Muerte






Soltar, fluir, es abandonar la idea que tienes sobre ti; es disolver tu memoria humana, el inventado mundo que sostienes cada día; para renacer al otro lado del Ser, en esa no vida que el cuerpo teme y el alma goza, libre de todo lo que no es amor.

Ama y conocerás el verdadero sentido de la muerte 




Seguimos adelante…

Tantos nombres, tantas fechas, edades; siempre cambiante, siempre yo, a veces ni yo mismo, siempre Él, mi verdadero yo.

Ese no yo que verdaderamente Es, y a mí me preña y nazco y muero y renazco y me disuelvo, siempre cambiante, me renuevo, vivo y muero, muero en lo vivo y vivo en lo muerto, de ahí nazco y vuelta empezar.

Cuan largo el camino?  Qué camino? Sinuoso, angosto, empinado, favorable, divertido, inspirador, destructivo, siempre instructivo. Aprendizaje. Descubrí como el poeta, que no hay camino, ni siquiera en la mar.

Aprendí a bucear, gran aprendizaje, y vuelta al principio, al yo, que no soy yo, pero que siempre está en mí. Como diría Agustín de Hipona: Él es más yo que yo mismo. Él está en mí aunque yo no esté en Él.

Y así por vericuetos mentales, inventos entretenidos, he pasado varias décadas dedicadas a vivir, a veces buscando lo que no se puede encontrar, otras amando sin esperar, siempre unido a la vida, siempre con el corazón abierto, un vicio como otro cualquiera.

Hoy me permito volver a mí, con apellidos sin equipaje, con patria sin anclaje, sin amores  posesivos.

Desmemoriado, atrevido. Sin principio ni fin, hoy, ahora, en el infinito de todo tiempo, en ese momento eterno donde los querubines cantan entre bocinas de autos, sobre el disparo y la metralla, en el corazón del ángel caído, en tu nostalgia, en mi pérdida, en nuestra efímera llama, en ese colapso eterno que permite que tú, manifiestes tu alma.  Ahí reside la calma.  

Para compartir estados que nos liberen del tiempo, con la consciencia para saborear el mundo, que nos saque del ahogo cautivo, por desprecio, por amargura de otro tiempo, por demanda del pensamiento, por codicia, miedo, y todo lo que nos aleja del verdadero y único sentiente. Pues solo al Amar disuelves lo viejo.

Un nuevo espacio para amar y no perder el tiempo

Luis Jiménez

Hoy




“Ama al prójimo como a ti mismo”

Hoy es uno de esos días, donde el “valor mental” es evidente, donde ese sabor  esperanzador empuja a seguir adelante más allá de mí mismo, sin miedo a perderme en la totalidad.

En este punto advierto el enjambre de afectos, que solapados a mi memoria han ido construyendo una imagen sólida del mí, que reconozco en el tiempo, gracias a todos los que mantengo atrapados en mis quereres. En este juego amoroso, Yo soy porque muchos hablan de mí, muchos dicen, qué soy, y otros muestran  su afecto. ..  ¿Pero quién soy yo cuanto todos se desvanecen? ¿Incluso los que mantengo  en mi memoria para no sentirme solo cuando no hay nadie?

Hoy es uno de esos días donde el alma, que no es nacida pero está ligada a la idea de mí, construida en los vínculos, aparece más evidente, y es entonces cuando el miedo a la soledad, comienza a desvanecerse.

Entonces percibo claramente que todos mis sufrimientos son, la consecuencia de  mi intromisión en el universo de otros, a los que he ligado a mí, para poder sentirme “yo”.

En este universo acuoso de afectos y quereres, la libertad es inviable, pues para que yo sea libre no he de poseer nada y si no poseo nada, ¿Cómo sabré que existo?  ¿Quién reparará en mí? ¿Quién constatará mi merecimiento y estima?  Paradoja emotiva que me liga a otros para saber de mí y más tarde obliga a desposeerme,  liberando al otro del cariño lastimoso que hemos provocado al vivir.

En este gran océano psíquico, de afectos interesados,  solo soy si tú me ves, si me tienes en cuenta, si me amas, si yo siento que tu detienes tu marcha para empujarme en la mía y así unos detenemos a los otros y para compensar y mostrar nuestro amor, otros detienen a unos y seguimos varados, diremos que por “amor” hasta la eternidad.

Hoy es uno de esos días que no me importa dejar atrás, patrias, reinos y amores efímeros de soledad futura, pues todo ello, como un adhesivo mental, que ha permanecido ligado a mi consciencia, no es más que un añadido temporal que ahora se deshace hacia la nada, para volver a sentirme libre y complacido, al advertir tanto amor en un solo acto de vida, que incluye a todos los seres, en su lugar y conciencia.  Y así permanezco, contemplando, amando, sintiendo y liberándome en el acto de devolver la libertad a todos y todas las almas que en cualquier momento de mi vida haya poseído, para sentir el amor que no había podido reparar en mí, al pensar que eso era un acto externo que debía de ganar.

Soy libre y amo, pues no pierdo el tiempo en provocar tu amor. Soy, existo, y solo puedo amar. Puerta de  entrada  a los abismos insondables del amor consciente, donde comenzar a amar al prójimo.
Ama no pierdas el tiempo.


Luis Jiménez

Más allá de las terapias naturales, o la evolución de la consciencia







La expansión de las terapias naturales ha sido tan extraordinaria que ya nadie se asombra de que las enfermedades puedan ser tratadas con plantas, energía, imanes, etc. Sin embargo esta propuesta tan “natural” no es del todo evolutiva, ya que el enfoque paradigmático de aplicación de los remedios, por  muy naturales que sean, mantiene la mirada sanitaria que reduce al síntoma a un malestar que hay que eliminar sin tener en cuenta el sentido profundo de su existencia, como parte integrada de una totalidad representada por el ser humano que lo siente.

La medicina natural, que tan de moda está últimamente, tan sólo ha cambiado sus productos para eliminar la enfermedad, pero mantiene la misma idea sobre ella que la medicina alopática. Adentrarse en un paradigma evolutivo es algo más que cambiar remedios sintéticos por naturales. Imponer las manos para que desaparezca un dolor de cabeza, recomendar una infusión de plantas para relajar la tensión, ajustar una cadera osteopáticamente, o elaborar un remedio floral personalizado para disipar el miedo, es fruto de un comportamiento “médico” o sintomático, ya que no se está teniendo en cuenta el síntoma como parte del proceso evolutivo del paciente.

