa primordial e ininteligible fuerza generadora de consciencia, que todo lo sostiene, se ha definido como Amor.

No es la intención de este escrito determinar la naturaleza del amor, pues creo que esa es la razón que nos mantiene en esta dimensión de la existencia: el Tiempo. Ese espacio dual que permite interpretar el mundo de acuerdo a la experiencia del observador como un ente aislado de la Totalidad.

Quizás sea este un buen momento para reinterpretar, una nueva oportunidad renacedora para resignificar la vida y todas las interpretaciones que sobre ella hemos acumulado en el tiempo. En este instante de “revuelo universal”, de crisis existencial planetaria, podemos aseverar que quizás tengamos una oportunidad  semejante al emerger humanista que tuvo lugar en el siglo XV y que permitió la recuperación de las verdades atemporales que más tarde cayeron de nuevo en el olvido. 

Mientras exista lo creado estaremos inmersos en el esclarecimiento del misterio, de ahí que considere fatuo definir algo que no es posible asir con la mente y que solo puede alcanzarse cuando uno se despoja de todo lo que le ata al tiempo, ya que como dice Maturana:
La experiencia de cualquier cosa fuera, es validada por la estructura humana que hace posible “la cosa” que surge de la descripción. Esta circularidad nos dice: “Todo acto de conocer trae un mundo de la mano”

De ahí que todo lo descrito se concreta en hecho y como consecuencia en verdad, que se sostiene por la participación activa de todos aquellos que desisten de explorar para repetir lo que otros han definido. En este sentido podemos adentrarnos en los confines del amor y despojarnos de todas las apariencias y determinaciones que al respecto han manifestado otros antes que nosotros, para alcanzar, si fuera posible, un espacio no contaminado donde  expresar ese sentimiento más allá de la personificación de una necesidad humana.

La vía del corazón, como ha sido definida la línea de trabajo interior que conecta a la consciencia del tiempo con el no tiempo, para que la esencia del amor, no temporal, pueda asomarse a lo cotidiano, podría definirse como una relación entre el no tiempo y el tiempo, o mejor dicho desde el no tiempo del tiempo que se reconoce en algo que no puede encontrar en el tiempo.

Yo soy quien ama y aquel a quien yo amo. Éste es el límite del amor espiritual bajo forma material. Ibn Arabí

Esta fabulosa odisea amorosa de la misma sustancia que va decodificando las desviaciones de sí misma que se han estructurado en tendencias temporales, en verdades propias del observador, ajenas a su naturaleza atemporal, es una gran historia de amor. De ahí que podamos resignificar los relatos místicos ligados a una figura antropomorfa, desde una imagen humana, a un vínculo entre consciente e inconsciente, donde lo que añora lo inconsciente es la parte de él que se ha internado en el tiempo y busca como tendencia innata hacerse todo Uno en la nueva dimensión de la Vida que explora en lo creado.



Oh llama de amor viva,
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!,
pues ya no eres esquiva,
acaba ya, si quieres;
rompe la tela de este dulce encuentro
Sácame de aquesta muerte,
mi Dios, y dame la vida;
no me tengas impedida
en este lazo tan fuerte;
mira que peno por verte,
y mi mal es tan entero,
que muero porque no muero

 Juan de la Cruz

Ya toda me entregué y dí,
y de tal suerte he trocado,
que mi Amado es para mí
y yo soy para mi Amado.
Cuando el dulce Cazador
me tiró y dejó herida,
en los brazos del amor
mi alma quedó rendida;
y, cobrando nueva vida,
de tal manera he trocado,
que mi Amado es para mí
y yo soy para mi Amado.
Hirióme con una flecha
enherbolada de amor,
y mi alma quedó hecha
una con su Criador;
Ya yo no quiero otro amor,
pues a mi Dios me he entregado,
y mi Amado es para mí
y yo soy para mi Amado.

Teresa de Jesús



Por ello,  con la intención de abordar este misterio universal, nos permitimos establecer dos espacios, dos momentos en la existencia, uno de ellos pre-creación y el otro fruto de la propia acción creadora. Podemos  decir que lo uno y lo otro son lo mismo pero en diferente espacio. Podríamos decir entonces que si la fuente de todo lo que existe y la expresión de esa fuente en la creación es lo mismo, pero determinado por los condicionantes del tiempo. Y hemos acordado que la Fuente primordial de la vida es Amor, podemos hablar del amor del tiempo y del amor de no tiempo y del enamoramiento de la conciencia del tiempo por la esencia del no tiempo.

La relación, el amor, entre la fuerza creadora y la consciencia de lo creado, fomenta la tendencia apersonal que llevará al espacio-tiempo a ingresar en el no tiempo, a través de la disolución de las interpretaciones nacidas en la creación.  Las aparentes relaciones que mantenemos en el tiempo, son las puertas que favorecen la disolución de la diferencia entre el amor del tiempo y el verdadero amor universal no temporal. Cada una de ella es un acto metafórico de la relación con nosotros mismos, es decir con nuestro inconsciente amoroso con el que hemos de unificarnos para dejar a tras la idea de amor posesivo que mantenemos en el tiempo. De todas las relaciones posibles en el tiempo, la relación de pareja es, por su cualidad polar y generadora de vida, la más completa para el trabajo redentor que devolverá la consciencia al universo no-dual interior o Amor. Las relaciones de pareja conforman el espacio psíquico más completo para el desarrollo consciente hacia el amor.

