Hoy




“Ama al prójimo como a ti mismo”

Hoy es uno de esos días, donde el “valor mental” es evidente, donde ese sabor  esperanzador empuja a seguir adelante más allá de mí mismo, sin miedo a perderme en la totalidad.

En este punto advierto el enjambre de afectos, que solapados a mi memoria han ido construyendo una imagen sólida del mí, que reconozco en el tiempo, gracias a todos los que mantengo atrapados en mis quereres. En este juego amoroso, Yo soy porque muchos hablan de mí, muchos dicen, qué soy, y otros muestran  su afecto. ..  ¿Pero quién soy yo cuanto todos se desvanecen? ¿Incluso los que mantengo  en mi memoria para no sentirme solo cuando no hay nadie?

Hoy es uno de esos días donde el alma, que no es nacida pero está ligada a la idea de mí, construida en los vínculos, aparece más evidente, y es entonces cuando el miedo a la soledad, comienza a desvanecerse.

Entonces percibo claramente que todos mis sufrimientos son, la consecuencia de  mi intromisión en el universo de otros, a los que he ligado a mí, para poder sentirme “yo”.

En este universo acuoso de afectos y quereres, la libertad es inviable, pues para que yo sea libre no he de poseer nada y si no poseo nada, ¿Cómo sabré que existo?  ¿Quién reparará en mí? ¿Quién constatará mi merecimiento y estima?  Paradoja emotiva que me liga a otros para saber de mí y más tarde obliga a desposeerme,  liberando al otro del cariño lastimoso que hemos provocado al vivir.

En este gran océano psíquico, de afectos interesados,  solo soy si tú me ves, si me tienes en cuenta, si me amas, si yo siento que tu detienes tu marcha para empujarme en la mía y así unos detenemos a los otros y para compensar y mostrar nuestro amor, otros detienen a unos y seguimos varados, diremos que por “amor” hasta la eternidad.

Hoy es uno de esos días que no me importa dejar atrás, patrias, reinos y amores efímeros de soledad futura, pues todo ello, como un adhesivo mental, que ha permanecido ligado a mi consciencia, no es más que un añadido temporal que ahora se deshace hacia la nada, para volver a sentirme libre y complacido, al advertir tanto amor en un solo acto de vida, que incluye a todos los seres, en su lugar y conciencia.  Y así permanezco, contemplando, amando, sintiendo y liberándome en el acto de devolver la libertad a todos y todas las almas que en cualquier momento de mi vida haya poseído, para sentir el amor que no había podido reparar en mí, al pensar que eso era un acto externo que debía de ganar.

Soy libre y amo, pues no pierdo el tiempo en provocar tu amor. Soy, existo, y solo puedo amar. Puerta de  entrada  a los abismos insondables del amor consciente, donde comenzar a amar al prójimo.
Ama no pierdas el tiempo.


Luis Jiménez

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