Desde el  paradigma evolutivo, los síntomas, no son entidades aisladas que hay que extirpar, son los símbolos que en la superficie consciente de la persona, transmiten información con un propósito trascendente. Encierran en su naturaleza un sentido profundo y necesario para compensar y mantener con garantías el buen funcionamiento del sistema psíquico en su totalidad. Actuar sobre los síntomas sin tener en cuenta su vínculo inconsciente con una alteración profunda de la psique, provocará en el sistema, la necesidad de compensar su inestabilidad, nuevamente, a través de otra manifestación “patológica”.

Llegados a este punto, es imprescindible preguntarnos sobre la naturaleza del síntoma, su sentido existencial y para ello deberíamos introducir algunos conceptos propios de la mirada evolutiva, que integra en un todo tanto lo psíquico como lo físico.

Si lo psíquico y lo físico son una y la misma cosa, como aseveraba Jung, ambas como representaciones simbólicas deben ser el territorio existencial de una entidad “única” de la que ambas parten; esta entidad para el paradigma evolutivo es el Alma.

De esta forma el alma, como estado de plenitud y consciente de sí, queda determinada en el espacio tiempo como sujeto autoconsciente,  que dispone de un territorio, que es a la vez psíquico y físico para reconocerse como alma en el tiempo y conocer su estado evolutivo en función de las representaciones simbólicas que ella misma expresa progresivamente en el territorio psicofísico, que sigue siendo la misma entidad.

El estado psicofísico que emerge a la conciencia, como prueba de la evolución del alma, en su  desarrollo natural de acuerdo al plan establecido por ella misma, es la Paz. Este sentimiento, inherente a la naturaleza humana, es termómetro del desarrollo evolutivo del alma, y es el que debe aparecer al atender al síntoma como la manifestación física de una detención en el proceso de aprendizaje. Al transformar, “lo patológico”, en información simbólica, e integrar la negativa a seguir el proceso natural de desarrollo, se elevará la consciencia de la persona a través del reconocimiento de una nueva enseñanza existencial, disolviendo un patrón de comportamiento adherido a una creencia, que se mantenía ligada a la idea de identidad, que el sujeto sostenía en el tiempo, al margen de su condición evolucionada, en la conciencia libre de su alma.  

El alma dispone, en potencia, de todas las virtudes necesarias para gestionar en el tiempo las “supuestas” adversidades que la vida le pondrá delante como parte del aprendizaje y desarrollo de su propia autoconsciencia. Las cualidades y habilidades que se necesitan para seguir adelante en la vida están ligadas a la vida misma y emergen a la consciencia en el acto de abrirse camino a través de ella. El síntoma físico o psíquico, que en el ámbito sanitario denominamos enfermedad, como símbolo, en el camino evolutivo del alma, es el recurso del que ésta dispone para favorecer la detención de la actitud desviada y llamar la atención sobre otras áreas de la vida que no estaban siendo atendidas por la rutinaria forma de vivir, que se había instalado en la conciencia yoica.

De ahí que tratar la enfermedad como si esta fuera un inconveniente para la vida del paciente, en lugar de introspectar para descubrir lo que el paciente nos está diciendo a través de ella, no es más que la reproducción de un paradigma caduco y abortar la posibilidad de instaurar, en el ámbito de la salud, una mirada evolutiva y consciente que nos ayude a vivir en Paz de acuerdo a los dictados del Alma.

Cada persona es una entidad completa, única y sabedora de su propia vía de expresión. Tanto la enfermedad como entidad y el síntoma como particularidad son puertas que permiten entender un poco más a la persona y su necesidad evolutiva en su nueva etapa de desarrollo. La Terapiafloral Evolutiva favorece el autoconocimiento de la persona, a través de su forma de ser integral, estableciendo como vía de autodesarrollo, la traducción de cualquier síntoma que aleje al paciente de la Paz y transformando este en consciencia de sí, al resignificar los comportamientos que ya no son coincidentes con la nueva etapa evolutiva que vive.  

Porque lo verdaderamente importante es el desarrollo de la consciencia y el síntoma es una oportunidad que nos permite reconsiderar nuestra existencia. Si el síntoma no se integra en la totalidad Alma, como una expresión coherente de la misma, seguiremos comportándonos como siempre por mucha naturaleza que introduzcamos en la salud.


Luis Jiménez   

Escuela de Pensamiento




Favorecida por la creencia de que lo que vemos es la consecuencia de la realidad existente,  la inercia refuerza la continuidad de una actitud que desea el cambio del mundo; sin reparar en que el mundo es la interpretación de lo que mantenemos en nuestro interior como creencia. Si el mundo es justo, injusto, bello, malvado, ecológico, tóxico… no es, sino la consecuencia de las interpretaciones vivenciales de quienes, desde su personalidad, dicen conocer al mundo como una identidad separada de ellos.

Aparte de que el mundo también soy yo; “yo”, como una parte del mundo, participo de la idea transformadora de que defino al mundo desde mi visión. Tantos mundos como almas en evolución, tantos credos como yoes necesitados de amor. 

La idea de que lo que veo es lo que existe, lleva a las mentes a la copia incesante de una realidad inventada, que se transmite de padres a hijos y se hace fuerte por la colaboración diaria de todos los que participamos en ella. 

Esa supuesta realidad es la que estudia la ciencia autorizada, la que se mantiene a través de la transmisión de esa visión del mundo, que nació de una interpretación mental específica en un momento dado de la evolución de la humanidad, y que se ha instaurado como verdad. 

Con esta visión, en su momento, las universidades perdieron su objetivo de inicio: la formación del Ser, el desarrollo del arte de vivir, y la esencia de la búsqueda de la verdad a través de la contemplación y el gobierno de los caracteres; para convertirse en educadoras de servicios y proveedoras de “salidas” profesionales, trasladando ideas “limitadas” de acuerdo a los “ismos” imperantes en cada legislatura del poder. 

El modelo educativo actual, está tan extendido, aceptado y avalado en la propuesta de las verdades absolutas y las adecuaciones formativas para cumplir con la necesidad inventada de adquirir un puesto de trabajo y de tener una forma de ganarse la vida, que se ha perdido de vista la necesidad de enseñar a vivir. En nuestro mundo inventado,  se ha diluido el legítimo espíritu formativo, el sentido real de la enseñanza académica, despreciando tanto las necesidades expresivas humanas, como el desarrollo de las habilidades espirituales que permitirían a la consciencia mantener un vínculo sinérgico con el mundo y las conciencias de todos los seres que en él habitan. 

