Y si las relaciones de pareja tuvieran como finalidad la exploración del Amor



Y si las relaciones de pareja tuvieran como finalidad la exploración del Amor

Partiendo del aforismo: Todo lo dicho es dicho por alguien, de Humberto Maturana, podemos desarrollar la idea de que cualquier manifestación existente en el tiempo,  es fruto de la interpretación, de acuerdo al nivel evolutivo, de una consciencia, en apariencia individual, que surge de la fuente única de donde todo parte. Esa primordial e ininteligible fuerza generadora de consciencia, que todo lo sostiene, se ha definido como Amor.

No es la intención de este escrito determinar la naturaleza del amor, pues creo que esa es la razón que nos mantiene en esta dimensión de la existencia: el Tiempo. Ese espacio dual que permite interpretar el mundo de acuerdo a la experiencia del observador como un ente aislado de la Totalidad.

Quizás sea este un buen momento para reinterpretar, una nueva oportunidad renacedora para resignificar la vida y todas las interpretaciones que sobre ella hemos acumulado en el tiempo. En este instante de “revuelo universal”, de crisis existencial planetaria, podemos aseverar que quizás tengamos una oportunidad  semejante al emerger humanista que tuvo lugar en el siglo XV y que permitió la recuperación de las verdades atemporales que más tarde cayeron de nuevo en el olvido. 

Mientras exista lo creado estaremos inmersos en el esclarecimiento del misterio, de ahí que considere fatuo definir algo que no es posible asir con la mente y que solo puede alcanzarse cuando uno se despoja de todo lo que le ata al tiempo, ya que como dice Maturana:

"La experiencia de cualquier cosa fuera, es validada por la estructura humana que hace posible “la cosa” que surge de la descripción. Esta circularidad nos dice: “Todo acto de conocer trae un mundo de la mano”

De ahí que todo lo descrito se concreta en hecho y como consecuencia en verdad, que se sostiene por la participación activa de todos aquellos que desisten de explorar para repetir lo que otros han definido. En este sentido podemos adentrarnos en los confines del amor y despojarnos de todas las apariencias y determinaciones que al respecto han manifestado otros antes que nosotros, para alcanzar, si fuera posible, un espacio no contaminado donde  expresar ese sentimiento más allá de la personificación de una necesidad humana.

La vía del corazón, como ha sido definida la línea de trabajo interior que conecta a la consciencia del tiempo con el no tiempo, para que la esencia del amor, no temporal, pueda asomarse a lo cotidiano, podría definirse como una relación entre el no tiempo y el tiempo, o mejor dicho desde el no tiempo del tiempo que se reconoce en algo que no puede encontrar en el tiempo.

Yo soy quien ama y aquel a quien yo amo. Éste es el límite del amor espiritual bajo forma material. Ibn Arabí

Esta fabulosa odisea amorosa de la misma sustancia que va decodificando las desviaciones de sí misma que se han estructurado en tendencias temporales, en verdades propias del observador, ajenas a su naturaleza atemporal, es una gran historia de amor. De ahí que podamos resignificar los relatos místicos ligados a una figura antropomorfa, desde una imagen humana, a un vínculo entre consciente e inconsciente, donde lo que añora lo inconsciente es la parte de él que se ha internado en el tiempo y busca como tendencia innata hacerse todo Uno en la nueva dimensión de la Vida que explora en lo creado.



Oh llama de amor viva,
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!,
pues ya no eres esquiva,
acaba ya, si quieres;
rompe la tela de este dulce encuentro
Sácame de aquesta muerte,
mi Dios, y dame la vida;
no me tengas impedida
en este lazo tan fuerte;
mira que peno por verte,
y mi mal es tan entero,
que muero porque no muero

 Juan de la Cruz


Ya toda me entregué y dí,
y de tal suerte he trocado,
que mi Amado es para mí
y yo soy para mi Amado.
Cuando el dulce Cazador
me tiró y dejó herida,
en los brazos del amor
mi alma quedó rendida;
y, cobrando nueva vida,
de tal manera he trocado,
que mi Amado es para mí
y yo soy para mi Amado.
Hirióme con una flecha
enherbolada de amor,
y mi alma quedó hecha
una con su Criador;
Ya yo no quiero otro amor,
pues a mi Dios me he entregado,
y mi Amado es para mí
y yo soy para mi Amado.

