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Muerte






Soltar, fluir, es abandonar la idea que tienes sobre ti; es disolver tu memoria humana, el inventado mundo que sostienes cada día; para renacer al otro lado del Ser, en esa no vida que el cuerpo teme y el alma goza, libre de todo lo que no es amor.

Ama y conocerás el verdadero sentido de la muerte 




Seguimos adelante…

Tantos nombres, tantas fechas, edades; siempre cambiante, siempre yo, a veces ni yo mismo, siempre Él, mi verdadero yo.

Ese no yo que verdaderamente Es, y a mí me preña y nazco y muero y renazco y me disuelvo, siempre cambiante, me renuevo, vivo y muero, muero en lo vivo y vivo en lo muerto, de ahí nazco y vuelta empezar.

Cuan largo el camino?  Qué camino? Sinuoso, angosto, empinado, favorable, divertido, inspirador, destructivo, siempre instructivo. Aprendizaje. Descubrí como el poeta, que no hay camino, ni siquiera en la mar.

Aprendí a bucear, gran aprendizaje, y vuelta al principio, al yo, que no soy yo, pero que siempre está en mí. Como diría Agustín de Hipona: Él es más yo que yo mismo. Él está en mí aunque yo no esté en Él.

Y así por vericuetos mentales, inventos entretenidos, he pasado varias décadas dedicadas a vivir, a veces buscando lo que no se puede encontrar, otras amando sin esperar, siempre unido a la vida, siempre con el corazón abierto, un vicio como otro cualquiera.

Hoy me permito volver a mí, con apellidos sin equipaje, con patria sin anclaje, sin amores  posesivos.

Desmemoriado, atrevido. Sin principio ni fin, hoy, ahora, en el infinito de todo tiempo, en ese momento eterno donde los querubines cantan entre bocinas de autos, sobre el disparo y la metralla, en el corazón del ángel caído, en tu nostalgia, en mi pérdida, en nuestra efímera llama, en ese colapso eterno que permite que tú, manifiestes tu alma.  Ahí reside la calma.  

Para compartir estados que nos liberen del tiempo, con la consciencia para saborear el mundo, que nos saque del ahogo cautivo, por desprecio, por amargura de otro tiempo, por demanda del pensamiento, por codicia, miedo, y todo lo que nos aleja del verdadero y único sentiente. Pues solo al Amar disuelves lo viejo.

Un nuevo espacio para amar y no perder el tiempo

Luis Jiménez

Más allá de las terapias naturales, o la evolución de la consciencia







La expansión de las terapias naturales ha sido tan extraordinaria que ya nadie se asombra de que las enfermedades puedan ser tratadas con plantas, energía, imanes, etc. Sin embargo esta propuesta tan “natural” no es del todo evolutiva, ya que el enfoque paradigmático de aplicación de los remedios, por  muy naturales que sean, mantiene la mirada sanitaria que reduce al síntoma a un malestar que hay que eliminar sin tener en cuenta el sentido profundo de su existencia, como parte integrada de una totalidad representada por el ser humano que lo siente.

La medicina natural, que tan de moda está últimamente, tan sólo ha cambiado sus productos para eliminar la enfermedad, pero mantiene la misma idea sobre ella que la medicina alopática. Adentrarse en un paradigma evolutivo es algo más que cambiar remedios sintéticos por naturales. Imponer las manos para que desaparezca un dolor de cabeza, recomendar una infusión de plantas para relajar la tensión, ajustar una cadera osteopáticamente, o elaborar un remedio floral personalizado para disipar el miedo, es fruto de un comportamiento “médico” o sintomático, ya que no se está teniendo en cuenta el síntoma como parte del proceso evolutivo del paciente.

Desde el  paradigma evolutivo, los síntomas, no son entidades aisladas que hay que extirpar, son los símbolos que en la superficie consciente de la persona, transmiten información con un propósito trascendente. Encierran en su naturaleza un sentido profundo y necesario para compensar y mantener con garantías el buen funcionamiento del sistema psíquico en su totalidad. Actuar sobre los síntomas sin tener en cuenta su vínculo inconsciente con una alteración profunda de la psique, provocará en el sistema, la necesidad de compensar su inestabilidad, nuevamente, a través de otra manifestación “patológica”.

Llegados a este punto, es imprescindible preguntarnos sobre la naturaleza del síntoma, su sentido existencial y para ello deberíamos introducir algunos conceptos propios de la mirada evolutiva, que integra en un todo tanto lo psíquico como lo físico.

Si lo psíquico y lo físico son una y la misma cosa, como aseveraba Jung, ambas como representaciones simbólicas deben ser el territorio existencial de una entidad “única” de la que ambas parten; esta entidad para el paradigma evolutivo es el Alma.

De esta forma el alma, como estado de plenitud y consciente de sí, queda determinada en el espacio tiempo como sujeto autoconsciente,  que dispone de un territorio, que es a la vez psíquico y físico para reconocerse como alma en el tiempo y conocer su estado evolutivo en función de las representaciones simbólicas que ella misma expresa progresivamente en el territorio psicofísico, que sigue siendo la misma entidad.

El estado psicofísico que emerge a la conciencia, como prueba de la evolución del alma, en su  desarrollo natural de acuerdo al plan establecido por ella misma, es la Paz. Este sentimiento, inherente a la naturaleza humana, es termómetro del desarrollo evolutivo del alma, y es el que debe aparecer al atender al síntoma como la manifestación física de una detención en el proceso de aprendizaje. Al transformar, “lo patológico”, en información simbólica, e integrar la negativa a seguir el proceso natural de desarrollo, se elevará la consciencia de la persona a través del reconocimiento de una nueva enseñanza existencial, disolviendo un patrón de comportamiento adherido a una creencia, que se mantenía ligada a la idea de identidad, que el sujeto sostenía en el tiempo, al margen de su condición evolucionada, en la conciencia libre de su alma.  

El alma dispone, en potencia, de todas las virtudes necesarias para gestionar en el tiempo las “supuestas” adversidades que la vida le pondrá delante como parte del aprendizaje y desarrollo de su propia autoconsciencia. Las cualidades y habilidades que se necesitan para seguir adelante en la vida están ligadas a la vida misma y emergen a la consciencia en el acto de abrirse camino a través de ella. El síntoma físico o psíquico, que en el ámbito sanitario denominamos enfermedad, como símbolo, en el camino evolutivo del alma, es el recurso del que ésta dispone para favorecer la detención de la actitud desviada y llamar la atención sobre otras áreas de la vida que no estaban siendo atendidas por la rutinaria forma de vivir, que se había instalado en la conciencia yoica.

De ahí que tratar la enfermedad como si esta fuera un inconveniente para la vida del paciente, en lugar de introspectar para descubrir lo que el paciente nos está diciendo a través de ella, no es más que la reproducción de un paradigma caduco y abortar la posibilidad de instaurar, en el ámbito de la salud, una mirada evolutiva y consciente que nos ayude a vivir en Paz de acuerdo a los dictados del Alma.

