El Arte de Vivir


“¿Será posible que nuestra gran eficacia para vivir en los más diversos ambientes, se vea eclipsada y a la postre anulada ante la incapacidad de vivir los unos con los otros?”    Maturana y Varela

Según pareciera, en la sociedad de estos últimos siglos, la clave para el éxito se ha basado en el crecimiento continuo como símbolo del progreso, una realidad sostenida por la creencia de que es natural e inevitable, según lo demuestra el comportamiento de las especies. Tanto los programas educativos como los modelos empresariales y financieros se basan en la libre competencia y en la supervivencia del más fuerte, quien debe de expandirse continuamente como síntoma de su éxito. La misma premisa ha ido calando en la propuesta de desarrollo interior, y por ello, en estas lides se busca el crecimiento como indicativo de progreso, en un claro paralelismo del modelo perceptivo de la realidad que he descrito. Esta tendencia ha reforzado los comportamientos de orden similar a los del paradigma del que “supuestamente” queremos salir, fomentando el aislamiento y la competencia entre los que proclaman el “Amor universal”, triste paradoja de la que se aprovecha el sistema imperante para hacernos creer que estamos fuera de él, mientras seguimos reforzándolo.

La educación, en todos los sentidos, incluida la espiritual, se ha basado en preparar a unos pocos, los más aptos, para que alcancen la cúspide del sistema y se unan a la élite de personalidades que destacan por su individualidad y poder. Pertenecer a esa minoría es un acicate para el crecimiento perpetuo que está llevando al Planeta Tierra a la devastación.

Esta visión sesgada y chata de la vida, fruto, entre otras, de la  teoría “científica” de Adam Smith, quien  estableció que  el egoísmo individual es el motor de las relaciones y los comportamientos humanos; resulta ser la consecuencia de un momento evolutivo de la humanidad donde la mirada “ambiciosa” era la única posibilidad que existía para trascender el miedo a la diversidad, e instaurar la hegemonía de la adaptación del más apto, como mirada “diabólica” y separatista que congeló la evolución sujetándola al terror como único paso hacia el Espíritu.

La interpretación, ya trascendida, pero mantenida por intereses egoístas, de la teoría darwiniana de supervivencia del más apto o fuerte (concepto y mirada interpretativa ligada a la ignorancia de nuestra naturaleza holística), ha simplificado la realidad al centrar su cosmovisión sólo en las interacciones negativas, como la depredación, la competencia, el parasitismo, la explotación etc.. Sin embargo la cooperación para el beneficio mutuo, es una de las señas de identidad de la Naturaleza, y también es muy importante en la selección natural; pero, esta propuesta no es popular y la propaganda interesada mantiene como única opción evolutiva la hegemonía del más fuerte, del individuo Alfa. “la ley de la selva” para justificar las barbaries que se realizan a diario desde las zonas “alfa” del mundo mercantilizado, huérfano de Alma.

Aun siendo un hecho el modo en el que la Naturaleza expresa la cooperación como una vía importante en la selección natural (como ha apuntado el filósofo de las ciencias Mauricio Abdalla), y que favorece el desarrollo sostenible y beneficioso para las partes implicadas y para el todo como entidad, en este caso la Tierra; está tan arraigado el modelo parasitario, predador o de competencia en las mentes humanas, que los mismos individuos que sufrimos su devastadora presencia, lo mantenemos a través de los actos cotidianos en nuestro diario vivir. En este sentido Abdalla se pregunta ¿Será Darwin para el siglo XXI lo que Newton para el siglo XX?

Carceleros de nosotros mismos
Nuestro comportamiento cotidiano es una clara réplica del modelo restrictivo y autoritario que nos mantiene cautivos de la competencia, la rivalidad o la confrontación ideológica, todos ellos claros exponentes de una lucha desprovista de humanidad. Esta conducta se mantiene incluso por aquellos que nos identificamos con el cambio de paradigma y enarbolamos las banderas de la inclusión y la fraternidad como expresión natural de la Vida en la Tierra.

Así que algo habrá que hacer.

Los cambios de paradigmas no se logran a través de la mención dialéctica, de los discursos “redondos” o de las disertaciones y publicaciones eruditas y reaccionarias; sino, a través de una coherente puesta en acción en nuestro entorno cotidiano. Una vida vivida desde la tolerancia, la compasión, la generosidad, la voluntad al bien, la alegría, el valor, la piedad, el optimismo, la paz, la sensibilidad, la determinación o la fidelidad vocacional, es la puerta para integrar en lo cotidiano lo que tanto anhelamos y hablamos y pensamos, sin llevar al acto.