El amor en sí mismo es la fuerza esclarecedora que disuelve la división entre las almas. En la pareja, favorece  el entendimiento de que toda tensión generada en la relación, es fruto de la necesidad de ambos y que solo por esta fuerza trascendente, y gracias a ella, las personalidades disolverán la parcela egocéntrica que les impide amar de acuerdo a su grado evolutivo. Las relaciones de pareja son el marco referencial que dos almas componen para deshacer los nudos personales que les alejan de su verdadera dimensión amorosa. Cuando ambos se hacen consciente de este pacto evolutivo, desaparece la fantasía limitada de una búsqueda de felicidad para elevar por encima de cualquier dimensión la prevalencia del amor, que no es satisfacción si no renuncia a la razón y con ello al alejamiento de la Paz interior.

El concepto romántico, la necesidad  libidinosa, y la fuerza sociabilizadora, desde la fantasía humana de crear hogares  y establecer marcos referenciales donde fomentar la relación de pareja, ha excluido, el vínculo trascendente de las relaciones de pareja, eliminando así la posibilidad de establecer una relación de pareja de carácter “espiritual” como campo experiencial para alcanzar la disolución del yo y asía entroncar el tiempo con el no tiempo en una unión sacra donde el amor es lo único verdadero.  Sin desdeñar en absoluto las demás funciones naturales del ser como elementos constitutivos de una entidad integrada y consciente de su necesidad evolutiva, hemos de manifestar que la verdadera función de las relaciones de pareja es la trascendencia del yo, fruto de la toma de consciencia de que solo atendiendo a las necesidades del otro, podré conocerme completamente yo.

El miedo ha fomentado la exclusión de la espiritualidad de las relaciones, llevando a estas exclusivamente al campo de la familia o de los vínculos sexuales, impidiendo así el verdadero trabajo evolutivo que los seres, a través del amor consciente, pueden realizar gracias a la relación de pareja.
Desde ahí las relaciones de pareja se constituyen como el marco ideal para favorecer el desarrollo evolutivo permanente de las almas que se vinculan para este fin, en el acto de transformar todas las interferencias que aparezcan en lo geográfico, (lo cotidiano de la relación) como elemento simbólico de lo psicológico,( lo que yo guardo en mi inconsciente y debo trascender para seguir mi evolución), que está directamente relacionado con el nivel del ser del alma. 

La falta de sentido profundo en el ámbito de las relaciones, ha llevado a la humanidad a mantener vínculos de necesidad y ambición. Relaciones en definitiva nacidas de la falta de plenitud que llevaba a los “enamorados” hacia un callejón sin salida cargado de reproches, por la idea de que en el otro, uno debería encontrar la felicidad. Esta visión egocéntrica y posesiva que trasladaba toda la responsabilidad de la satisfacción al otro, y a la relación como entidad trascendente que debía cumplir con el deseo preconcebido que le llevaba a iniciar la relación. Ha desvirtuado la verdadera dimensión evolutiva de la relación, pues esta dimensión del amor de almas que se unen para explorar el AMOR no temporal, disipan el reproche, la crítica y la justificación en el acto de amar para transformar el yo personal de cada cual en unidad, allá donde los dos moran y son solo Uno.

Desde esta nueva percepción, las almas individuales manifestadas en el tiempo, a través de la presencia de una personalidad, construida para amar, entenderán que el amor no es algo que lleva a la relación o se consigue en ella, si no que la relación favorece el entendimiento del amor, que ya es en esa dimensión donde todos somos uno aunque seamos inconscientes de ello.

Solo a través de una relación, el alma puede entender que es el amor, y no porque el amor sea algo inteligible, sino porque, este, se va develando en la medida que uno decide mantenerlo a pesar de cualquier otra emoción nacida de la unión. Amar en cada instante, a pesar de que todo indique que  no debe hacerse, es la única morada del amante, ese que ha decidido dar y en consecuencia trascender cualquier visión personal que le impida conocer los deleites del amor profundo. El amor se va haciendo grande en la medida en que el amante cede ante él, desprendiéndose de todo lo que impide su presencia. Esto a veces conlleva una especie de locura, para los no amantes,  que solo los amantes pueden entender, pues aquel que ama es visto en ocasiones como alguien falto de criterio personal o dentro de una burbuja de estupidez. Me estoy refiriendo al amor, no al enamoramiento que no es más que un punto de partida frugal para devolver al alma a la intensidad creativa que podrá deshacer los nudos egocéntricos que impedían amar sin poseer.

La resignificación de las relaciones de pareja nos llevarán a un nuevo renacer, donde la intolerancia y la decepción, que actualmente desintegran a tantas buenas intenciones de permanencia en las parejas, se tornarán comprensión de sí mismo y transformación permanente en aras de una emergencia del amor, que trasciende la idea personal, que exige satisfacción para el deseo del yo.