Cada persona es una entidad completa, única y sabedora de su propia vía de expresión. Tanto la enfermedad como entidad y el síntoma como particularidad son puertas que permiten entender un poco más a la persona y su necesidad evolutiva en su nueva etapa de desarrollo. La Terapiafloral Evolutiva favorece el autoconocimiento de la persona, a través de su forma de ser integral, estableciendo como vía de autodesarrollo, la traducción de cualquier síntoma que aleje al paciente de la Paz y transformando este en consciencia de sí, al resignificar los comportamientos que ya no son coincidentes con la nueva etapa evolutiva que vive.  

Porque lo verdaderamente importante es el desarrollo de la consciencia y el síntoma es una oportunidad que nos permite reconsiderar nuestra existencia. Si el síntoma no se integra en la totalidad Alma, como una expresión coherente de la misma, seguiremos comportándonos como siempre por mucha naturaleza que introduzcamos en la salud.


Luis Jiménez   

Escuela de Pensamiento




Favorecida por la creencia de que lo que vemos es la consecuencia de la realidad existente,  la inercia refuerza la continuidad de una actitud que desea el cambio del mundo; sin reparar en que el mundo es la interpretación de lo que mantenemos en nuestro interior como creencia. Si el mundo es justo, injusto, bello, malvado, ecológico, tóxico… no es, sino la consecuencia de las interpretaciones vivenciales de quienes, desde su personalidad, dicen conocer al mundo como una identidad separada de ellos.

Aparte de que el mundo también soy yo; “yo”, como una parte del mundo, participo de la idea transformadora de que defino al mundo desde mi visión. Tantos mundos como almas en evolución, tantos credos como yoes necesitados de amor. 

La idea de que lo que veo es lo que existe, lleva a las mentes a la copia incesante de una realidad inventada, que se transmite de padres a hijos y se hace fuerte por la colaboración diaria de todos los que participamos en ella. 

Esa supuesta realidad es la que estudia la ciencia autorizada, la que se mantiene a través de la transmisión de esa visión del mundo, que nació de una interpretación mental específica en un momento dado de la evolución de la humanidad, y que se ha instaurado como verdad. 

Con esta visión, en su momento, las universidades perdieron su objetivo de inicio: la formación del Ser, el desarrollo del arte de vivir, y la esencia de la búsqueda de la verdad a través de la contemplación y el gobierno de los caracteres; para convertirse en educadoras de servicios y proveedoras de “salidas” profesionales, trasladando ideas “limitadas” de acuerdo a los “ismos” imperantes en cada legislatura del poder. 

El modelo educativo actual, está tan extendido, aceptado y avalado en la propuesta de las verdades absolutas y las adecuaciones formativas para cumplir con la necesidad inventada de adquirir un puesto de trabajo y de tener una forma de ganarse la vida, que se ha perdido de vista la necesidad de enseñar a vivir. En nuestro mundo inventado,  se ha diluido el legítimo espíritu formativo, el sentido real de la enseñanza académica, despreciando tanto las necesidades expresivas humanas, como el desarrollo de las habilidades espirituales que permitirían a la consciencia mantener un vínculo sinérgico con el mundo y las conciencias de todos los seres que en él habitan. 

Tanto ha calado esta pseudo verdad, que incluso en los ámbitos “alternativos”, donde se habla de cambio de paradigma y de desarrollo de la consciencia, se repiten los modelos escolásticos que centran la atención en la formación, y salida profesional, más que en la liberación de la mente del individuo.

Nos encontramos en un momento creativo que no pretende confrontar ni abolir, sino  expresar y consagrar espacios de orden renaciente, que fomenten la diversidad generadora y exploradora de las mentes libres que se inician en el mundo para comprender el verdadero sentido de la existencia. Estamos frente a la oportunidad de recuperar las Escuelas de Pensamiento, como espacios favorecedores del autoconocimiento y de la evolución, en los que se expresen, en lo colectivo, las nuevas evidencias nacidas de la propia entidad global a través de sus unidades particulares, que se muestran en el mundo como personas. 

Estas Escuelas han existido en todos los tiempos, a veces veladas por temor al descrédito o a la aniquilación; les inspiraba el amor a la verdad, al ser humano, a la Naturaleza y al Cosmos, que en realidad, desde su cosmovisión, eran una misma entidad. Desde que en el año 529 d. C. el emperador Justiniano cerrara la Academia (y el resto de escuelas filosóficas atenienses), prohibiendo la enseñanza de la filosofía, hasta nuestros días, se han sucedido muchos episodios de renacimientos y oscuridad en el ámbito docente. Cada cambio político en el gobierno lleva implícita una renovación vinculada a la interpretación del modelo del mundo que quieren transmitir en las aulas, para que más tarde la visión del mundo tenga visos de universalidad y así conquistar las mentes e inventar una realidad que no se sostiene, porque está acabando con el campo de pruebas de nuestra interpretación, el Planeta Tierra.

La Escuela Andalusí, nuestra Escuela de Pensamiento, abre sus puertas a la exploración del sí mismo, del self, tanto en el humano como en el cosmos, tanto en el mundo, como en la psique; buscando que el alumno encuentre la verdadera naturaleza mutable del Universo, en el único lugar en el que lo puede hacer, en su interior, reconociendo como perfectas todas las formas de emanación del Todo que coexisten en él.

Más allá de los centros formativos al uso, hoy, más que nunca, necesitamos Escuelas de Pensamiento que recuperen la figura del hombre y la mujer justos, que fomenten el libre pensamiento y con ello, la felicidad.

 Luis Jiménez

Un fractal de Dios




“Somos todos un fractal de Dios, pues somos la réplica exacta de una totalidad en una parcialidad.
Si observamos la vida vamos a comprender la naturaleza de Dios a través de las manifestaciones de muchos.  
Crezco en plenitud y muero en soberbia al permitir que se desarrolle la consciencia, al hacerlo, permito que Dios viva en mi.”

Luis Jiménez

Sobre la personalidad y el alma



Sobre la personalidad y el alma:

“Para seguir los dictados del alma, la personalidad tiene que estar en silencio de los intereses particulares del momento.
En el despertar, la personalidad vive un proceso de desapego y desidentificación de lo conocido, viviendo múltiples muertes. A partir de ahí comienza a vivir momentos de brillantez.
El alma no quiere cambiar nada, quiere explorar y saber como es que todo se ajusta.”

Luis Jiménez

La disolución de los códigos terrestres



“Hemos de tender a la disolución de los códigos terrestres que poseen una fuerza hipnótica sobre nuestra personalidad; se trata de códigos telúricos, viscerales, bioquímicos, que nos llevan a la interpretación, decodificación y justificación de quienes están ahí atrapados para que se sigan perpetuando (los códigos) por siempre.
Hablamos de un marco colapsado por las fuerzas materiales. Aquellos que están identificados con los códigos, limitan su realidad a ellos mismos. El iniciado no interfiere y permite el libre flujo de la información que ahí se encuentran. Morir a los códigos, a las trampas de los intereses mundanos, es un paso imprescindible para renacer a la consciencia.”

Luis Jiménez

Textos de Eduardo Grecco



Os dejo el enlace para poder leer los textos de Eduardo Grecco.
Unos textos escritos por él, anticipándose a lo que nos va a contar en el curso que va a ofrecer los próximos días 14 y 15 de mayo, en la Escuela Andalusí.

http://www.escuelandalusi.es/textos-de-eduardo-grecco/

Ama, no pierdas el tiempo.


