Libertad


Todas las personas sueñan con la libertad, pero están enamoradas de sus cadenas.


Khalil Gibran

Al salir a ver escaparates y hacer compras, he sentido que trozos de mí se van quedando enganchados en los objetos que deseo. Después tengo que volver a por mí. El hueco que se ha formado dentro de mi me ha impedido que esos objetos pasen desapercibidos y los necesito para llenarlos.
Si soy, estoy lleno. El asunto está en mirar dentro de mí y ver que pieza falta en el mecanismo…..eso es lo difícil. La primera vez que me atreví a mirar dentro de mí, volví a cerrar apresuradamente de un portazo. ¿Ese soy yo?, pero si parezco un queso suizo. No, no. Después de recuperarme de la impresión, volví a entreabrir despacio la puerta y reconocí un agujero de tantos: tiene la forma de un equipo de música Bang & Olufsen que vi en una tienda del centro. También vi muchos huecos con forma de anuncios de la Tele. Creo que estoy más fuera de mi que dentro. Menudo agujero estoy metido.
Quiero ser yo, quiero ser de nuevo como mi hijo y empezar a aprender a ser yo y LLENARME de mí.

Para reir...o pensar con Woody Allen.


-En realidad, prefiero la ciencia a la religión. Si me dan a escoger entre Dios y el aire acondicionado, me quedo con el aire.

-El dinero no da la felicidad, pero procura una sensación tan parecida, que necesita un especialista muy avanzado para verificar la diferencia.

-El miedo es mi compañero más fiel, jamás me ha engañado para irse con otro.

-Para ti soy ateo. Para Dios, la oposición.

-¿Existe el Infierno? ¿Existe Dios? ¿Resucitaremos después de la muerte? Ah, no olvidemos lo más importante: ¿Habrá mujeres allí?

-Odio la realidad, pero es en el único sitio donde se puede comer un buen filete.

-La muerte de Freud, según Ernest Jones, fue el incidente que causó la ruptura definitiva entre Hemholtz y Freud, prueba de ello es que en muy contadas ocasiones volvieron a dirigirse la palabra.

-No sólo de pan vive el hombre. De vez en cuando, también necesita un trago.

-No quiero alcanzar la inmortalidad mediante mi trabajo, sino simplemente no muriendo.

-No creo en una vida más allá, pero, por si acaso, me he cambiado de ropa interior.

-Amaos los unos sobre los otros.

-...y recordé aquel viejo chiste, aquel aquel del tipo que va al psiquiatra y le dice: Doctor, mi hermano esta loco cree que es una gallina.
Y el doctor responde: ¿Pues por que no lo mete en un manicomio? Y el tipo le dice: Lo haría, pero necesito los huevos.
Pues, eso más o menos es lo que pienso sobre las relaciones humanas, saben, son totalmente irracionales y locas y absurdas, pero supongo que continuamos manteniéndolas porque la mayoría necesitamos los huevos.

-Creo que el cerebro es el más sobrevalorado de los órganos.

-Crees que la física cuántica es la respuesta? Porque... no sé, en el fondo, ¿de qué me sirve a mí que el tiempo y el espacio sean exactamente lo mismo? En fin, si le pregunto a un tío qué hora es y me dice "6 kilómetros", ¿qué coño es eso?.

-¿De dónde venimos? ¿Adónde vamos? ¿Hay posibilidad de tarifa de grupo?.

-Disfruta el día hasta que un imbécil te lo arruine.

-El mago hizo un gesto y desapareció el hambre, hizo otro gesto y desapareció la injusticia, hizo otro gesto y se acabo la guerra. El político hizo un gesto y desapareció el mago.

-El sexo sin culpabilidad es malo porque casi se convierte en placer.

-La única manera de ser feliz es que te guste sufrir.

-No sólo no existe Dios, sino que a ver cómo encuentras un electricista en domingo.

-Si Dios existe, espero que tenga una buena excusa.

-Si los seres humanos tuviésemos dos cerebros, seguro que haríamos el doble de tonterías.



¿Os habéis puesto a pensar qué estructura podría decir cada una de estas frases?...

Sobre miedos


Un samurai, feroz guerrero, pescaba apacilemente a la orilla de un río. Pescó un pez y se disponía a cocinarlo cuando el gato, oculto bajo una mata, dio un salto y le robó su presa. Al darse cuenta, el samurai se enfureció, sacó su sable y de un golpe partió el gato en dos. Este guerrero era un budista ferviente y el remordimiento de haber matado a un ser vivo no le dejaba luego vivir en paz.
Al entrar en casa, el susurro del viento en los árboles murmuraba miau.
Las personas con la que se cruzaba parecían decirle miau.
La mirada de los niños reflejaba maullidos.
Cuando se acercaba, sus amigos maullaban sin cesar.
Todos los lugares y las circunstancias proferían miaus lacinantes.
De noche no soñaba más que miaus.
De día, cada sonido, pensamiento o acto de su vida se transformaba en miau.
El mismo se había convertido en un maullido...
Su estado no hacía más que empeorar. La obsesión le perseguía, le torturaba sin tregua ni descanso. No pudiendo acabar con los maullidos, fue al temploa pedir consejo a un viejo maestro Zen.
-Por favor, te lo suplico, ayúdame, libérame.
El Maestro le respondió:
-Eres un guerrero, ¿cómo has podido caer tan bajo? Si no puedes vencer por ti mismo los miaus, mereces la muerte. No tienes otra solución que hacerte el haraquiri. Aquí y ahora. -Y añadió-: Sin embargo, soy monje y tengo piedad de ti. Cuando comiences a abrirte el vientre, te cortaré la cabeza con mi sable para abreviar tus sufrimientos.
El samurai accedió y, a pesar de su miedo a la muerte, se preparó para la ceremonia. Cuando todo estuvo dispuesto, se sentó sobre sus rodillas, tomó su puñal con ambas manos y lo orientó hacia el vientre. Detrás de él, de pie, el Maestro blandía su sable.
-Ha llegado el momento -le dijo-, empieza.
Lentamente, el samurai apoyó la punta del cuchillo sobre su abdomen. Entonces, el maestro le preguntó:
-¿Oyes ahora los maullidos?
-Oh, no, ¡Ahora no!
-Entonces, si han desaparecido, no es necesario que mueras.
En realidad, todos somos muy parecidos a ese samurai. Ansiosos y atormentados, miedosos y quejicas, la menor cosa nos espanta. Los problemas que nos preocupan no tienen la importancia que les otorgamos. Son parecidos al miau de la historia.
Ante la muerte, ¿qué cosa hay que importe?