Si las relaciones de pareja tuvieran como finalidad la exploración del amor, en lugar de la satisfacción personal por demanda de amor. Seguramente la posición inicial y el desarrollo de la relación, estaría centrado en la transformación de acuerdo a las necesidades de la propia relación y no en la exigencia de que el otro encaje con la idea de relación que yo mantengo, y por lo tanto las respuestas de la propia relación no serían tan decepcionantes como son en la mayoría de las relaciones.

Esta renovada mirada, favorece la soledad en compañía consciente y la amistad sexual y espiritual para transcender al yo, en el acto de amar consciente. Y traen al ámbito humano una nueva etapa de relación tras haber consumado las anteriores necesidades que llevaron a los encuentros sexuales-familiares ya conocidos.

Ama no pierdas el tiempo


Luis Jiménez

El universo de los “quereres” trastoca el mundo




En esta nueva época, no puede ya sostenerse el trueque del afecto, como condición segura, que siga alejando el miedo a la soledad.

El agotamiento del material experiencial, en el campo de lo afectivo, por extinción de los modos antiguos de relación  que buscaban mantener a alguien ligado al yo, para no parecer solo y acallar el vacío existencial, nos trae una nueva etapa, de transición, para preparar la incipiente manifestación del amor como el nuevo modelo de relación.

Los Afectos: como vínculos interesados nacidos de la cercanía vincular, son usados como moneda de cambio, y por ello han promovido  las desdichas emocionales, desde que la consciencia de pertenencia se instauró en el planeta Tierra. Normalmente al no recibir, las personas, la cuota de afecto  que, supuestamente, le correspondería, al pensarse querido por otro,  se iría disolviendo la idea inicial de afecto, qué no era más que interés,  que mutará hacía una nueva idea desde donde no podrá ser verdad ese querer, al no corresponder la intensidad afectiva que recibe con la deseada, y así  el otro perderá todo interés para él y ya dirá que no le ama.

Las relaciones, que han sido siempre tratos afectivos, acuerdos transaccionales de sentimientos inventados, trueques valorativos del “yo” que busca que le quieran, a veces a costa del verdadero amor, están sucumbiendo ante la emergencia de modalidades de vida, en el reino humano, cada vez más autónomas, y centradas en la independencia, que fomentan el aumento de la insatisfacción en la relación, como nuevo eje de vida que impulsa  a la evolución. No es necesario ya el clan, la familia, la patria, o la religión, para asegurar la existencia del amor, pues es la hora del hombre y de la mujer “solo”, como eje vincular con uno mismo que permitirá la relación desde el amor con otro ser.
Desde la autonomía personal, desde la emergencia de una nueva necesidad de vida en relación, pareciera imposible sostener los vínculos que en otra etapa de la vida se mantenían por institución, tradición o miedo. En esta encrucijada vincular, se mueve la humanidad, que aún no ha entrado en la visión del amor como eje relacional y ya no puede mantener la vida desde el trueque afectivo, por haber despertado en las personas, la exigencia de la satisfacción como símbolo del querer.
El pensamiento más extendido hasta ahora, en el ámbito de las relaciones y que ya empieza a ser insostenible es: Me quieres si me satisfaces, si te acoplas para mí y desapareces como tú, para ser siempre hacia mí, lo que yo deseo.

En esta dirección, cualquier relación, ya sea de amistad, de pareja, familiar, o social, se evaluaba afectivamente en función de la satisfacción que esta nos proporcionaba. La ambigüedad de las respuestas “afectivas” satisfactorias en algunas ocasiones e insuficientes en este orden en otras, llevan a las personas a criticar abiertamente al objeto de su supuesto amor, al tiempo que la idolatra en otra área de su mente. Esta dualidad mental versus la integralidad del corazón, es el paso en el que se encuentra ahora el paradigma universal.

No es, que te ame o no te ame, es que si amo, hagas lo que hagas, no puedo dejar de hacerlo, porque el amor no es algo vincular, si no esencial, algo que soy y no que me das, o que siento en relación contigo. Si mantengo que amo y dejo de hacerlo por cualquier acción exterior, no amaba, sino que quería, pues el amor es imperturbable, ya que su morada es en el espíritu donde  se mantiene unido a sí mismo en todos los seres, mientras mi mente divide el mundo y valora la acción desde la percepción separada del yo.

Hablemos del AMOR:
El amor es perfección se encuentre donde se encuentre su centro, y no percibirá más que orden, aun en el desorden más disparatado; por ello cualquier percepción alejada del amor será incompleta, caótica y por lo tanto “personalista”; pues la parte que “raptó” en el tiempo un destello de amor para mantener su visión como “yo” percibe el mundo desde el lugar que ocupa en el tiempo, perdiendo el entendimiento de su posición en el todo y de las restantes partes que constituyen al Único y así como una extensión incompleta del amor, seguirá mientras se autodenomine “yo”. La visión del mundo del “yo”, estará determinada de acuerdo al lugar y tiempo, que la consciencia evolutiva del Ser, sostenga en la escala evolutiva del Amor. Cuanto más “yo” menos amor.

