Hoy




“Ama al prójimo como a ti mismo”

Hoy es uno de esos días, donde el “valor mental” es evidente, donde ese sabor  esperanzador empuja a seguir adelante más allá de mí mismo, sin miedo a perderme en la totalidad.

En este punto advierto el enjambre de afectos, que solapados a mi memoria han ido construyendo una imagen sólida del mí, que reconozco en el tiempo, gracias a todos los que mantengo atrapados en mis quereres. En este juego amoroso, Yo soy porque muchos hablan de mí, muchos dicen, qué soy, y otros muestran  su afecto. ..  ¿Pero quién soy yo cuanto todos se desvanecen? ¿Incluso los que mantengo  en mi memoria para no sentirme solo cuando no hay nadie?

Hoy es uno de esos días donde el alma, que no es nacida pero está ligada a la idea de mí, construida en los vínculos, aparece más evidente, y es entonces cuando el miedo a la soledad, comienza a desvanecerse.

Entonces percibo claramente que todos mis sufrimientos son, la consecuencia de  mi intromisión en el universo de otros, a los que he ligado a mí, para poder sentirme “yo”.

En este universo acuoso de afectos y quereres, la libertad es inviable, pues para que yo sea libre no he de poseer nada y si no poseo nada, ¿Cómo sabré que existo?  ¿Quién reparará en mí? ¿Quién constatará mi merecimiento y estima?  Paradoja emotiva que me liga a otros para saber de mí y más tarde obliga a desposeerme,  liberando al otro del cariño lastimoso que hemos provocado al vivir.

En este gran océano psíquico, de afectos interesados,  solo soy si tú me ves, si me tienes en cuenta, si me amas, si yo siento que tu detienes tu marcha para empujarme en la mía y así unos detenemos a los otros y para compensar y mostrar nuestro amor, otros detienen a unos y seguimos varados, diremos que por “amor” hasta la eternidad.

Hoy es uno de esos días que no me importa dejar atrás, patrias, reinos y amores efímeros de soledad futura, pues todo ello, como un adhesivo mental, que ha permanecido ligado a mi consciencia, no es más que un añadido temporal que ahora se deshace hacia la nada, para volver a sentirme libre y complacido, al advertir tanto amor en un solo acto de vida, que incluye a todos los seres, en su lugar y conciencia.  Y así permanezco, contemplando, amando, sintiendo y liberándome en el acto de devolver la libertad a todos y todas las almas que en cualquier momento de mi vida haya poseído, para sentir el amor que no había podido reparar en mí, al pensar que eso era un acto externo que debía de ganar.

Soy libre y amo, pues no pierdo el tiempo en provocar tu amor. Soy, existo, y solo puedo amar. Puerta de  entrada  a los abismos insondables del amor consciente, donde comenzar a amar al prójimo.
Ama no pierdas el tiempo.


Luis Jiménez

Más allá de las terapias naturales, o la evolución de la consciencia







La expansión de las terapias naturales ha sido tan extraordinaria que ya nadie se asombra de que las enfermedades puedan ser tratadas con plantas, energía, imanes, etc. Sin embargo esta propuesta tan “natural” no es del todo evolutiva, ya que el enfoque paradigmático de aplicación de los remedios, por  muy naturales que sean, mantiene la mirada sanitaria que reduce al síntoma a un malestar que hay que eliminar sin tener en cuenta el sentido profundo de su existencia, como parte integrada de una totalidad representada por el ser humano que lo siente.

La medicina natural, que tan de moda está últimamente, tan sólo ha cambiado sus productos para eliminar la enfermedad, pero mantiene la misma idea sobre ella que la medicina alopática. Adentrarse en un paradigma evolutivo es algo más que cambiar remedios sintéticos por naturales. Imponer las manos para que desaparezca un dolor de cabeza, recomendar una infusión de plantas para relajar la tensión, ajustar una cadera osteopáticamente, o elaborar un remedio floral personalizado para disipar el miedo, es fruto de un comportamiento “médico” o sintomático, ya que no se está teniendo en cuenta el síntoma como parte del proceso evolutivo del paciente.

Desde el  paradigma evolutivo, los síntomas, no son entidades aisladas que hay que extirpar, son los símbolos que en la superficie consciente de la persona, transmiten información con un propósito trascendente. Encierran en su naturaleza un sentido profundo y necesario para compensar y mantener con garantías el buen funcionamiento del sistema psíquico en su totalidad. Actuar sobre los síntomas sin tener en cuenta su vínculo inconsciente con una alteración profunda de la psique, provocará en el sistema, la necesidad de compensar su inestabilidad, nuevamente, a través de otra manifestación “patológica”.

Llegados a este punto, es imprescindible preguntarnos sobre la naturaleza del síntoma, su sentido existencial y para ello deberíamos introducir algunos conceptos propios de la mirada evolutiva, que integra en un todo tanto lo psíquico como lo físico.

Si lo psíquico y lo físico son una y la misma cosa, como aseveraba Jung, ambas como representaciones simbólicas deben ser el territorio existencial de una entidad “única” de la que ambas parten; esta entidad para el paradigma evolutivo es el Alma.

De esta forma el alma, como estado de plenitud y consciente de sí, queda determinada en el espacio tiempo como sujeto autoconsciente,  que dispone de un territorio, que es a la vez psíquico y físico para reconocerse como alma en el tiempo y conocer su estado evolutivo en función de las representaciones simbólicas que ella misma expresa progresivamente en el territorio psicofísico, que sigue siendo la misma entidad.

El estado psicofísico que emerge a la conciencia, como prueba de la evolución del alma, en su  desarrollo natural de acuerdo al plan establecido por ella misma, es la Paz. Este sentimiento, inherente a la naturaleza humana, es termómetro del desarrollo evolutivo del alma, y es el que debe aparecer al atender al síntoma como la manifestación física de una detención en el proceso de aprendizaje. Al transformar, “lo patológico”, en información simbólica, e integrar la negativa a seguir el proceso natural de desarrollo, se elevará la consciencia de la persona a través del reconocimiento de una nueva enseñanza existencial, disolviendo un patrón de comportamiento adherido a una creencia, que se mantenía ligada a la idea de identidad, que el sujeto sostenía en el tiempo, al margen de su condición evolucionada, en la conciencia libre de su alma.  

El alma dispone, en potencia, de todas las virtudes necesarias para gestionar en el tiempo las “supuestas” adversidades que la vida le pondrá delante como parte del aprendizaje y desarrollo de su propia autoconsciencia. Las cualidades y habilidades que se necesitan para seguir adelante en la vida están ligadas a la vida misma y emergen a la consciencia en el acto de abrirse camino a través de ella. El síntoma físico o psíquico, que en el ámbito sanitario denominamos enfermedad, como símbolo, en el camino evolutivo del alma, es el recurso del que ésta dispone para favorecer la detención de la actitud desviada y llamar la atención sobre otras áreas de la vida que no estaban siendo atendidas por la rutinaria forma de vivir, que se había instalado en la conciencia yoica.

De ahí que tratar la enfermedad como si esta fuera un inconveniente para la vida del paciente, en lugar de introspectar para descubrir lo que el paciente nos está diciendo a través de ella, no es más que la reproducción de un paradigma caduco y abortar la posibilidad de instaurar, en el ámbito de la salud, una mirada evolutiva y consciente que nos ayude a vivir en Paz de acuerdo a los dictados del Alma.

Cada persona es una entidad completa, única y sabedora de su propia vía de expresión. Tanto la enfermedad como entidad y el síntoma como particularidad son puertas que permiten entender un poco más a la persona y su necesidad evolutiva en su nueva etapa de desarrollo. La Terapiafloral Evolutiva favorece el autoconocimiento de la persona, a través de su forma de ser integral, estableciendo como vía de autodesarrollo, la traducción de cualquier síntoma que aleje al paciente de la Paz y transformando este en consciencia de sí, al resignificar los comportamientos que ya no son coincidentes con la nueva etapa evolutiva que vive.  

Porque lo verdaderamente importante es el desarrollo de la consciencia y el síntoma es una oportunidad que nos permite reconsiderar nuestra existencia. Si el síntoma no se integra en la totalidad Alma, como una expresión coherente de la misma, seguiremos comportándonos como siempre por mucha naturaleza que introduzcamos en la salud.


Luis Jiménez   

Escuela de Pensamiento




Favorecida por la creencia de que lo que vemos es la consecuencia de la realidad existente,  la inercia refuerza la continuidad de una actitud que desea el cambio del mundo; sin reparar en que el mundo es la interpretación de lo que mantenemos en nuestro interior como creencia. Si el mundo es justo, injusto, bello, malvado, ecológico, tóxico… no es, sino la consecuencia de las interpretaciones vivenciales de quienes, desde su personalidad, dicen conocer al mundo como una identidad separada de ellos.

