Quien ama desea lo que no tiene


Según Platón, se ama cuando se desea algo que no se tiene, y por esto el amor puede llamarse filósofo. Así como el amor, sigue Platón, no posee la belleza, sino que la desea, el filósofo anhela la sabiduría, sin poseerla. Por lo tanto, el amor es esencialmente una necesidad insatisfecha, la percepción de la falta de algo esencial para la propia complitud.

Sócrates, en "El Banquete" se pregunta: "¿Es por su naturaleza el amor de tal clase que sea amor de algo o de nada?, ¿Desea el amor aquello de lo que es amor?, ¿es acaso al poseer lo que desea y ama, cunado desea y ama, o es al no poseerlo?. Es decir, se desea de aquello de lo que se está falto y no se desea si está provisto de ello.

Spinoza también habla del amor cuando dice que el amor es carencia, amamos porque somos imperfectos, nos falta algo.

Según Edward Bach, amamos porque anhelamos lo que no tenemos y por otro lado tememos perder lo que poseemos, por lo que es una suerte ambición y miedo. La búsqueda del entendimiento de lo que es el amor es, por lo tanto, una cuestión que va ligada a la evolución del ser humano y a la búsqueda de si. Amor y sabiduría están muy relacionados y en ambos casos si no encontramos en el adentro, porqué nos empeñamos en buscarlo en el afuera. Estar en paz con uno mismo es saber que cada cosa está en su sitio y nosotros mismos estar donde tenemos que estar. Es entonces cuando todo esta bien.


Aprender


Somos responsables de nuestro propio proceso de curación, decía Bach. Crecemos adquiriendo normas, patrones de conducta, reglas y sobre todo mostrándonos desde una serie de valores, que una vez hicimos nuestros y que nada ni nadie es capaz de modificar. En virtud de esos valores no transformamos nuestra conducta y realizamos acciones que cuando no aceptamos y no extraemos un aprendizaje de las mismas, nos hacen sentir terriblemente culpables. Metas inalcanzables, conductas no adecuadas según nuestras rígidas normas, que nos llevan a vivir, a menudo, recordando y rememorando el pasado. Ese jarrón que una vez tiré y por miedo al castigo escondí e hice desaparecer, ese exámen suspenso que oculté bajo el sillón y mi madre encontró, son escenas que se adhieren en mi y son "manchas" que tardan una vida en desaparecer. Aceptar, aceptar y aceptar. El León no se siente culpable por hincarle el diente al Ñú, el cocodrilo suelta una lágrima al tragarse su presa pero nada que ver con el sentimiento de culpa.

Soberbia


Me pregunto si la soberbia en si es una de la peores faltas o si los son las faltas que de ella se desprenden. Asi como consecuencia de la soberbia podemos vanagloriarnos, jactarnos, ser altaneros, ambiciosos, hipócritas, presuntuosos e ignorantes. Es decir, un repertorio de actitudes en las que me identifico en varios momentos del día. También tengo la impresión personal de que cuando se habla de soberbia, cada uno la ve desde su propia forma particular de entenderla y se dice o no soberbio o soberbia. Y es uqe he aprendido, mediante la observación, como las "faltas" antes enumeradas me las encuentro con frecuencia a mi alrededor. Por ello, como es adentro es afuera y como es arriba es abajo, identifico muchas faltas en mi y que hago conscientes al identificarlas. Toca desidentificarme y sería muy gratificante encontrar más humildad a mi alrededor porque eso significaría que estoy siendo más humilde.

¿A qué he venido yo aqui?


Hay una planta en la naturaleza que se me viene últimamente a la cabeza con mucha frecuencia: el Epilobio. Resulta que dicha planta aparece cuando ha habido una herida en la tierra por diversos motivos: o bien un incendio o bien una carretera que ha producido un corte en el fluir de la energía. Esta planta ante una""cicatriz" de este tipo comienza a crecer a ambos lados de la misma y sirve de "puente", de esas energías que quedaron desconectadas, aunque anteriormente nunca hubiesen crecido.
A menudo me preguntaba qué hacía yo aquí, en momentos de paz y de quietud, en el que la mente dejaba sitio a la intuición. Me voy acercando a la respuesta y entre ellas la que con más fuerza emerge es la de conocerme realmente, es decir, saber quien soy a través de todo lo que me rodea. Ya sé que soy el lugar en el que estoy y con los que me relaciono y esa experiencia se hace cada vez más intensa cuando ese conocimiento me desequilibra, descoloca y me saca de mi centro. ¿De que centro?. El Epilobio sabe cuando tiene que aparecer, yo estoy aqui ahora y tengo una misión; saber de mi y sentirme una parte del todo como hace el epilobio para que el todo sea posible.