El amor sostiene los mundos, seres, vida y almas, en una sinfonía de relación que promueve el entendimiento de su esencia, a partir de la disolución del espejismo de la separación. El aparente orden caótico del mundo, para el observador autodefinido “yo”, es la consecuencia de su pobre visión personal, al no alcanzar a entender, desde él, el sentido y la acción temporal de la apariencia universal, como una estrategia de orden disolutivo, para erradicar cualquier necesidad de expresión temporal, de todas las partes implicadas en la experiencia del tiempo. En el viaje hacia el amor, desde el amor, aparece el tiempo y en esa fracción imaginada por dios, acontece el drama que ha de ser disuelto para volver al principio, con la consciencia del viaje y la disolución de todo lo que se creó mientras se realizaba. Partiendo de alfa, llegar a omega, siendo alfa y omega una y la misma esencia y el tiempo el periplo imaginado que permite a alfa saber de su naturaleza en omega.

Saber, reconocer, ser desde la consciencia del orden superior, favorece el entendimiento de la perfección de cada era, de cada eón, de cada unidad de tiempo, a pesar de su aparente falta de amor en las manifestaciones personales de las almas implicadas en la experiencia del mundo; pues en el tiempo el orden del amor se adecúa en cada instante de acuerdo a las almas implicadas, manteniendo en cada momento la máxima expresión de su  naturaleza de acuerdo a las posibilidades expresivas de tal entendimiento, que las entidades encarnadas pueden sostener en el drama del tiempo.


No existe pues, más que amor, si me despojo de mí mismo. Aun siendo “yo” amor, la actualización de esta fuerza inconmensurable en mí, distorsionó su esencia al dotarme de sentido en la creación y sintiéndose yo, perdió su consciencia, por amor; confiada en que su propia esencia en mí, no hará más que cumplir con su vocación y volver a Ser lo que siempre ha sido, a pesar de la apariencia imaginada que nos permitió conocer de primera mano a Dios.

Sin distorsión




Y ahí seguimos…

Provocando ilusiones que se desvanecen en la noche, en las primeras bocanadas de desaliento, de desencanto, cuando la realidad disuelve el universo inventado.

Otra vez en el pozo, hondo y oscuro, negro, de sí mismo, por tanta pompa y boato sostenidos por el miedo, al no ser lo imaginado.

Que lejos estamos de nosotros mismos, que invento tan bien orquestado: ¡Cómete el mundo!, ¡Más, más, más, no te contentes con nada!, ¡La felicidad es fruto del nuevo logro!, ¡La paz es una propuesta para débiles y  necios!, ¡La vida es para los fuertes! ¡Sin ilusión, sin pasión, no se puede vivir!

Y claro al no explorar estos conceptos y dejarnos llevar por la apariencia, cargada de testosterona y otras magníficas muestras de orgullo predador, hemos confundido ilusión y pasión con histeria, así que el entusiasmo impulsivo, la felicidad efímera y la pasión compensatoria del tedio, de la otra cara del yo, se han convertido en la seña de identidad de nuestra sociedad que vende a espuertas, bebidas estimulantes drogas y todo tipo de productos “cañón” para contarnos el cuento de que la felicidad es sinónimo de saltos de batracios o de canguros, de carcajadas alocadas y sin sentido, o de extravagancias exhibicionistas para colgar en Facebook, o en cualquier otra red social.  Que disfrutar sereno y sentir la vida excelsa en cada gesto de nuestra cotidianidad es tedio, que pasear sin más, desarrollar una actividad profesional común, o protagonizar una escena doméstica, sin estimulantes, es algo tedioso que hay que desterrar de nuestra existencia.   


¿Cómo vivir sin ilusión, pregunta irritado el necio que vive en mí inventando mundos?
¿Cómo soportar la densidad de la realidad sin euforia, insiste asustado?

Sin delirios de grandeza, sin ansias predadoras que consuman el poco oxígeno que aún queda en las neuronas. Sosegado comiendo, bebiendo, durmiendo, viviendo…  en Paz, ahora, sintiendo, con lo que tienes, con lo que eres, ahora… amando, sin tiempo.

Pero, pareciera que la ilusión es el pasaporte del tiempo, esa invención  que nos saca de lo que ahora no sabemos disfrutar, para imaginar un momento  que nos autorice a activar el gozo.
Si las emociones como dice William Glasser, son elecciones, ¿por qué  elegimos hacer gozo en una situación inventada en lugar de disfrutar de lo que somos, lo que tenemos y vivir un poco más cerca de la paz en cada momento?

Esto es una quimera para el que ambiciona el mundo. Un delirio para el imaginero que trasnocha recreando fantasías  en su lienzo mental. Y por ello el tedio, abatimiento, la depresión y tantas otras manifestaciones despectivas que hemos creado, en esta nueva sociedad de la “fantasía ilusionada por el mañana inexistente” aparecen por no saber integrar en nuestra vida el destino de nuestra necesidad vital. El ahora que en sí tiene todo lo necesario para vivir desde la alegría, si aceptamos que es eso lo que somos y ahí reside la felicidad.

Somos seres que exploran una realidad, la nuestra y que se han dejado llevar por los cantos de sirena, por los delirios de grandeza de un “yo” insaciable, que devora y devora, pues no tiene fin. Su satisfacción mora en la nueva empresa, pues su velocidad es tan desestabilizadora que no puede saborear la sensación de paz que emana de lo alcanzado, y mucho menos contemplar el producto de su realización, porque su naturaleza se alimenta de la conquista, de la adrenalina que le activa la condición de campeón, de luchador, de guerrero. Obtusa visión de una invención insostenible, que está destruyendo la armonía de nuestra  Tierra.
 