Tanto ha calado esta pseudo verdad, que incluso en los ámbitos “alternativos”, donde se habla de cambio de paradigma y de desarrollo de la consciencia, se repiten los modelos escolásticos que centran la atención en la formación, y salida profesional, más que en la liberación de la mente del individuo.

Nos encontramos en un momento creativo que no pretende confrontar ni abolir, sino  expresar y consagrar espacios de orden renaciente, que fomenten la diversidad generadora y exploradora de las mentes libres que se inician en el mundo para comprender el verdadero sentido de la existencia. Estamos frente a la oportunidad de recuperar las Escuelas de Pensamiento, como espacios favorecedores del autoconocimiento y de la evolución, en los que se expresen, en lo colectivo, las nuevas evidencias nacidas de la propia entidad global a través de sus unidades particulares, que se muestran en el mundo como personas. 

Estas Escuelas han existido en todos los tiempos, a veces veladas por temor al descrédito o a la aniquilación; les inspiraba el amor a la verdad, al ser humano, a la Naturaleza y al Cosmos, que en realidad, desde su cosmovisión, eran una misma entidad. Desde que en el año 529 d. C. el emperador Justiniano cerrara la Academia (y el resto de escuelas filosóficas atenienses), prohibiendo la enseñanza de la filosofía, hasta nuestros días, se han sucedido muchos episodios de renacimientos y oscuridad en el ámbito docente. Cada cambio político en el gobierno lleva implícita una renovación vinculada a la interpretación del modelo del mundo que quieren transmitir en las aulas, para que más tarde la visión del mundo tenga visos de universalidad y así conquistar las mentes e inventar una realidad que no se sostiene, porque está acabando con el campo de pruebas de nuestra interpretación, el Planeta Tierra.

La Escuela Andalusí, nuestra Escuela de Pensamiento, abre sus puertas a la exploración del sí mismo, del self, tanto en el humano como en el cosmos, tanto en el mundo, como en la psique; buscando que el alumno encuentre la verdadera naturaleza mutable del Universo, en el único lugar en el que lo puede hacer, en su interior, reconociendo como perfectas todas las formas de emanación del Todo que coexisten en él.

Más allá de los centros formativos al uso, hoy, más que nunca, necesitamos Escuelas de Pensamiento que recuperen la figura del hombre y la mujer justos, que fomenten el libre pensamiento y con ello, la felicidad.

 Luis Jiménez

El Arte de Vivir


“¿Será posible que nuestra gran eficacia para vivir en los más diversos ambientes, se vea eclipsada y a la postre anulada ante la incapacidad de vivir los unos con los otros?”    Maturana y Varela

Según pareciera, en la sociedad de estos últimos siglos, la clave para el éxito se ha basado en el crecimiento continuo como símbolo del progreso, una realidad sostenida por la creencia de que es natural e inevitable, según lo demuestra el comportamiento de las especies. Tanto los programas educativos como los modelos empresariales y financieros se basan en la libre competencia y en la supervivencia del más fuerte, quien debe de expandirse continuamente como síntoma de su éxito. La misma premisa ha ido calando en la propuesta de desarrollo interior, y por ello, en estas lides se busca el crecimiento como indicativo de progreso, en un claro paralelismo del modelo perceptivo de la realidad que he descrito. Esta tendencia ha reforzado los comportamientos de orden similar a los del paradigma del que “supuestamente” queremos salir, fomentando el aislamiento y la competencia entre los que proclaman el “Amor universal”, triste paradoja de la que se aprovecha el sistema imperante para hacernos creer que estamos fuera de él, mientras seguimos reforzándolo.

La educación, en todos los sentidos, incluida la espiritual, se ha basado en preparar a unos pocos, los más aptos, para que alcancen la cúspide del sistema y se unan a la élite de personalidades que destacan por su individualidad y poder. Pertenecer a esa minoría es un acicate para el crecimiento perpetuo que está llevando al Planeta Tierra a la devastación.

Esta visión sesgada y chata de la vida, fruto, entre otras, de la  teoría “científica” de Adam Smith, quien  estableció que  el egoísmo individual es el motor de las relaciones y los comportamientos humanos; resulta ser la consecuencia de un momento evolutivo de la humanidad donde la mirada “ambiciosa” era la única posibilidad que existía para trascender el miedo a la diversidad, e instaurar la hegemonía de la adaptación del más apto, como mirada “diabólica” y separatista que congeló la evolución sujetándola al terror como único paso hacia el Espíritu.

La interpretación, ya trascendida, pero mantenida por intereses egoístas, de la teoría darwiniana de supervivencia del más apto o fuerte (concepto y mirada interpretativa ligada a la ignorancia de nuestra naturaleza holística), ha simplificado la realidad al centrar su cosmovisión sólo en las interacciones negativas, como la depredación, la competencia, el parasitismo, la explotación etc.. Sin embargo la cooperación para el beneficio mutuo, es una de las señas de identidad de la Naturaleza, y también es muy importante en la selección natural; pero, esta propuesta no es popular y la propaganda interesada mantiene como única opción evolutiva la hegemonía del más fuerte, del individuo Alfa. “la ley de la selva” para justificar las barbaries que se realizan a diario desde las zonas “alfa” del mundo mercantilizado, huérfano de Alma.

Aun siendo un hecho el modo en el que la Naturaleza expresa la cooperación como una vía importante en la selección natural (como ha apuntado el filósofo de las ciencias Mauricio Abdalla), y que favorece el desarrollo sostenible y beneficioso para las partes implicadas y para el todo como entidad, en este caso la Tierra; está tan arraigado el modelo parasitario, predador o de competencia en las mentes humanas, que los mismos individuos que sufrimos su devastadora presencia, lo mantenemos a través de los actos cotidianos en nuestro diario vivir. En este sentido Abdalla se pregunta ¿Será Darwin para el siglo XXI lo que Newton para el siglo XX?

Carceleros de nosotros mismos
Nuestro comportamiento cotidiano es una clara réplica del modelo restrictivo y autoritario que nos mantiene cautivos de la competencia, la rivalidad o la confrontación ideológica, todos ellos claros exponentes de una lucha desprovista de humanidad. Esta conducta se mantiene incluso por aquellos que nos identificamos con el cambio de paradigma y enarbolamos las banderas de la inclusión y la fraternidad como expresión natural de la Vida en la Tierra.

