Fragmento sobre la personalidad, del
libro “La Vía iniciática de Edward Bach”, de Luis Jiménez:
“Partamos de la siguiente idea: un
diminuto ser ha sido concebido tras el encuentro del Sulphur y el Mercurius en
el Universo que entraña el vientre de una mujer; a partir de ese momento, o tal
vez un poco después, el Alma que ha elegido ese templo surca los vientos para
posarse en el pequeño cuerpo que comienza a definir las formas con las que se
presentará ante el mundo. Una vez transcurrido el tiempo necesario, los
músculos de la madre, sintonizados con cada una de las células del bebé,
empiezan a contraerse y a empujarle hacia fuera. Y surge el milagro de la Vida.
Este fruto de la obra alquímica es simplemente un Alma, esencia pura, que aún
no ha desarrollado su personalidad. Pero, ¿qué es la personalidad? Edward Bach
nos dice en “Los Doce Curadores”:
Fundamentalmente hay doce tipos primarios
de personalidad, existiendo el positivo y el negativo de cada uno.
Estos tipos de personalidad están
indicados por el signo del zodiaco en el que se encuentra la Luna en el momento
del nacimiento, y su estudio nos dará los aspectos siguientes:
- El tipo de personalidad.
- Su objetivo y su trabajo en la vida.
- El remedio que le asistirá en este trabajo.
Nosotros, como curadores, tratamos sólo
con los aspectos negativos de los doce tipos.
El secreto de la vida es ser honestos con
nuestra personalidad, en no sufrir interferencias de influencias externas.
Averiguamos nuestra personalidad a partir
de la posición de la Luna en el nacimiento; nuestros peligros de interferencias
a partir de los planetas. Pero los astrólogos dan demasiada énfasis a los
planetas, porque si podemos sostener nuestra personalidad, ser honestos con
nosotros mismos, no necesitamos temer a ninguna influencia planetaria o
externa. Los remedios nos ayudan a mantener nuestra personalidad.
Es sólo en las primeras etapas de nuestra
evolución que directamente somos asistidos y regidos por uno o más planetas.
Una vez que desarrollamos el amor, que es el gran amor al prójimo, nos
liberamos de nuestras estrellas, perdemos nuestra línea de destino, y para
mejor o para peor dirigimos nuestro propio barco (Bach, 1933).
Resulta innegable, y así lo consideran
casi todas las tradiciones y grandes iniciados, que la energía-información que
despliegan los planetas incide directamente en el devenir de las Almas
encarnadas, dependiendo del momento preciso de su “aterrizaje”. Cada uno de los
astros es la coagulación de un tipo de fuerza, un aspecto del Ser, que se
manifiesta en mayor o menor grado en la vida de los seres que habitan el
planeta Tierra, conjugándose a su paso por los diferentes signos del zodiaco…”
Libro: Terapiafloral Evolutiva: La vía iniciática de Edward Bach, por Luis Jiménez.
Libro: Terapiafloral Evolutiva: La vía iniciática de Edward Bach, por Luis Jiménez.
