Ese no soy yo


Me estoy acordando ahora, que cuando tenía unos 10 años de edad el fútbol me interesaba y me llamaba la atención lo "mayores" que eran todos los jugadores de fútbol. Eran personas muy mayores y los veía a mucha distancia desde mi juventud. A medida que ha ido pasando el tiempo, esa impresión ha cambiado y hoy veo a los jugadores actuales "superjóvenes", y me pregunto si antes eran así también. Lo que si es verdad es que ni soy el de ayer ni tampoco seré el de mañana, entonces quién soy en realidad. Hace veinte años veía el mundo desde un punto totalmente diferente al de hoy, gracias a dios. Pero ayer también era otra cosa por lo que descubro que solamente puedo decir quien soy en este momento en el que escribo esto, pero no puedo saber nada más. Y aunque esto es muy evidente, no parece serlo cuando a veces digo que soy o quiero parecerme a ese que no soy pero quiero ser. El caso es que aún veo las fotos de antiguos futbolistas y creo que ahora nos cuidamos mejor por fuera. ¿Y por dentro?

Galileo, mensajero de las estrellas.


Miércoles, 22 de junio de 1633. Galileo acaba de revestirse con el sayón blanco de los penitentes. Los cardenales le ordenan: "¡De rodillas!". Galileo se adelanta arrodillado y pronuncia esas palabras que le queman:" Yo, Galileo, hijo del difunto Vincenzo Galileo, de Florencia, de setenta años de edad, dado que este Santo Oficio me había dado jurídicamente la orden de abandonar la falsa opinión según la cual el Sol está en el centro del universo e inmóvil y que la Tierra no está en el centro del mundo y que se mueve, con el corazón sincero y con no fingida fe, abjuro, maldigo y reniego de los mencionados errores y herejías. Yo Galileo, abjuro como he dicho y lo firmo con mi puño y letra." Galileo acaba de abjurar de lo que sabe que es la verdad: que la Tierra gira en torno al Sol. Este es un humilde homenaje a un Genio de la todos los tiempos

Este también soy yo


Estos dias resulta inevitable identificarse con una estructura social y transpersonal, aunque uno se resista a ello. La estructura es perceptible desde los cinco sentidos y uno se deja atrapar por ella y por unos momentos uno siente la pertenecia a un colectivo. Es como cuando las tortugas marinas esperan a que aparezca una corriente para poderse trasladar en el espacio. Uno se diluye en dicha estructura y cede su individualidad, durante esos momentos, para ser solamente un grupo. No entiendo de futbol pero el trabajo en grupo bajo el lema de "somos un equipo", triunfa sobre aquel grupo en el que uno no se siente identificado con el todo.

Vivir estos instantes forman parte del ahora y desde mi circunstancia espacio-temporal en la que ahora existo, es un momento propicio para sumergirme y explorar en mi, estas sensaciones que quizá vuelvan a tardar en presentarse.

¡A POR ELLOS!