Sensibilidad



Sensibilidad

En estos días de ocio veraniego, que ya acaban, he decidido  padecer del mal de la saturación informativa. Una práctica muy  habitual en la sociedad actual. Me expuse, conscientemente, a miles de inputs cargados de verdad particular, que asaetearon mi alma con la intención de implicarme en su necesidad, y así afectar mi conducta futura, para que su verdad alcanzara la máxima extensión posible de sí, en el tiempo, hasta la extinción de todas las demás.

Todos vendían su visión como imperativo de una necesidad que les llevaría a calmar su ansiedad, luchaban entusiasmados por  un mundo personal que solo albergase su necesaria verdad.  Todas las verdades eran ciertas, todas las fuentes verídicas, sin embargo existían al mismo tiempo, tantas que solo la implicación emocional de mi propia necesidad, proyectada, hacía que me interesase por una u otra.

Por eso me pregunté: ¿Qué vale más? ¿Qué es más importante?  ¿Cómo medir la urgencia de la realidad que se expresa ante mí? ¿Es más importante un león que un niño africano? Una ballena varada en una playa que miles de seres abandonados a su suerte en un mar repleto de bañistas? ¿Por qué me expreso en favor de esto o aquello? ¿Soy congruente y mantengo mi visión en todos los ámbitos de mi vida?

Y seguí contemplando  páginas, foros, y redes sociales, en las que se debatía con cierta carga de intransigencia y destructividad, sobre los comportamientos agresivos hacia los animales. Hemos firmado miles de peticiones para que se acabe con la tortura y las inapropiadas prácticas hacia nuestros hermanos menores, y al unísono contemplaba la falta de solidaridad hacia los seres humanos que yacen en cualquier rincón abandonados a su suerte, porque ningún estado abre sus puertas. Y sentí que todos desde su verdad, en lo más profundo de su necesidad actual, tenían razón, luchaban por su verdad que la enarbolaban como única y por lo tanto justa.

El amor o la sensibilidad, a veces se confunden con el sentimentalismo, que se decanta específicamente hacia una determinada cuestión, en detrimento de cualquier otra manifestación diferente.

La apología del amor, definiendo a este como la inclinación específica hacia un determinado ente, realizando una especie de defensa de algo en concreto, es en todos los casos una falta de sentido de su propia denominación, pues amor es totalidad, contiene a todas y cada una de las “criaturas” en su nivel existencial, aceptando su expresión como parte de su “ser”, de ahí la imposibilidad de amar discriminadamente. 

Si amo no puedo dirigir mi amor hacia nada en concreto, pues yo no soy dueño de su naturaleza. Si dirijo mi amor hacia algo, esto no será ya amor sino deseo y en este acto habré iniciado el camino hacia el odio de todo lo demás.

Ya lo dijo Gandhi  “No me gusta la palabra tolerancia, pero no encuentro otra mejor. El amor empuja a tener, hacia la fe de los demás, el mismo respeto que se tiene por la propia.”

Soy de la opinión de que lo que no es necesario, desaparece por inhalación, pues nadie se sumará a ello. Así pues  todo lo que observo como inapropiado, innecesario, no es más que la falta de misericordia hacia aquellos que aun necesitan de eso para seguir aprendiendo.

La solidaridad que emerge en momentos críticos, se desvanece en lo cotidiano. La sensibilidad que aflora ante una imagen emotiva, se desvanece en las relaciones más íntimas, donde a veces solo queda frialdad. Podemos movilizar el mundo para salvar a una persona, animal, o especie botánica y dejar morir a miles de seres en cualquier punto del planeta. Incluso a nuestros seres queridos, abandonados a su suerte en cualquier rincón de la casa o residencia.

El amor no discrimina, se alía con la conciencia para derramar desde una actitud cívica y respetuosa una vida ejemplarizante que ponga de manifiesto la posibilidad de vivir en paz con todos los seres en cualquier circunstancia.

Amar es lo único que puedo hacer para que la ignorancia desaparezca del planeta, todo lo demás reforzará el estado que combato.


Amando disuelvo el tiempo

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