Teresa de Jesús



Por ello,  con la intención de abordar este misterio universal, nos permitimos establecer dos espacios, dos momentos en la existencia, uno de ellos pre-creación y el otro fruto de la propia acción creadora. Podemos  decir que lo uno y lo otro son lo mismo pero en diferente espacio. Podríamos decir entonces que si la fuente de todo lo que existe y la expresión de esa fuente en la creación es lo mismo, pero determinado por los condicionantes del tiempo. Y hemos acordado que la Fuente primordial de la vida es Amor, podemos hablar del amor del tiempo y del amor de no tiempo y del enamoramiento de la conciencia del tiempo por la esencia del no tiempo.

La relación, el amor, entre la fuerza creadora y la consciencia de lo creado, fomenta la tendencia apersonal que llevará al espacio-tiempo a ingresar en el no tiempo, a través de la disolución de las interpretaciones nacidas en la creación.  Las aparentes relaciones que mantenemos en el tiempo, son las puertas que favorecen la disolución de la diferencia entre el amor del tiempo y el verdadero amor universal no temporal. Cada una de ella es un acto metafórico de la relación con nosotros mismos, es decir con nuestro inconsciente amoroso con el que hemos de unificarnos para dejar a tras la idea de amor posesivo que mantenemos en el tiempo. De todas las relaciones posibles en el tiempo, la relación de pareja es, por su cualidad polar y generadora de vida, la más completa para el trabajo redentor que devolverá la consciencia al universo no-dual interior o Amor. Las relaciones de pareja conforman el espacio psíquico más completo para el desarrollo consciente hacia el amor.

El amor en sí mismo es la fuerza esclarecedora que disuelve la división entre las almas. En la pareja, favorece  el entendimiento de que toda tensión generada en la relación, es fruto de la necesidad de ambos y que solo por esta fuerza trascendente, y gracias a ella, las personalidades disolverán la parcela egocéntrica que les impide amar de acuerdo a su grado evolutivo. Las relaciones de pareja son el marco referencial que dos almas componen para deshacer los nudos personales que les alejan de su verdadera dimensión amorosa. Cuando ambos se hacen consciente de este pacto evolutivo, desaparece la fantasía limitada de una búsqueda de felicidad para elevar por encima de cualquier dimensión la prevalencia del amor, que no es satisfacción si no renuncia a la razón y con ello al alejamiento de la Paz interiro.

El concepto romántico, la necesidad  libidinosa, y la fuerza sociabilizadora, desde la fantasía humana de crear hogares  y establecer marcos referenciales donde fomentar la relación de pareja, ha excluido, el vínculo trascendente de las relaciones de pareja, eliminando así la posibilidad de establecer una relación de pareja de carácter “espiritual” como campo experiencial para alcanzar la disolución del yo y asía entroncar el tiempo con el no tiempo en una unión sacra donde el amor es lo único verdadero.  Sin desdeñar en absoluto las demás funciones naturales del ser como elementos constitutivos de una entidad integrada y consciente de su necesidad evolutiva, hemos de manifestar que la verdadera función de las relaciones de pareja es la trascendencia del yo, fruto de la toma de consciencia de que solo atendiendo a las necesidades del otro, podré conocerme completamente yo.