¿Cómo vivir una vida, desde la Vida, sin distorsión?

Solo date cuenta de la maravilla que se ha desarrollado en ti, hazte consciente de que te estás sintiendo, contemplando, percibiendo y lo más maravilloso, si quieres, amando. Esto es algo que puedes realizar en cualquier momento del presente, Ahora por ejemplo, da igual en que esté inmerso tu ambición, tu yo, da igual porque la alegría no reside en el tiempo, y solo tienes que sacar tu atención del futuro o del pasado para que emerja con intensidad lo que eres, y así sentir la “paz”, que te permitirá percibir la vida desde otro lugar, mas amable, compasiva y alegre.

Agradece, todo el tiempo, por lo que eres, por el amor que puedes sostener, por la existencia, la luz…

Ama y deja de inventar ilusiones, crea y eleva a la cualidad de arte tu existencia con lo que ahora tienes, busca la necesidad en lo colectivo y aplica tu cualidad con amor, eso es todo, así se desvanecen las ilusiones que más tarde se convertirán  en la noche de tu ambición.

Ama no pierdas el tiempo, pues solo al Amar disuelves lo viejo.




Luis Jiménez

La auténtica expresión del Ser



Ser fiel a uno mismo, no es hacer lo que se quiera, sino lo que está destinado para uno.

La felicidad no depende tanto de lo que se vive, sino de cómo se vive lo que hemos de vivir. Y lo que hemos de vivir está directamente relacionado con lo que uno es y ha de cambiar para seguir su desarrollo. A veces nos empeñamos en imaginarnos de una forma determinada y en esforzarnos a vivir así,  en la creencia de que así somos, sin tener en cuenta que no sabemos cómo somos realmente.

A veces una circunstancia, un hecho compartido con otros, pone delante nuestra un comportamiento inusual hasta ese momento que desbarata la idea que teníamos de nosotros mismos. Es como si nos hubiéramos traicionado, fallado, errado, en definitiva nosotros no podemos ser así, por ello eso ha de ser un error y nos limitamos a condenarnos o a sufrir el fallo mientras nos acordemos y como no a mantener una actitud represiva para que no vuelva a suceder nunca más.

Saber cómo somos es fruto de estar abierto a sentir de verdad, a aceptar lo que expresamos y ser consciente de ello, sin determinar qué somos, sino cómo nos expresamos. Por ello las experiencias pasan a ser transformadoras en el momento en que se aceptan como tales y se desligan de cualquier modelo moral o vinculo personal. Si se atiende al aprendizaje que ha traído y se integra la nueva faceta descubierta para ampliar los márgenes del amor, todo es transformador y en sí mismo no ha sido más que la necesidad de vivir para saber de tí y seguir evolucionando. Todo lo demás no es más que la rémora mental de una necesidad de encajar en el modelo anterior a la vivencia que fomentará el sufrimiento y el estancamiento.

Disolver lo que impide aceptar lo vivido e  integrar la  nueva faceta que ha emergido como consecuencia de la experiencia, es todo lo que se ha de hacer. Ello nos llevará a deshacernos de ideas y creencias que sosteníamos en la mente y que la vivencia nos ha hecho comprender que no coinciden con la realidad vivida, es decir con nosotros. La consciencia de lo vivido, la aceptación del hecho y la asunción de la responsabilidad total de lo provocado nos llevarán a un grado mayor de compasión y compromiso con el amor, en cualquier ámbito de la vida.

Lo que vivo es lo que soy y la resistencia a aceptar el hecho es lo que me aleja de mí. ¿Quién soy realmente? ¿Lo que digo ser y me repito mentalmente, o lo que vivo aunque niegue que soy eso?  La aceptación de lo que vivo como expresión de lo que verdaderamente soy facilitará la transformación de todo aquello que no coincide con lo que siento que he de ser, pero no habrá un cambio hasta que  aceptemos lo que realmente somos ahora.

La búsqueda de lo bueno o lo malo, de lo correcto o lo incorrecto, de nuestra experiencia nace de la tendencia evaluativa que se nos ha inculcado desde el paradigma del vencedor y el vencido, del cielo y el infierno, del premio o del castigo. Por ello mientras se intenta enmendar lo vivido se pierde la oportunidad de ampliar las márgenes del amor tras la lección.

Soltar para volver a estar en una nueva visión de la realidad, renovada por la experiencia, es la vía hacia la sabiduría, que permite la libre circulación del alma a través de los modelos impuestos en el psiquismo colectivo por la reiteración de experiencias que se mantienen en el tiempo como verdaderas, aunque no encajen contigo, y por lo tanto necesarias para el desarrollo.

Vivir desde los modelos vinculados a nuestra experiencia familiar, social o paradigmática, es un tránsito imprescindible para la estructuración de una entidad sostenida en el tiempo, aunque sea desde la construcción heredada por necesidad que nos lleva a construir un yo sólido aunque prestado. El nacimiento de la individuación, de la capacidad de pensar y vivir al margen de las ideas impuestas por otros: clan, familia, sociedad, etc. No lleva implícito la necesidad de separarse de ellos, pero sí de mantener una mirada crítica, pero compasiva que permita tener una visión propia. Amorosa pero definida, en relación pero no simbiótica. En definitiva las relaciones son la puerta al conocimiento interno, ahí es donde nos vemos realmente, si somos capaces de aceptar lo que vemos y no lo atenuamos con teorías y justificaciones.

