DIOS Y YO

A Luís Jiménez
Luís propone descubrir a Dios a través del cuerpo.
Mi recipiente es sagrado,
se pliega y se expande solo para albergar palabras,
divinos actos de transformación, del beso y del pecho.
El deseo se toma su tiempo y aparca el quehacer
en la entrada del Alma,
pide permiso y sube por la garganta como el licor de absenta,
89 grados de éxtasis de 38 estructuras inconmensurables;
apetencia explorativa, ruta solar y signo lunar
por donde descubrir quién soy
y a qué dedico la energía de mi voz
que se desliza por el oasis del desierto.

Dios me habla, lo sé.
Siento su aliento detrás del oído,
jugando entre el pelo de hebras caobas,
henna y romero con agua bendita.

Luís me dio la mano y llegué a mi corazón rojo,
comprendí la raíz del problema y me propuse navegar para ver El rostro,
la cualidad de aquel que durante milenios me llama,
mi inconsciente lo sabe
y a veces me deja respirar igual que el cielo.

Quédate conmigo, Aquí,
Ahora,
y gracias.
Siempre,
Gracias.


María Cruz

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