El miedo ha fomentado la exclusión de la espiritualidad de las relaciones, llevando a estas exclusivamente al campo de la familia o de los vínculos sexuales, impidiendo así el verdadero trabajo evolutivo que los seres, a través del amor consciente, pueden realizar gracias a la relación de pareja.
Desde ahí las relaciones de pareja se constituyen como el marco ideal para favorecer el desarrollo evolutivo permanente de las almas que se vinculan para este fin, en el acto de transformar todas las interferencias que aparezcan en lo geográfico, (lo cotidiano de la relación) como elemento simbólico de lo psicológico,( lo que yo guardo en mi inconsciente y debo trascender para seguir mi evolución), que está directamente relacionado con el nivel del ser del alma. 

La falta de sentido profundo en el ámbito de las relaciones, ha llevado a la humanidad a mantener vínculos de necesidad y ambición. Relaciones en definitiva nacidas de la falta de plenitud que llevaba a los “enamorados” hacia un callejón sin salida cargado de reproches, por la idea de que en el otro, uno debería encontrar la felicidad. Esta visión egocéntrica y posesiva que trasladaba toda la responsabilidad de la satisfacción al otro, y a la relación como entidad trascendente que debía cumplir con el deseo preconcebido que le llevaba a iniciar la relación. Ha desvirtuado la verdadera dimensión evolutiva de la relación, pues esta dimensión del amor de almas que se unen para explorar el AMOR no temporal, disipan el reproche, la crítica y la justificación en el acto de amar para transformar el yo personal de cada cual en unidad, allá donde los dos moran y son solo Uno.

Desde esta nueva percepción, las almas individuales manifestadas en el tiempo, a través de la presencia de una personalidad, construida para amar, entenderán que el amor no es algo que lleva a la relación o se consigue en ella, si no que la relación favorece el entendimiento del amor, que ya es en esa dimensión donde todos somos uno aunque seamos inconscientes de ello.

Solo a través de una relación, el alma puede entender que es el amor, y no porque el amor sea algo inteligible, sino porque, este, se va develando en la medida que uno decide mantenerlo a pesar de cualquier otra emoción nacida de la unión. Amar en cada instante, a pesar de que todo indique que  no debe hacerse, es la única morada del amante, ese que ha decidido dar y en consecuencia trascender cualquier visión personal que le impida conocer los deleites del amor profundo. El amor se va haciendo grande en la medida en que el amante cede ante él, desprendiéndose de todo lo que impide su presencia. Esto a veces conlleva una especie de locura, para los no amantes,  que solo los amantes pueden entender, pues aquel que ama es visto en ocasiones como alguien falto de criterio personal o dentro de una burbuja de estupidez. Me estoy refiriendo al amor, no al enamoramiento que no es más que un punto de partida frugal para devolver al alma a la intensidad creativa que podrá deshacer los nudos egocéntricos que impedían amar sin poseer.

La resignificación de las relaciones de pareja nos llevarán a un nuevo renacer, donde la intolerancia y la decepción, que actualmente desintegran a tantas buenas intenciones de permanencia en las parejas, se tornarán comprensión de sí mismo y transformación permanente en aras de una emergencia del amor, que trasciende la idea personal, que exige satisfacción para el deseo del yo.

Si las relaciones de pareja tuvieran como finalidad la exploración del amor, en lugar de la satisfacción personal por demanda de amor. Seguramente la posición inicial y el desarrollo de la relación, estaría centrado en la transformación de acuerdo a las necesidades de la propia relación y no en la exigencia de que el otro encaje con la idea de relación que yo mantengo, y por lo tanto las respuestas de la propia relación no serían tan decepcionantes como son en la mayoría de las relaciones.

Esta renovada mirada, favorece la soledad en compañía consciente y la amistad sexual y espiritual para transcender al yo, en el acto de amar consciente. Y traen al ámbito humano una nueva etapa de relación tras haber consumado las anteriores necesidades que llevaron a los encuentros sexuales-familiares ya conocidos.