Los encuentros, los desencuentros y todo ese amor, mundano, necesario, diría que imprescindible y su necesaria exploración hasta el cenit de su Naturaleza trascendente va más allá de una relación, sin embargo solo en ámbitos de naturaleza intima, donde los seres se reconocen, se desnudan y comparten la existencia desde el amor y la trascendencia, es posible alcanzar la cima y vivir en la vida explorando sin cesar los misterios del Amor.

Hasta ahora la humanidad había vivido desde el paradigma del miedo, de la conquista, de lo propio, desde la imposición del beneficio, de convertir al otro en su proyección, deseo o por salvar su necesidad.  Las nuevas interpretaciones de las relaciones y su necesidad vincular para amar y desarrollar la piedad y la tolerancia compasiva, nacen de la necesidad de jalonar un trozo más de la vía del amor que ya se insinúa en algunas personas que sienten la necesidad de amar sin poseer, de amar sin determinar el modo y aceptando todo lo que llega como idea transformadora que elevará la relación al grado más adecuado del amor total que en ese momento pueda vivenciarse.

Este proceso disolvente que va dejando atrás todo lo que concierne al deseo, para que poco a poco vaya emergiendo el verdadero amor, se desarrollará necesariamente en los sistemas más adecuados para ello como son la familia, los hijos,  la pareja, sobre todo, pero también en cualquier relación de tránsito que vivamos esporádicamente. Hemos de tener en cuenta que lo importante aquí no es la relación en sí, sino mi relación con migo mismo a través de ella.

¿Dejo de ser yo cuando estoy contigo?

¿Puedo ser yo aunque estés ahí? 

¿Cómo ser yo en libertad, amarte y mantener una relación?

Las relaciones son como vasos comunicantes, que atemperan la expresión individual a través del gesto complementario que el otro vive para armonizar al dúo. Lo que tú haces permite que yo haga lo mío, si yo hiciera lo que tú haces, tú harías lo que hago yo. Porque lo que hacemos cada cual es cumplir con el rol que la relación exige para sanar lo que no es amor. Tú y yo somos uno y la relación es más que la suma de los dos, la relación es la puerta evolutiva que permite, a través del amor sanar la proyección que yo hago de mí en ti. Cuando los encuentros son conscientes no existe lo que tú haces o lo que hago yo, si no lo que pasa entre los dos para integrar lo que somos a través de la relación, gracias al amor. 


Luis Jiménez 

Extracto de Humanidad y flores de Bach:



La entrada en el laberinto
           
            Ya estás aquí, has caminado mucho. En ti se encuentra la información necesaria para alcanzar tu destino. Descubres las normas y objetivos creados por otros –quizás hayas sido tú mismo el creador de éstos– que ahora determinan los movimientos que de acuerdo a las leyes de los hombres que debes seguir. Pero en ti existe la certeza de tu verdadera naturaleza, velada por la información que ahora recibes para convertirte en «humano». Antes de llegar aquí debiste aprender las normas básicas de la supervivencia para mantenerte en la forma que permitía tu existencia.

            Cada vez más sofisticadas, cada vez más inclusivas con el grupo, desarrollando con maestría las funciones psíquicas, conociste las leyes de la naturaleza, y sin conciencia de los mecanismos que las animaban, las acatabas, participabas de ellas con naturalidad y permanecías conectado a la fuente de toda vida para expresar en cada momento lo más adecuado para el ecosistema en el que te desenvolvías. El cuerpo, la emoción y la mente, fueron robusteciéndose y haciéndose cada vez más presentes a través de formas aptas que permitían tu expresión por estos mecanismos para comprender la vida, tu ser.

            Ahora, en el reino humano, posees los elementos necesarios para hacer consciente lo que has experimentado mecánicamente: lo físico del reino mineral; lo emocional del vegetal; lo mental del animal; para desarrollar ahora lo transpersonal correspondiente a esta nueva etapa de tu desarrollo hacia la «fuente».

            Al entrar en el reino humano, en «el laberinto», posees las herramientas pero no la destreza para utilizarlas de acuerdo a tus verdaderas necesidades. El laberinto está lleno de puertas, cada una te lleva a un lugar. Tú eliges, la naturaleza te trajo hasta aquí y ahora tú decides cómo moverte, incluso si quieres detenerte. Para ello deberás reconocer quien eres, más allá de la idea que tienes de ti. Piensas pero no eres mente, sientes pero no eres cuerpo, quieres pero no eres emoción, te mueves pero no eres acción, sin embargo necesitas de todo ello para saber de ti,  he ahí la paradoja. No eres eso pero estás construido con ello, y así  sabes de ti, por lo que debes conocer perfectamente como funcionas para descubrir qué hay más allá.

Toda decisión tendrá su expresión posterior y acontecerán sucesos que permitirán, en todo momento, la expansión de la conciencia hacia el descubrimiento de tu verdadera naturaleza. Saber el tiempo que lleva cada ser en el reino humano es algo complicado para mí, pero según sus necesidades actuales, puedo percibir la habilidad que ha desarrollado en el proceso de su existencia y esto me indica el grado de percepción de sí mismo que ha alcanzado.