Sentido de la vida



“Se dice que todo cuanto ansiamos es encontrarle un sentido a la vida. No creo que sea eso lo que realmente buscamos. Creo que lo que buscamos es experimentar el hecho de estar con vida, de modo que nuestras experiencias vitales en el plano puramente físico tengan resonancias dentro de nuestro ser y realidad más internos, y así sentir realmente el éxtasis de estar vivos.”
Joseph Campbell

Diálogos místicos, Jacob Böehme




Discípulo: ¿Cómo puedo oírle hablar cuando detengo mis pensamientos y mi voluntad?

Maestro: Cuando detengas el pensamiento de ti mismo, y la voluntad de ti mismo; "cuando tanto tu intelecto como tu voluntad estén en calma, y pasivos frente a las impresiones de la Palabra y del Espíritu Eternos; y cuando tu alma vuele por encima de lo temporal, de los sentidos externos, y tu imaginación sea aprisionada por la abstracción santa", entonces la escucha, la visión y el habla eternas se revelarán dentro de ti. Entonces Dios escucha "y ve a través de ti”, pues eres ahora un órgano de su espíritu. Y Dios habla entonces de ti, y susurra a tu espíritu y tu espíritu escucha su voz. Bendito seas por tanto si puedes detener tus pensamientos y tu voluntad, y puedes detener la rueda de tu imaginación y de tus sentidos; pues gracias a esto podrás finalmente llegar a ver la gran salvación de Dios, habiéndote vuelto capaz de toda clase de sensaciones divinas y comunicaciones celestiales. Pues no son sino tu propia escucha y tu propia voluntad quienes obstaculizan, de modo que te impiden ver y oír a Dios.”

Böehme Jacob, Diálogos místicos

Caos




El caos encarna en sí la posibilidad de un orden inmanente que surgirá en la coagulación de la materia. La voluntad es el primer requisito del orden, y requiere de la fuerza (arcano 8); la fuerza que dirige, que gobierna de una forma pacífica al reconocer su naturaleza. Recordar la naturaleza espiritual ordena el caos.
Luis Jiménez

Apuntes sobre Los 4 Elementos




Haremos en primera instancia una síntesis de aquellos resquicios de sabiduría que se manifestaron en diferentes épocas, rindiendo con ello respeto y tributo a quienes dejaron el legado, para vincular de forma certera la “Gran Obra” de Bach a su verdadera fuente; entretejeremos un entramado de símbolos, ligados mediante invisibles lazos sin lugar ni tiempo, que no hace más que reafirmar lo que reza en la Tradición:

Todo lo que existe nace de los 4 elementos; que los denominados Fuegos, Aguas, Tierras y Aires no son en Sí mismos más que burdas proyecciones de nuestra limitada psique a las que podemos acceder a través de los sentidos, pues la verdadera esencia de estos 4 elementos se oculta en la dimensión del espíritu, allá donde sólo pueden acceder aquellos que como Ezequiel han entregado su vida para servir a los hombres. 

Todos conocemos desde pequeños la denominación y la manifestación física de los 4 elementos: Fuego, Aire, Tierra y Agua; sin embargo, para la conciencia evolucionada, estos poseen un elevado trasfondo simbólico que representa la función que cada uno de ellos desempeña a un nivel más sutil que la simple realidad dual. Partiendo de las primeras referencias bíblicas, nos encontramos con la descripción de Ezequiel narrada en el Antiguo Testamento: la “Visión del Carro Divino” (1:4-28), donde describe “la presencia de un viento huracanado que venía del norte y una gran nube con un Fuego fulgurante”, en medio del cual distingue cuatro seres vivientes con rostros de hombre, león, toro y águila; este cuaternario es también aludido por San Juan en el Apocalipsis (4-7): “El primer viviente, como un león; el segundo viviente, como un novillo; el tercer viviente tiene un rostro como de hombre; el cuarto viviente es como un águila en vuelo.” Entonces no es casualidad que antes, mucho tiempo atrás, en Mesopotamia, el gran guardián de la ciudad de Khorsabad fuera la colosal estatua de un toro alado con cara de hombre y cola de león, o que en el antiguo Egipto se edificara la Gran Esfinge, mudo testigo del devenir de la humanidad, serena figura que para el estudioso de las ciencias herméticas encarna en su apariencia el origen de todo lo manifestado.

La Esfinge puede parecer al ordinario transeúnte un error estético, una composición mal ensamblada; pero ahí, en sus formas entremezcladas, es que desde el simbolismo hermético se manifiesta la Unidad de las cuatro columnas implícitas en todo lo que existe, los 4 elementos constitutivos del microcosmos y del macrocosmos: el Agua en las alas de águila, la Tierra en las patas de toro, el Aire en la cabeza del hombre y el Fuego en las patas de león; y esta conjunción en esta fusión alegórica hace simbolizar el Todo al que nada ni nadie escapa, esa Unidad perenne a la que todos pertenecemos. La Esfinge es el símbolo del universo entero y, al mismo tiempo, del más pequeño componente subatómico.

En la semántica de esta fusión de elementos encontramos los orígenes del tetramorfo, representación que muchos siglos después, tanto de la edificación de la Esfinge como de la visión de Ezequiel, aparece en la iconografía de una inmensa cantidad de templos cristianos, reproduciendo los rostros descritos por el profeta en las escrituras, es decir, a los 4 elementos, ubicando al centro al “Pantocrátor”, elemento unificador que seguramente refiere a la fuerza del Todopoderoso; esta imagen que se reproduce también en el arcano XXI del tarot “El mundo”, con la diferencia que al centro encontramos la figura de una mujer en apariencia, pues los sabios mantienen que la banda que oculta su sexo vela un gran secreto.

Aprovechando el lazo que hemos tendido entre el antiguo Egipto y la cosmología cristiana, resulta pertinente reflexionar sobre lo que nos dice María Maya:

La gran esfinge de Gizeh, hoy semisepultada por la arena, estaba labrada en la roca viva. La civilización del Antiguo Egipto —mucho más sabia que la nuestra— quiso dejar a la posteridad este símbolo del largo y azaroso camino del discipulado. A comienzos de la era cristiana, esta simbología se repite en los cuatro evangelistas, discípulos de Cristo: San Lucas, el paciente y perseverante toro cuyo evangelio enfatiza el trabajo de Cristo en la Tierra; San Marcos, el león dedicado a los aspectos de la muerte y transfiguración de Cristo; San Mateo, el aguador tras la verdad, el conocimiento, la acción y la forma perfectas, y San Juan, el águila simbolizando la inspiración y la fuerza emocional. (Maya, 2007)

A partir de esta reflexión podemos comenzar a desvelar los símbolos que corresponden a cada uno de los elementos: San Lucas y el toro representan a la Tierra, elemento que se mantiene impávido o “paciente” ante el acontecer del mundo; San Marcos y el león son el Fuego, fuerza primigenia y transformadora que revela a su paso la esencia escondida tras cualquier armadura; San Mateo y la cabeza de un hombre simbolizan el Aire, elemento sutil que se mueve en el invisible mundo del pensamiento y las ideas; por último, San Juan y el águila se identifican con el Agua, emotiva y adaptable.

