¿Qué celebramos?

Después de un largo asedio cortando las entradas de agua y víveres a la ciudad, desde el 5 de mayo al 18 de agosto, el poderoso ejército castellano formado por 12.000 jinetes, 25.000 infantes y 8.000 soldados más de apoyo, logró tomar la ciudad defendida por 15.000 gomeres africanos y guerreros malagueños. El asedio de la ciudad fue uno de los más largos de la Reconquista, duró 6 meses y cortó el suministro de alimentos, rindiéndose el 13 de agosto de 1487 y entrando los reyes triunfalmente el 19 de agosto. La población fue castigada a la esclavitud o a pena de muerte, con excepción de veinticinco familias que pudieron permanecer en Málaga, como mudéjares, en el recinto de la morería. La conquista de Málaga supuso un durísimo y definitivo golpe para el reino nazarí de Granada que perdía así su principal puerta marítima.

El rey Fernando de Aragón decidió aplicar un castigo excepcional y se negó a conceder una capitulación honrosa para los vencidos. Excepto el grupo del mercader Alí Dordux, que rindió la ciudad a espaldas del arraez Hamad al Tagrí o El Zegrí, que resistiría en el castillo de Gibralfaro unos días más. Los 15.000 supervivientes fueron convertidos en esclavos.

¿QUÉ CELEBRAMOS ENTONCES?

Estado Adán-ico



Tengo un amigo que ha conocido a una mujer, y esta se ha enamorado de él. Aunque él no le ha prometido amor eterno sino una sincera amistad, al corazón no se le puede detener. La cuestión es que mi amigo, ha conocido a otra mujer de la cual se ha enamorado y ahora siento, no sé cómo llamarlo, quizá pena, por la primera chica. ¿Cómo hago esto? Si a mí ni me va ni me viene y además me atrevo a juzgar el comportamiento de mi amigo por, bajo mi punto de vista, haberle dado esperanzas a ella. Me parece alucinante cómo, absolutamente todo, lo miro bajo mi propio rasero. Es decir, me comparo constantemente con los demás y juzgo en consecuencia. Comparo, porque yo no lo habría hecho así o procedería de otra manera. Y me he dado cuenta de ello y he sentido una liberación que me abre a otra dimensión para ver el asunto con otra perspectiva, porque eso precisamente comparar al otro conmigo en función de mis valores no me corresponde hacerlo. Y eso es una dificultad añadida al proceso de desarrollo de una persona. El Alquimia se habla de "Estado Adámico" cuando ante la perspectiva de aprender algo nuevo lo hacemos sin tener en cuenta nuestro conocimiento previo para no compararlo con lo ya conocido. Aprender sin comparar es aceptar las cosas tal y como son sin juzgarlas y así, se integran en nosotros. Por eso, la actitud de los demás ante las situaciones es la ideal para ellos y a mí solo me corresponde aceptar sin dobleces ni prejuicios y así no haré mío lo que no es.

IBN ABDUN



 “No deben venderse a judíos ni cristianos libros de ciencia, salvo los que traten de su ley, porque luego traducen los libros científicos y se los atribuyen a los suyos y a sus obispos, siendo así que se trata de obras musulmanas.”

Éste es el testimonio que da Ibn Abdun en su descripción de la Sevilla de comienzos del siglo XII.  Para Américo Castro, la admonición contra la venta de libros indica que “la traducción de los libros científicos no se limitaba a la llamada ‘Escuela de Traductores de Toledo’ .

Es decir, a principios del siglo XII los libros musulmanes se vendían a los cristianos de Sevilla, quienes los plagiaban, haciendo de ellos obras de ciencia cristiana. El conocimiento hermetico era codiciado. 
Medicos Andalusies en un banquete

Como consecuencia,  los protocientíficos cristianos temían tanto las reacciones de los obispos que parece que a veces presentaban obras científicas suyas  como si fuesen traducciones del árabe. El racionalista Adelardus de Bada dice sobre esto en el siglo XII: “Ya sé cuántos son los infortunios que siguen a los que profesan la verdad. Así que es con el nombre de los árabes que argumento, no con el mío.” 