            Al entrar en el laberinto debemos revestirnos con los ropajes propios del cuarto reino de la naturaleza y estaremos sujetos a las reglas de juego que rigen en él. Tendremos que desarrollar y manejar con habilidad las distintas calidades energéticas que hemos compartido con otros seres en los anteriores reinos en los que hemos vivido hasta comprender sus mecanismos y ponerlos al servicio de nuestra verdadera realidad interior, para que así nos acerquen cada vez más a nuestro destino final, «la vida».  

Los ropajes para la primera escena
            Ahora estás solo, tutelado por las atentas miradas de aquellos que conocen y potencian el desarrollo de la humanidad, pero solo. Hasta este momento, cumbre de la expresión de la vida en la Tierra, pertenecías a grupos, compartías la experiencia con la raza animal o especie vegetal o mineral de la que formabas parte, te nutrías como grupo y compartías tus experiencias con él y en él.

            Ahora comienza tu camino individual. Encarnas por primera vez en el reino humano y lo que en otras edades era mecánico ahora deberá ser consciente. Tienes un cuerpo que te capacita para percibir lo físico, las sensaciones en tu cuerpo, la emoción que te hará percibir los matices sentimentales que te muevan en las relaciones con otros seres y la mente que hará inteligible los procesos que percibes y te capacitará para comprender las reglas del juego. Pero eres mucho más, éstos sólo son los ropajes para poderte mover por el nuevo escenario, antesala de la emancipación de la conciencia.
           
            Desde este instante en el que ya formas parte del reino humano deberás desarrollar hasta la perfección las habilidades que existen en este plano de la manifestación para finalmente ponerlas al servicio del nuevo grupo al que ahora perteneces. Después de que hayas reconocido las reglas del juego y no seas presa inconsciente de ellas, advertirás el verdadero sentido de tu vida, de la vida en este planeta y participarás activamente para acercarte conscientemente a ella.

            Muchas edades presa inconsciente de las normas, de tus intereses individuales basados en los contenidos básicos de las estructuras tipológicas  que dan forma a la existencia, de la necesidad de la experimentación y de los errores por ignorancia, te llevarán posteriormente a preguntarte por otros caminos que conducen a la sabiduría existente en la vida que te anima.

El bautizo
            Fluir, buscar el origen, descubrir por ti mismo quién eres y cómo has llegado a ser lo que dices ser. Separarte sin miedo de todo lo que reconoces como «yo». Sumergirte en las cristalinas aguas de tu propio ser, que espera desde el origen el abrazo, el reconocimiento, el reencuentro.

            Seguramente para que esto sea una realidad y se plantee conscientemente, para que sea, deben transcurrir muchas edades, experiencias, grandes identificaciones y la ignorancia completa, incluso el rechazo pleno del motor transpersonal que ha animado desde el principio a la totalidad de cada ser.

             Sin embargo, en este estadío, el ser ansía la libertad, la paz por encima de todo y percibe que esto sólo llega vaciándose de todo lo que no es él. Busca la transformación en la transparencia para que la vida fluya a través de él sin obstáculos. Sin normas, sin credos, sin dioses creados por los hombres fruto de la ignorancia y el miedo. Miedo que nosotros mismos hemos acuñado y revestido con mil ropajes sutiles para justificar acciones, adoptar posturas, alimentar ambiciones que una y otra vez nos llevaban al desencanto, al descalabro y a la depresión. Punto de partida para una nueva andadura que iría fortaleciendo o ablandando –según se mire– el núcleo que un día se plantearía la pregunta ¿quién soy yo?

            Mira de frente este cuestionamiento sin que se altere tu ser, permanece sereno contemplando los aspectos de tu psique que prefieren otros temas, que desean hacer otras cosas. Siente la incomodidad interna que pretende desviar una vez más la atención hacia otro lugar que no requiera esfuerzo. Permanece, contempla los caracteres intelectuales repletos de información que expresan una y otra vez su conocimiento, fruto del atesoramiento cauteloso de la memoria, madre del pasado.

            En calma, en paz, con la certeza del que sabe en su interior. Poco a poco se ahogan las palabras, las sensaciones y las emociones se tornan inaudibles y en ti surge un aroma, algo que sin ser conocido, conoces. Se inflama, te envuelve, todo tú desapareces sin desaparecer. Ya no estás pero es cuando estás realmente.

            Llegar hasta aquí es el punto de partida para comenzar la obra. Tienes el temple, el coraje de mirar y mantener la mirada, de sentir y permanecer abierto para descubrir. Vives, sientes desde otra perspectiva que transforma. Se introduce un elemento muy valioso para todo buscador, un centro al que volver, un punto de referencia. Puedes emprender, realizar, crear en cualquier área de la vida y todas ellas son espacios de perfeccionamiento donde adquirir la destreza necesaria para seguir avanzando en la búsqueda interior. Verdadera realidad de tu vida, de la vida.