No debe resultarnos entonces extraño que al verter su interpretación de los hechos de la vida de Cristo cada uno expresara la palabra sagrada en términos de su propio temperamento (entendido como una manera de interactuar con el entorno, cuestión que abordaremos posteriormente); cuatro evangelistas, sin entrar en la consideración simbólica o histórica del hecho, escriben para cuatro diferentes formas de entender al mundo: Marcos escribió para los de temperamento colérico (Fuego), Lucas para los de temperamento melancólico (Tierra), Mateo para los de temperamento sanguíneo (Aire) y Juan será mejor entendido por los de temperamento flemático (Agua).

Apenas en el siglo pasado, Rudolf Steiner, filósofo, místico y padre de la Antroposofía, dice en un ciclo de conferencias sobre los Evangelios dictadas en Berlín en 1909:

…La fuerza que pulsa en las venas del mundo, la fuerza que desarrolla el poder mediante el cual todo puede realizarse —la potencia creadora que palpita en el mundo y que ha sido siempre representada simbólicamente con un león— es aquel poder que llegó a la Tierra por intermedio de Jesucristo… tal se nos aparece en el Evangelio de San Marcos….

El león, el Fuego, es una vez más descrito como la fuerza originaria que todo lo acciona y dinamiza. 

…Si hemos de buscar un ejemplo para ilustrar la situación o actitud del Alma producida por el estudio del Evangelio de San Lucas, diremos que se asemeja en alguna forma al caso descrito en los mitos de Mitra, referentes a la conducción del animal sacrificado al ara de los sacrificios. Frente al toro… 

Encontramos en este comentario nuevamente referencia al toro, la Tierra.

“…Cuando estudiamos el Evangelio de San Mateo se nos presenta un cuadro de lo que Jesús fue como hombre, de la forma en que actuó como hombre…”. El pensamiento es el Aire y, sin duda, la mente es el sagrado instrumento entregado sólo al hombre para actuar en el mundo.

“…Con referencia al Evangelio de San Juan hablamos de grandes ideas que se elevan en las alturas como el vuelo del águila sobre las cabezas de los hombres…”. Podemos inferir que sobre el pensamiento suelen estar las emociones: el Agua.

Ilustramos a continuación con algunos ejemplos extraídos de los evangelios, en ellos notaremos de inmediato el tono elevado y trascendente de Marcos, descriptivo y concreto de Lucas, preciso y estructurado de Mateo y, por último, emotivo y sentido de Juan:

San Marcos FUEGO
1 PRINCIPIO del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. 2 Como está escrito en Isaías el profeta: He aquí yo envío á mi mensajero delante de tu faz, Que apareje tu camino delante de ti. 3 Voz del que clama en el desierto: Aparejad el camino del Señor; Enderezad sus veredas. 4 Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo del arrepentimiento para remisión de pecados. 5 Y salía á él toda la provincia de Judea, y los de Jerusalem; y eran todos, bautizados por él en el río de Jordán, confesando sus pecados. 6 Y Juan andaba vestido de pelos de camello, y con un cinto de cuero alrededor de sus lomos; y comía langostas y miel silvestre. 7 Y predicaba, diciendo: Viene tras mí el que es más poderoso que yo, al cual no soy digno de desatar encorvado la correa de sus zapatos. 8 Yo á la verdad os he bautizado con Agua; mas él os bautizará con Espíritu Santo. 


San Lucas TIERRA
1 HABIENDO muchos tentado á poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas, 2 Como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron por sus ojos, y fueron ministros de la palabra; 3 Me ha parecido también á mí, después de haber entendido todas las cosas desde el principio con diligencia, escribírtelas por orden, oh muy buen Teófilo, 4 Para que conozcas la verdad de las cosas en las cuales has sido enseñado.

San Mateo AIRE
1 LIBRO de la generación de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham. 
2 Abraham engendró á Isaac: é Isaac engendró á Jacob: y Jacob engendró á Judas y á sus hermanos: 3 Y Judas engendró de Thamar á Phares y á Zara: y Phares engendró á Esrom: y Esrom engendró á Aram: 4 Y Aram engendró á Aminadab: y Aminadab engendró á Naassón: y Naassón engendró á Salmón: 5 Y Salmón engendró de Rachâb á Booz, y Booz engendró de Ruth á Obed y Obed engendró á Jessé: 6 Y Jessé engendró al rey David: y el rey David engendró á Salomón de la que fué mujer de Urías: 7 Y Salomón engendró á Roboam: y Roboam engendró á Abía: y Abía engendró á Asa: 8 Y Asa engendró á Josaphat: y Josaphat engendró á Joram: y Joram engendró á Ozías: 9 Y Ozías engendró á Joatam: y Joatam engendró á Achâz: y Achâz engendró á Ezechîas: 10 Y Ezechîas engendró á Manasés: y Manasés engendró á Amón: y Amón engendró á Josías: 11 Y Josías engendró á Jechônías y á sus hermanos, en la transmigración de Babilonia. 12 Y después de la transmigración de Babilonia, Jechônías engendró á Salathiel: y Salathiel engendró á Zorobabel: 13 Y Zorobabel engendró á Abiud: y Abiud engendró á Eliachîm: y Eliachîm engendró á Azor: 14 Y Azor engendró á Sadoc: y Sadoc engendró á Achîm: y Achîm engendró á Eliud: 15 Y Eliud engendró á Eleazar: y Eleazar engendró á Mathán: y Mathán engendró á Jacob: 16 Y Jacob engendró á José, marido de María, de la cual nació Jesús, el cual es llamado el Cristo.

San Juan AGUA
1 EN el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. 2 Este era en el principio con Dios. 3 Todas las cosas por él fueron hechas; y sin él nada de lo que es hecho, fue hecho. 4 En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. 5 Y la luz en las tinieblas resplandece; mas las tinieblas no la comprendieron.




Entonces son 4 elementos a partir de los que se crea el universo y lo que en él existe; ahora bien, en el contexto de este trabajo, el punto focal es el ser humano, criatura consciente y dueña del devenir de la nueva Tierra, quien, desde una visión fractal, fue también creado a partir de la conjunción de los 4, como expresa Najmánides, sabio cabalista de Gerona, en el siguiente comentario de un versículo del Génesis:

Respecto a Adán, dijo Elohim: “Hagamos”, como diciendo: “Yo y la Tierra mencionada, haremos al hombre”, en el sentido que la Tierra hará surgir su cuerpo de los elementos, como lo ha hecho para los animales domésticos y salvajes, como está escrito: “Y el Señor Dios formó al hombre del polvo de la Tierra” (Génesis II: 7). Y Él, bendito sea le dio el soplo de la boca del Altísimo, como está escrito: “E insufló en sus narices una Alma de vida” (Génesis II: 7). Y dijo: “A nuestra imagen, como nuestra semblanza” (Génesis I: 26), ya que Adán se parece a los dos (Piruch al haTorah, 1967).