Así que algo habrá que hacer.

Los cambios de paradigmas no se logran a través de la mención dialéctica, de los discursos “redondos” o de las disertaciones y publicaciones eruditas y reaccionarias; sino, a través de una coherente puesta en acción en nuestro entorno cotidiano. Una vida vivida desde la tolerancia, la compasión, la generosidad, la voluntad al bien, la alegría, el valor, la piedad, el optimismo, la paz, la sensibilidad, la determinación o la fidelidad vocacional, es la puerta para integrar en lo cotidiano lo que tanto anhelamos y hablamos y pensamos, sin llevar al acto.

La fijación en el éter, en el inconsciente colectivo, de una nueva expresión no parasitaria o predadora, será la consecuencia de la continua vivencia humana de esta modalidad de la Naturaleza que ha de ser inscrita en el consciente a través de nuestra vivencia ordinaria. Hablar de la Unidad, del cosmos como entidad Una y despreciar al vecino o intentar ganar en los negocios a costa de la pérdida o la bancarrota de otro, no tiene nada que ver con la visión holística y generadora de riqueza que propone la visión cooperativa de la unidad en la Tierra.

La Fraternidad como expresión global de unificación y reconocimiento de la dignidad humana como Alma en cualquier ámbito, ya sea político, financiero, educativo, o de salud y la actuación dentro de esa tendencia social desde la visión sistémica y compasiva, introducirá lo nuevo como expresión natural de la consciencia que ya ha alcanzado el estado óptimo para manifestarse en el tiempo. Ya lo decía Juan el evangelista: "Quien dice estar en la luz y aborrece a su hermano, está en las tinieblas". (1Jn, 2, 10).

Una vida desde lo incluyente, lo sistémico, desde la ciencia del Amor
La evolución es la vocación de la vida, todo cambia excepto el cambio, lo único estable en el universo, padre de lo que denominamos evolución. Sin embargo, la evolución puede llegar a través del Amor o del miedo. Pareciera que la humanidad ha elegido hasta ahora, como modelo imperante para seguir los dictados de la Vida, la evolución por el miedo, que engendra dolor y sufrimiento, favoreciendo la competencia y la lucha entre las partes que constituimos el sistema. En apariencia, existe un interés por mantener esta tendencia y seguir ahogando las conciencias de la mayoría, por medio de la implantación de una modalidad de la Naturaleza ,que no es en sí real y que se mantiene gracias al hipnotismo miedoso de los mismos integrantes del sistema que sufren sus consecuencias. La imposición de modelos inadecuados para una vida respetuosa y cooperativa entre los integrantes de la humanidad, ha fraccionado las relaciones introduciendo la idea partidista de vencedor y vencido como eje evaluativo de la concepción del mundo.

Sin embargo, el cambio es posible sin dolor y sin que ninguna de las partes implicadas en él sufra por ello. El cambio desde el Amor es inclusivo, permite la percepción de los sistemas como aglutinantes y vinculados a una extensa red que todo lo abarca y lo nutre; pero la visión que se nos ha transmitido de la vida y que nos han mostrado hasta ahora, está basada en el miedo: Miedo a la pobreza, al hambre, a la miseria, a la estupidez… Todo ello desde una perspectiva sesgada por la idea de que sólo pueden y deben sobrevivir los más aptos, fuertes o inteligentes; y claro está, esta  cualidad es inherente a aquellos que ya están situados en los lugares proclives para el desarrollo de acuerdo con esta interpretación de la vida, el resto, no tiene lugar en esta farsa, y, por supuesto, ninguno de nosotros quiere ser el “resto”.

Amor-Miedo, esa es toda la verdad y la diferencia en la manera de evolucionar; el miedo engendra dolor, el Amor sabiduría; abriéndonos al Amor, la evolución es fluida, amable y próspera, si nos negamos a amar, la evolución se trastorna y a partir del miedo, se convierte en dolor, ese es el verdadero libre albedrío, desde éste no existe la negativa a evolucionar, sino que se elige la forma de hacerlo.

El tan deseado y poco apoyado cambio de paradigma
Estamos inmersos en un trascendente cambio que se reconoce como “El cambio de paradigma” que no es en sí un cambio espiritual, como algunos pretenden, pues la transformación realmente espiritual, modificara a la idea de “mundo” que conocemos y esto lleva implícita la transformación de los modelos de vida que excluyen o explotan a cualquier ser humano en cualquier confín de la Tierra. La salud ya no será ausencia de síntomas sino plenitud de Alma, la economía no se basará en el poder financiero sino en la capacidad creativa de la población, la educación no será ya el caldo de cultivo de la mano de obra barata, sino la escuela del Alma y la política dejará de ser un seguro de vida, para convertirse en la expresión de servicio de los que quieren transformar el mundo.

“O cambiamos o morimos, esa es la alternativa. (…)
En momentos de crisis  total necesitamos consultar la fuente originaria de todo, la Naturaleza. ¿Qué es lo que ella nos enseña? 
Ella nos enseña -(…)- que la ley básica del universo no es la competencia que divide y excluye, sino la cooperación que suma e incluye."  Leonardo Boff

Esta visión que ahora cobra sentido científico ya la transmitían los filósofos de la Naturaleza, desde la visión integradora del Unus Mundus, la conciencia de la  Naturaleza en el humano.

El cambio empieza por uno mismo al no participar con mis ideas, economía, y comportamiento a reforzar un sistema que odia a la humanidad y se vanagloria de sus propios logros devastadores en la Naturaleza, que somos todos. La idea sustentada de que sólo los aptos, los preparados, con recursos, o iniciados, pueden acceder al conocimiento, está lejos de la propuesta amorosa de transformar el mundo en la única morada de la Humanidad.

Como participar activamente en el cambio de Paradigma:
Lo primero es asumir la responsabilidad personal de ser y actuar de acuerdo a uno mismo y aceptar ciertas propuestas que favorecen el desarrollo evolutivo de la consciencia.