Ama no pierdas el tiempo


Luis Jiménez

Amando disuelvo el tiempo



En estos días de ocio veraniego, que ya acaban, he decidido padecer del mal de la saturación informativa. Una práctica muy habitual en la sociedad actual. Me expuse, conscientemente, a miles de inputs cargados de verdad particular, que asaetearon mi alma con la intención de implicarme en su necesidad, y así afectar mi conducta futura, para que su verdad alcanzara la máxima extensión posible de sí, en el tiempo, hasta la extinción de todas las demás.

Todos vendían su visión como imperativo de una necesidad que les llevaría a calmar su ansiedad, luchaban entusiasmados por un mundo personal que solo albergase su necesaria verdad. Todas las verdades eran ciertas, todas las fuentes verídicas, sin embargo existían al mismo tiempo, tantas que solo la implicación emocional de mi propia necesidad, proyectada, hacía que me interesase por una u otra.

Por eso me pregunté: ¿Qué vale más? ¿Qué es más importante? ¿Cómo medir la urgencia de la realidad que se expresa ante mí? ¿Es más importante un león que un niño africano? Una ballena varada en una playa que miles de seres abandonados a su suerte en un mar repleto de bañistas? ¿Por qué me expreso en favor de esto o aquello? ¿Soy congruente y mantengo mi visión en todos los ámbitos de mi vida?

Y seguí contemplando páginas, foros, y redes sociales, en las que se debatía con cierta carga de intransigencia y destructividad, sobre los comportamientos agresivos hacia los animales. Hemos firmado miles de peticiones para que se acabe con la tortura y las inapropiadas prácticas hacia nuestros hermanos menores, y al unísono contemplaba la falta de solidaridad hacia los seres humanos que yacen en cualquier rincón abandonados a su suerte, porque ningún estado abre sus puertas. Y sentí que todos desde su verdad, en lo más profundo de su necesidad actual, tenían razón, luchaban por su verdad que la enarbolaban como única y por lo tanto justa.

El amor o la sensibilidad, a veces se confunden con el sentimentalismo, que se decanta específicamente hacia una determinada cuestión, en detrimento de cualquier otra manifestación diferente.

La apología del amor, definiendo a este como la inclinación específica hacia un determinado ente, realizando una especie de defensa de algo en concreto, es en todos los casos una falta de sentido de su propia denominación, pues amor es totalidad, contiene a todas y cada una de las “criaturas” en su nivel existencial, aceptando su expresión como parte de su “ser”, de ahí la imposibilidad de amar discriminadamente.

Si amo no puedo dirigir mi amor hacia nada en concreto, pues yo no soy dueño de su naturaleza. Si dirijo mi amor hacia algo, esto no será ya amor sino deseo y en este acto habré iniciado el camino hacia el odio de todo lo demás.

Ya lo dijo Gandhi “No me gusta la palabra tolerancia, pero no encuentro otra mejor. El amor empuja a tener, hacia la fe de los demás, el mismo respeto que se tiene por la propia.”

Soy de la opinión de que lo que no es necesario, desaparece por inhalación, pues nadie se sumará a ello. Así pues todo lo que observo como inapropiado, innecesario, no es más que la falta de misericordia hacia aquellos que aun necesitan de eso para seguir aprendiendo.

La solidaridad que emerge en momentos críticos, se desvanece en lo cotidiano. La sensibilidad que aflora ante una imagen emotiva, se desvanece en las relaciones más íntimas, donde a veces solo queda frialdad. Podemos movilizar el mundo para salvar a una persona, animal, o especie botánica y dejar morir a miles de seres en cualquier punto del planeta. Incluso a nuestros seres queridos, abandonados a su suerte en cualquier rincón de la casa o residencia.

El amor no discrimina, se alía con la conciencia para derramar desde una actitud cívica y respetuosa una vida ejemplarizante que ponga de manifiesto la posibilidad de vivir en paz con todos los seres en cualquier circunstancia.