Aparte de que el mundo también soy yo; “yo”, como una parte del mundo, participo de la idea transformadora de que defino al mundo desde mi visión. Tantos mundos como almas en evolución, tantos credos como yoes necesitados de amor. 

La idea de que lo que veo es lo que existe, lleva a las mentes a la copia incesante de una realidad inventada, que se transmite de padres a hijos y se hace fuerte por la colaboración diaria de todos los que participamos en ella. 

Esa supuesta realidad es la que estudia la ciencia autorizada, la que se mantiene a través de la transmisión de esa visión del mundo, que nació de una interpretación mental específica en un momento dado de la evolución de la humanidad, y que se ha instaurado como verdad. 

Con esta visión, en su momento, las universidades perdieron su objetivo de inicio: la formación del Ser, el desarrollo del arte de vivir, y la esencia de la búsqueda de la verdad a través de la contemplación y el gobierno de los caracteres; para convertirse en educadoras de servicios y proveedoras de “salidas” profesionales, trasladando ideas “limitadas” de acuerdo a los “ismos” imperantes en cada legislatura del poder. 

El modelo educativo actual, está tan extendido, aceptado y avalado en la propuesta de las verdades absolutas y las adecuaciones formativas para cumplir con la necesidad inventada de adquirir un puesto de trabajo y de tener una forma de ganarse la vida, que se ha perdido de vista la necesidad de enseñar a vivir. En nuestro mundo inventado,  se ha diluido el legítimo espíritu formativo, el sentido real de la enseñanza académica, despreciando tanto las necesidades expresivas humanas, como el desarrollo de las habilidades espirituales que permitirían a la consciencia mantener un vínculo sinérgico con el mundo y las conciencias de todos los seres que en él habitan. 

Tanto ha calado esta pseudo verdad, que incluso en los ámbitos “alternativos”, donde se habla de cambio de paradigma y de desarrollo de la consciencia, se repiten los modelos escolásticos que centran la atención en la formación, y salida profesional, más que en la liberación de la mente del individuo.

Nos encontramos en un momento creativo que no pretende confrontar ni abolir, sino  expresar y consagrar espacios de orden renaciente, que fomenten la diversidad generadora y exploradora de las mentes libres que se inician en el mundo para comprender el verdadero sentido de la existencia. Estamos frente a la oportunidad de recuperar las Escuelas de Pensamiento, como espacios favorecedores del autoconocimiento y de la evolución, en los que se expresen, en lo colectivo, las nuevas evidencias nacidas de la propia entidad global a través de sus unidades particulares, que se muestran en el mundo como personas. 

Estas Escuelas han existido en todos los tiempos, a veces veladas por temor al descrédito o a la aniquilación; les inspiraba el amor a la verdad, al ser humano, a la Naturaleza y al Cosmos, que en realidad, desde su cosmovisión, eran una misma entidad. Desde que en el año 529 d. C. el emperador Justiniano cerrara la Academia (y el resto de escuelas filosóficas atenienses), prohibiendo la enseñanza de la filosofía, hasta nuestros días, se han sucedido muchos episodios de renacimientos y oscuridad en el ámbito docente. Cada cambio político en el gobierno lleva implícita una renovación vinculada a la interpretación del modelo del mundo que quieren transmitir en las aulas, para que más tarde la visión del mundo tenga visos de universalidad y así conquistar las mentes e inventar una realidad que no se sostiene, porque está acabando con el campo de pruebas de nuestra interpretación, el Planeta Tierra.

La Escuela Andalusí, nuestra Escuela de Pensamiento, abre sus puertas a la exploración del sí mismo, del self, tanto en el humano como en el cosmos, tanto en el mundo, como en la psique; buscando que el alumno encuentre la verdadera naturaleza mutable del Universo, en el único lugar en el que lo puede hacer, en su interior, reconociendo como perfectas todas las formas de emanación del Todo que coexisten en él.

Más allá de los centros formativos al uso, hoy, más que nunca, necesitamos Escuelas de Pensamiento que recuperen la figura del hombre y la mujer justos, que fomenten el libre pensamiento y con ello, la felicidad.

