La puerta de Willow como símbolo de la iniciación (II)




Willow, es el estado que permite al individuo desarrollar la capacidad de amar y dejarse amar, para Ser y expresar en tiempo real lo que ahora siente, lo que percibe desde su condición vitalista y comprometida con la vida. Es el paso previo a la emergencia de la Vida consciente. La memoria se ha disuelto, la pompa y obras “diabólicas” se han disipado y han dado paso a la luz “simbólica” que se encontraba encapsulada, coagulada y estancada en la historia de una personalidad identificada con su tiempo, con sus desencuentros y sus éxitos, centrada en el mundo al que evaluaba en función de su corto conocimiento. Ahora comienza una nueva etapa, en nuestro modelo este nuevo ciclo está representado por el mándala evolutivo, que se  configura con los 19 nuevos remedios de Bach que como el mismo dijo: “…No hay duda de que estos nuevos remedios actúan en un plano diferente a los antiguos. Son más espiritualizados…”  Bach 1935. Y por ello favorecen el trabajo evolutivo de aquel que ya ha decidido dar en lugar de tomar.  Del Iniciado.


El amor está exento de ambición

El paso al nuevo “orden”, de aquel que ya ha decidido dar en lugar de tomar, le dotará de una actitud contemplativa hacia una realidad que se sostiene unida en su Totalidad. Esta nueva etapa hará emerger un estado de fluidez, de la consciencia personal, con los acontecimientos de forma que, el iniciado, entenderá que la Vida es solo Existencia. El viento sopla donde quiere, y oyes su sonido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu. Juan 3:1–10.

Este proceso, como todo en la existencia, es gradual, Natura non fecit saltus. Y hasta llegar a la expresión plena de esta percepción ligada al Unus Mundus que permita la existencia personal con consciencia de Totalidad, deberán de transcurrir épocas donde los procesos disolutivos sean las constantes del desarrollo. Así que durante un tiempo indefinido, y particular para cada ser, la conciencia personal del pasado, sustentada aun por la cultura, la familia y otros símbolos externos que ponen de manifiesto la condición personal interna, favorecerán la identificación con lo “supuestamente” trascendido que le permitió hollar el sendero de retorno. Así como manifiesta acertadamente Bach, una vez nacido el deseo de servir a los demás, entonces comienza la batalla. Pues durante el tiempo que reste, hasta disolver totalmente la sensación personal, que nos mantiene en la creencia de que somos una entidad separada. Oscilaremos entre el estado contemplativo que permite la expresión del Ser sin restricciones y el estado personalizado que mantiene aún la idea coagulada de la memoria de nuestra pasada personalidad. El nuevo camino invita a la contemplación, al silencio, al cese de la razón que busca en los anales de la biografía alterada por el miedo, todas las respuestas caducas que nos seguirán atando al sufrimiento.