1.         La Alegría, y la Paz son  estados naturales del Alma, que no dependen de nada externo.

2.         Lo que vivo y lo que soy son la misma cosa, si no me gusta lo que vivo, he de cambiar lo que soy.

3.         La felicidad es fruto de disolver, la queja, la crítica, la justificación y el reproche.

4.         El servicio impersonal en pro de la humanidad, elimina cualquier frustración en la vida.

5.         No existen fracasos sino experiencias.

6.         La vida es experiencia y cada resistencia favorece el desarrollo de una nueva habilidad.

7.         Todo lo aparentemente limitante esconde una intención positiva.

8.         La puerta para el cambio es el desapego y la llave el Amor.

9.         Desarrollar la virtud opuesta al defecto que me impide ser feliz es la clave para vivir desde el Alma.

10.       El sufrimiento es engendrado por la no aceptación de lo que está o ha sucedido.

11.       La resistencia es proporcional a la envergadura del proyecto, “no llenes el ojo antes que la tripa”.

12.       Ama, no pierdas el tiempo.

Para facilitar el arte de vivir describiré, de forma sintética, algunas de las acciones que favorecerán la emergencia del Amor en lo cotidiano y así participar activamente en el cambio de paradigma. Para ello quiero concluir con la siguiente reflexión: La humanidad puede dividirse en cuatro grandes tipos y cada uno de ellos ha de desapegarse de una tendencia que le es muy querida, por ser la que corresponde a ese grupo, para poder encarnar el Amor que está más allá de la pertenencia y sabor personal. Estos cuatro tipos están relacionados con los temperamentos clásicos, los cuatro elementos alquímicos y las cuatro funciones psíquicas:

1.  El Amor como fidelidad espiritual, fruto del desapego energético y el poder personal.

2.  El Amor como obediencia y aceptación de la vida, fruto del desapego al resultado material.

3.  El Amor como apertura al no tiempo, para vivir en el presente expresando nuestra innata percepción, fruto del desapego mental.

4. El Amor como libertad personal y colectiva que deshace las pertenencias dependientes,  fruto del desapego afectivo.

Pareciera a veces que existe contradicción al proponer el desarrollo como expresión máxima de la individualidad y la autogestión, y por otro lado se hable de la fusión y sistematización de las relaciones en un todo indiferenciado; sin embargo, esta paradoja se resuelve al percibir que el Amor universal es fruto del Amor personal. Cuando el evangelio propone que amemos al prójimo como a nosotros mismos, es necesario, en primera instancia, amarse a uno mismo, para poder amar con igual intensidad al prójimo. En esta nueva etapa, nace el servidor, aquél que tras haber integrado las etapas ambiciosa y egocéntrica, ahora ya es una verdadera personalidad integrada y dispuesta a servir a la humanidad, pues como diría Maturana:

"No hay contradicción por lo tanto en la conducta del individuo mientras realiza su individualidad como miembro del grupo: es altruistamente egoísta y egoístamente altruista porque su realización individual incluye su pertenencia al grupo que integra". Maturana y Varela.

Cada uno de estos cuatro caminos, sentido y propósito de la vida de todos los habitantes del planeta Tierra, pueden transitarse en compañía y deberían de ser fomentados mediante la educación de manera fraterna y humanitaria, de forma que cada uno de los cuatro tipos aceptara a los otros como complementarios y necesarios para la estabilidad del sistema y el sostenimiento del orden natural de la vida, que alcanzará la Armonía a través de la inclusión de las partes en un TODO, bello e integrado, que permita la expresión consciente del Amor, como máxima expresión de la VIDA.

Luis Jiménez.

Málaga, noviembre de 2013.

La fidelidad desde el amor






Es tan prolífico el aumento de ofertas docentes al respecto del mundo espiritual, que pareciera que el conocimiento en relación  de esa nueva perspectiva, es suficiente para adentrarse en este universo psíquico. Son tantos los “cursillistas” y egresados relacionados con este conocimiento, que no entiendo muy bien, porqué seguimos atorados en el mismo punto evolutivo como humanidad.

Quizás tenga que ver con que los que se dedican a estas cuestiones desprecian el universo “material”, lo ven como ajeno a su propuesta evolutiva y se mantienen al margen del sistema, aunque no paren de comportarse como miembros de pleno derecho de él.  Por eso siguen ahí los mismos que, aun con alma, no se dan cuenta de que la única manera de servir, es potenciar la expresión del espíritu, en cada una de las manifestaciones humanas.

La mayoría de las personas cursadas en las artes del espíritu, desde la intelectualidad, siguen comportándose fuera de los círculos de esta línea, como cualquier otro mortal. En lo concerniente al diálogo y a los textos “elevados” son grandes memorizadores, que repiten  citas, sin haberse parado lo suficiente como para saber si lo practican o no. Por ello internet está lleno de citas evolutivas, de palabras sacras de intenciones amorosas, pero la vida sigue siendo un lugar ajeno al alma. Y he llegado a la conclusión de que este tiempo es inventado, que no corresponde al alma, aunque ella esté presa en él.

No es lo mismo saber que ser, conocer que entender y mucho menos integrar, de ahí que pareciera que ya sabemos, pero en realidad somos muchos los que no vivimos en consecuencia. Si todos los que conocemos las propuestas del amor, viviéramos desde ahí, no haría falta ninguna revolución para recuperar la fraternidad universal como un hecho natural. Por ello solo tienes que renunciar a la razón para vivir desde el amor, algo que no se hará por más citas espirituales que conozcas.

Resignificar es volver a pensar sobre algo que se ha instaurado como verdad y que puede ser vivido desde otra posibilidad más cercana al amor que al miedo, como muestra un botón: hablemos de la fidelidad  

 Siempre oí  que el perro era muy fiel, el mejor amigo del hombre.

Más adelante acepté la idea de que la fidelidad era una de las señas de identidad de la honorabilidad y la confianza.
“Este chico es muy fiel”, puedes contar con él, “nunca te fallará”
Desde siempre la busqué por el mundo, y me la impuse como un código que me hacía creer ante mí mismo, que era mejor persona.

En las relaciones que yo definía como más auténticas, sentí que el valor destacado debería ser este, sin embargo durante toda mi vida he sentido cómo, una y otra vez, esta idea de fidelidad se desvanecía en los hechos y no encontraba forma de mantenerla, ni siquiera en mí mismo, pues desde fuera sentía muy a menudo el reproche de todos, al no ser tan “fiel” a ellos, como necesitaban que fuera.