Amar es lo único que puedo hacer para que la ignorancia desaparezca del planeta, todo lo demás reforzará el estado que combato.

Amando disuelvo el tiempo

Luis Jiménez

Puedes visitar la web de Luis Jimenez: http://www.luis-jimenez.com/

Escuela de Pensamiento

Favorecida por la creencia de que lo que vemos es la consecuencia de la realidad existente,  la inercia refuerza la continuidad de una actitud que desea el cambio del mundo; sin reparar en que el mundo es la interpretación de lo que mantenemos en nuestro interior como creencia. Si el mundo es justo, injusto, bello, malvado, ecológico, tóxico… no es, sino la consecuencia de las interpretaciones vivenciales de quienes, desde su personalidad, dicen conocer al mundo como una identidad separada de ellos.

Aparte de que el mundo también soy yo; “yo”, como una parte del mundo, participo de la idea transformadora de que defino al mundo desde mi visión. Más allá aun, y sin sentimiento de apropiación: el mundo soy yo; no sólo como una porción, sino como probabilidad existencial de una creación, que en esencia se percibe a sí misma de acuerdo con la creencia “temporal” que mantengo como realidad consciente. Tantos mundos como almas en evolución, tantos credos como yoes necesitados de amor. Todos son Uno y el mismo mundo al unísono, todas las creaciones, posibilidades, probabilidades, “reales”, en cuanto que cada quien lo vive como verdad, y muestra una posibilidad existencial de un todo, que podría alcanzar la plenitud, si saliésemos de la creencia de que el mundo es una entidad separada del observador.

La idea de que lo que veo es lo que existe, lleva a las mentes a la copia incesante de una realidad inventada, que se transmite de padres a hijos y se hace fuerte por la colaboración diaria de todos los que participamos en ella. Esta creencia se instauró en el planeta mediante  la propuesta de Descartes, aceptada por la mayoría, de distinguir y diferenciar entre mente  y materia, otorgándole exclusivamente a cada una de ellas las competencias de lo religioso y lo científico, respectivamente.
Como definió Maturana “La objetividad, en último término, tiene su fundamento en el supuesto de que existe una realidad independiente de uno desde donde se valida lo que uno dice”. Esa supuesta realidad es la que estudia la ciencia autorizada, la que se mantiene a través de la transmisión de esa visión del mundo, que nació de una interpretación mental específica en un momento dado de la evolución de la humanidad, y que se ha instaurado como verdad. Esta postura defiende la existencia de una realidad “material”, que existe por ella misma, externa y ajena al observador que la define. De ahí que lo que muestra “la ciencia” ha de ser universal y acatado como norma general para todas las mentes existentes en el tiempo, pues su visión es la consecuencia de la medición y datación de una realidad en sí misma, que estudia como entidad ajena a su existencia.

Con esta visión, en su momento, las universidades perdieron su objetivo de inicio: la formación del Ser, el desarrollo del arte de vivir, y la esencia de la búsqueda de la verdad a través de la contemplación y el gobierno de los caracteres; para convertirse en educadoras de servicios y proveedoras de “salidas” profesionales, trasladando ideas “limitadas” de acuerdo a los “ismos” imperantes en cada legislatura del poder, pero siempre desde el paradigma de la visión externa, de la vida como una entidad ajena al sujeto que la estudia.

En la actualidad, dentro de la mente colectiva mundial permea la idea de que lo científico, es decir, lo instaurado en la sociedad de consumo, garantiza la evidencia de una realidad universal, y esta afirmación está suscrita por una creencia tan extendida, que incluso se ha configurado ya como incuestionable. A día de hoy, es casi imposible, a pesar de las evidencias desastrosas que estamos experimentando como colectivo humano, salir de esa interpretación del mundo, que pretende gobernar también las leyes de la Naturaleza y el sentido de la existencia humana.