Es evidente que si existe alguien que quiere ser más, es porque no está contento con lo que es, y por lo tanto descontento con su Ser, es entonces donde aparece la codicia de ser lo que uno no es y la rebeldía hacia la propia naturaleza, que en esencia sólo pide que seamos fieles a lo que somos.
El avance no es fruto de un esfuerzo, como decía Bach; es la consecuencia de la realización del alma en la forma, de la madurez, de la conciencia que en lo cotidiano y sin sobresaltos se abre a la contemplación de la maravilla de la vida desde su humilde morada. Por lo que la búsqueda del bien o la perfección es un acto interesado, y en conciencia desviado de la verdadera necesidad de ser del alma, que sólo quiere ser lo que es y por lo tanto vive desde su naturaleza aquello que en el presente tiene ante sus ojos.
Saber de si es integrar la necesidad de ser eso y dar sentido a la existencia. Conocer el sentido de lo que soy permite trascender la necesidad de seguir siendo eso. Así nos abrimos paso en la nueva Etapa que nos llevará a Ser.
He aquí donde radica la dificultad del que anhela hollar el sendero y pasar a formar parte de las filas de los que “desean dar en lugar de recibir”, ya que las pautas de conducta, leyes, normas y códigos establecidos por la “autoridad” reinante, ya sea ésta moral, religiosa o espiritual, han hecho que nos queramos sumar a ellas en pro de algo “bueno”. Éste es el verdadero laberinto para aquel que realmente anhela ser veraz y honesto consigo mismo. Tantas veces repetida y no por ello menos válida: “lo único que hay que hacer, es no hacer nada” toma fuerza en este comentario, aunque lo verdaderamente difícil no es no hacer nada, si no saber cómo no hacer nada. La perfección tal como la concebimos es un interés que nos aleja de la verdad, puesto que poseer es dominar lo poseído, y por lo tanto punto de partida para la existencia de la dualidad, madre de la incompletud. 
La ausencia de interés, será una pista innegable de que no estamos haciendo nada, ya que hacer lo que realmente nos “nace del alma” es no hacer nada, pues el hecho en sí no requerirá esfuerzo, será un acto atemporal que no contará en los anales de la memoria, que no habrá existido en el tiempo y por lo tanto no tendrá rédito, ni débito futuros. El canje —si podemos llamarlo así— será instantáneo, como apunta Bach: “…el ‘ser’ ya trae consigo su propia recompensa…”, que evidentemente nada tiene que ver con premios ni castigos inventados por los hombres, otorgados por dioses, inventados, asimismo, por la deformación mental de algunos de ellos en el pasado.
 Es posible que toda nuestra tarea consista en ocuparnos de nuestros asuntos con la mayor diligencia y amor que nos sea posible expresar, y con ello todo estará en paz; pero parecería que esto es poco, que debemos aspirar a más. Sin embargo, la aspiración debería estar centrada en la tarea del momento, concentrando, evocando y realizando lo que tengamos ante nosotros como si fuera la única cosa en el mundo y ella fuese un verdadero acto de servicio. Pero esto, como sabemos, es harto difícil, pues en el mundo nos encontramos con muchos que queremos ser lo que no somos, al estimar que lo que somos ahora no es suficiente, o porque pretendemos vivir otras cosas “más importantes”, dejar de ser insignificantes, mediocres, incompletos, etc., al decidir que nuestra etapa actual no es suficiente.
Cuando llega este momento todos queremos alcanzar la perfección, eliminar el yo, trascender el ego, matar el deseo y todas esas cosas que se dicen cuando se descubre la existencia de algo más allá de lo que ahora se es y se le da un rango superior, creyendo en nuestra ignorancia que seremos nosotros, quienes ahora ambicionamos ese grado, los que los ostentaremos cuando el alma lo alcance, cuando la conciencia ya pueda expresar sus virtudes en la carne. Cuán equivocado está el yo que quiere ser lo que nunca podrá alcanzar.
 Bach destaca la Humildad, paciencia y deseo de servir como únicos principios para esta nueva etapa, rescatamos este texto de Juan de la Cruz donde, con una maestría inigualable sabe sintetizar poéticamente esta nueva etapa:

Versillos del Monte de Perfección

Para venir a gustarlo todo
no quieras tener gusto en nada.
Para venir a saberlo todo
no quieras saber algo en nada.
Para venir a poseerlo todo
no quieras poseer algo en nada.

Para venir a serlo todo
no quieras ser algo en nada.
Para venir a lo que gustas
has de ir por donde no gustas.
Para venir a lo que no sabes
has de ir por donde no sabes.

Para venir a poseer lo que no posees
has de ir por donde no posees.
Para venir a lo que no eres
has de ir por donde no eres.
Cuando reparas en algo
dejas de arrojarte al todo.

Para venir del todo al todo
has de dejarte del todo en todo,
y cuando lo vengas del todo a tener
has de tenerlo sin nada querer.

En esta desnudez halla el
espíritu su descanso, porque no
comunicando nada, nada le fatiga hacia
arriba, y nada le oprime
hacia abajo, porque está en
el centro de su humildad. 
Juan de la Cruz 1993




1 comentario:

Beatriz Collado Fernández dijo...

Hermoso Luis! Un pequeño-gran paso, al otro lado...del mandala!
Gracias