 Luis Jiménez

El Arte de Vivir


“¿Será posible que nuestra gran eficacia para vivir en los más diversos ambientes, se vea eclipsada y a la postre anulada ante la incapacidad de vivir los unos con los otros?”    Maturana y Varela

Según pareciera, en la sociedad de estos últimos siglos, la clave para el éxito se ha basado en el crecimiento continuo como símbolo del progreso, una realidad sostenida por la creencia de que es natural e inevitable, según lo demuestra el comportamiento de las especies. Tanto los programas educativos como los modelos empresariales y financieros se basan en la libre competencia y en la supervivencia del más fuerte, quien debe de expandirse continuamente como síntoma de su éxito. La misma premisa ha ido calando en la propuesta de desarrollo interior, y por ello, en estas lides se busca el crecimiento como indicativo de progreso, en un claro paralelismo del modelo perceptivo de la realidad que he descrito. Esta tendencia ha reforzado los comportamientos de orden similar a los del paradigma del que “supuestamente” queremos salir, fomentando el aislamiento y la competencia entre los que proclaman el “Amor universal”, triste paradoja de la que se aprovecha el sistema imperante para hacernos creer que estamos fuera de él, mientras seguimos reforzándolo.

La educación, en todos los sentidos, incluida la espiritual, se ha basado en preparar a unos pocos, los más aptos, para que alcancen la cúspide del sistema y se unan a la élite de personalidades que destacan por su individualidad y poder. Pertenecer a esa minoría es un acicate para el crecimiento perpetuo que está llevando al Planeta Tierra a la devastación.

Esta visión sesgada y chata de la vida, fruto, entre otras, de la  teoría “científica” de Adam Smith, quien  estableció que  el egoísmo individual es el motor de las relaciones y los comportamientos humanos; resulta ser la consecuencia de un momento evolutivo de la humanidad donde la mirada “ambiciosa” era la única posibilidad que existía para trascender el miedo a la diversidad, e instaurar la hegemonía de la adaptación del más apto, como mirada “diabólica” y separatista que congeló la evolución sujetándola al terror como único paso hacia el Espíritu.

La interpretación, ya trascendida, pero mantenida por intereses egoístas, de la teoría darwiniana de supervivencia del más apto o fuerte (concepto y mirada interpretativa ligada a la ignorancia de nuestra naturaleza holística), ha simplificado la realidad al centrar su cosmovisión sólo en las interacciones negativas, como la depredación, la competencia, el parasitismo, la explotación etc.. Sin embargo la cooperación para el beneficio mutuo, es una de las señas de identidad de la Naturaleza, y también es muy importante en la selección natural; pero, esta propuesta no es popular y la propaganda interesada mantiene como única opción evolutiva la hegemonía del más fuerte, del individuo Alfa. “la ley de la selva” para justificar las barbaries que se realizan a diario desde las zonas “alfa” del mundo mercantilizado, huérfano de Alma.

Aun siendo un hecho el modo en el que la Naturaleza expresa la cooperación como una vía importante en la selección natural (como ha apuntado el filósofo de las ciencias Mauricio Abdalla), y que favorece el desarrollo sostenible y beneficioso para las partes implicadas y para el todo como entidad, en este caso la Tierra; está tan arraigado el modelo parasitario, predador o de competencia en las mentes humanas, que los mismos individuos que sufrimos su devastadora presencia, lo mantenemos a través de los actos cotidianos en nuestro diario vivir. En este sentido Abdalla se pregunta ¿Será Darwin para el siglo XXI lo que Newton para el siglo XX?

Carceleros de nosotros mismos
Nuestro comportamiento cotidiano es una clara réplica del modelo restrictivo y autoritario que nos mantiene cautivos de la competencia, la rivalidad o la confrontación ideológica, todos ellos claros exponentes de una lucha desprovista de humanidad. Esta conducta se mantiene incluso por aquellos que nos identificamos con el cambio de paradigma y enarbolamos las banderas de la inclusión y la fraternidad como expresión natural de la Vida en la Tierra.

Así que algo habrá que hacer.

Los cambios de paradigmas no se logran a través de la mención dialéctica, de los discursos “redondos” o de las disertaciones y publicaciones eruditas y reaccionarias; sino, a través de una coherente puesta en acción en nuestro entorno cotidiano. Una vida vivida desde la tolerancia, la compasión, la generosidad, la voluntad al bien, la alegría, el valor, la piedad, el optimismo, la paz, la sensibilidad, la determinación o la fidelidad vocacional, es la puerta para integrar en lo cotidiano lo que tanto anhelamos y hablamos y pensamos, sin llevar al acto.