Najmánides desde su visión espiritual describe de manera simbólica la fusión elemental que se necesita para crear al arquetípico Adam primordial o Adam Kadmon, génesis de toda creación posterior. El aliento constituido por Fuego y Aire, representativo de la dimensión espiritual del ser humano, al fusionarse con la Tierra, en esa “arcilla” primordial formada por la mezcla del Agua y la Tierra, el cuerpo, hará que nazca un nuevo ser en los confines de la Creación. A partir de esta lectura simbólica podemos diferenciar, además de los elementos constitutivos de nuestra apariencia psicofísica, cuatro tendencias o funciones, como las denominaría Jung, y que más tarde estudiaremos, para interpretar el mundo: la Tierra vinculada al plano físico (cuerpo) madre de la sensación o percepción, el Aire hermanado con lo mental que favorece la reflexión, el Agua en íntima relación con la emoción favoreciendo así el sentimiento y el desarrollo afectivo, y el Fuego a un marco extrasensorial que denominamos intuición, como la capacidad no reflexiva que permite al ser moverse sin restricciones.

Los 4 elementos como podemos advertir están tan vinculados al desarrollo de la vida en la Tierra que sería absurdo que un iniciado como Bach no los tuviera en cuenta para elaborar sus 4 Ayudantes. Pasando a otros aspectos abordados por la Tradición respecto de los 4 elementos, el hermetismo los considera “Los pilares de la Tierra, los puntos cardinales, ejes para todas las direcciones”. Los puntos cardinales son las referencias que organizan y dan coherencia al espacio, definen el lugar exacto en el que la vida se está manifestando, a pesar de que el espacio no sea del todo material, incorpora también su fragmentación en cuatro. Al respecto, hemos de comentar que los templos occidentales, así como cualquier construcción consciente, se orienta para su edificación y armonización con el entorno, con relación a los elementos, de la siguiente forma: la Tierra al norte, el Fuego al sur, el Agua al oeste y el Aire al este. En todos los casos, el altar mayor, que como sabemos es el lugar donde se dirige el culto, se sitúa al este, cuna del sol naciente, punto sobre el cual se posa la mirada cuando se va a verificar una ceremonia de carácter ritual; esta práctica se remonta incluso a la ancestral Tradición Celta.

Los ciclos o segmentaciones de cuatro que estructuran cualquier mándala o Unidad circular completa, ya sea zodiacal, anual, espacial, psíquica, universal, etcétera, nos permiten estudiar a la Totalidad de forma parcelada, conocer sus movimientos, y con ellos las emergencias que de una forma individual surgen de acuerdo con el tiempo. Cuando deseamos profundizar en los elementos y extraer la evidencia que nos muestra la Naturaleza a partir del estudio y del trabajo consciente en su movimiento cíclico, podemos auxiliarnos de las correspondencias en cada área con la que la mente humana ha parcelado la vida, por ejemplo, en los puntos cardinales o en las estaciones del año (primavera-Aire, verano-Fuego, otoño-Tierra, invierno-Agua), obteniendo así resultados en la psique, cuerpo y Alma que se verán sincronizados a la perfección según el gran plan, sin olvidar que cualquiera de las manifestaciones que la mente califica o clasifica como diferente no es más que la misma raíz elemental en diversos ámbitos de la conciencia del ser.

Para favorecer el entendimiento y la integración de la información más allá del intelecto, la Tradición asocia a los 4 elementos con una representación geométrica que a continuación ilustramos: el Fuego, un triángulo hacia arriba; el Agua, un triángulo hacia abajo; el Aire, un triángulo igual al del Fuego con una línea que cruza cerca de su vértice superior; y la Tierra, un triángulo hacia abajo (como el Agua) con una línea que cruza su vértice inferior, como lo señala Papus en su libro “Iniciación Astrológica” (Papus: 1990).

A partir de esta vinculación de los 4 elementos con la figura sagrada del triángulo, podemos ver que cuando los elementos se encuentran en perfecto equilibrio, forman la estrella de David, o el hexagrama salomónico, un triángulo hacia arriba y un triángulo hacia abajo, la cual representa el justo balance del “Fuego y el Agua” del que ha de nacer todo iniciado. De esta conjunción (la estrella de seis aristas) surge el símbolo de la masonería que utiliza para su construcción la escuadra y el compás que sirven para el levantamiento del Templo Interior en el que existe la posibilidad latente de transformación para cada ser humano, el laboratorio en el que logre trascender el mundo dual, para fundir su carne con el espíritu. En esta catedral el hombre tiene la opción de descubrirse como parte del Todo a través de la mezcla de las cuatro “raíces” de acuerdo con el “Plan Original”; mezcla que delimita la creativa manifestación de la vida en el planeta, configurando una vasta multiplicidad de formas que favorecen el aprendizaje de las conciencias que penetran en el universo terrestre. Todo lo creado o manifestado corresponde a la fusión de la Tierra, el Fuego, el Aire y el Agua.

Como expresamos anteriormente, el verdadero origen de los 4 elementos se encuentra en una dimensión que nada tiene que ver con aquella a la que tenemos acceso a través de los cinco sentidos. El verdadero origen de estas raíces primordiales se encuentra mucho más allá de la tercera dimensión, en la que no podemos más que percibir una burda manifestación de lo que realmente son estos principios. Si aludimos a su representación iconográfica, encontramos que se trata de cuatro seres vivos: el león, el toro, el hombre y el águila, los cuales poseen miembros inferiores con la suficiente fuerza y peso con relación a su masa corporal, que les permite mantenerse en contacto con el mundo terrenal, transitar en él sin importar lo escarpado o accesible que sea el camino; además, sus miembros, en conjunción con la fuerza magnética emanada del centro de la Tierra, les dan la oportunidad de explorar y experimentar el mundo de la materia: los 4 elementos se manifiestan en la dimensión física. Pero si permitimos que el anhelo del buscador desvele la verdadera imagen, nos damos cuenta que el león es alado como aquel que desde lo alto flanquea el puerto de Venecia; el toro que reposa del lado inferior derecho del arcano XXI del tarot, “El mundo”, tiene también alas; el hombre es muchas veces representado con la figura de un ángel, ser que a través del vuelo acude a interceder por los humanos; por último, el águila por antonomasia posee estructuras emplumadas que, como a los otros tres, le permiten elevarse para observar al mundo terrenal desde donde lo hace el espíritu, desde lo alto, Todo es Uno. Los 4 elementos nacen y se manifiestan en la dimensión que denominamos espiritual con todo el vigor que esto implica.



Nuevos titulos editoriales




Ya es tradicional que la Escuela Andalusí, cada 9 de diciembre, añada a su colección editorial una nueva obra, este año, la edición se ha extendido y presentamos dos nuevos títulos:

“Apuntes, Historia y Filosofía Hermética” de Alicia Carrasco, editado por la Escuela, y
“Humanidad y Flores de Bach” de Luis Jiménez, que ha vuelto a ser editado, en esta ocasión por Sincronía Encuentros Ediciones.