La fijación en el éter, en el inconsciente colectivo, de una nueva expresión no parasitaria o predadora, será la consecuencia de la continua vivencia humana de esta modalidad de la Naturaleza que ha de ser inscrita en el consciente a través de nuestra vivencia ordinaria. Hablar de la Unidad, del cosmos como entidad Una y despreciar al vecino o intentar ganar en los negocios a costa de la pérdida o la bancarrota de otro, no tiene nada que ver con la visión holística y generadora de riqueza que propone la visión cooperativa de la unidad en la Tierra.

La Fraternidad como expresión global de unificación y reconocimiento de la dignidad humana como Alma en cualquier ámbito, ya sea político, financiero, educativo, o de salud y la actuación dentro de esa tendencia social desde la visión sistémica y compasiva, introducirá lo nuevo como expresión natural de la consciencia que ya ha alcanzado el estado óptimo para manifestarse en el tiempo. Ya lo decía Juan el evangelista: "Quien dice estar en la luz y aborrece a su hermano, está en las tinieblas". (1Jn, 2, 10).

Una vida desde lo incluyente, lo sistémico, desde la ciencia del Amor
La evolución es la vocación de la vida, todo cambia excepto el cambio, lo único estable en el universo, padre de lo que denominamos evolución. Sin embargo, la evolución puede llegar a través del Amor o del miedo. Pareciera que la humanidad ha elegido hasta ahora, como modelo imperante para seguir los dictados de la Vida, la evolución por el miedo, que engendra dolor y sufrimiento, favoreciendo la competencia y la lucha entre las partes que constituimos el sistema. En apariencia, existe un interés por mantener esta tendencia y seguir ahogando las conciencias de la mayoría, por medio de la implantación de una modalidad de la Naturaleza ,que no es en sí real y que se mantiene gracias al hipnotismo miedoso de los mismos integrantes del sistema que sufren sus consecuencias. La imposición de modelos inadecuados para una vida respetuosa y cooperativa entre los integrantes de la humanidad, ha fraccionado las relaciones introduciendo la idea partidista de vencedor y vencido como eje evaluativo de la concepción del mundo.

Sin embargo, el cambio es posible sin dolor y sin que ninguna de las partes implicadas en él sufra por ello. El cambio desde el Amor es inclusivo, permite la percepción de los sistemas como aglutinantes y vinculados a una extensa red que todo lo abarca y lo nutre; pero la visión que se nos ha transmitido de la vida y que nos han mostrado hasta ahora, está basada en el miedo: Miedo a la pobreza, al hambre, a la miseria, a la estupidez… Todo ello desde una perspectiva sesgada por la idea de que sólo pueden y deben sobrevivir los más aptos, fuertes o inteligentes; y claro está, esta  cualidad es inherente a aquellos que ya están situados en los lugares proclives para el desarrollo de acuerdo con esta interpretación de la vida, el resto, no tiene lugar en esta farsa, y, por supuesto, ninguno de nosotros quiere ser el “resto”.

Amor-Miedo, esa es toda la verdad y la diferencia en la manera de evolucionar; el miedo engendra dolor, el Amor sabiduría; abriéndonos al Amor, la evolución es fluida, amable y próspera, si nos negamos a amar, la evolución se trastorna y a partir del miedo, se convierte en dolor, ese es el verdadero libre albedrío, desde éste no existe la negativa a evolucionar, sino que se elige la forma de hacerlo.

El tan deseado y poco apoyado cambio de paradigma
Estamos inmersos en un trascendente cambio que se reconoce como “El cambio de paradigma” que no es en sí un cambio espiritual, como algunos pretenden, pues la transformación realmente espiritual, modificara a la idea de “mundo” que conocemos y esto lleva implícita la transformación de los modelos de vida que excluyen o explotan a cualquier ser humano en cualquier confín de la Tierra. La salud ya no será ausencia de síntomas sino plenitud de Alma, la economía no se basará en el poder financiero sino en la capacidad creativa de la población, la educación no será ya el caldo de cultivo de la mano de obra barata, sino la escuela del Alma y la política dejará de ser un seguro de vida, para convertirse en la expresión de servicio de los que quieren transformar el mundo.

“O cambiamos o morimos, esa es la alternativa. (…)
En momentos de crisis  total necesitamos consultar la fuente originaria de todo, la Naturaleza. ¿Qué es lo que ella nos enseña? 
Ella nos enseña -(…)- que la ley básica del universo no es la competencia que divide y excluye, sino la cooperación que suma e incluye."  Leonardo Boff

Esta visión que ahora cobra sentido científico ya la transmitían los filósofos de la Naturaleza, desde la visión integradora del Unus Mundus, la conciencia de la  Naturaleza en el humano.