A partir de un tiempo observé que este valor inventado por el “yo” no es más que una necesidad, una garantía de que alguien, más allá de sí  mismo, le elija a él en lugar de a si, abortando a veces experiencias que podrían ser definitivas en la vida, para mantener el vínculo que le hacía sentirse mejor persona y acompañado en el tiempo.

Ser fiel a otro, es morir a sí mismo, para nacer al otro, a su necesidad de saber, por otros, que él existe.

De ahí que la fidelidad que tanto necesitamos, que tanto proclamamos y demandamos a los demás y a nosotros mismos, no es más que el miedo a Ser y vivir de acuerdo a ello, sin la garantía de continuidad de una compañía constante.

Las alianzas fieles, son coartadas del miedo para asegurarse un destino compartido, un futuro mutilado, la certeza de que siempre habrá alguien ahí, a costa de ti mismo, de tu vida si fuese necesario, pues se ha dicho que el perro muere defendiendo al amo.

Siempre oí que el perro era fiel, pero creo que a él no le queda más remedio, porque es su naturaleza que su voluntad se someta a la voluntad del líder, el que ostenta la “seña alfa” en cualquier clan.
La fidelidad que no sea a sí mismo,  es pues un contrato, una cláusula de garantía para alejar  el miedo a la soledad.

Desde ahí, no soy fiel, pero puedes contar conmigo, siempre que mi destino y el tuyo estén coincidiendo en el infinito, pues en el amor no es necesario que nada se estabilice como patrón de seguridad para acallar el miedo que acecha a tu corazón.

Ama no pierdas el tiempo.



Luis Jiménez

Y si las relaciones de pareja tuvieran como finalidad la exploración del Amor





Partiendo del aforismo: Todo lo dicho es dicho por alguien, de Humberto Maturana, podemos desarrollar la idea de que cualquier manifestación existente en el tiempo,  es fruto de la interpretación, de acuerdo al nivel evolutivo, de una consciencia, en apariencia individual, que surge de la fuente única de donde todo parte. Esa primordial e ininteligible fuerza generadora de consciencia, que todo lo sostiene, se ha definido como Amor.

No es la intención de este escrito determinar la naturaleza del amor, pues creo que esa es la razón que nos mantiene en esta dimensión de la existencia: el Tiempo. Ese espacio dual que permite interpretar el mundo de acuerdo a la experiencia del observador como un ente aislado de la Totalidad.

Quizás sea este un buen momento para reinterpretar, una nueva oportunidad renacedora para resignificar la vida y todas las interpretaciones que sobre ella hemos acumulado en el tiempo. En este instante de “revuelo universal”, de crisis existencial planetaria, podemos aseverar que quizás tengamos una oportunidad  semejante al emerger humanista que tuvo lugar en el siglo XV y que permitió la recuperación de las verdades atemporales que más tarde cayeron de nuevo en el olvido. 

Mientras exista lo creado estaremos inmersos en el esclarecimiento del misterio, de ahí que considere fatuo definir algo que no es posible asir con la mente y que solo puede alcanzarse cuando uno se despoja de todo lo que le ata al tiempo, ya que como dice Maturana:
La experiencia de cualquier cosa fuera, es validada por la estructura humana que hace posible “la cosa” que surge de la descripción. Esta circularidad nos dice: “Todo acto de conocer trae un mundo de la mano”

De ahí que todo lo descrito se concreta en hecho y como consecuencia en verdad, que se sostiene por la participación activa de todos aquellos que desisten de explorar para repetir lo que otros han definido. En este sentido podemos adentrarnos en los confines del amor y despojarnos de todas las apariencias y determinaciones que al respecto han manifestado otros antes que nosotros, para alcanzar, si fuera posible, un espacio no contaminado donde  expresar ese sentimiento más allá de la personificación de una necesidad humana.

La vía del corazón, como ha sido definida la línea de trabajo interior que conecta a la consciencia del tiempo con el no tiempo, para que la esencia del amor, no temporal, pueda asomarse a lo cotidiano, podría definirse como una relación entre el no tiempo y el tiempo, o mejor dicho desde el no tiempo del tiempo que se reconoce en algo que no puede encontrar en el tiempo.

Yo soy quien ama y aquel a quien yo amo. Éste es el límite del amor espiritual bajo forma material. Ibn Arabí

Esta fabulosa odisea amorosa de la misma sustancia que va decodificando las desviaciones de sí misma que se han estructurado en tendencias temporales, en verdades propias del observador, ajenas a su naturaleza atemporal, es una gran historia de amor. De ahí que podamos resignificar los relatos místicos ligados a una figura antropomorfa, desde una imagen humana, a un vínculo entre consciente e inconsciente, donde lo que añora lo inconsciente es la parte de él que se ha internado en el tiempo y busca como tendencia innata hacerse todo Uno en la nueva dimensión de la Vida que explora en lo creado.



Oh llama de amor viva,
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!,
pues ya no eres esquiva,
acaba ya, si quieres;
rompe la tela de este dulce encuentro
Sácame de aquesta muerte,
mi Dios, y dame la vida;
no me tengas impedida
en este lazo tan fuerte;
mira que peno por verte,
y mi mal es tan entero,
que muero porque no muero

 Juan de la Cruz

Ya toda me entregué y dí,
y de tal suerte he trocado,
que mi Amado es para mí
y yo soy para mi Amado.
Cuando el dulce Cazador
me tiró y dejó herida,
en los brazos del amor
mi alma quedó rendida;
y, cobrando nueva vida,
de tal manera he trocado,
que mi Amado es para mí
y yo soy para mi Amado.
Hirióme con una flecha
enherbolada de amor,
y mi alma quedó hecha
una con su Criador;
Ya yo no quiero otro amor,
pues a mi Dios me he entregado,
y mi Amado es para mí
y yo soy para mi Amado.

Teresa de Jesús



Por ello,  con la intención de abordar este misterio universal, nos permitimos establecer dos espacios, dos momentos en la existencia, uno de ellos pre-creación y el otro fruto de la propia acción creadora. Podemos  decir que lo uno y lo otro son lo mismo pero en diferente espacio. Podríamos decir entonces que si la fuente de todo lo que existe y la expresión de esa fuente en la creación es lo mismo, pero determinado por los condicionantes del tiempo. Y hemos acordado que la Fuente primordial de la vida es Amor, podemos hablar del amor del tiempo y del amor de no tiempo y del enamoramiento de la conciencia del tiempo por la esencia del no tiempo.

