Orgullo



Ayer se celebró el día de todos los santos y anteayer el de los difuntos. La muerte como protagonista y llena de tabúes en nuestra sociedad occidental y proyectada hacia la intelectualidad y el individualismo. Nos hemos preguntado por el motivo del miedo a la muerte y en mi reflexión he concluido con ciertas razones relacionadas con mi yo y mi identificación de lo que creo que soy y no soy. Le tengo miedo a la muerte porque me identifico con un cuerpo físico y el físico teme perder esa sensación. La conciencia hecha carne sabe de si a través de ella pero no resulta más que una idea o un sueño hecho realidad. No soy lo que creo ser y si me alejo de lo que me creo ser quizá me vea más como una parte de un todo más que una parte sesgada de un todo. Eso que durante mi vida me ha dado pavor, el verme tan diminuto respecto del universo no es más que ese temor. Ese miedo que Chicory siente al defenderse desde su identificación y que defiende a capa y espada. Pero solamente somos lo que se nos ha dado desde arriba y nada es nuestro y pensar lo contrario sería una de las enfermedades primarias de las habla Edward Bach en el capítulo 3 de "Curate a ti mismo":


"El orgullo se debe, en primer lugar, a la falta de reconocimiento de la pequeñez de la personalidad y de su absoluta dependencia del alma, y a no ver que los éxitos que pueda tener no se deben a ella, sino que son bendiciones otorgadas por la Divinidad interna; en segundo lugar, se debe a la pérdida del sentido de proporción, de la insignificancia de uno frente al esquema de la Creación. Como el Orgullo se niega invariablemente a inclinarse con humildad y resignación ante la Voluntad del Gran Creador, comete acciones contrarias a esa Voluntad"

Chicory



...Y fue por la mañana cuando Dios se encontró ante sus doce hijos y plantó la semilla de la vida humana en cada uno de ellos. Uno a uno, cada hijo se adelantó para recibir el don concedido.


.......

- A ti, Escorpio, te encargo una tarea muy dificil. Tendrás la habilidad de conocer las mentes de los hombres, pero no te permito hablar sobre aquello que hayas aprendido. En muchas ocasiones sentirás dolor por lo que ves, y en tu dolor te alejarás de mi, y olvidarás que no soy yo, sino la perversión de mi idea lo que está causando tu dolor. Verás tanto del hombre que llegarás a conocerlo como un animal, y lucharás tanto con sus instintos animales existentes en ti mismo, que perderás tu camino; pero cuando finalmente regreses a mi, Escorpio, te concederé el don supremo de la firmeza.


Y Escorpio retrocedió para volver a ocupar su lugar.






Alegoría



Martin Schulman

El Silencio



Nosotros los indios sabemos del silencio. No le tenemos miedo. De hecho, para nosotros es más poderoso que las palabras.



Nuestros ancianos fueron educados en las maneras del silencio, y ellos nos transmitieron ese conocimiento a nosotros. Observa, escucha, y luego actúa, nos decían. Esa es la manera de vivir despiertos.




Observa a los animales para ver cómo cuidan a sus crías. Observa a los ancianos para ver cómo se comportan. Observa al hombre blanco para ver qué quiere. Siempre observa primero, con corazón y la mente quietos y entonces, aprenderás. Cuando hayas observado lo suficiente, entonces podrás actuar sin temor.




Con ustedes es lo contrario. Ustedes aprenden hablando. Premian a los niños que hablan más en la escuela. En sus fiestas todos tratan de hablar. En el trabajo siempre están teniendo reuniones en las que todos interrumpen a todos, y todos hablan cinco, diez o cien veces. Y le llaman “resolver un problema”. Cuando están en una habitación y hay silencio, se ponen nerviosos. Tienen que llenar el espacio con sonidos. Así que hablan impulsivamente, incluso antes de saber lo que van a decir.




A la gente blanca le gusta discutir. Ni siquiera permiten que el otro termine una frase. Siempre interrumpen. Para los indios esto es muy irrespetuoso e incluso muy estúpido. Si tú comienzas a hablar, yo no voy a interrumpirte. Te escucharé. Quizás deje de escucharte si no me gusta lo que estás diciendo. Pero no voy a interrumpirte. Cuando termines, tomaré mi decisión sobre lo que dijiste, pero no te diré si no estoy de acuerdo, a menos que sea importante. De lo contrario, simplemente me quedaré callado y me alejaré. Me has dicho lo que necesito saber. No hay nada más que decir. Pero eso no es suficiente para la mayoría de la gente blanca.




La gente debería pensar en sus palabras como si fuesen semillas. Deberían plantarlas, y luego permitirles crecer en silencio. Nuestros ancianos nos enseñaron que la tierra siempre nos está hablando, pero que debemos guardar silencio para escucharla.

Atrapados en la tercera dimensión









Una vez leí que el tiempo no existe, que lo hemos inventado para ser capaces de vivir en un mundo con un tiempo lineal y poder acoplarnos en esta dimensión. Así que de vez en cuando, imaginándome lo diminuto que soy dentro del universo, intento pensar como sería esto sin reloj. Me imagino viviendo simultáneamente todos los instantes de mi vida vividos y por vivir, me imagino como todo lo que ha sido es en este momento en el mismo espacio siendo capaz de adentrarme en cada experiencia como el que pasa de una habitación a otra. Es complicado estar atrapado en tres dimensiones y no tener la perspectiva de otra dimensión para darme cuenta. Es como la hormiga que en relación a mi vive en dos dimensiones y no es capaz de comprender como ha aparecido un obstáculo (mi zapato), cuando hace un instante no había nada. Sin embargo me doy cuenta que en mi hay más que el físico que percibo y que eso es capaz de adentrarse en otras dimensiones para que a través de la intuición sepa de cosas sin saber porqué, ni falta que hace.