La fidelidad desde el amor






Es tan prolífico el aumento de ofertas docentes al respecto del mundo espiritual, que pareciera que el conocimiento en relación  de esa nueva perspectiva, es suficiente para adentrarse en este universo psíquico. Son tantos los “cursillistas” y egresados relacionados con este conocimiento, que no entiendo muy bien, porqué seguimos atorados en el mismo punto evolutivo como humanidad.

Quizás tenga que ver con que los que se dedican a estas cuestiones desprecian el universo “material”, lo ven como ajeno a su propuesta evolutiva y se mantienen al margen del sistema, aunque no paren de comportarse como miembros de pleno derecho de él.  Por eso siguen ahí los mismos que, aun con alma, no se dan cuenta de que la única manera de servir, es potenciar la expresión del espíritu, en cada una de las manifestaciones humanas.

La mayoría de las personas cursadas en las artes del espíritu, desde la intelectualidad, siguen comportándose fuera de los círculos de esta línea, como cualquier otro mortal. En lo concerniente al diálogo y a los textos “elevados” son grandes memorizadores, que repiten  citas, sin haberse parado lo suficiente como para saber si lo practican o no. Por ello internet está lleno de citas evolutivas, de palabras sacras de intenciones amorosas, pero la vida sigue siendo un lugar ajeno al alma. Y he llegado a la conclusión de que este tiempo es inventado, que no corresponde al alma, aunque ella esté presa en él.

No es lo mismo saber que ser, conocer que entender y mucho menos integrar, de ahí que pareciera que ya sabemos, pero en realidad somos muchos los que no vivimos en consecuencia. Si todos los que conocemos las propuestas del amor, viviéramos desde ahí, no haría falta ninguna revolución para recuperar la fraternidad universal como un hecho natural. Por ello solo tienes que renunciar a la razón para vivir desde el amor, algo que no se hará por más citas espirituales que conozcas.

Resignificar es volver a pensar sobre algo que se ha instaurado como verdad y que puede ser vivido desde otra posibilidad más cercana al amor que al miedo, como muestra un botón: hablemos de la fidelidad  

 Siempre oí  que el perro era muy fiel, el mejor amigo del hombre.

Más adelante acepté la idea de que la fidelidad era una de las señas de identidad de la honorabilidad y la confianza.
“Este chico es muy fiel”, puedes contar con él, “nunca te fallará”
Desde siempre la busqué por el mundo, y me la impuse como un código que me hacía creer ante mí mismo, que era mejor persona.

En las relaciones que yo definía como más auténticas, sentí que el valor destacado debería ser este, sin embargo durante toda mi vida he sentido cómo, una y otra vez, esta idea de fidelidad se desvanecía en los hechos y no encontraba forma de mantenerla, ni siquiera en mí mismo, pues desde fuera sentía muy a menudo el reproche de todos, al no ser tan “fiel” a ellos, como necesitaban que fuera.

A partir de un tiempo observé que este valor inventado por el “yo” no es más que una necesidad, una garantía de que alguien, más allá de sí  mismo, le elija a él en lugar de a si, abortando a veces experiencias que podrían ser definitivas en la vida, para mantener el vínculo que le hacía sentirse mejor persona y acompañado en el tiempo.

Ser fiel a otro, es morir a sí mismo, para nacer al otro, a su necesidad de saber, por otros, que él existe.

De ahí que la fidelidad que tanto necesitamos, que tanto proclamamos y demandamos a los demás y a nosotros mismos, no es más que el miedo a Ser y vivir de acuerdo a ello, sin la garantía de continuidad de una compañía constante.

Las alianzas fieles, son coartadas del miedo para asegurarse un destino compartido, un futuro mutilado, la certeza de que siempre habrá alguien ahí, a costa de ti mismo, de tu vida si fuese necesario, pues se ha dicho que el perro muere defendiendo al amo.

Siempre oí que el perro era fiel, pero creo que a él no le queda más remedio, porque es su naturaleza que su voluntad se someta a la voluntad del líder, el que ostenta la “seña alfa” en cualquier clan.
La fidelidad que no sea a sí mismo,  es pues un contrato, una cláusula de garantía para alejar  el miedo a la soledad.

Desde ahí, no soy fiel, pero puedes contar conmigo, siempre que mi destino y el tuyo estén coincidiendo en el infinito, pues en el amor no es necesario que nada se estabilice como patrón de seguridad para acallar el miedo que acecha a tu corazón.

Ama no pierdas el tiempo.



Luis Jiménez

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