Nueva etapa


Acabamos el curso.
Comienza el verano.
En otoño comenzamos a caminar, dejando caer unas semillas por el sendero, a ver qué pasaba.
En primavera nos saludaron sus flores, tímidas, hermosas y frescas.
Y seguimos transitando, paso a paso...en el cielo el sol dorando la cosecha.
Tiempo de asomarse por si hay frutos. Y si son sabrosos, sonreír, regocijarse y soltar.
Tiempo de relajar el compás y abandonarse al sosiego de vivir.
Tiempo de cerrar los ojos, sintiendo, confiando y dejándonos llevar por la mágica cadencia del universo en su caminar.

¿Ves, oyes o necesitas tocar?


¿Has visto alguna vez crecer un lirio blanco

antes de que unas rudas manos lo tocaran?

¿Has dejado tus huellas cuando cae la nieve,

antes de que el suelo la manchara?

¿Has sentido la piel del castor,

o el plumón de un cisne, alguna vez?

¿Has olido los brotes del roble

o el nardo en el fuego?

¿Has probado el tesoro de la abeja?

Oh, que blanca, que suave,

Oh, que dulce.


Ben Johnson (1572-1637)

El desarrollo psíquico

Observando desde el refugio de Los Montes, en el que estuvimos, el desarrollo de los pinares que alli hay desplegados, llama la atención la disposición que han adoptado.
"La semilla de un Pino contiene en forma latente todo el futuro árbol; pero cada semilla cae, en determinado tiempo, en un sitio particular en el que hay cierta cantidad de factores especiales como son la calidad del suelo y las piedras, la inclinación del suelo y su exposición al sol y al viento. La totalidad latente del pino que hay en la semilla reacciona ante esas circunstancias evitando las piedras e inclinándose hacia el sol, resultando que así se determina el crecimiento del árbol. De ese modo cada pino va llegando lentamente a la existencia, constituyendo la plenitud de su totalidad y emerge en el reino de la realidad. Nuestra actitud debe ser como la del pino: no se incomoda cuando su crecimiento lo estorba una piedra, ni hace planes sobre cómo vencer los obstáculos. Trata meramente de tantear si tiene que crecer más hacia la izquierda o hacia la derecha, hacia el declive o debe alejarse de él."


El hombre y sus símbolos. Carl G. Jung

La verdadera naturaleza del pensamiento


El tiempo es pensamiento, y el pensamiento es el proceso de la memoria, la cual crea al tiempo como ayer, hoy y mañana, una cosa que usamos como medio de realización personal, como sistema de vida. El tiempo es extraordinariamente importante para nosotros, vida tras vida, una vida conduciendo a otra vida que se modifica y continúa. Por cierto, el tiempo es la verdadera naturaleza del pensamiento; el pensamiento es tiempo. Y mientras el tiempo exista como un medio para lograr algo, la mente no podrá ir mas allá de sí misma; la cualidad de ir más allá de sí misma pertenece a la mente nueva, la cual está libre del tiempo. El tiempo es un factor que interviene en el miedo. Por tiempo no entiendo el tiempo cronológico, del reloj ‑segundo, minuto, hora, día, año-, sino el tiempo como factor interno, psicológico. Ese hecho es el que da origen al miedo. El tiempo es miedo; como el tiempo es pensamiento, éste debe engendrar miedo, el tiempo crea frustración conflictos, porque la percepción inmediata del hecho, la acción de ver el hecho, es intemporal [... ].
Para comprender, pues, el miedo, uno debe estar atento al tiempo: el tiempo como distancia, espacio, «yo», tiempo que el pensamiento crea como ayer, hoy y mañana, usando la memoria de ayer para ajustarse al presente y así condicionar el futuro. Para la mayoría de nosotros, el miedo es una realidad extraordinaria; y una mente enredada en el miedo, en la complejidad del miedo, jamás puede ser libre; jamás puede comprender la totalidad del miedo sin comprender las intrincaciones del tiempo. El miedo y el tiempo marchan juntos.


Krishnamurti