La fijación en el éter, en el inconsciente colectivo, de una nueva expresión no parasitaria o predadora, será la consecuencia de la continua vivencia humana de esta modalidad de la Naturaleza que ha de ser inscrita en el consciente a través de nuestra vivencia ordinaria. Hablar de la Unidad, del cosmos como entidad Una y despreciar al vecino o intentar ganar en los negocios a costa de la pérdida o la bancarrota de otro, no tiene nada que ver con la visión holística y generadora de riqueza que propone la visión cooperativa de la unidad en la Tierra.

La Fraternidad como expresión global de unificación y reconocimiento de la dignidad humana como Alma en cualquier ámbito, ya sea político, financiero, educativo, o de salud y la actuación dentro de esa tendencia social desde la visión sistémica y compasiva, introducirá lo nuevo como expresión natural de la consciencia que ya ha alcanzado el estado óptimo para manifestarse en el tiempo. Ya lo decía Juan el evangelista: "Quien dice estar en la luz y aborrece a su hermano, está en las tinieblas". (1Jn, 2, 10).

Una vida desde lo incluyente, lo sistémico, desde la ciencia del Amor
La evolución es la vocación de la vida, todo cambia excepto el cambio, lo único estable en el universo, padre de lo que denominamos evolución. Sin embargo, la evolución puede llegar a través del Amor o del miedo. Pareciera que la humanidad ha elegido hasta ahora, como modelo imperante para seguir los dictados de la Vida, la evolución por el miedo, que engendra dolor y sufrimiento, favoreciendo la competencia y la lucha entre las partes que constituimos el sistema. En apariencia, existe un interés por mantener esta tendencia y seguir ahogando las conciencias de la mayoría, por medio de la implantación de una modalidad de la Naturaleza ,que no es en sí real y que se mantiene gracias al hipnotismo miedoso de los mismos integrantes del sistema que sufren sus consecuencias. La imposición de modelos inadecuados para una vida respetuosa y cooperativa entre los integrantes de la humanidad, ha fraccionado las relaciones introduciendo la idea partidista de vencedor y vencido como eje evaluativo de la concepción del mundo.

Sin embargo, el cambio es posible sin dolor y sin que ninguna de las partes implicadas en él sufra por ello. El cambio desde el Amor es inclusivo, permite la percepción de los sistemas como aglutinantes y vinculados a una extensa red que todo lo abarca y lo nutre; pero la visión que se nos ha transmitido de la vida y que nos han mostrado hasta ahora, está basada en el miedo: Miedo a la pobreza, al hambre, a la miseria, a la estupidez… Todo ello desde una perspectiva sesgada por la idea de que sólo pueden y deben sobrevivir los más aptos, fuertes o inteligentes; y claro está, esta  cualidad es inherente a aquellos que ya están situados en los lugares proclives para el desarrollo de acuerdo con esta interpretación de la vida, el resto, no tiene lugar en esta farsa, y, por supuesto, ninguno de nosotros quiere ser el “resto”.

Amor-Miedo, esa es toda la verdad y la diferencia en la manera de evolucionar; el miedo engendra dolor, el Amor sabiduría; abriéndonos al Amor, la evolución es fluida, amable y próspera, si nos negamos a amar, la evolución se trastorna y a partir del miedo, se convierte en dolor, ese es el verdadero libre albedrío, desde éste no existe la negativa a evolucionar, sino que se elige la forma de hacerlo.

El tan deseado y poco apoyado cambio de paradigma
Estamos inmersos en un trascendente cambio que se reconoce como “El cambio de paradigma” que no es en sí un cambio espiritual, como algunos pretenden, pues la transformación realmente espiritual, modificara a la idea de “mundo” que conocemos y esto lleva implícita la transformación de los modelos de vida que excluyen o explotan a cualquier ser humano en cualquier confín de la Tierra. La salud ya no será ausencia de síntomas sino plenitud de Alma, la economía no se basará en el poder financiero sino en la capacidad creativa de la población, la educación no será ya el caldo de cultivo de la mano de obra barata, sino la escuela del Alma y la política dejará de ser un seguro de vida, para convertirse en la expresión de servicio de los que quieren transformar el mundo.

“O cambiamos o morimos, esa es la alternativa. (…)
En momentos de crisis  total necesitamos consultar la fuente originaria de todo, la Naturaleza. ¿Qué es lo que ella nos enseña? 
Ella nos enseña -(…)- que la ley básica del universo no es la competencia que divide y excluye, sino la cooperación que suma e incluye."  Leonardo Boff

Esta visión que ahora cobra sentido científico ya la transmitían los filósofos de la Naturaleza, desde la visión integradora del Unus Mundus, la conciencia de la  Naturaleza en el humano.