Concluida la conquista de Granada en 1492, fue tarea del Cardinal Cisneros imponer la fe cristiana en dicha población. Parte de la supresión del Islam consistía en mandar quemar libros. Nos lo cuenta el cronista Vallejo: 

“Y para desarraygarles del todo de la sobredicha su perversa y mala seta, les mandó á los dichos alfaquís tomar todos sus alchoranes y todos los otros libros particulares, quantos se pudieron aver, los quales fueron más de IIII ó V mill volúmines, entre grandes y pequeños, é hazer muy grandes fuegos é quemarlos todos.”

O sea, 4 ó 5 mil libros quemados. Casi nada. Hubieron voces en contra, no para salvaguardar algún que otro saber musulmán sino para “aprovecharse de los pergaminos y papel y enquadernaciones”.

El franciscano Cisneros, sin embargo, quería salvaguardar alguna cosa de las llamas. Sigue el cronista:

“...se quemaron todos, sin quedar memoria, como dicho es, exçepto los libros de mediçina [...] de los quales su señoría mandó traher bien XXX ó XL volúmines de libros, y están oy en día puestos en la librería de su insigne collegio é vniuersidad de Alcalá...”

Aún cuando las creencias no se traducen, la técnica útil—en primer lugar la medicina—sí que salta de las llamas y pasa a la cultura más potente.

Esto es un hecho y estos textos se estan recuperando, pero la labor es ardua y la Escuela Andalusi, al igual que la Escuela de Traductores de Cordoba o de Toledo estan rescatando ese Tesoro.

Referencias:
— Ibn Abdun, Sevilla a comienzos del siglo XII, trad. E. Lévi-Proveçal y E. García Gómez. Madrid: Moneda y crédito, 1948, pág. 173.
— Américo Castro, La realidad histórica de España. Novena edición, 1987. México: Porrúa, 1987, pág. 51n.

Alimento para el pensamiento

......
"¡Saludos, buen hombre! ¿Puedes decirme si este es el camino para Atenas?".
Sócrates le aseguró que así era. "Sigue todo recto. Es una ciudad bastante grande. No tiene pérdida".
"Dime", dijo el viajero, "¿cómo son las gentes de Atenas?".
"Bueno", dijo Sócrates, "dime de dónde vienes tú y cómo son las gentes de allí, y entonces te diré cómo son las gentes de Atenas".
"Soy de Argos. Y estoy orgulloso y me alegro de decirte que las gentes de Argos son las más amables, felices y generosas que jamás puedas encontrarte".
"Y yo me alegro enormemente de decirte, amigo mío", dijo Sócrates, "que las gentes de Atenas son exactamente igual".
El viajero prosiguió su camino y Sócrates continuó sentando en el mojón del camino. La conversación le había hecho sentir ganas de celebrar la bondad y la humanidad del mundo. De modo que su mente se dirigió hacia el odre de vino que tenía a la izquierda, a sus pies. Se preguntaba si debería echarse un trago tan temprano. pero el pensamiento de este refrescante vino de la región, su embriagadora mezcla de uvas y piñones, con el brazo estirado y estrujándolo para extraer un largo y refrescante arco de ambrosía líquida en dirección a su garganta reseca, cuando apareció otro viajero a lo largo de la carretera.
"¡Saludos, buen hombre! ¿Puedes decirme si este es el camino para Atenas?".
AL igual que había hecho con el viajero anterior, Sócrates le aseguró que así era. "Sigue todo recto. Es una ciudad bastante grande. No tiene pérdida".
"Dime", dijo el viajero, "¿cómo son las gentes de Atenas?".
"Bueno", dijo Sócrates, "dime de dónde vienes tú y cómo son las gentes de allí, y entonces te diré cómo son las gentes de Atenas".
"Soy de Argos", dijo el segundo viajero, "y me entristece y me desagrada decirte que las gentes de Argos son las más ruines, despreciables y menos amistosas que jamás puedas encontrarte".
"Y a mí me desagrada enormemente tener que decirte, amigo mío", dijo Sócrates, "que las gentes de Atenas, son exactamente igual".