La puerta Willow como símbolo de iniciación (I)



La palabra iniciación ha estado ligada al ámbito espiritual desde siempre. Se conoce por iniciado a aquel que ha recibido la enseñanza explícita que le permite conocer lo que se vela tras a la apariencia de las cosas. Es aquel que conoce las Leyes de la Naturaleza y sus secretos más recónditos y ha profundizado en el verdadero conocimiento del ser humano. La iniciación es un proceso psicofísico que lleva a la conciencia a la percepción de una nueva realidad. En cualquier Escuela iniciática se entrena al neófito para que por sí mismo alcance una dimensión consciente que le permita contemplar el sentido de las cosas y que pueda reconocer la existencia del hilo conductor que mantiene unido a todo lo que existe. Es un paso al interior de uno mismo, que poco a poco le hará consciente de que afuera y adentro es una misma cosa y que finalmente le ayudará a integrar en sí mismo la Luz que siempre ha sido. Cada Escuela de pensamiento utiliza para ello una serie de símbolos que encierran en sí una sabiduría trascendente. Las palabras engañan al simplificar, mientras que los símbolos reflejan la  complejidad muchas veces insondable de las cosas.  Los símbolos, en efecto, están destinados a despertar las ideas que dormitan en nuestro entendimiento. Estimulan el pensamiento por vía de la sugestión y nos hacen descubrir así las verdades enterradas en las profundidades de nuestro espíritu Oswald Wirth 1910. 


El camino del discípulo, un iniciado, está ligado al desarrollo de la vía del corazón. Tras haber culminado las dos etapas anteriores, definidas por Bach como instintiva y ambiciosa. Ahora, el discípulo ha de desarrollar las virtudes del alma, más allá de las cualidades del  ser humano. Desde su nuevo estado de “persona” al haber integrado las áreas del inconsciente personal que estaban escindidas, ahora ha de llegar a ser Alma encarnada. Este nuevo paso comienza abriendo la puerta que le llevará a aceptar todo lo que ha vivido desde su personalidad, integrarlo y disolverlo para que pueda llegar a Ser lo que siempre ha sido en la dimensión del Ser. Desde el punto de vista simbólico el «tránsito» de un mundo a otro, de un estado de consciencia egóico al trascendente, se representa con la puerta, a la que se le asocia la llave, elemento indispensable para que la «puerta» pueda ser abierta. En nuestro caso la llave que abre la puerta, que separa al mundo ordinario y profano del espacio sagrado y simbólico, es Willow. Willow ha sido conocido durante mucho tiempo en el “argot floral” como la expresión humana que guarda rencor, que no olvida su pasado desgraciado y culpa a otros de esa desgracia. Pero para nosotros, como ya explicaremos con detalle en el segundo capítulo, Willow es el símbolo de la Iniciación. La Cábala, diría Paul F. Case, enseña que el Entendimiento es lo que nos santifica. Santificar es hacer libre de pecado. Liberar a la mente del espejismo que mantuvo al ser ligado al tiempo a través de la creencia de que alguien o algo le habían ofendido. Perdonar es el acto de desintegrar el ayer, que nos permite penetrar en la dimensión donde nadie es vulnerable y por lo tanto no existe un “otro” que ofende. Para que nos sintamos ofendidos debe existir un “yo” limitado que se haga cargo de la ofensa En realidad, nunca nos ofende el otro, si no la no coincidencia entre lo que el otro dice y lo que yo quiero oír. El entendimiento es el estado de consciencia humano que permite percibir, con brillantez, la verdadera dimensión de la Vida sin personalismo. Es lo que nos permite contemplar las verdaderas Leyes de la Naturaleza y así poder volver a su Senda conscientemente. Este “retorno” disuelve el periplo, la memoria, de todo aquello que ha sido durante la inconsciencia de una vida proyectada en el “Mundo”.

No hay comentarios: