Aurea Catena





“El espíritu motor, obrando sin cesar en el seno de cada elemento, excita un movimiento continuo que produce calor, y este calor hace salir vapores, poco más o menos como los que se exhalan de todos los cuerpos por la transpiración. Esos vapores o emanaciones se llaman ordinariamente influencias, cuando vienen de lo alto, y exhalaciones, cuando vienen de lo bajo.


Son esas emanaciones del cielo, del aire, del agua y de la tierra que, como otras tantas simientes particulares, engendran por su reunión la simiente universal. La simiente del cielo se mezcla primero con la del aire, la simiente de la tierra con la del agua; después, de la unión de esos dos compuestos, como de la unión del macho con la hembra, nace un agua caótica regenerada para el nacimiento, conservación, destrucción y regeneración de todas las cosas; y eso hasta que plazca a Dios destruir este universo.

El cielo y el aire son el padre, el agente o la parte activa; el agua y la tierra son la madre, el paciente o la parte pasiva: de donde se ve que, aunque los cuatro elementos parezcan muy opuestos, si se compara una extremidad con la otra, y que obrando de una manera contraria no pueden jamás producir nada, no obstante, ellos operan, cuando se unen en orden, y hacen todo lo que el Creador les ha comandado hacer, sin excepción.

No se puede ir de una extremidad a la otra, sin pasar por un medio. Este axioma de los Filósofos es y será siempre verdadero, y los Artistas deben inculcárselo bien, pues hay una infinidad que yerran en esto, por falta de considerar bastante este punto esencial. 

En efecto, el cielo no podría jamás reducirse a tierra, sino por medio del agua y del aire, y la tierra no puede jamás devenir cielo, sin el agua y el aire, que son las cosas intermedias entre el cielo y la tierra. Igualmente, el cielo se reducirá muy difícilmente a agua, sin el aire; y la tierra no devendrá jamás aire sino por medio del agua.” 

Aurea Catena