A pesar de que en su momento, grandes mentes postularan verdades paralelas, como en el caso de Jung, Groff, Bohn, Sheldrake, o Wilber, entre otros, y mostraran evidencias de orden trascendente; éstas han sido relegadas a la superchería o a la falta de rigor “científico” y desechadas como patrañas que sólo distraen a las verdaderas mentes consagradas al orden destructor del mundo.

La palabra paradigma implica el concepto de "cosmovisión". Es la forma por la cual se entiende al mundo, al hombre, y por supuesto, a las realidades aprobadas por ese tipo de conocimiento. Todo ello está ligado a una serie de presupuestos aceptados que podemos denominar creencias de partida, que son incuestionables por ser parte del paradigma desde el que se perciben las cosas. En nuestro caso, al referirnos al paradigma reinante, hemos de trasladar la idea de que lo que se define como verdad, no es más que el acuerdo, paradigmático, que se ha establecido como base para desarrollar una ciencia y un modelo relacional humano.

El actual paradigma promueve la idea de una verdad externa universal que se evidencia como consecuencia de la repetición de hechos que constatan esa verdad, por lo que existe la necesidad de aceptarla colectivamente como un hecho innegable, todo aquél que no acepte, repita, y viva de acuerdo a ella, está fuera del sistema y por lo tanto, se convertirá en un ser, en un colectivo, o en una realidad marginal.

El modelo educativo actual, está tan extendido, aceptado y avalado en la propuesta de las verdades absolutas y las adecuaciones formativas para cumplir con la necesidad inventada de adquirir un puesto de trabajo y de tener una forma de ganarse la vida, que se ha perdido de vista la necesidad de enseñar a vivir. En nuestro mundo inventado,  se ha diluido el legítimo espíritu formativo, el sentido real de la enseñanza académica, despreciando tanto las necesidades expresivas humanas, como el desarrollo de las habilidades espirituales que permitirían a la consciencia mantener un vínculo sinérgico con el mundo y las conciencias de todos los seres que en él habitan. Esto favorecería la unidad integradora que permite la convivencia pacífica y armónica desde la diversidad complementaria, de acuerdo a las necesidades reales del colectivo y del Planeta; y no, como ocurre ahora, a las exigencias inventadas por una mente poderosa, que ambiciona un tipo de vida que está llevando a la humanidad y al Planeta, por la interpretación de la mente humana que se replica constantemente en las aulas, hacia la destrucción.

Tanto ha calado esta pseudo verdad, que incluso en los ámbitos “alternativos”, donde se habla de cambio de paradigma y de desarrollo de la consciencia, se repiten los modelos escolásticos que centran la atención en la formación, y salida profesional, más que en la liberación de la mente del individuo, para que desde su verdadera condición evolutiva, pueda recrear en su parcela piscogeográfica el área del mundo que le corresponda por evolución, favoreciendo con ello la emergencia de nuevos espacios, tanto psíquicos como urbanos, para seguir la exploración de esta entidad única, el mundo que nos contiene, y desde donde puedan manifestarse  tantas probabilidades como entidades exploradoras transiten en el tiempo, sin interferir, contradecir, ni descalificar la interpretación que por su nivel, como unidad personal, han alcanzado de la totalidad, o del mundo, y se expresen para compartir creativamente, promoviendo así ajustes de complementariedad, según las necesidades especiales de cada segmento particular, círculo, familia, sociedad, etc.

Nos encontramos en un momento creativo que no pretende confrontar ni abolir, sino  expresar y consagrar espacios de orden renaciente, que fomenten la diversidad generadora y exploradora de las mentes libres que se inician en el mundo para comprender el verdadero sentido de la existencia. Estamos frente a la oportunidad de recuperar las Escuelas de Pensamiento, como espacios favorecedores del autoconocimiento y de la evolución, en los que se expresen, en lo colectivo, las nuevas evidencias nacidas de la propia entidad global a través de sus unidades particulares, que se muestran en el mundo como personas. Estas Escuelas han de fomentar la experimentación de lo trascendente del Ser, y la apertura hacia el descubrimiento, por sí mismas, de las personas que se internen en sus aulas, alejadas de dogmas o ideas de partida que castren la posibilidad de alcanzar nuevas propuestas innovadoras acordes con los escenarios de su tiempo.

