La sacerdotisa del mar






"Soy ese mar sordo, infinito y amargo.
Todas las mareas son mías, y me contestan.
Mareas de los vientos, mareas de tierra adentro,
Secretas y silenciosas mareas de la muerte y la vida.
Mareas de las almas de los hombres, los sueños y el
destino Isis Velada, y Ea, Binah, Ge"

Isis Velada, yo sabía, era Nuestra Señora de la Naturaleza, como Isis sin velo es la Isis Celestial.

Ea era el alma del espacio y origen del Tiempo, más antigua que los Titanes.

Binah, la Oscura y Estéril Madre de Todo era el Gran Mar de donde la vida emanó, el principio femenino y la primera Madre.

Y Ge en persona era la tierra magnética que es como un aura para nuestro globo y en la cual las mareas que los Orientales llaman las Tattvas se mueven…

Dion Fortune. La sacerdotisa del mar.

Sentido de la vida



“Se dice que todo cuanto ansiamos es encontrarle un sentido a la vida. No creo que sea eso lo que realmente buscamos. Creo que lo que buscamos es experimentar el hecho de estar con vida, de modo que nuestras experiencias vitales en el plano puramente físico tengan resonancias dentro de nuestro ser y realidad más internos, y así sentir realmente el éxtasis de estar vivos.”
Joseph Campbell

Diálogos místicos, Jacob Böehme




Discípulo: ¿Cómo puedo oírle hablar cuando detengo mis pensamientos y mi voluntad?

Maestro: Cuando detengas el pensamiento de ti mismo, y la voluntad de ti mismo; "cuando tanto tu intelecto como tu voluntad estén en calma, y pasivos frente a las impresiones de la Palabra y del Espíritu Eternos; y cuando tu alma vuele por encima de lo temporal, de los sentidos externos, y tu imaginación sea aprisionada por la abstracción santa", entonces la escucha, la visión y el habla eternas se revelarán dentro de ti. Entonces Dios escucha "y ve a través de ti”, pues eres ahora un órgano de su espíritu. Y Dios habla entonces de ti, y susurra a tu espíritu y tu espíritu escucha su voz. Bendito seas por tanto si puedes detener tus pensamientos y tu voluntad, y puedes detener la rueda de tu imaginación y de tus sentidos; pues gracias a esto podrás finalmente llegar a ver la gran salvación de Dios, habiéndote vuelto capaz de toda clase de sensaciones divinas y comunicaciones celestiales. Pues no son sino tu propia escucha y tu propia voluntad quienes obstaculizan, de modo que te impiden ver y oír a Dios.”

Böehme Jacob, Diálogos místicos

Aurea Catena





“El espíritu motor, obrando sin cesar en el seno de cada elemento, excita un movimiento continuo que produce calor, y este calor hace salir vapores, poco más o menos como los que se exhalan de todos los cuerpos por la transpiración. Esos vapores o emanaciones se llaman ordinariamente influencias, cuando vienen de lo alto, y exhalaciones, cuando vienen de lo bajo.


Son esas emanaciones del cielo, del aire, del agua y de la tierra que, como otras tantas simientes particulares, engendran por su reunión la simiente universal. La simiente del cielo se mezcla primero con la del aire, la simiente de la tierra con la del agua; después, de la unión de esos dos compuestos, como de la unión del macho con la hembra, nace un agua caótica regenerada para el nacimiento, conservación, destrucción y regeneración de todas las cosas; y eso hasta que plazca a Dios destruir este universo.

El cielo y el aire son el padre, el agente o la parte activa; el agua y la tierra son la madre, el paciente o la parte pasiva: de donde se ve que, aunque los cuatro elementos parezcan muy opuestos, si se compara una extremidad con la otra, y que obrando de una manera contraria no pueden jamás producir nada, no obstante, ellos operan, cuando se unen en orden, y hacen todo lo que el Creador les ha comandado hacer, sin excepción.

No se puede ir de una extremidad a la otra, sin pasar por un medio. Este axioma de los Filósofos es y será siempre verdadero, y los Artistas deben inculcárselo bien, pues hay una infinidad que yerran en esto, por falta de considerar bastante este punto esencial. 

En efecto, el cielo no podría jamás reducirse a tierra, sino por medio del agua y del aire, y la tierra no puede jamás devenir cielo, sin el agua y el aire, que son las cosas intermedias entre el cielo y la tierra. Igualmente, el cielo se reducirá muy difícilmente a agua, sin el aire; y la tierra no devendrá jamás aire sino por medio del agua.” 

Aurea Catena