El cambio empieza por uno mismo al no participar con mis ideas, economía, y comportamiento a reforzar un sistema que odia a la humanidad y se vanagloria de sus propios logros devastadores en la Naturaleza, que somos todos. La idea sustentada de que sólo los aptos, los preparados, con recursos, o iniciados, pueden acceder al conocimiento, está lejos de la propuesta amorosa de transformar el mundo en la única morada de la Humanidad.

Como participar activamente en el cambio de Paradigma:
Lo primero es asumir la responsabilidad personal de ser y actuar de acuerdo a uno mismo y aceptar ciertas propuestas que favorecen el desarrollo evolutivo de la consciencia.

1.         La Alegría, y la Paz son  estados naturales del Alma, que no dependen de nada externo.

2.         Lo que vivo y lo que soy son la misma cosa, si no me gusta lo que vivo, he de cambiar lo que soy.

3.         La felicidad es fruto de disolver, la queja, la crítica, la justificación y el reproche.

4.         El servicio impersonal en pro de la humanidad, elimina cualquier frustración en la vida.

5.         No existen fracasos sino experiencias.

6.         La vida es experiencia y cada resistencia favorece el desarrollo de una nueva habilidad.

7.         Todo lo aparentemente limitante esconde una intención positiva.

8.         La puerta para el cambio es el desapego y la llave el Amor.

9.         Desarrollar la virtud opuesta al defecto que me impide ser feliz es la clave para vivir desde el Alma.

10.       El sufrimiento es engendrado por la no aceptación de lo que está o ha sucedido.

11.       La resistencia es proporcional a la envergadura del proyecto, “no llenes el ojo antes que la tripa”.

12.       Ama, no pierdas el tiempo.

Para facilitar el arte de vivir describiré, de forma sintética, algunas de las acciones que favorecerán la emergencia del Amor en lo cotidiano y así participar activamente en el cambio de paradigma. Para ello quiero concluir con la siguiente reflexión: La humanidad puede dividirse en cuatro grandes tipos y cada uno de ellos ha de desapegarse de una tendencia que le es muy querida, por ser la que corresponde a ese grupo, para poder encarnar el Amor que está más allá de la pertenencia y sabor personal. Estos cuatro tipos están relacionados con los temperamentos clásicos, los cuatro elementos alquímicos y las cuatro funciones psíquicas:

1.  El Amor como fidelidad espiritual, fruto del desapego energético y el poder personal.

2.  El Amor como obediencia y aceptación de la vida, fruto del desapego al resultado material.

3.  El Amor como apertura al no tiempo, para vivir en el presente expresando nuestra innata percepción, fruto del desapego mental.

4. El Amor como libertad personal y colectiva que deshace las pertenencias dependientes,  fruto del desapego afectivo.

Pareciera a veces que existe contradicción al proponer el desarrollo como expresión máxima de la individualidad y la autogestión, y por otro lado se hable de la fusión y sistematización de las relaciones en un todo indiferenciado; sin embargo, esta paradoja se resuelve al percibir que el Amor universal es fruto del Amor personal. Cuando el evangelio propone que amemos al prójimo como a nosotros mismos, es necesario, en primera instancia, amarse a uno mismo, para poder amar con igual intensidad al prójimo. En esta nueva etapa, nace el servidor, aquél que tras haber integrado las etapas ambiciosa y egocéntrica, ahora ya es una verdadera personalidad integrada y dispuesta a servir a la humanidad, pues como diría Maturana:

"No hay contradicción por lo tanto en la conducta del individuo mientras realiza su individualidad como miembro del grupo: es altruistamente egoísta y egoístamente altruista porque su realización individual incluye su pertenencia al grupo que integra". Maturana y Varela.

Cada uno de estos cuatro caminos, sentido y propósito de la vida de todos los habitantes del planeta Tierra, pueden transitarse en compañía y deberían de ser fomentados mediante la educación de manera fraterna y humanitaria, de forma que cada uno de los cuatro tipos aceptara a los otros como complementarios y necesarios para la estabilidad del sistema y el sostenimiento del orden natural de la vida, que alcanzará la Armonía a través de la inclusión de las partes en un TODO, bello e integrado, que permita la expresión consciente del Amor, como máxima expresión de la VIDA.

Luis Jiménez.

Málaga, noviembre de 2013.