Por encima de la ciencia, de la religión, o de la espiritualidad “chata”, la necesidad integrativa del ser humano trasciende los ismos, y las limitaciones estructurales que hasta ahora han compartimentado la información libre de condicionantes, que aún se mantiene intacta a pesar de la interpretación que se le dio en el pasado.

Estas Escuelas han existido en todos los tiempos, a veces veladas por temor al descrédito o a la aniquilación; les inspiraba el amor a la verdad, al ser humano, a la Naturaleza y al Cosmos, que en realidad, desde su cosmovisión, eran una misma entidad. Desde que en el año 529 d. C. el emperador Justiniano cerrara la Academia (y el resto de escuelas filosóficas atenienses), prohibiendo la enseñanza de la filosofía, hasta nuestros días, se han sucedido muchos episodios de renacimientos y oscuridad en el ámbito docente. Cada cambio político en el gobierno lleva implícita una renovación vinculada a la interpretación del modelo del mundo que quieren transmitir en las aulas, para que más tarde la visión del mundo tenga visos de universalidad y así conquistar las mentes e inventar una realidad que no se sostiene, porque está acabando con el campo de pruebas de nuestra interpretación, el Planeta Tierra.

La Escuela Andalusí, nuestra Escuela de Pensamiento, abre sus puertas a la exploración del sí mismo, del self, tanto en el humano como en el cosmos, tanto en el mundo, como en la psique; buscando que el alumno encuentre la verdadera naturaleza mutable del Universo, en el único lugar en el que lo puede hacer, en su interior, reconociendo como perfectas todas las formas de emanación del Todo que coexisten en él.

Más allá de los centros formativos al uso, hoy, más que nunca, necesitamos Escuelas de Pensamiento que recuperen la figura del hombre y la mujer justos, que fomenten el libre pensamiento y con ello, la felicidad.

Luis Jiménez

Más allá de las terapias naturales, o la evolución de la consciencia.

La expansión de las terapias naturales ha sido tan extraordinaria que ya nadie se asombra de que las enfermedades puedan ser tratadas con plantas, energía, imanes, etc. Sin embargo esta propuesta tan “natural” no es del todo evolutiva, ya que el enfoque paradigmático de aplicación de los remedios, por  muy naturales que sean, mantiene la mirada sanitaria que reduce al síntoma a un malestar que hay que eliminar sin tener en cuenta el sentido profundo de su existencia, como parte integrada de una totalidad representada por el ser humano que lo siente.

La medicina natural, que tan de moda está últimamente, tan sólo ha cambiado sus productos para eliminar la enfermedad, pero mantiene la misma idea sobre ella que la medicina alopática. Adentrarse en un paradigma evolutivo es algo más que cambiar remedios sintéticos por naturales. Imponer las manos para que desaparezca un dolor de cabeza, recomendar una infusión de plantas para relajar la tensión, ajustar una cadera osteopáticamente, o elaborar un remedio floral personalizado para disipar el miedo, es fruto de un comportamiento “médico” o sintomático, ya que no se está teniendo en cuenta el síntoma como parte del proceso evolutivo del paciente.

Desde el  paradigma evolutivo, los síntomas, no son entidades aisladas que hay que extirpar, son los símbolos que en la superficie consciente de la persona, transmiten información con un propósito trascendente. Encierran en su naturaleza un sentido profundo y necesario para compensar y mantener con garantías el buen funcionamiento del sistema psíquico en su totalidad. Actuar sobre los síntomas sin tener en cuenta su vínculo inconsciente con una alteración profunda de la psique, provocará en el sistema, la necesidad de compensar su inestabilidad, nuevamente, a través de otra manifestación “patológica”.