Los lectores de Luis Jiménez se sentirán satisfechos de recuperar una obra como ésta, descatalogada desde hace años, y que significó el comienzo de una propuesta evolutiva que ahora se muestra en todo su esplendor, después de 15 años. Es este un libro experiencial, que relata, como punto de esclarecimiento en el proceso evolutivo de la consciencia, diversas experiencias vividas por el autor. Una obra imprescindible para comprender más profundamente la propuesta evolutiva de la Terapia Floral. Una obra recomendable para todos aquellos, terapeutas o no, que quieran internarse en el apasionante viaje del Alma humana.

Alicia Carrasco, colaboradora de la Escuela Andalusí, ha sido la responsable de la programación de las Jornadas Hermético Alquímicas de la Escuela Andalusí y ponente, en sus dos años de edición, colaboradora en los Cursos de Verano de la Escuela Andalusí, Impartió la asignatura de filosofía hermética en el curso de primero y fue conferenciante en la presentación que tuvo lugar en la Universidad de Málaga junto a Álvaro Remiro y Luis Jiménez.

El libro “Apuntes, Historia y Filosofía Hermética” sintetiza de forma amena y con todo rigor, el traspaso del conocimiento hermético desde Egipto hasta la Europa Renacentista. Es esta una obra imprescindible para comprender en profundidad muchas de las propuestas que se utilizan en las artes herméticas y por extensión en el corpus de la Escuela Andalusí. Un nuevo aporte que se suma a la biblioteca de la Escuela Andalusí.

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Campos de información lumínica, el “ALMA” de las cosas




Cualquier  ser vivo, animado o  no, está constituido por diversas estructuras pisco-físicas-energéticas, campos de información que estructuran la materia y la determinan en relación con cristalizaciones energéticas, que coagulan la información y la hacen evidente en el ámbito físico.

Lo que vemos en nuestro mundo físico es la materialización de un tipo de fuerza que se mantiene pura en una "dimensión" más sutil que la física.

Aportaciones como las del biólogo Rupert Sheldrake, las del físico David Boom, así como los descubrimientos de la física cuántica devuelven la vigencia y la cordura a muchos desahuciados filósofos y místicos que hablaban de la transmisión de la información a través del "Agua Viva".
La información reside en el mundo arquetípico de Jung o del cielo empíreo de Platón que se cristaliza o coagula en lo físico, a través de formas específicas de acuerdo con una malla sensible, energética, que estructura la información dándoles una apariencia, en nuestro caso como vegetales.

Cada planta es la coagulación de un tipo de información,  de una fuerza como dirían los alquimistas; una fuerza en particular está presente de manera sobresaliente en cada uno de los vegetales; se trata de trasvasar esa información que da vida a la planta a un vehículo que la mantenga activa, "viva"; ese vehículo es el Agua, más concretamente el Rocío o el Agua viva de un manantial.
Para tener todas las cualidades de la planta, no es necesario utilizar ninguna parte específica de ella, sino la información que no reside en ninguna partícula, sino en el campo que la dota de vida, y permite la existencia en la dimensión física.

Los remedios elaborados de esta manera serán los que devuelvan a la persona a su nivel de Ser, y serán elegidos según el estancamiento de la información, sales infectas en Alquimia, que impide la libre circulación o realimentación del Microcosmos con el Macrocosmos y con ello la evolución. Cualquier sustancia ajena a este principio, como los fármacos, sería solamente un activador físico que no contendría la quintaesencia del vegetal: su Alma.



Texto extraído del libro "Terapiafloral Evolutiva. La vía iniciática de Edward Bach", por Luis Jiménez.

Codicia, miedo, guerra...



Aquí de nuevo, hoy quería mostrar mi periplo americano, pero las circunstancias me mueven hacia otra necesidad : 

Parece que fue ayer , cuando los voceros de la ignorancia y el miedo , gritaban sin conciencia : !!! Guerra, Guerra!!!. Como la palabra mágica que desempolvaría su mediocridad y les dotaría de la única posibilidad de ser alguien en el caos, único lugar conocido desde su guerra interior ,consigo mismo . 

De eso en Europa, no hace tanto, en el mundo, es a diario, parece que la memoria se esfuma cuando la impaciencia y el odio se alían con la codicia y el miedo. 

De nuevo tambores de guerra retumban en las casas de los bala de cañón, como tú y como yo. 

Los que vocean, no mandaran a sus hijos al desastre, los que claman venganza te utilizarán a ti como colchón , mientas ellos reconstruyen su imperio reorganizado tras la masacre, para vivir aún mejor, sobre los despojos de la rabia que ellos sembraron y tu pagaste, por lacayo, con tu propia sangre. 

Hoy más que nunca debemos pensar, reflexionar y entender que todo este drama tiene un director, que los malos y los buenos son actores y que la cabeza pensante que los mueve seguirá intacta cuando nos hayamos aniquilado entre nosotros .

Párate, calla, piensa, ama y deja de llevarte al matadero y haz algo para cambiar al director oculto que te mueve .


Roberto decía : cada vez venían más hijos de perra buscando la guerra , sembrando locura, la provocación de la gran miseria...

Hoy más que nunca, amo y no pierdo el tiempo.

Sensibilidad



Sensibilidad

En estos días de ocio veraniego, que ya acaban, he decidido  padecer del mal de la saturación informativa. Una práctica muy  habitual en la sociedad actual. Me expuse, conscientemente, a miles de inputs cargados de verdad particular, que asaetearon mi alma con la intención de implicarme en su necesidad, y así afectar mi conducta futura, para que su verdad alcanzara la máxima extensión posible de sí, en el tiempo, hasta la extinción de todas las demás.

Todos vendían su visión como imperativo de una necesidad que les llevaría a calmar su ansiedad, luchaban entusiasmados por  un mundo personal que solo albergase su necesaria verdad.  Todas las verdades eran ciertas, todas las fuentes verídicas, sin embargo existían al mismo tiempo, tantas que solo la implicación emocional de mi propia necesidad, proyectada, hacía que me interesase por una u otra.

Por eso me pregunté: ¿Qué vale más? ¿Qué es más importante?  ¿Cómo medir la urgencia de la realidad que se expresa ante mí? ¿Es más importante un león que un niño africano? Una ballena varada en una playa que miles de seres abandonados a su suerte en un mar repleto de bañistas? ¿Por qué me expreso en favor de esto o aquello? ¿Soy congruente y mantengo mi visión en todos los ámbitos de mi vida?

Y seguí contemplando  páginas, foros, y redes sociales, en las que se debatía con cierta carga de intransigencia y destructividad, sobre los comportamientos agresivos hacia los animales. Hemos firmado miles de peticiones para que se acabe con la tortura y las inapropiadas prácticas hacia nuestros hermanos menores, y al unísono contemplaba la falta de solidaridad hacia los seres humanos que yacen en cualquier rincón abandonados a su suerte, porque ningún estado abre sus puertas. Y sentí que todos desde su verdad, en lo más profundo de su necesidad actual, tenían razón, luchaban por su verdad que la enarbolaban como única y por lo tanto justa.

El amor o la sensibilidad, a veces se confunden con el sentimentalismo, que se decanta específicamente hacia una determinada cuestión, en detrimento de cualquier otra manifestación diferente.