Ser "Vasija"



Una pregunta insistente que recuerdo de mi infancia, es la que me hacía con muy pocos años de vida: ¿Dónde estaba yo antes de nacer? Estaba tan seguro que ese no era el principio, que el recién nacido, el que acababa de llegar, y al que todos querían enseñar, tenía mucha más historia que lo que aparentaba su pequeñito cuerpo, que no paré hasta que empezó a tomar forma en mí, una sensación que me permite descansar en paz cuando contemplo.

Si yo ya era antes de ser el que digo ser; no soy el que conozco y, por supuesto, no conozco al que soy.

Desde la premisa anterior, pude abrir la puerta al descubrimiento de mi verdadera naturaleza. En eso estoy desde que me recuerdo, y lo más sobresaliente de esta propuesta es que mientras mantengo la actitud de saber quién soy, quedan sin efecto y sin razón muchos en mí que decían ser yo y se empezaban en vivir para ellos, afirmando que son yo.

Recuerdo un momento en la infancia, en el dormitorio de mis padres, a oscuras, contemplando la habitación en silencio,  percibiendo la fuerza del lugar más allá de los muebles y las cosas, con una frase en la cabeza que me permitió ir más allá de mí. “Dios lo ve todo”, esto me lo había contado el párroco que nos preparaba para la comunión, Dios lo ve todo; en un instante entendí y de la idea antropomorfa de un ser que se desdoblaba hasta el infinito en todas las estancias del mundo para espiar, percibí una especie de sustancia, como acuosa, imperceptible que lo llenaba todo incluido al que se sentía como yo en ese instante. Más tarde tras leer el evangelio, me fascinó la idea de ser “vasija”. La sensación de ser vasija para la Sustancia, un recipiente, ha sido una experiencia que he podido vivenciar en diversas ocasiones en esta vida.   

En el transcurso de mis pesquisas, para desvelar mi naturaleza he ido descartando muchas ideas sobre mí que mantenía como únicas, verdaderas, irrevocables, etc. Cada día que pasa soy menos estricto sobre mí mismo, pues en la búsqueda del Ser, no puedo definir quién soy. Lo que soy, sintiéndome “yo” es el impedimento para que la sustancia que Es, ha Sido y Será, pueda expresarse sin límites a través del “punto” matemático que mi presencia ocupa en el espacio-tiempo.

Eheieh Asher Eheieh, Yo Soy El que Soy, o Yo Soy el que Seré, nombre que, según la tradición, Dios da a Moisés en el monte Sinaí, para darse a conocer ante la consciencia de alguien que no está en ËL, pero que puede mantener con Él una conversación inteligible. Teniendo en cuenta este hecho, se pueden determinar como mínimo tres “lugares” o estadíos de consciencia, ligados a la Sustancia, en función de la identificación más o menos consciente que  se experimente con, o en Ella.

1: La consciencia Universal; es decir la visión y sentimiento global, a través de la perspectiva particular de cada entidad individual, manifestada en el tiempo, como necesidad experiencial del Origen de la propia Sustancia, sabiendo de Sí, como el principio y fin de todas las apariencias en todos los niveles y ordenes creados.    

2: La consciencia Espiritual; el estadío intermedio que permite el entendimiento de la fuerza creadora, de su origen y destino; por la relación continua que la sustancia mantiene en  la persona y ser parte consciente de Ella  contemplando por inspiración, la transmisión de su Naturaleza, que se despliega hacia el mundo de las formas actuando conscientemente de acuerdo a las Leyes de la Creación. Este acto permite la comprensión y la compasión hacia la manifestación humana y de las especies que se mantienen incomunicados de Sí mismos y actuar a favor de la erradicación de la ignorancia,

3: La consciencia personal, el estado de identificación con la apariencia que determina la experiencia de acuerdo a los convencionalismos y determinantes materiales que configuran el mundo de los sentidos, incluida la mente y las ideas de progreso y desarrollo, que se  centran en el bienestar material, y las manifestaciones ligadas al poder y el control sobre cualquier otra entidad que se percibe como separada y por lo tanto contraria o favorable a uno mismo y a sus deseos. En esta tercera etapa se pueden describir a su vez tendencias hacia la consciencia espiritual o hacia la consciencia eminentemente animal dependiendo del grado evolutivo de la sustancia a través de la vasija. Mientras desarrollan en esencia la primitiva necesidad material de su identidad ligada al tiempo y al espacio terrestre.

Aún sigo anhelando saber de mí, pero ya no de mí como yo, si no de Él, del que siempre fue y ahora me sostiene a mí. Él, a través de mí como vasija, puede manifestarse como amor en todas las áreas de la vida con la que entro en contacto. No siendo yo, sino dejándole ser a Él. Así que en esta vida ha comenzado el ciclo de disolución. Por fin comienzo a saber que no soy yo y que Él tiene una oportunidad de Ser aquí, si yo dejo de ser. Así que todo lo que me contaron cuando me educaban para “ser alguien” está en la dirección contraria de lo que significa este logro, pues Él ya era, es y será.
Solo tengo que dejarle hacer y para ello empezaré por respirar, contemplar, admirar, sentir la vida como la ventana que permite la contemplación de la Creación, para aquél que la sostiene.

Es realmente extraordinario, saber que puedo ser útil al plan de la evolución, dejando hacer allá donde esté, dando paso al amor.
  


Luis Jiménez