La relación, el amor, entre la fuerza creadora y la consciencia de lo creado, fomenta la tendencia apersonal que llevará al espacio-tiempo a ingresar en el no tiempo, a través de la disolución de las interpretaciones nacidas en la creación.  Las aparentes relaciones que mantenemos en el tiempo, son las puertas que favorecen la disolución de la diferencia entre el amor del tiempo y el verdadero amor universal no temporal. Cada una de ella es un acto metafórico de la relación con nosotros mismos, es decir con nuestro inconsciente amoroso con el que hemos de unificarnos para dejar a tras la idea de amor posesivo que mantenemos en el tiempo. De todas las relaciones posibles en el tiempo, la relación de pareja es, por su cualidad polar y generadora de vida, la más completa para el trabajo redentor que devolverá la consciencia al universo no-dual interior o Amor. Las relaciones de pareja conforman el espacio psíquico más completo para el desarrollo consciente hacia el amor.

El amor en sí mismo es la fuerza esclarecedora que disuelve la división entre las almas. En la pareja, favorece  el entendimiento de que toda tensión generada en la relación, es fruto de la necesidad de ambos y que solo por esta fuerza trascendente, y gracias a ella, las personalidades disolverán la parcela egocéntrica que les impide amar de acuerdo a su grado evolutivo. Las relaciones de pareja son el marco referencial que dos almas componen para deshacer los nudos personales que les alejan de su verdadera dimensión amorosa. Cuando ambos se hacen consciente de este pacto evolutivo, desaparece la fantasía limitada de una búsqueda de felicidad para elevar por encima de cualquier dimensión la prevalencia del amor, que no es satisfacción si no renuncia a la razón y con ello al alejamiento de la Paz interior.

El concepto romántico, la necesidad  libidinosa, y la fuerza sociabilizadora, desde la fantasía humana de crear hogares  y establecer marcos referenciales donde fomentar la relación de pareja, ha excluido, el vínculo trascendente de las relaciones de pareja, eliminando así la posibilidad de establecer una relación de pareja de carácter “espiritual” como campo experiencial para alcanzar la disolución del yo y asía entroncar el tiempo con el no tiempo en una unión sacra donde el amor es lo único verdadero.  Sin desdeñar en absoluto las demás funciones naturales del ser como elementos constitutivos de una entidad integrada y consciente de su necesidad evolutiva, hemos de manifestar que la verdadera función de las relaciones de pareja es la trascendencia del yo, fruto de la toma de consciencia de que solo atendiendo a las necesidades del otro, podré conocerme completamente yo.

El miedo ha fomentado la exclusión de la espiritualidad de las relaciones, llevando a estas exclusivamente al campo de la familia o de los vínculos sexuales, impidiendo así el verdadero trabajo evolutivo que los seres, a través del amor consciente, pueden realizar gracias a la relación de pareja.
Desde ahí las relaciones de pareja se constituyen como el marco ideal para favorecer el desarrollo evolutivo permanente de las almas que se vinculan para este fin, en el acto de transformar todas las interferencias que aparezcan en lo geográfico, (lo cotidiano de la relación) como elemento simbólico de lo psicológico,( lo que yo guardo en mi inconsciente y debo trascender para seguir mi evolución), que está directamente relacionado con el nivel del ser del alma. 

La falta de sentido profundo en el ámbito de las relaciones, ha llevado a la humanidad a mantener vínculos de necesidad y ambición. Relaciones en definitiva nacidas de la falta de plenitud que llevaba a los “enamorados” hacia un callejón sin salida cargado de reproches, por la idea de que en el otro, uno debería encontrar la felicidad. Esta visión egocéntrica y posesiva que trasladaba toda la responsabilidad de la satisfacción al otro, y a la relación como entidad trascendente que debía cumplir con el deseo preconcebido que le llevaba a iniciar la relación. Ha desvirtuado la verdadera dimensión evolutiva de la relación, pues esta dimensión del amor de almas que se unen para explorar el AMOR no temporal, disipan el reproche, la crítica y la justificación en el acto de amar para transformar el yo personal de cada cual en unidad, allá donde los dos moran y son solo Uno.

Desde esta nueva percepción, las almas individuales manifestadas en el tiempo, a través de la presencia de una personalidad, construida para amar, entenderán que el amor no es algo que lleva a la relación o se consigue en ella, si no que la relación favorece el entendimiento del amor, que ya es en esa dimensión donde todos somos uno aunque seamos inconscientes de ello.

Solo a través de una relación, el alma puede entender que es el amor, y no porque el amor sea algo inteligible, sino porque, este, se va develando en la medida que uno decide mantenerlo a pesar de cualquier otra emoción nacida de la unión. Amar en cada instante, a pesar de que todo indique que  no debe hacerse, es la única morada del amante, ese que ha decidido dar y en consecuencia trascender cualquier visión personal que le impida conocer los deleites del amor profundo. El amor se va haciendo grande en la medida en que el amante cede ante él, desprendiéndose de todo lo que impide su presencia. Esto a veces conlleva una especie de locura, para los no amantes,  que solo los amantes pueden entender, pues aquel que ama es visto en ocasiones como alguien falto de criterio personal o dentro de una burbuja de estupidez. Me estoy refiriendo al amor, no al enamoramiento que no es más que un punto de partida frugal para devolver al alma a la intensidad creativa que podrá deshacer los nudos egocéntricos que impedían amar sin poseer.

La resignificación de las relaciones de pareja nos llevarán a un nuevo renacer, donde la intolerancia y la decepción, que actualmente desintegran a tantas buenas intenciones de permanencia en las parejas, se tornarán comprensión de sí mismo y transformación permanente en aras de una emergencia del amor, que trasciende la idea personal, que exige satisfacción para el deseo del yo.

Si las relaciones de pareja tuvieran como finalidad la exploración del amor, en lugar de la satisfacción personal por demanda de amor. Seguramente la posición inicial y el desarrollo de la relación, estaría centrado en la transformación de acuerdo a las necesidades de la propia relación y no en la exigencia de que el otro encaje con la idea de relación que yo mantengo, y por lo tanto las respuestas de la propia relación no serían tan decepcionantes como son en la mayoría de las relaciones.

Esta renovada mirada, favorece la soledad en compañía consciente y la amistad sexual y espiritual para transcender al yo, en el acto de amar consciente. Y traen al ámbito humano una nueva etapa de relación tras haber consumado las anteriores necesidades que llevaron a los encuentros sexuales-familiares ya conocidos.