Llegados a este punto, es imprescindible preguntarnos sobre la naturaleza del síntoma, su sentido existencial y para ello deberíamos introducir algunos conceptos propios de la mirada evolutiva, que integra en un todo tanto lo psíquico como lo físico.

Si lo psíquico y lo físico son una y la misma cosa, como aseveraba Jung, ambas como representaciones simbólicas deben ser el territorio existencial de una entidad “única” de la que ambas parten; esta entidad para el paradigma evolutivo es el Alma.

De esta forma el alma, como estado de plenitud y consciente de sí, queda determinada en el espacio tiempo como sujeto autoconsciente,  que dispone de un territorio, que es a la vez psíquico y físico para reconocerse como alma en el tiempo y conocer su estado evolutivo en función de las representaciones simbólicas que ella misma expresa progresivamente en el territorio psicofísico, que sigue siendo la misma entidad.

El estado psicofísico que emerge a la conciencia, como prueba de la evolución del alma, en su  desarrollo natural de acuerdo al plan establecido por ella misma, es la Paz. Este sentimiento, inherente a la naturaleza humana, es termómetro del desarrollo evolutivo del alma, y es el que debe aparecer al atender al síntoma como la manifestación física de una detención en el proceso de aprendizaje. Al transformar, “lo patológico”, en información simbólica, e integrar la negativa a seguir el proceso natural de desarrollo, se elevará la consciencia de la persona a través del reconocimiento de una nueva enseñanza existencial, disolviendo un patrón de comportamiento adherido a una creencia, que se mantenía ligada a la idea de identidad, que el sujeto sostenía en el tiempo, al margen de su condición evolucionada, en la conciencia libre de su alma.

El alma dispone, en potencia, de todas las virtudes necesarias para gestionar en el tiempo las “supuestas” adversidades que la vida le pondrá delante como parte del aprendizaje y desarrollo de su propia autoconsciencia. Las cualidades y habilidades que se necesitan para seguir adelante en la vida están ligadas a la vida misma y emergen a la consciencia en el acto de abrirse camino a través de ella. El síntoma físico o psíquico, que en el ámbito sanitario denominamos enfermedad, como símbolo, en el camino evolutivo del alma, es el recurso del que ésta dispone para favorecer la detención de la actitud desviada y llamar la atención sobre otras áreas de la vida que no estaban siendo atendidas por la rutinaria forma de vivir, que se había instalado en la conciencia yoica.

De ahí que tratar la enfermedad como si esta fuera un inconveniente para la vida del paciente, en lugar de introspectar para descubrir lo que el paciente nos está diciendo a través de ella, no es más que la reproducción de un paradigma caduco y abortar la posibilidad de instaurar, en el ámbito de la salud, una mirada evolutiva y consciente que nos ayude a vivir en Paz de acuerdo a los dictados del Alma.

Cada persona es una entidad completa, única y sabedora de su propia vía de expresión. Tanto la enfermedad como entidad y el síntoma como particularidad son puertas que permiten entender un poco más a la persona y su necesidad evolutiva en su nueva etapa de desarrollo. La Terapiafloral Evolutiva favorece el autoconocimiento de la persona, a través de su forma de ser integral, estableciendo como vía de autodesarrollo, la traducción de cualquier síntoma que aleje al paciente de la Paz y transformando este en consciencia de sí, al resignificar los comportamientos que ya no son coincidentes con la nueva etapa evolutiva que vive.

Porque lo verdaderamente importante es el desarrollo de la consciencia y el síntoma es una oportunidad que nos permite reconsiderar nuestra existencia. Si el síntoma no se integra en la totalidad Alma, como una expresión coherente de la misma, seguiremos comportándonos como siempre por mucha naturaleza que introduzcamos en la salud.

Luis Jiménez