La apología del amor, definiendo a este como la inclinación específica hacia un determinado ente, realizando una especie de defensa de algo en concreto, es en todos los casos una falta de sentido de su propia denominación, pues amor es totalidad, contiene a todas y cada una de las “criaturas” en su nivel existencial, aceptando su expresión como parte de su “ser”, de ahí la imposibilidad de amar discriminadamente. 

Si amo no puedo dirigir mi amor hacia nada en concreto, pues yo no soy dueño de su naturaleza. Si dirijo mi amor hacia algo, esto no será ya amor sino deseo y en este acto habré iniciado el camino hacia el odio de todo lo demás.

Ya lo dijo Gandhi  “No me gusta la palabra tolerancia, pero no encuentro otra mejor. El amor empuja a tener, hacia la fe de los demás, el mismo respeto que se tiene por la propia.”

Soy de la opinión de que lo que no es necesario, desaparece por inhalación, pues nadie se sumará a ello. Así pues  todo lo que observo como inapropiado, innecesario, no es más que la falta de misericordia hacia aquellos que aun necesitan de eso para seguir aprendiendo.

La solidaridad que emerge en momentos críticos, se desvanece en lo cotidiano. La sensibilidad que aflora ante una imagen emotiva, se desvanece en las relaciones más íntimas, donde a veces solo queda frialdad. Podemos movilizar el mundo para salvar a una persona, animal, o especie botánica y dejar morir a miles de seres en cualquier punto del planeta. Incluso a nuestros seres queridos, abandonados a su suerte en cualquier rincón de la casa o residencia.

El amor no discrimina, se alía con la conciencia para derramar desde una actitud cívica y respetuosa una vida ejemplarizante que ponga de manifiesto la posibilidad de vivir en paz con todos los seres en cualquier circunstancia.

Amar es lo único que puedo hacer para que la ignorancia desaparezca del planeta, todo lo demás reforzará el estado que combato.


Amando disuelvo el tiempo

Sin distorsión



Sin distorsión


Y ahí seguimos…
Provocando ilusiones que se desvanecen en la noche, en las primeras bocanadas de desaliento, de desencanto, cuando la realidad disuelve el universo inventado.

Otra vez en el pozo, hondo y oscuro, negro, de sí mismo, por tanta pompa y boato sostenidos por el miedo, al no ser lo imaginado.

Que lejos estamos de nosotros mismos, que invento tan bien orquestado: ¡Cómete el mundo!, ¡Más, más, más, no te contentes con nada!, ¡La felicidad es fruto del nuevo logro!, ¡La paz es una propuesta para débiles y  necios!, ¡La vida es para los fuertes! ¡Sin ilusión, sin pasión, no se puede vivir!

Y claro al no explorar estos conceptos y dejarnos llevar por la apariencia, cargada de testosterona y otras magníficas muestras de orgullo predador, hemos confundido ilusión y pasión con histeria, así que el entusiasmo impulsivo, la felicidad efímera y la pasión compensatoria del tedio, de la otra cara del yo, se han convertido en la seña de identidad de nuestra sociedad que vende a espuertas, bebidas estimulantes drogas y todo tipo de productos “cañón” para contarnos el cuento de que la felicidad es sinónimo de saltos de batracios o de canguros, de carcajadas alocadas y sin sentido, o de extravagancias exhibicionistas para colgar en Facebook, o en cualquier otra red social.  Que disfrutar sereno y sentir la vida excelsa en cada gesto de nuestra cotidianidad es tedio, que pasear sin más, desarrollar una actividad profesional común, o protagonizar una escena doméstica, sin estimulantes, es algo tedioso que hay que desterrar de nuestra existencia.   


¿Cómo vivir sin ilusión, pregunta irritado el necio que vive en mí inventando mundos?
¿Cómo soportar la densidad de la realidad sin euforia, insiste asustado?

Sin delirios de grandeza, sin ansias predadoras que consuman el poco oxígeno que aún queda en las neuronas. Sosegado comiendo, bebiendo, durmiendo, viviendo…  en Paz, ahora, sintiendo, con lo que tienes, con lo que eres, ahora… amando, sin tiempo.

Pero, pareciera que la ilusión es el pasaporte del tiempo, esa invención  que nos saca de lo que ahora no sabemos disfrutar, para imaginar un momento  que nos autorice a activar el gozo.
Si las emociones como dice William Glasser, son elecciones, ¿por qué  elegimos hacer gozo en una situación inventada en lugar de disfrutar de lo que somos, lo que tenemos y vivir un poco más cerca de la paz en cada momento?

Esto es una quimera para el que ambiciona el mundo. Un delirio para el imaginero que trasnocha recreando fantasías  en su lienzo mental. Y por ello el tedio, abatimiento, la depresión y tantas otras manifestaciones despectivas que hemos creado, en esta nueva sociedad de la “fantasía ilusionada por el mañana inexistente” aparecen por no saber integrar en nuestra vida el destino de nuestra necesidad vital. El ahora que en sí tiene todo lo necesario para vivir desde la alegría, si aceptamos que es eso lo que somos y ahí reside la felicidad.

Somos seres que exploran una realidad, la nuestra y que se han dejado llevar por los cantos de sirena, por los delirios de grandeza de un “yo” insaciable, que devora y devora, pues no tiene fin. Su satisfacción mora en la nueva empresa, pues su velocidad es tan desestabilizadora que no puede saborear la sensación de paz que emana de lo alcanzado, y mucho menos contemplar el producto de su realización, porque su naturaleza se alimenta de la conquista, de la adrenalina que le activa la condición de campeón, de luchador, de guerrero. Obtusa visión de una invención insostenible, que está destruyendo la armonía de nuestra  Tierra.
 
¿Cómo vivir una vida, desde la Vida, sin distorsión?

Solo date cuenta de la maravilla que se ha desarrollado en ti, hazte consciente de que te estás sintiendo, contemplando, percibiendo y lo más maravilloso, si quieres, amando. Esto es algo que puedes realizar en cualquier momento del presente, Ahora por ejemplo, da igual en que esté inmerso tu ambición, tu yo, da igual porque la alegría no reside en el tiempo, y solo tienes que sacar tu atención del futuro o del pasado para que emerja con intensidad lo que eres, y así sentir la “paz”, que te permitirá percibir la vida desde otro lugar, mas amable, compasiva y alegre.

Agradece, todo el tiempo, por lo que eres, por el amor que puedes sostener, por la existencia, la luz…

Ama y deja de inventar ilusiones, crea y eleva a la cualidad de arte tu existencia con lo que ahora tienes, busca la necesidad en lo colectivo y aplica tu cualidad con amor, eso es todo, así se desvanecen las ilusiones que más tarde se convertirán  en la noche de tu ambición.

Ama no pierdas el tiempo, pues solo al Amar disuelves lo viejo.





Luis Jiménez

La entrada en el laberinto



La entrada en el laberinto
           
            Ya estás aquí, has caminado mucho. En ti se encuentra la información necesaria para alcanzar tu destino. Descubres las normas y objetivos creados por otros –quizás hayas sido tú mismo el creador de éstos– que ahora determinan los movimientos que de acuerdo a las leyes de los hombres que debes seguir. Pero en ti existe la certeza de tu verdadera naturaleza, velada por la información que ahora recibes para convertirte en «humano». Antes de llegar aquí debiste aprender las normas básicas de la supervivencia para mantenerte en la forma que permitía tu existencia.