Ama no pierdas el tiempo


Luis Jiménez

El universo de los “quereres” trastoca el mundo




En esta nueva época, no puede ya sostenerse el trueque del afecto, como condición segura, que siga alejando el miedo a la soledad.

El agotamiento del material experiencial, en el campo de lo afectivo, por extinción de los modos antiguos de relación  que buscaban mantener a alguien ligado al yo, para no parecer solo y acallar el vacío existencial, nos trae una nueva etapa, de transición, para preparar la incipiente manifestación del amor como el nuevo modelo de relación.

Los Afectos: como vínculos interesados nacidos de la cercanía vincular, son usados como moneda de cambio, y por ello han promovido  las desdichas emocionales, desde que la consciencia de pertenencia se instauró en el planeta Tierra. Normalmente al no recibir, las personas, la cuota de afecto  que, supuestamente, le correspondería, al pensarse querido por otro,  se iría disolviendo la idea inicial de afecto, qué no era más que interés,  que mutará hacía una nueva idea desde donde no podrá ser verdad ese querer, al no corresponder la intensidad afectiva que recibe con la deseada, y así  el otro perderá todo interés para él y ya dirá que no le ama.

Las relaciones, que han sido siempre tratos afectivos, acuerdos transaccionales de sentimientos inventados, trueques valorativos del “yo” que busca que le quieran, a veces a costa del verdadero amor, están sucumbiendo ante la emergencia de modalidades de vida, en el reino humano, cada vez más autónomas, y centradas en la independencia, que fomentan el aumento de la insatisfacción en la relación, como nuevo eje de vida que impulsa  a la evolución. No es necesario ya el clan, la familia, la patria, o la religión, para asegurar la existencia del amor, pues es la hora del hombre y de la mujer “solo”, como eje vincular con uno mismo que permitirá la relación desde el amor con otro ser.
Desde la autonomía personal, desde la emergencia de una nueva necesidad de vida en relación, pareciera imposible sostener los vínculos que en otra etapa de la vida se mantenían por institución, tradición o miedo. En esta encrucijada vincular, se mueve la humanidad, que aún no ha entrado en la visión del amor como eje relacional y ya no puede mantener la vida desde el trueque afectivo, por haber despertado en las personas, la exigencia de la satisfacción como símbolo del querer.
El pensamiento más extendido hasta ahora, en el ámbito de las relaciones y que ya empieza a ser insostenible es: Me quieres si me satisfaces, si te acoplas para mí y desapareces como tú, para ser siempre hacia mí, lo que yo deseo.

En esta dirección, cualquier relación, ya sea de amistad, de pareja, familiar, o social, se evaluaba afectivamente en función de la satisfacción que esta nos proporcionaba. La ambigüedad de las respuestas “afectivas” satisfactorias en algunas ocasiones e insuficientes en este orden en otras, llevan a las personas a criticar abiertamente al objeto de su supuesto amor, al tiempo que la idolatra en otra área de su mente. Esta dualidad mental versus la integralidad del corazón, es el paso en el que se encuentra ahora el paradigma universal.

No es, que te ame o no te ame, es que si amo, hagas lo que hagas, no puedo dejar de hacerlo, porque el amor no es algo vincular, si no esencial, algo que soy y no que me das, o que siento en relación contigo. Si mantengo que amo y dejo de hacerlo por cualquier acción exterior, no amaba, sino que quería, pues el amor es imperturbable, ya que su morada es en el espíritu donde  se mantiene unido a sí mismo en todos los seres, mientras mi mente divide el mundo y valora la acción desde la percepción separada del yo.

Hablemos del AMOR:
El amor es perfección se encuentre donde se encuentre su centro, y no percibirá más que orden, aun en el desorden más disparatado; por ello cualquier percepción alejada del amor será incompleta, caótica y por lo tanto “personalista”; pues la parte que “raptó” en el tiempo un destello de amor para mantener su visión como “yo” percibe el mundo desde el lugar que ocupa en el tiempo, perdiendo el entendimiento de su posición en el todo y de las restantes partes que constituyen al Único y así como una extensión incompleta del amor, seguirá mientras se autodenomine “yo”. La visión del mundo del “yo”, estará determinada de acuerdo al lugar y tiempo, que la consciencia evolutiva del Ser, sostenga en la escala evolutiva del Amor. Cuanto más “yo” menos amor.

El amor sostiene los mundos, seres, vida y almas, en una sinfonía de relación que promueve el entendimiento de su esencia, a partir de la disolución del espejismo de la separación. El aparente orden caótico del mundo, para el observador autodefinido “yo”, es la consecuencia de su pobre visión personal, al no alcanzar a entender, desde él, el sentido y la acción temporal de la apariencia universal, como una estrategia de orden disolutivo, para erradicar cualquier necesidad de expresión temporal, de todas las partes implicadas en la experiencia del tiempo. En el viaje hacia el amor, desde el amor, aparece el tiempo y en esa fracción imaginada por dios, acontece el drama que ha de ser disuelto para volver al principio, con la consciencia del viaje y la disolución de todo lo que se creó mientras se realizaba. Partiendo de alfa, llegar a omega, siendo alfa y omega una y la misma esencia y el tiempo el periplo imaginado que permite a alfa saber de su naturaleza en omega.

Saber, reconocer, ser desde la consciencia del orden superior, favorece el entendimiento de la perfección de cada era, de cada eón, de cada unidad de tiempo, a pesar de su aparente falta de amor en las manifestaciones personales de las almas implicadas en la experiencia del mundo; pues en el tiempo el orden del amor se adecúa en cada instante de acuerdo a las almas implicadas, manteniendo en cada momento la máxima expresión de su  naturaleza de acuerdo a las posibilidades expresivas de tal entendimiento, que las entidades encarnadas pueden sostener en el drama del tiempo.


No existe pues, más que amor, si me despojo de mí mismo. Aun siendo “yo” amor, la actualización de esta fuerza inconmensurable en mí, distorsionó su esencia al dotarme de sentido en la creación y sintiéndose yo, perdió su consciencia, por amor; confiada en que su propia esencia en mí, no hará más que cumplir con su vocación y volver a Ser lo que siempre ha sido, a pesar de la apariencia imaginada que nos permitió conocer de primera mano a Dios.