El cambio empieza por uno mismo al no participar con mis ideas, economía, y comportamiento a reforzar un sistema que odia a la humanidad y se vanagloria de sus propios logros devastadores en la Naturaleza, que somos todos. La idea sustentada de que sólo los aptos, los preparados, con recursos, o iniciados, pueden acceder al conocimiento, está lejos de la propuesta amorosa de transformar el mundo en la única morada de la Humanidad.

Como participar activamente en el cambio de Paradigma:
Lo primero es asumir la responsabilidad personal de ser y actuar de acuerdo a uno mismo y aceptar ciertas propuestas que favorecen el desarrollo evolutivo de la consciencia.

1.         La Alegría, y la Paz son  estados naturales del Alma, que no dependen de nada externo.

2.         Lo que vivo y lo que soy son la misma cosa, si no me gusta lo que vivo, he de cambiar lo que soy.

3.         La felicidad es fruto de disolver, la queja, la crítica, la justificación y el reproche.

4.         El servicio impersonal en pro de la humanidad, elimina cualquier frustración en la vida.

5.         No existen fracasos sino experiencias.

6.         La vida es experiencia y cada resistencia favorece el desarrollo de una nueva habilidad.

7.         Todo lo aparentemente limitante esconde una intención positiva.

8.         La puerta para el cambio es el desapego y la llave el Amor.

9.         Desarrollar la virtud opuesta al defecto que me impide ser feliz es la clave para vivir desde el Alma.

10.       El sufrimiento es engendrado por la no aceptación de lo que está o ha sucedido.

11.       La resistencia es proporcional a la envergadura del proyecto, “no llenes el ojo antes que la tripa”.

12.       Ama, no pierdas el tiempo.

Para facilitar el arte de vivir describiré, de forma sintética, algunas de las acciones que favorecerán la emergencia del Amor en lo cotidiano y así participar activamente en el cambio de paradigma. Para ello quiero concluir con la siguiente reflexión: La humanidad puede dividirse en cuatro grandes tipos y cada uno de ellos ha de desapegarse de una tendencia que le es muy querida, por ser la que corresponde a ese grupo, para poder encarnar el Amor que está más allá de la pertenencia y sabor personal. Estos cuatro tipos están relacionados con los temperamentos clásicos, los cuatro elementos alquímicos y las cuatro funciones psíquicas:

1.  El Amor como fidelidad espiritual, fruto del desapego energético y el poder personal.

2.  El Amor como obediencia y aceptación de la vida, fruto del desapego al resultado material.

3.  El Amor como apertura al no tiempo, para vivir en el presente expresando nuestra innata percepción, fruto del desapego mental.

4. El Amor como libertad personal y colectiva que deshace las pertenencias dependientes,  fruto del desapego afectivo.

Pareciera a veces que existe contradicción al proponer el desarrollo como expresión máxima de la individualidad y la autogestión, y por otro lado se hable de la fusión y sistematización de las relaciones en un todo indiferenciado; sin embargo, esta paradoja se resuelve al percibir que el Amor universal es fruto del Amor personal. Cuando el evangelio propone que amemos al prójimo como a nosotros mismos, es necesario, en primera instancia, amarse a uno mismo, para poder amar con igual intensidad al prójimo. En esta nueva etapa, nace el servidor, aquél que tras haber integrado las etapas ambiciosa y egocéntrica, ahora ya es una verdadera personalidad integrada y dispuesta a servir a la humanidad, pues como diría Maturana:

"No hay contradicción por lo tanto en la conducta del individuo mientras realiza su individualidad como miembro del grupo: es altruistamente egoísta y egoístamente altruista porque su realización individual incluye su pertenencia al grupo que integra". Maturana y Varela.

Cada uno de estos cuatro caminos, sentido y propósito de la vida de todos los habitantes del planeta Tierra, pueden transitarse en compañía y deberían de ser fomentados mediante la educación de manera fraterna y humanitaria, de forma que cada uno de los cuatro tipos aceptara a los otros como complementarios y necesarios para la estabilidad del sistema y el sostenimiento del orden natural de la vida, que alcanzará la Armonía a través de la inclusión de las partes en un TODO, bello e integrado, que permita la expresión consciente del Amor, como máxima expresión de la VIDA.

Luis Jiménez.

Málaga, noviembre de 2013.

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