            Cada vez más sofisticadas, cada vez más inclusivas con el grupo, desarrollando con maestría las funciones psíquicas, conociste las leyes de la naturaleza, y sin conciencia de los mecanismos que las animaban, las acatabas, participabas de ellas con naturalidad y permanecías conectado a la fuente de toda vida, para expresar, en cada momento, lo más adecuado para el ecosistema en el que te desenvolvías. El cuerpo, la emoción y la mente, fueron robusteciéndose y haciéndose cada vez más presentes a través de formas aptas que permitían tu expresión por estos mecanismos para comprender la vida, tu ser.

            Ahora, en el reino humano, posees los elementos necesarios para hacer consciente lo que has experimentado mecánicamente: lo físico del reino mineral; lo emocional del vegetal; lo mental del animal; para desarrollar ahora lo transpersonal correspondiente a esta nueva etapa de tu desarrollo hacia la «fuente».

            Al entrar en el reino humano, en «el laberinto», posees las herramientas pero no la destreza para utilizarlas de acuerdo a tus verdaderas necesidades. El laberinto está lleno de puertas, cada una te lleva a un lugar. Tú eliges, la naturaleza te trajo hasta aquí y ahora tú decides cómo moverte, incluso si quieres detenerte. Para ello deberás reconocer quien eres, más allá de la idea que tienes de ti. Piensas pero no eres mente, sientes pero no eres cuerpo, quieres pero no eres emoción, te mueves pero no eres acción, sin embargo necesitas de todo ello para saber de ti,  he ahí la paradoja. No eres eso pero estás construido con ello, y así  sabes de ti, por lo que debes conocer perfectamente como funcionas para descubrir qué hay más allá.

Toda decisión tendrá su expresión posterior y acontecerán sucesos que permitirán, en todo momento, la expansión de la conciencia hacia el descubrimiento de tu verdadera naturaleza. Saber el tiempo que lleva cada ser en el reino humano es algo complicado para mí, pero según sus necesidades actuales, puedo percibir la habilidad que ha desarrollado en el proceso de su existencia y esto me indica el grado de percepción de sí mismo que ha alcanzado.

            Al entrar en el laberinto debemos revestirnos con los ropajes propios del cuarto reino de la naturaleza y estaremos sujetos a las reglas de juego que rigen en él. Tendremos que desarrollar y manejar con habilidad las distintas calidades energéticas que hemos compartido con otros seres en los anteriores reinos en los que hemos vivido hasta comprender sus mecanismos y ponerlos al servicio de nuestra verdadera realidad interior, para que así nos acerquen cada vez más a nuestro destino final, «la vida».  
     
Los ropajes para la primera escena:

            Ahora estás solo, tutelado por las atentas miradas de aquellos que conocen y potencian el desarrollo de la humanidad, pero solo. Hasta este momento, cumbre de la expresión de la vida en la Tierra, pertenecías a grupos, compartías la experiencia con la raza animal o especie vegetal o mineral de la que formabas parte, te nutrías como grupo y compartías tus experiencias con él y en él.
            Ahora comienza tu camino individual. Encarnas por primera vez en el reino humano y lo que en otras edades era mecánico ahora deberá ser consciente. Tienes un cuerpo que te capacita para percibir lo físico, las sensaciones en tu cuerpo, la emoción que te hará percibir los matices sentimentales que te muevan en las relaciones con otros seres y la mente que hará inteligible los procesos que percibes y te capacitará para comprender las reglas del juego. Pero eres mucho más, éstos sólo son los ropajes para poderte mover por el nuevo escenario, antesala de la emancipación de la conciencia.
           
            Desde este instante en el que ya formas parte del reino humano deberás desarrollar hasta la perfección las habilidades que existen en este plano de la manifestación para finalmente ponerlas al servicio del nuevo grupo al que ahora perteneces. Después de que hayas reconocido las reglas del juego y no seas presa inconsciente de ellas, advertirás el verdadero sentido de tu vida, de la vida en este planeta y participarás activamente para acercarte conscientemente a ella.

            Muchas edades presa inconsciente de las normas, de tus intereses individuales basados en los contenidos básicos de las estructuras tipológicas  que dan forma a la existencia, de la necesidad de la experimentación y de los errores por ignorancia, te llevarán posteriormente a preguntarte por otros caminos que conducen a la sabiduría existente en la vida que te anima.

El bautizo:

            Fluir, buscar el origen, descubrir por ti mismo quién eres y cómo has llegado a ser lo que dices ser. Separarte sin miedo de todo lo que reconoces como «yo». Sumergirte en las cristalinas aguas de tu propio ser, que espera desde el origen el abrazo, el reconocimiento, el reencuentro.

            Seguramente para que esto sea una realidad y se plantee conscientemente, para que sea, deben transcurrir muchas edades, experiencias, grandes identificaciones y la ignorancia completa, incluso el rechazo pleno del motor transpersonal que ha animado desde el principio a la totalidad de cada ser.

             Sin embargo, en este estadío, el ser ansía la libertad, la paz por encima de todo y percibe que esto sólo llega vaciándose de todo lo que no es él. Busca la transformación en la transparencia para que la vida fluya a través de él sin obstáculos. Sin normas, sin credos, sin dioses creados por los hombres fruto de la ignorancia y el miedo. Miedo que nosotros mismos hemos acuñado y revestido con mil ropajes sutiles para justificar acciones, adoptar posturas, alimentar ambiciones que una y otra vez nos llevaban al desencanto, al descalabro y a la depresión. Punto de partida para una nueva andadura que iría fortaleciendo o ablandando –según se mire– el núcleo que un día se plantearía la pregunta ¿quién soy yo?

            Mira de frente este cuestionamiento sin que se altere tu ser, permanece sereno contemplando los aspectos de tu psique que prefieren otros temas, que desean hacer otras cosas. Siente la incomodidad interna que pretende desviar una vez más la atención hacia otro lugar que no requiera esfuerzo. Permanece, contempla los caracteres intelectuales repletos de información que expresan una y otra vez su conocimiento, fruto del atesoramiento cauteloso de la memoria, madre del pasado.

            En calma, en paz, con la certeza del que sabe en su interior. Poco a poco se ahogan las palabras, las sensaciones y las emociones se tornan inaudibles y en ti surge un aroma, algo que sin ser conocido, conoces. Se inflama, te envuelve, todo tú desapareces sin desaparecer. Ya no estás pero es cuando estás realmente.

            Llegar hasta aquí es el punto de partida para comenzar la obra. Tienes el temple, el coraje de mirar y mantener la mirada, de sentir y permanecer abierto para descubrir. Vives, sientes desde otra perspectiva que transforma. Se introduce un elemento muy valioso para todo buscador, un centro al que volver, un punto de referencia. Puedes emprender, realizar, crear en cualquier área de la vida y todas ellas son espacios de perfeccionamiento donde adquirir la destreza necesaria para seguir avanzando en la búsqueda interior. Verdadera realidad de tu vida, de la vida.

Extracto de mi libro "Humanidad y flores de Bach", que será reeditado en septiembre.

Luis Jiménez